Portada :: Cultura :: Francisco Fernndez Buey: memoria de un imprescindible filsofo gramsciano
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-09-2012

A propsito del final de la historia (I)
Francisco Fernndez Buey y el racionalismo poltico temperado y radical

Salvador Lpez Arnal
Rebelin

Un mes despus


Para Mercedes Iglesias Serrano, en un da en el que Paco sola felicitarla.

Arden las prdidas!, escribi Vctor Ros. Siguen ardiendo. Y tal vez ahora, en la que fuera su ciudad y su tierra de adopcin durante casi medio siglo ms que nunca. Cuan necesaria sera la prudente voz y la siempre informada reflexin de Francisco Fernndez Buey [FFB] en estos momentos! Cunto le necesitamos!

Vale la pena detenernos en algn ejemplo de esa inmensa capacidad del autor de Discursos para insumisos discretos para abonar el racionalismo poltico desde la temperancia y el radicalismo (de fundamental, de raiz) a un tiempo, y sin contradiccin.

En1993, dos aos despus de la desaparicin de la URSS, FFB fue entrevistado por Francesc Arroyo para su libro La funesta mana. Conversaciones con catorce pensadores espaoles [1]. Eran aquellos tiempos del final de la historia, del triunfo definitivo de la estructura social CN + DMD: capitalismo neoliberal, democracia demediada-muy-demediada. No eran, nuevamente, buenos tiempos para la lrica. Muchas voces de izquierda se haban quedado mudos y el transformismo segua causando estragos.

La primera pregunta de Arroyo vers sobre si era posible que la expresin final de la historia estuviera encubriendo otra, el final de la poltica.

  FFB abri su respuesta son la prudencia poltica y epistemolgica a la que nos tena acostumbrados desde haca muchos aos. Toda caracterizacin histrico-sociolgico, seal, que, para describir el cambio de fase, hable de final o de novedad en un sentido tan drstico y general es simplista. Y por ello, vale la pena destacar la inferencia, poco atendible. Era obvio, prosegua, que los hombres y mujeres de este mundo seguimos teniendo un futuro, que la historia no se ha acabado y que la actividad poltica contina levantando pasiones y hasta enriqueciendo a algunos. Y eso en Nueva York, en Mosc y en cualquier parte. El futuro poda ser negro, la historia que ya entonces se vea venir una tragedia y la poltica dominante un asco pero no hay finales tan absolutos ni novedades tan nicas.

Dnde haba realmente muy poco futuro para las gentes? En Etiopa y en pases afines. FFB tocaba siempre realidad y siempre tuvo muy presente a los desfavorecidos, a los condenados de la Tierra. Supo mirar donde no haba que permitir que el olvido habitara

Los filsofos (la crtica al gremio era ms que pertinente en alguien que fue un apasionado de la filosofa slida y del buen filosofar) no solan pensar en este tipo de concreciones cuando hablaban del final de la historia o de la poltica. Lo suyo era la Historia universal que -el humor y los sarcasmos de FFB eran magnficos, deberan crear escuela- es, como se sabe, la historia de nuestros amigos y paisanos.

Los seres humanos necesitamos diferenciarnos de los miembros de nuestra especie que nos precedieron. Los idelogos -el uso de la nocin, como en el caso de su compaero y amigo Manuel Saristn no fue en general afable en las reflexiones y escritos del autor de Marx (sin ismos)- que conocan esa necesidad natural, vivan de ella. Era parte de la divisin social y tcnica del trabajo del bloque hegemnico.

En sntesis: no se haba llegado al final de la historia ni al final de la poltica. A lo sumo, estamos llegando al final de una historia y de una forma de entender la actividad poltica. A lo sumo: haba mucha, muchsima actividad poltica que segua los senderos abismales de casi siempre. Lo hemos visto durante estas dos ltimas dcadas.

Cmo explicar entonces la fortuna cultural, meditica, de la expresin? La frmula era una caracterizacin ideolgica para una situacin histrica tan particular como inusitada, la que empezaba a entreverse en los das siguientes a la apertura del muro de Berln. Desde luego, FFB fue muy consciente de la existencia de otros muros y tena muy presente la apenas conocida y trgica historia que estaba detrs de la construccin de aquel muro cado recientemente.

El estudioso de Gandhi apuntaba a continuacin un giro (dialctico si se quiere [2]) que demostraba, una vez ms, la importancia de la historia, tambin de la ms inmediata, en sus reflexiones polticas. La frmula de Fukuyama poda leerse como un gran suspiro de alivio. Por qu? Porque todava en 1984 muchos europeos bien informados pensaban que habamos entrado irremisiblemente en la fase exterminista de la historia de la humanidad. Por entonces se hacan clculos acerca del mes de 1985 en que empezara la nueva guerra librada con armas nucleares en Europa.

La administracin Reagan haba contemplado esa posibilidad en varias ocasiones, la haba anunciado como un escenario a tener muy en cuenta. De pronto todo empez a cambiar, sealaba FFB: con el anuncio de la perestroika en la [ex] URSS, el clima se invirti. En apenas cuatro aos, se pas de la preocupacin por el invierno nuclear a la euforia para algunos de un liberalismo nuestro actual neoliberalismo- que se extenda por todo el mundo. Tambin sobre la exURSS y los pases del este de Europa. En la ciudad alegre y confiada cuaj la buena nueva: la vida empez en nuestro universo con una sopa tibia, terminar en una sopa boba.

Al cabo de apenas un ao, el mensaje del terico usamericano se haba quedado en nada: el liberalismo, que apenas nunca un humanismo, era ya un dogmatismo. Debajo de l, estn saliendo en muchos sitios los viejos demonios de Europa. Qu poda decirse del final de la historia despus de la guerra y desaparicin de Yugoslavia en la que una vez ms FFB no perdi la brjula esencial? Qu poda decirse del triunfo de la democracia mientras creca ya entonces el nazismo en Centroeuropa y el racismo y la xenofobia por todas partes?

Ms an: qu decir del final de la historia despus del descubrimiento de que la guerra del golfo [la primera guerra] ha sido una de las ms crueles de la historia de la humanidad sin que sta, que tericamente tiene a su disposicin un montn de canales de televisin, haya podido enterarse apenas de nada sustancial?. De las otras guerras que vinieron, que no fueron las primeras ni tampoco las ltimas, FFB pens y habl en trminos similares: la crueldad mortfera y blica como motor de una historia inhumana.

Qu era entonces, en definitiva, aquella filosofa de la historia sobre el final de la historia? Los historiadores del XXI, apuntana el autor de La gran perturbacin, vern ese final de la historia como una ingenuidad de idelogos deslumbrados por otro final mejor conocido: el del intento de construir el socialismo en la Europa Oriental. En el este de Europa. FFB fue muy consciente, hasta el final de su vida, que el socialismo tena otros desarrollos de inters, de mucho inters, en tierras no europeas (No hablo de China precisamente. FFB nunca fue un maosta cegado; el que suscribe esta nota s).

Recordaba justamente FFB que un deslumbramiento similar se haba producido en los aos cincuenta del siglo XX cuando se habl del final de las ideologas. La tontera haba sido mayscula. A continuacin tuvimos una de las dcadas ms ideolgicas del siglo, en el sentido, esta vez, de enfrentamiento de cosmovisiones, de concepciones del mundo, opuestas, antagnicas.

l pensaba que en aquellos aos noventa poda pasar algo parecido. Aunque es de toda evidencia que la explosin ideolgica va a ser de signo contrario. Acert de pleno.

 

Tampoco deslumbraron a FFB otra prueba de su prudencia y equilibrio epistemolgicos- muchas de las aportaciones del entonces denominado marxismo analtico a quien por supuesto supo tratar con concrecin y distincin.

A l que le apasionaba la historia del pensamiento poltico, le acab aburriendo una gran parte de la filosofa moral y poltica contempornea precisamente por eso, porque era slo formalista, ahistrica, casi sin vnculo con las tragedias que est viviendo el hombre de la calle.

Haca excepcin de algunos estudios sobre la objecin, sobre la insumisin y la desobediencia civil que, al menos en su inspiracin se ocupaban de asuntos que eran claves en las democracias modernas (esta fue su opinin hasta el final de sus das). Pero, en general, se haba pasado de la escolstica marxolgica al academicismo eclctico. El eclecticismo, sealaba, se ha extendido tanto que una parte de la filosofa moral del llamado marxismo analtico puede inspirarse en The Logic of Collective Action. Public Good and The Theory of Group, de Mancur Olson, sin pararse a pensar ni por un momento, aada, que la caracterizacin de la teora marxiana del Estado y de las clases sociales que all se haca era una caricatura inmantenible.

Su crtica principal: apuntaban que Marx era un amoralista. La ancdota tenia su punta terica: pona de manifiesto que ir por ah recogiendo conceptos para armar modelos sin atender a los contextos histricos desvirta por completo el pensamiento de un autor. No era lo mismo estar harto del abuso que habitualmente se haca de las palabras tica y moral en el mundo acadmico al igual que en el poltico tal era, precisaba, el caso de Marx- que despreocuparse de los problemas morales como si slo existiera la ciencia. No era el caso, nunca fue el caso para el autor de la Contribucin a la crtica al marxismo cientificista.

En esto, conclua, el hacer tambin era la mejor forma de decir. Haca falta una pasin, una tensin moral, para la discusin de los dilemas morales vividos por las gentes. FFB, tambin esta fue una constante, busc esa tensn que faltaba a los filsofos acadmicos de la moral en declaraciones fragmentarias de poetas, dramaturgos, cineastas, cientficos de la naturaleza y narradores. Cit en esta ocasin algunos nombres que le acompaaron durante aos: Pasolini, H. Mller, el Zinoviev de aquellos aos, la herencia siempre querida y respetada de Walter Benjamin [3], su querido John Berger y las ltimas pelculas de Tarkovski.

Eran pensadores muy distintos, de acuerdo. No formaban ningn sistema, de acuerdo tambin. Pero todos le sirvieron de inspiracin. Cada uno de ellos, a su manera, apuntaba a cuestiones esenciales de fondo de esta poca del hombre-mquina. Algunos de ellos eran algo hermticos, conclua, pero ya deca Brecht que lo simple es lo difcil.

Lo simple es lo difcil. De muchas de esas cosas simples-difciles nos habl Francisco Fernndez Buey. Por ejemplo, de la transformacin social.

 

Notas:

[1] Francisco Fernndez Buey: la poltica. Francesc Arroyo, La funesta mana, Barcelona, Crtica, 1993, pp. 75-93

[2] En una carta personal fechada el 23 de marzo de 1994, Paco Fernndez Buey reflexionaba sobre la dialctica en estos trminos tan suyos y tan interesantes:

La causa principal del error provena del propio Marx quien consider que la dialctica era un mtodo en sentido propio, si bien matiz. Distingui entre mtodo de exposicin y mtodo de investigacin. An as, dio tanta importancia al valor de la dialctica como mtodo de exposicin que los resultados alcanzados (sin distinguir del todo entre esto y el programa, punto de vista, paradigma, concepcin del mundo o ngulo de mirada) que los resultados fueron terrorficos. FFB recordaba aquello de que aquel mtodo suyo, el de Marx, tomado de Hegel e invertido, era todo un horror y un enorme escndalo para la burguesa. Temblad malditos, temblad!

A lo que aada un FFB ms inspirado que nunca: Pues bien, el capitn de la compaa se tom esto literalmente en serio e interpret que un mtodo as, capaz de horrorizar a la burguesa, tenia que ser algo gordo, muy gordo: un ama terica mucho mejor que las que usaba el enemigo en las universidades, una sartn bien agarrada por el mango. Como se estaba habando de asuntos lgico-tericos, el sargento de la compaa interpret que aquel instrumento-aterra-burgueses tena que ser por lo menos una lgica distinta de las habituales (en particular de la lgica formal) y lo llam Lgica Dialctica con capitales ureas. Constructo magnfico que, en manos del cabo de la compaa, produjo la transmutacin esencial que slo logran las verdaderas creencias mitolgicas. Una lgica alternativa que es a la vez una arma arrojadiza contra la burguesa y de tan fcil uso que basta con repetir las palabras rituales de tesis/anttesis/sntesis para que se abra de golpe la cueva de los ladrones. En los sesenta, la soldadesca ya slo tena que decir: Abracadabra-pata-de-cabra. Lee, lee, comparativamente lo que decan de la dialctica los panfletos de la poca. Tena razn el autor de La ilusin del mtodo: decan eso, decamos eso.

[3] Fue en 2002. FFB nos acompa, en un viaje organizado por UCR, a la tumba de Benjamin, a la de Machado y a la maternidad de Elna. Adems de otros amigos, estuvieron con nosotros Miguel Casado y Olvido Garca Valds. Nadie ha podido ni querido olvidar ese da. Nadie ha podido ni querido olvidar las palabras de Paco en la tumba de Benjamin y en el encuentro que mantuvimos al final de la jornada. Nadie. Vuelven con fuerza a nuestra memoria en estos momentos.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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