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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-09-2012

Madrid: del 25S al 26S
La prima de riesgo como seguro de vida

John Brown
Rebelin


26S. Segundo da de movilizacin despus del 25S. La gente ha vuelto a concentrarse en Neptuno, lo ms cerca posible del Congreso. No ha habido cargas policiales. Se ha conseguido neutralizar eficazmente a algunos infiltrados. La gente sigue cortando parcialmente el flujo de automviles, cortando el flujo de mercancas. Tambin protesta contra la austeridad y ms an contra el rgimen que la impone que, cada vez ms se identifica con su propio pasado inmediato, el franquismo. Esto es algo ms que el 15M, un 15M que ha emprendido la senda de la destitucin del rgimen, de la erosin definitiva de su legitimidad.

La primera respuesta del rgimen ha sido tpicamente hobbesiana: en primer lugar, insiste en su legitimidad representativa (el Parlamento como Sede de la Soberana Popular), pero enseguida regresa al origen mtico de la representacin presentndose a s mismo como el Gran Protector de la poblacin... frente a s misma. El gobierno espaol intent el martes renovar el intercambio mafioso de "obediencia a cambio de proteccin" que, segn Hobbes, resume el pacto en que se funda la soberana. Lo hizo generando descaradamente caos, violencia e incluso pnico en las calles de Madrid con escenas dignas de esas pelculas en que unos extrataerrestres cubiertos con un exoesqueleto intentan dominar la tierra y atacan indiscriminadamente a los terrqueos que huyen despavoridos. Que la violencia de ayer procediera de infiltrados policiales o de mrgenes del movimiento tiene poca importancia: la tensin estaba ya preparada con las barreras, los 1500 androides y las amenazas y descalificaciones de las distintas cavernas de todas las derechas, incluidos el Pas y el PSOE.

A pesar de todo, el grado de dignidad e indignacin de la poblacin se pudo medir en la pacfica -o ms enrgica- resistencia a unas cargas ampliamente injustificadas. El terror que desde el 18 de julio del 36 genera el rgimen espaol en sus sbditos est disipndose rpidamente. Desde hace un ao, de mano de la creciente indignacin por el pillaje generalizado que sufre la mayora de la poblacin la indignacin, el odio producido segn Spinoza por un mal hecho a un semejante, est siendo ms fuerte que el miedo. Esto responde tambin al hecho de que las nuevas formas de trabajo postfordistas son menos receptivas al terror. Aterrorizar a un trabajador cognitivo, comunicativo, afectivo, social como es el trabajador actual es abiertamente destruir fuerzas productivas, destruir un capital fijo que hoy es inseparable del trabajo vivo. Por eso la amenaza de un golpe de Estado no es creible. Ni siquiera es posible un corte sistemtico de las comunicaciones de Internet. Un golpe de Estado era una solucin disciplinaria til para la burguesa fordista; en el postfordismo no vemos ya golpes de Estado, sino intentos cada vez ms paranoicos de control y vigilancia de la poblacin. Mantener los flujos de comunicacin y las redes de cooperacin, pero vigilndolos muy estrechamente. La forma de la libertad debe mantenerse intacta para que la nueva figura del trabajador produzca.

El mircoles, 26 de septiembre, la gente ha vuelto a salir a la calle. Afirmando que no tiene miedo. Como si intuyera que el terror ya no funciona como mtodo de gobierno. Ya por la maana pudimos ver cmo la prima de riesgo del Estado espaol suba ms de treinta puntos. La resistencia hace subir la prima de riesgo. La prima de riesgo indica la gran sensibilidad de los mercados financieros a la destruccin represiva de la productividad de las nuevas formas de trabajo. El empobrecimiento al que somete el neofranquismo neoliberal a la poblacin espaola se refleja en esa prima, la resistencia al mando tambin. Hay resistencia al mando cuando este es incapaz de establecer con los trabajadores, con el conjunto de la poblacin, una convencin compartida sobre la apropiacin y el reparto del valor. El capital financiero no desea la ruina de las poblaciones: la constata cuando esta se produce. Prefiere, con mucho, explotar su riqueza. Como toda forma de poder, la dominacin del capital financiero es una relacin que supone una constante mediacin y negociacin del mando con la poblacin. La transaccin que supuso el endeudamiento privado y la renta financiera ya no funciona desde que estall la crisis. Por ello mismo, el mando intenta imponer la explotacin por la fuerza, pero, como podemos ver, esto tampoco funciona, pues produce ruina y pobreza. Est abrindose ante nosotros la base material de un nuevo perodo marcado por una nueva constitucin material y una nueva forma poltica.

La prima de riesgo est siendo hoy el seguro de vida de la poblacin rebelde. El rgimen fundado en las cunetas nunca tuvo ningn escrpulo en matar durante las manifestaciones dirigidas contra l. Lo hizo con particular brutalidad en los aos 70 cuando se impuso su nuevo avatar, la joven democracia, por el miedo, la sangre y la claudicacin de la izquierda mayoritaria. Sin embargo, desde el 15M hasta aqu no ha habido ningn muerto. Para quien ha vivido los aos 70 sorprende -gratamente- comprobarlo. Esto responde no a una mayor altura moral, ni a un mayor grado de civilizacin de este rgimen criminal, sino como antes se haba sealado, al temor a que la conflictividad quede reflejada en la prima de riesgo o en la nota de las agencias de calificacin de la deuda. Hoy no tenemos miedo, porque ya no se nos puede gobernar con el miedo. La multitud productiva, -esto lo saba ya Durruti pero hoy est ms claro que nunca para todos nosotros-, es la que hace el mundo, sin el cual no es posible la riqueza, ni esa forma mistificada de la riqueza que es el capital. Todo poder se enfrenta a una resistencia, pues es relacin: el capital tambin.

Blog del autor: http://iohannesmaurus.blogspot.be/2012/09/del-25s-al-26s-la-prima-de-riesgo-como.html

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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