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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-09-2012

Mujer, violencia y capitalismo

Pablo Vasco
Rebelin


"El socialista que no es feminista carece de amplitud. Quien es feminista y no es socialista carece de estrategia."
Louise Kneeland, socialista y feminista norteamericana, 1914.


Las clases dominantes justifican su explotacin naturalizando y profundizando la divisin de clases: siempre hubo ricos y pobres, algunos logran progresar, existen capacidades diferentes De un modo similar, tambin naturalizan el orden patriarcal, la supuesta inferioridad de la mujer, la maternidad como un mandato social ineludible y las tareas domesticas como su correlato.

Pero la diferencia biolgica, por s misma, no impone jerarqua ni prioridad alguna entre el hombre y la mujer. Es el propio sistema capitalista el que asigna roles fijos a unos y otras con el objetivo de asegurar el sostenimiento y la reproduccin de s mismo. En esa construccin impuesta, se espera que la mujer sea quien garantice el cuidado cotidiano y la continuidad futura de la mano de obra del sistema, y mucho mejor an si a la vez cumple con ser compradora compulsiva y objeto sexual. Las conductas machistas que ejercen muchos trabajadores y varones de sectores populares, y que tantas mujeres tambin aceptan como "normales", tienen su origen en la estructura econmica e ideolgica del sistema dominante.

La doble opresin que sufren las mujeres bajo el capitalismo tiene asimismo un lado ms oscuro y doloroso que el plano social, ya que a veces tambin est presente en el hogar, en el barrio, en su relacin ntima o de pareja con un hombre. Y se refleja en las altas cifras de mujeres golpeadas o maltratadas y en la cantidad de femicidios.

Por otra parte, en todas estas situaciones las mujeres deben enfrentar de alguna manera la complicidad del Estado, por accin u omisin: el aborto sigue estando prohibido, para la violencia falta prevencin y contencin reales, en la trata para explotacin sexual hay connivencia del delito con la proteccin policial, judicial y poltica.

Nada de esto es casual. Como hemos ido tratando a lo largo de este trabajo, estas situaciones que padecen las mujeres no son un problema privado o familiar, de puertas adentro. Ms que nunca, para las mujeres lo personal es poltico.

Por lo tanto, la salida debemos pensarla no individualmente sino en forma colectiva. La emancipacin de las mujeres forma parte intrnseca de la liberacin de la clase trabajadora en su conjunto. As como es imposible obtener avances econmicos, sociales, democrticos y polticos significativos sin la participacin activa de las mujeres, tampoco es posible lograr la emancipacin plena de las mujeres sin luchar por una salida anticapitalista.

Seguramente la derrota del capitalismo no significar que de un da para el otro, de manera automtica, se acabe la opresin de la mujer. Har falta toda una amplia tarea educativa, cultural e ideolgica para erradicar las conductas y prejuicios machistas, tan arraigados. Pero lo que en realidad es completamente utpico es creer que se pueda terminar con la opresin del a mujer mientras vivamos en el marco de esta sociedad capitalista, desigual e injusta por naturaleza.

Ahora bien: que la estrategia de los revolucionarios sea por una salida de fondo anticapitalista y socialista, no equivale a quedarse sectariamente de brazos cruzados ante los reclamos concretos de gnero del presente, as no sean explcitamente socialistas. Existe entre ambos aspectos una combinacin dialctica. Como deca la Kollontai, "cada nuevo objetivo de la clase trabajadora representa un paso que conduce a la humanidad hacia el reino de la libertad y la igualdad social: cada derecho que gana la mujer la acerca a la meta fijada de su emancipacin total".

No hay forma, insistimos, de terminar definitivamente con la opresin de la mujer sin cambiar de raz la base material que la origina y se beneficia de ella, que hoy es la explotacin capitalista. La desaparicin de la explotacin de una clase por otra y el reemplazo de la propiedad privada de los medios de produccin por la propiedad social son la condicin para lograr ese cambio e iniciar la construccin del socialismo a nivel nacional e internacional.

Derrotar al capitalismo y a los gobiernos que defienden sus intereses, tomar el poder poltico y a partir de all construir una nueva sociedad justa e igualitaria es una gran tarea revolucionaria compartida, de mujeres y hombres del brazo, con la clase trabajadora como vanguardia y sectores populares y medios aliados a ella. Y la disputa por el poder requiere a su vez de una herramienta poltica, de una alternativa poltica para llevarla adelante, que te invitamos a construir en comn.

En los captulos anteriores hemos desarrollado nuestra mirada sobre los temas del femicidio, la trata y el aborto, como las tres principales expresiones de la violencia de gnero. Cada una de ellas nos plantea reclamos y tareas especficas a llevar adelante, a la vez que son parte de una lucha superior y ms estratgica para combatir la raz estructural de esos males.

Las fuerzas polticas ms lcidas del sistema han percibido muy claramente la potencialidad de los movimientos de mujeres y buscan neutralizarlos, asimilarlos o, en todo caso, acotarlos a temas como la equidad de gnero o la emancipacin femenina. Hay documentos del Banco Mundial y de otros organismos internacionales del establishment que inclusive aconsejan encauzar la participacin de las mujeres hacia "las problemticas locales" o barriales.

Por el contrario, las y los socialistas del MST tenemos la plena conviccin de que la lucha por los derechos de las mujeres es parte inseparable del combate por una sociedad nueva, distinta, verdaderamente igualitaria, sin explotacin ni opresin, una sociedad socialista. se es el camino de desafo, de presente y de futuro que queremos recorrer juntas y juntos con vos.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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