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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-09-2012

Sujeto y Cultura en Gramsci
A propsito de la utilizacin de la ciencia en el filosofar de Gramsci

Joaqun Miras Albarrn
Espai Marx


La izquierda, la europea al menos, debe reconsiderar su forma de hacer poltica en general: tanto su cultura poltica, como el sentido que tiene la propia cultura /civilizacin en su concepcin de la poltica. Dentro de este proyecto de revisin un punto a discutir es el papel que la ciencia social debe tener en la elaboracin de una nueva cultura poltica y en la orientacin de la praxis concreta. Recibimos el otro da el envo de una interesante nota de Gramsci en la que el comunista sardo reflexionaba crticamente sobre el papel de la ciencia en la actividad poltica El enfoque de esta nota es muy importante. No lo es menos el calado de la disidencia que plantea, con sus crticas, con sus objeciones, con su carcter marcadamente polmico, respecto a las interpretaciones convencionales sobre el uso de las ciencias y del saber teortico en general, en poltica

Antes reproduzco aqu el texto de Gramsci enviado, en la misma edicin en que se nos envi:

"El error en el que se cae frecuentemente en el anlisis histrico-poltico consiste en no saber encontrar la relacin justa entre lo orgnico y lo ocasional. Se llega as a exponer c omo inmediatamente activas causas que operan en cambio de una manera mediata, o por el contrario a afirmar que las causas inmediatas son las nicas eficientes. En un caso se tiene un exceso de "economismo" o de doctrinarismo pedante; en el otro, un exceso de "ideologismo"; en un caso se sobrestiman las causas mecnicas, en el otro se exalta el elemento voluntarista e individual. La distincin entre "movimientos" y hechos orgnicos y de "coyuntura", u ocasionales, debe ser aplicada a todas las situaciones, no slo a aquellas en donde se verifica un desarrollo regresivo o de crisis aguda, sino tambin a aquellas en donde se verifica un desarrollo progresivo, o de prosperidad, y a aquellas en donde tiene lugar un estancamiento de las fuerzas productivas. El nexo dialctico entre los dos rdenes de movimiento y, en consecuencia, de investigacin , es difcilmente establecido con exactitud; y si el error es grave en la historiografa, es an ms grave en el arte poltico , cuando no se trata de reconstruir la historia pasada sino de construir la presente y la futura."

Antonio Gramsci, "Anlisis de las situaciones. Relaciones de fuerzas", en: "Notas sobre Maquiavelo, sobre la poltica y sobre el Estado moderno", Buenos Aires, Nueva Visin, 2003, pag 54 1 [Los dos destacados en negritas son mos; JMA]

La investigacin cientfica debe servir al arte poltico poltica entendida como arte, no como ciencia ni tcnica- en su tarea de construir, esto es, producir o crear, y hacer operativos elementos histrico sociales hasta ahora inexistentes

Para evitar una interpretacin desde el modelo habitual, cientifista, positivista, de este texto, trato de contextualizar las ideas de Gramsci dentro de su filosofar. La divergencia de Gramsci en relacin con el uso de la ciencia y la teora, propio de las corrientes mayoritarias de la izquierda es de dos tipos fundamentalmente. El primero es sobre el uso posible de ese saber. El segundo sobre los agentes activos que deben protagonizar el uso del saber.

Para comprender cul es el uso posible de la ciencia social para Gramsci debemos integrar su sentido dentro de la concepcin que Gramsci tiene de la poltica.

Pero comencemos resumiendo antes cul es el papel asignado a la ciencia en la concepcin estndar de la izquierda. El estudio cientfico de la realidad social, de la economa, la correlacin de fuerzas o la coyuntura poltica es considerado un instrumento que permite a una fuerza poltica elucidar y prescribir cul ha de ser la estrategia poltica a seguir.

La concepcin resumida puede enunciarse de diferentes formas: en la realidad dada hay tales fuerzas sociales y econmicas, tales organizaciones entre las cuales dispongo de tales recursos y el enemigo dispone de cuales...qu hacer. O: la crisis les ha descompuesto a los enemigos sus recursos, la realidad histrico econmica me ha puesto en la mano estos recursos, qu hacer.... Estas formas de entender la accin poltica de la izquierda, de entender la intervencin en la dinmica rectificadora de la sociedad, las transformaciones sociales, o las revoluciones, parten de una premisa ideolgica no compartida por Gramsci que es el optimismo progresista.

La elaboracin de una lnea poltica de izquierdas como estrategia por la ciencia es plausible tan solo si se considera que el orden nuevo, el futuro, o al menos las condiciones de posibilidad para el desarrollo de esa poltica progresista, estn ya inmediatamente dadas, o que la finalidad propuesta est ya incoada, en el seno de la realidad social. Solo as la explicacin cientfica desarrollada por las ciencias puede servirnos como prognosis y sobre todo, tal como se postula en esa versin, como prescripcin de directrices para la praxis poltica.

El trabajo intelectual para Gramsci es, por el contrario, un estudiar y saber a qu atenerse respecto de la realidad presente para poder fundar un sujeto social que se enfrente con el orden existente: en primer lugar, para ponerse a fundarlo. Porque el sujeto social, nuevo, posible, el bloque histrico, que debe ser creado, todava no existe, tan solo existen los explotados desorganizados e imbuidos de la cultura existente pero en cuya consciencia slo se abre paso, junto con otras ideas, la experiencia negativa respecto a lo existente: El sujeto colectivo, el bloque social antagnico solo existe en potencia, -dynameis-, esto es, como posibilidad, en un mundo que admite, no infinitas, pero s indefinidas alternativas posibles o, como lo dice Hegel, al recoger esa tradicin de pensamiento y traducirla a su lengua, esa posibilidad de algo, slo existe en si-. Y as, cuando, por ejemplo, parece que la crisis azota la sociedad capitalista ponindola en disgregacin: en el temblor del Estado se vislumbraba de inmediato una robusta estructura de la sociedad civil. El Estado era solo una trinchera avanzada, detrs de la cual se extenda una robusta cadena de fortificaciones y casamatas (Q. 7 &16).

Estas fortificaciones sustentan el slido sujeto social organizado por el enemigo, sujeto social constituido por una cultura material de vida, que es producida y reproducida capilarmente por estas trincheras y casamatas organizativas. Cultura, ethos, que es la que nos ensea a vivir la vida, y que es lo que cimenta la hegemona de la clase dominante.

El que creamos que era nuestro momento, los sectores sociales que pensbamos ser nuestros como consecuencia de la crisis social, no lo son, porque nuestra sociedad no es gelatinosa, sino que est construida, organizada culturalmente: la cultura creada est, sigue, organizada; la cultura vigente sigue siendo la burguesa. La cultura material de vida que organiza hacia adentro la sociedad, esto es, el Estado entendido como el producto de una praxis generada desde el colosal tejido organizado que la teora del Estado liberal ignora, al limitarlo a los aparatos administrativos y no al todo organizado que crea la eticidad la cultura- , esa cultura, sigue siendo la creada por el orden burgus.

Las expectativas de vida de nuestro vivir cotidiano en su capilaridad son las que generan el destino o dinmica general de nuestro orden social, estn en relacin directa con el mismo, con la dinmica cultural general; ste, el destino, no es un fatum natural inamovible, pero se reproduce en nuestro vivir, porque se reproduce como consecuencia, precisamente, de la praxis de vida cotidiana que organiza nuestro vivir; sujeto y objeto son autoidnticos: autoidentidad sujeto objeto Hegel: la razn es toda realidad, tal como afirma, por ejemplo en La Fenomenologa del Espritu2; ms adelante explicar sucintamente la idea-.

El propsito que para Gramsci tiene el estudio cientfico de la realidad social, como si la sociedad fuera, metodolgicamente tan solo, un objeto de conocimiento ajeno a nosotros mismos, como si la sociedad no furamos las personas, y la cultura no fuera el resultado de nuestra praxis capilar, no se corresponde pues con el propsito del estudio de situacin o coyuntura de un Estado Mayor dispuesto a dirigir el lanzamiento de una ofensiva general con los recursos disponibles.

La lucha para Gramsci consiste precisamente en el esfuerzo prctico, organizativo cultural, por crear un sujeto social mayoritario, precisamente el instrumento o medio de lucha ahora inexistente, y en crearlo mediante la articulacin de una cultura de masas nueva, la cual en la medida que existe no solo crea o produce el instrumento; crea inherentemente el nuevo orden: es instrumento y fin a la vez sujeto y objeto idnticos, para recordar la jerga que inspira estas cosas-. El recurso, para Gramsci an no existe, y al no existir el recurso, al desconocer cul ser su entidad, sus capacidades, tampoco podemos conocer sus fines, sus logros.

En consecuencia, la investigacin cientfica que propone Gramsci, mediante el uso de las ciencias, esto es, de la razn como intelectum, que trata de desentraar intelectualmente el objeto social, est al servicio del uso de la razn como Voluntad, en el sentido de Rosusseau, una Voluntad General Volont Gnral- capaz de crear, de generar praxis; una razn creadora, razn prctica, que construye, produce, estatuye un orden, un Estado. Pero que no solo construye un Estado como Constitucin y aparatos poltico administrativos Rousseau-, sino que construye un orden, un Estado como Ethos, como cultura material de vida, como cultura civilizacin, como espritu objetivo, como usos y costumbres, como reforma de las mores riforma morale e intelettuale- como Ordine Nuovo. Precisamente, como sabemos, Jean Hyppolite3 nos llama la atencin sobre la influencia de la idea de Volont, de Rousseau, sobre Hegel, en la Fenomenologa, etc, justamente a la hora de elaborar su idea de Voluntad creadora.

Esa concepcin, la de la filosofa de la praxis, entiende la poltica como un hacer cultural. Es un saber segundo- que interpela a la consciencia de la subjetividad de cada individuo subalterno, cuya experiencia le muestra la situacin de explotacin en la que se encuentra. La interpelacin es una invitacin a coparticipar en la creacin de la nueva cultura material de vida, desde la vida cotidiana de cada sujeto individual y para la transformacin de la misma. Para lo que se necesita la creacin de cientos de miles de pequeas microestructuras organizativas operantes dentro de la propia vida cotidiana, que posibiliten a millones ir ejerciendo el uso creativo de su razn creadora, de su espritu creador, de la creatividad inherente al ser humano, esto es, de su Voluntad que vaya siendo as una y la misma con la de los dems hasta constituir la Volont General, la voluntad del Soberano. Se trata de crear por tanto a la vez el ethos nuevo y sus bases organizativas, y de modificar, en la medida en que sea posible, las que est a nuestro alcance modificar, aquellas que existen porque nuestro vivir, directamente las pone en accin y cuya praxis y modelo organizativo puede ser transformado por nuestra lucha.

Estas son las trincheras y casamatas correspondientes al nuevo ethos, al nuevo vivir libre Esas dos creaciones generadas por nuestra praxis, son las que van creando la materialidad de un nuevo sujeto histrico, capaz de ejercer voluntad colectiva; de un nuevo bloque social histrico, el portador de una nueva cultura civilizacin, de nuevas formas de vida. Son la hegemona social nueva.

No se pueden aportar muchas experiencias histricas reales que hayan tratado de inspirar en las clases subalternas el deseo de crear nueva cultura de vida. Pero ah est el proyecto de Popolo Comunista, de cultura popular democrtica, que el PC italiano sostuvo como praxis mientras su dirigente fue Palmiro Togliatti. Praxis mediante la cual ese bloque social impona su impronta a la sociedad italiana. sta lnea fue abandonada a su muerte, porque, en realidad no se llegaba a comprender, y no se comparta en consecuencia su forma de entender la poltica como praxis cultural. No era compartido ni por los movimentistas que volebant la luna, porque no est en sus escritos la nocin de incorporar los movimientos a la creacin de una nueva cultura civil de cotidiana de vida, a partir de sus nuevas necesidades, en el entendimiento de que eso es ya estar creando un nuevo Estado o eticidad. Tampoco desde luego por quienes interpretaban la poltica elaborada por Gramsci de ocupacin de trincheras y casamatas como una ocupacin, por parte de cuadros profesionales del partido, de las instituciones de la administracin del estado y como un pacto, de direccin a direccin, con la democracia cristiana.

Es ilustrativo que en las memorias y textos de anlisis de los crticos se insista recurrentemente en que la crisis poltica del PCI se debi a la falta de anlisis econmico de la situacin que permitiese elaborar lneas de intervencin econmica desde la administracin del Estado. Incluso el extraordinario, ltimo libro de Lucio Magri4, que es de un fuste por completo diverso, oscila entre principios diversos. El libro finaliza con una firme declaracin en la cual queda expuesto que la necesidad fundamental, la que justifica y hace imprescindible un partido de nuevo tipo, orgnico, es impulsar la consciencia en el seno de los movimientos de masas de que la lucha de los movimientos no puede limitarse a la protesta, sino que debe proponerse la creacin de un nuevo orden. Magri seala all la carencia de esta iniciativa de creacin de un orden nuevo, en positivo, como la causa del fracaso de la lucha de los movimientos de los aos 60 y 70. Sin embargo, en el desarrollo del libro, en varias ocasiones achaca el fracaso del PCI a la carencia de estudios cientficos que le permitiesen comprender la situacin econmica entrante, mejor que la propia burguesa, de forma que el anlisis permitiese adelantar cules iban a ser las estrategias futuras que la burguesa iba a emprender. Zeit Geist

Togliatti, junto con Gramsci fueron los dos nicos hegelo marxistas que llegaron a tener poder poltico real en el movimiento obrero5.

Segn lo que llevamos resumido, en esta interpretacin praxeolgica y cultural de la poltica y del Estado, el sujeto o bloque social deja de ser un instrumento o medio para lograr un fin an no conocido. Si el movimiento democrtico organizador del sujeto se afianza y desarrolla en la medida en que se desarrolla una nueva cultura de vida, una nueva praxis, esa cultura de vida, a partir de cierto momento se convierte en la hegemnica, es la cultura dominante, pasa a articular la nueva eticidad o Estado. Es nuevamente la idea de autoidentidad sujeto objeto.

Deseo an desarrollar ms este asunto. Pero llegados aqu, conviene explicar antes, al menos en resumen, cul es la otra diferencia sobre el uso de las ciencias y del saber teortico en general, que caracteriza a la concepcin de Gramsci en relacin con la convencional de la izquierda, si bien puede habrsela conjeturado ya fcilmente en lo que llevo explicado.

Esta segunda diferencia, puede verse documentada en los textos de Gramsci en los que reflexiona sobre las caractersticas adecuadas de una prensa revistas, peridicos, libros- orgnica o til para el desarrollo de la deliberacin sobre la praxis y til por consiguiente para la construccin de la nueva praxis cultural que organiza al nuevo sujeto bloque social. Tambin podemos encontrarla en los mltiples textos en los que Gramsci reflexiona sobre manuales de marxismo. Y en aquellos otros en los que reflexiona sobre la Reforma luterana patrn de referencia que hay detrs de su uso de la palabra Riforma-, en contraste con el catolicismo y con el humanismo renacentista. El registro en el que documentar su posicin es pues abundante.

Su valoracin de la Reforma protestante sigue la que Hegel haba elaborado6. Gramsci conoce tambin las conclusiones que, siguiendo este mismo magisterio de Hegel, haba extrado Max Weber. Gramsci est de acuerdo con que el Renacimiento alcanz niveles intelectuales extraordinarios. Mientras que la Reforma, con la declaracin de que todo hombre es sacerdote, de que no exista ninguna autoridad que controlara, interpretara, administrara y aplicara el saber, y con la exigencia de autoformacin, de libre examen, de lectura los textos sagrados por parte de cada individuo, no pudo de entrada elevar a las masas a las alturas del conocimiento de los humanistas. Pero la democratizacin del saber, el hecho histrico de arrancarlo de las manos y del monopolio de un grupo especializado de intelectuales dirigentes, produjo a la larga unas consecuencias irreversibles, de carcter histrico. Porque ese saber, en la medida en que era apropiado por cada individuo en la medida en que era utilizado en su reflexin y orientaba su praxis de vida, es el que cambi la historia. E incluso produjo posteriormente la nueva cima del pensamiento, el Idealismo Alemn.

Esos saberes democratizados, los que guiaban a los calvinistas, sus ideas sobre la predestinacin, su esfuerzo en el trabajo, transformaron el mundo capilarmente. Solamente el saber que pasa a ser dominado por las masas puede ser instrumento al servicio de una creatividad que genere un mundo nuevo, una civilizacin nueva.

Por ello Gramsci piensa que las revistas y dems instrumentos intelectuales, los temas que toquen, el nivel que adopten por ejemplo, en el Cuaderno 8, apartado &57, sobre Riviste-tipo, etc- deben estar en relacin con los problemas concretos, prxicos, y con el nivel, y las preocupaciones, los debates del sujeto social organizado, en el grado real en que este se encuentre.

El saber no es un medio a la luz del cual, orientndose en l, una elite intelectual cultivada, los cuadros polticos, los clrigos, los sabios, mediante la pedagoga, puede dirigir al movimiento social, sino que, por el contrario, la relacin queda dibujada en sentido contrario; al igual que el soberano del mundo presente, la burguesa, est dotada de instrumentos intelectuales orgnicos, que la informan y la dotan de saberes, para que pueda deliberar y decidir, as mismo, el soberano del mundo que queremos crear, las clases subalternas, que han de ser fundadores de Estados- Cuaderno 3-, deben tener a su servicio, instrumentos intelectuales que vayan proporcionando los saberes que el mismo soberano pondr en relacin con la praxis creativa de una nueva cultura en ciernes. Esto es, con la praxis creativa de s mismo como sujeto bloque y como orden nuevo, como nueva sociedad: como sujeto y como objeto idnticos-.

La reflexin sobre la Reforma, y sobre las diferencias entre protestantes, catlicos y renacentistas, de raigambre hegeliana, hace que el pensamiento de Gramsci se anticipe, esto es, disponga de una crtica contra las teoras polticas basadas en el papel dirigente de las elites intelectuales.

Gramsci critica toda tentativa de tratar de encontrar atajos poniendo al movimiento bajo la direccin poltica de intelectuales profesionales es que tambin conoce a los autores que han trabajado sobre las teoras de elites, Mosca, Pareto, Michels, el libro de Benda, sobre la rebelin de los clrigos- y de confundir nivel terico y praxis creativa Crtica que Gramsci desarrolla a la par que contra toda autocomplacencia en la ignorancia. Esta crtica del partido como vanguardia de cuadros, dotado de una consciencia externa que manda segn una divisin del trabajo entre dirigentes y dirigidos, no debe ser confundida con el olvido, con el desprecio del trabajo intelectual.

Por el contrario Gramsci considera que el comienzo del nuevo sujeto se inicia con la afirmacin de un nuevo pensamiento orgnico, esto es, con el desarrollo de instancias diferenciadas que elaboren ideologa, crtica, saberes, filosofar, escriban revistas pero la eficacia de este saber solo existe si inspira praxis, si anima a la praxis a los subalternos, si les sirve para sentirse sujeto autnomo: si se lo apropian las clases subalternas y es convertido por ellas en instrumento de reflexin para orientar su creatividad. El protagonismo est democrticamente en el seno del sujeto social y ste se apropia y utiliza creativamente las ideas como luz de su creatividad prctica. El saber ha de ser instrumento del espritu creador, pero ste es inmanente al ser humano, no lo trasciende, ni como religin, ni como ciencia, ni como Comit.

Y ya casi he vuelto de nuevo al momento en que haba dejado provisionalmente el punto anterior.

Resumiendo, el fin al que sirve el saber es la creacin de un sujeto social en desarrollo cuyas capacidades nuevas emergentes, no son a priori pronosticables por el uso actual de la ciencia, porque la historicidad, caracterstica de nuestra especie, es impronosticable en su devenir.

El objetivo es pues orientar a la luz que nos proporciona las ciencias sociales la organizacin de la libre creatividad de las masas, de una enorme deliberacin masiva, de una enorme y capilar praxis, democrticas, que creen ambas, de inmediato, formas de vivir, pero esas formas de vivir, esa praxis concreta es un proceso a realizar, todava no hecho.

Praxis cultural y organizaciones capilares que la posibilitan son un proceso consecuencia de la creatividad humana que va deliberando y poniendo, ella misma, en proceso, desde su experiencia, los propios fines y objetivos praxis- cuyos resultados no son gobernables por un estado mayor, ni pronosticables, ni prescriptibles por las ciencias a ttulo de ingeniera social: De lo que no existe, desde la ciencia, nada se puede decir condicionales contrafcticos-.

Toda alternativa de futuro, creada por las fuerzas sociales humanas, crear soluciones y alternativas que se objetivarn como mundo social, como cultura, a partir de la realidad concreta existente, en un Transformar Preservando que es caracterstica del proceso histrico de la humanidad, al menos hasta la fecha, y que Hegel denominaba Aufhebung. Por el contrario, sern las prcticas culturales y polticas concretas, la poltica in actu del movimiento organizado, las capacidades de cada bloque social organizado concretamente aqu y all, ser la praxis creadora consciente en proceso la que lo decida.

Como explic un viejo comunista hace casi 50 aos, la misma ley fsica de la palanca permite construir gatos y gras; de no ser as estaramos postulando para el futuro posible de toda la humanidad una sola y la misma cultura material organizada de vida. El ser se dice de muchas maneras, tal como afirmaba Aristteles. Se dice y se hace.

Dentro de la deliberacin que oriente la praxis del sujeto social emergente, los comunistas, los individuos que trabajamos en la transmisin de un legado cultural, de una experiencia histrica de lucha, y que continuamos las tradicin comunista, como parte integrante del sujeto, debemos insistir en la fundamental importancia de la superacin del capitalismo, en la socializacin de los medios de produccin y cambio. Pero cmo se resuelva esto, queda a la lucha, a las soluciones culturales nuevas creadas. Expropiar al expropiador y propiedad social es la frmula abierta que elabora Marx en el mismo El Capital en el capitalismo se trataba La conversin (.) de la propiedad capitalista (.) en propiedad social. (.) se trataba de la expropiacin de la masa popular por pocos usurpadores; [en el presente se trata] (.) de la expropiacin de los pocos usurpadores por la masa del pueblo lneas finales del captulo XXlV, sobre La llamada acumulacin originaria- .

Recordemos aqu que se trata de reabsorber tambin en la sociedad civil democrticamente organizada, esto es, en el tejido social y cultural que se cree en continuidad/ cambio con las culturas de vida histricas, la actividad productiva socialmente organizada. Para argumentar mejor el problema y su posible solucin hegelo marxista, gramsciana, desde el ethos nuevo, me permito someter a nuestra consideracin la elaboracin intelectual del que es el mayor economista del siglo XX aunque no un tecnlogo, de la economa-.

Karl Polany, creador de la economa sustantiva y de la antropologa econmica. Polany explica 7 que el capitalismo es una anomala histrica por su excepcionalidad en comparacin con el resto de las economas humanas; es la consecuencia del nico, gran experimento intelectual consciente de la historia dirigido a transformar ingenierilmente las relaciones sociales y econmicas que ha padecido la humanidad, una manipulacin ingenieril sobre el mundo existente, dirigida por economistas, intelectuales orgnicos del gran capitalismo , que desde finales del siglo XVlll, elaboraron en los papeles y llevaron a la prctica, mediante el uso masivo de la ms brutal y sistemtica violencia del Estado, un experimento social consistente en desempotrar de las culturas materiales, normativas, existentes, la actividad de la produccin y la distribucin de los bienes materiales. Inventaron para ello la institucin del mercado desregulado autorregulado- inexistente, e inventaron adems la idea de que sin mercado desregulado no existe ni comercio ni intercambio.

Los bienes productivos y sus productos quedaron en manos privadas, y crearon para ello tres mercados desregulados distintos, el del trabajo, el de la tierra y sus productos y el del dinero o finanzas. Este invento monstruoso, el Frankenstein de la contemporaneidad, trajo el caos a la economa y, a la totalidad de la vida humana al sembrar el desorden en las culturas materiales de vida.

Polany recuerda con insistencia que no fue el desarrollo tecnolgico sino la teora social de los economistas como proyecto de lucha de clases de una de las clases sociales, impuesto desde su control del Estado, aadira yo- la que produjo el cataclismo social. Este anlisis extraordinario por la luz que arroja, sobre la necesidad de que la lucha sea cultural y por la reorganizacin de un nuevo ethos integrador, es continuacin del magnfico captulo de Marx en el primer tomo del Capital, el penltimo, La llamada acumulacin Originaria. O de sus agudas pginas sobre la lucha del capital por destruir el control que la antigua tcnica todava otorgaba a los trabajadores sobre el proceso de trabajo De la subsuncin formal a la subsuncin real del trabajo al capital - etc; Es importante registrar que el desarrollo ms potente y sugestivo de las ideas de Marx no es obra de una autor economista marxista sensu strictu, s de un gran admirador de la obra de Marx.

Creo que el potente y luminoso anlisis de Polany arroja luz sobre el camino de futuro. Este no consiste en que nuevamente, los economistas, los cientficos sociales nos digan cmo dirigir una economa al margen del control de la sociedad civil que trabaja y produce, sino de que las nuevas culturas en ciernes que crean una nueva sociedad civil democrtica, un nuevo sujeto bloque, articulen mediaciones, a comenzar por las instancias capilares de control democrtico de la actividad desde la vida cotidiana, para la reabsorcin democrticamente dirigida de la praxis econmica dentro de las culturas de vida.

Todo ello por hacer, por decidir, por deliberarSi esa deliberacin llega a darse, ser la de ese sujeto bloque en su reflexin a partir de su hacer inmediato y su inmediata creacin de cultura material de vida emergente. l ser el que vaya deliberando en consecuencia, sobre fines a proponerse; los mismos fines debern ser fruto de su propio hacerse auto - nomos, de sus propias capacidades nuevas prcticas, y de su reflexin sobre las mismas: nada puede ser heternomamente puesto. Sabemos a dnde llevan las mejores ideas impuestas heternomamente, a la disolucin de los sujetos sociales creados, a la liquidacin de la praxis democrtica protagonizada por los subalternos, y a la clonacin de elites de poder.

Creo, para terminar con esto, que este es el espritu del propio Marx, quien elabor un pensamiento econmico como crtica crtica de la economa poltica- y no como prescripcin de pautas tcnicas para dirigir la economa desde instancias centralizadas en manos de tcnicos. La economa marxista, sin embargo, tanto la que fue, la del este, como gran parte de la actual que an existe, indiferenciable del keynesianismo de izquierdas, despus de formalizar las ideas de Marx, a menudo fatigando el concepto, -sobre el valor trabajo, sobre la teora de la crisis- no sabe devolver el saber al ciudadano, sino que elabora tcnicas de intervencin a partir de la civilizacin existente, internas a la misma, y desde el protagonismo institucional de los tcnicos economistas.

Todo esto est muy alejado de Gramsci, desde luego, y de la constelacin de problemas que ocupan su reflexin. Dejo en consecuencia ahora este asunto y vuelvo sobre el pensamiento de Gramsci, en el que se encuentra todo lo sealado: la necesidad de crear la nueva, propia, autonoma subjetiva, a base de organizar nuevas trincheras y casamatas organizativas, nuevas organizaciones capilares. Estructuras organizadoras, que permitan a los individuos organizados generar su propia praxis estable, deliberar sobre alternativas a partir de la propia experiencia de lucha enriquecida por el saber, y crear as, -y objetivar as- , colectivamente, la nueva cultura prxica de vida, de forma que se frage un nuevo Sujeto social o Bloque social. Esto es, la hegemona como reforma de las mores, como ethos nuevo, en el proceso de convertirse en el nuevo Objeto social, en el proceso en el que el Sujeto social y la cultura que lo cimenta, se conviertan en la totalidad de la sociedad, en el nuevo estado, ethos u orden. El sujeto logra integrar a la totalidad social y es idntico la sociedad como objeto. El sujeto social el bloque histrico no es un instrumento de lucha poltica que deja de tener papel y sentido una vez que unas elites polticas acceden a las instancias de poder. Vale por ello retener la hegelianada conceptual, aclarando lo que expresa: la autoidentidad sujeto objeto. Lucha por la creacin de una nueva cultura.

En esta teora, fruto del filosofar sobre las experiencias histricas se abre paso tambin una teora del Estado; no al uso de las que se denomina as, y que proponen cmaras, circunscripciones, leyes, constituciones, sino como proceso, como lnea para hacer : Esas instancias que posibilitan la autoconsciencia sobre la propia praxis, que permiten la deliberacin comn sobre la misma, desde el interior de la propia praxis capilar, y que posibilitan la comunicacin y deliberacin comn con otras instancias organizativas semejantes y la elaboracin de nuevas instancias democrticas de coordinacin, son, precisamente por ser instancias que organizan la autoconsciencia social que controla y dirige praxis, el nuevo Estado en ciernes, en tanto que el Estado es la autoconsciencia de la comunidad social y de su praxis.

Un Estado que se organiza de un modo diverso, evitando su separacin e institucionalizacin al margen de la sociedad civil, al margen de las culturas de vida, de los usos. Un Estado que evita la divisin del trabajo, la tecnificacin de la gestin poltica en manos de profesionales, al menos en un grado posible desconocido en la modernidad. Instancias estatales nuevas, que surgen ya reabsorbidas dentro de la sociedad civil, y que no aplazan la realizacin de este fin al futuro. Un Estado, un entramado estatal que trabaja por la creacin de un ethos cultural democrtico, que es organizacin que permite generar esa nueva cultura a la praxis colectiva. Un Estado cuya reabsorcin en la sociedad civil permite crear instrumentos de control consciente en las instancias e instituciones productivas en la economa- por parte de productores y consumidores, reabsorbiendo as tambin en la sociedad civil el trabajo y la distribucin. Pues solo si la consciencia poltica se mete en la vida cotidiana y se organiza capilarmente, tambin, dentro de cada clula de trabajo y de distribucin, podremos considerar a la vez reabsorbidos en la sociedad civil Estado y economa, esferas desencajadas de la misma a lo largo de la historia.

La forma en la que cuaje esa voluntad de reabsorcin del Estado en la sociedad civil, como medio para lograr que todas las esferas y mbitos de la vida social sean controlables por la comunidad social, esto es, para radicalizar su papel de direccin consciente del nuevo orden tampoco es elucidable por adelantado, desde luego. Pero la voluntad de impulsar esto, de recordar las graves consecuencias que tiene lo contrario, de animar a que se trabaje en esta lnea s debe ser desarrollada. Porque la democracia, la democracia real, la autodeterminacin real de los subalternos, tal como ejemplifica la polis clsica, no admiten que el instrumento poltico se mantenga al margen de la praxis cotidiana de los ciudadanos ni que la economa sea dominada por una clase.

La concepcin matriz de que Estado es el conjunto de organismos e instancias que organiza el ethos, no solamente el nivel legislativo poltico administrativo, y que debajo de toda constitucin escrita cada sociedad tiene otra, el ethos, que la organiza, es la que abre en Gramsci la reflexin sobre el Estado como suma del Estado ms la sociedad civil8. Es la que le permite elaborar la nocin de hegemona como lucha en las trincheras y casamatas, por un nuevo ethos que es el nuevo orden estatal. Y es la que le permite elaborar la idea de reabsorcin del Estado en la sociedad civil y apuntar hacia la sociedad regulada, como un fin a proponerse, an sin tenerlo definido. Es el filosofar que permite concebir cmo se puede radicalizar la democracia, introducindola en las races productivas y reproductivas de la sociedad. Es una nocin filosfica a cuya luz la democracia adquiere nuevos relumbres, crece en propsitos. Es un filosofar que propone soluciones que exigen tareas por decirlo con la frase de Brecht; soluciones propuestas a la razn que generan entusiasmo, y desarrollan en nosotros nuevas energas psicofsicas que no creamos existentes, y nos empujan a la creatividad. Esta nocin de Estado, tan directamente emparentada con la polis griega, es otra deuda con Hegel, que es quien elabora el aggiornamento de ideas clsicas para la contemporaneidad gracias a su capacidad de comprender el nuevo mundo emergente y aferrar sus lneas matriciales. Gracias a ello el concepto de democracia vuelve a adquirir una hondura y una fuerza extraordinarias, y vuelve a serle restituida a la poltica la dignidad que merece. Vemos que estas ideas que han sido criticadas muy a menudo como especulacin, en realidad resultaban desbordantes por sus consecuencias, vistas a la luz de otras lecturas filosficas. Proponan acciones desmesuradas e intolerables para las elites que dominaban el pensamiento

Esta idea, la de la democracia, es puesta nuevamente como fin en agenda para el momento por la consciencia subjetiva de la Contemporaneidad, que amanece con la Revolucin Francesa.

Para seguir con el esquema de Hegel, que ofrece rendimientos intelectuales muy interesantes, diremos que la cosnciencia humana descubre durante la Modernidad, trabajosamente, que el mundo es fruto de su praxis. En la Contemporaneidad, cuyo nacimiento es la Revolucin Francesa, la consciencia hace la experiencia y descubre que la nica manera que tiene la subjetividad de apropiarse de su propia obra es comprendiendo que esto solo le es posible mediante el reconocimiento de otro yo en toda otra subjetividad y formando en consecuencia una comunidad deliberante.

El espritu creador, que gua la praxis y produce la cultura material de vida, es consecuencia de la comunidad social integrada por la totalidad de subjetividades, y no puede ser gobernado por los individuos aislados, ni aunque estn dotados de conocimientos especiales, sino por una instancia que los organice como deliberantes.

Segn Hegel, ste es el pensamiento verdadero tradicionalmente guardado en la religin religio y communitas- , que comprenda que el ser humano es comunidad, pero que enajenaba de inmediato esta idea, no slo proyectando la idea de fuerza creadora en un ser superior, sino constituyendo una comunidad, pero ponindola al margen y en paralelo de la comunidad social humana que produce el mundo la iglesia como comunidad paralela, aunque empeada en dirigir el ethos de la sociedad humana-.

Vale la pena resumir un poco ms las ideas de Hegel al respecto, porque son recogidas por los marxistas de tradicin hegeliana e inspiran buenas praxis polticas. Hegel considera que es una equivocacin considerar que la religin es irracional; porque de ser irracional qu es? La religin es, como todo, un producto de la razn humana y por ello precisamente es una realidad cismundana, no trascendente, sino inmanente a la historia humana, dado que es pensamiento humano. Tampoco es un engao urdido por vividores para obnubilar la consciencia de los sencillos. La religin, al igual que la Ilustracin, es saber que surge de la sustancia humana, esto es, consciencia social surgida de la experiencia de vida de un ser social, de una sociedad/cultura histrica. Es consecuencia de la experiencia de las subjetividades originarias de las culturas neolticas, existe como consecuencia de la historicidad humana, diramos nosotros.

Y como todo saber que es orgnico de la experiencia social humana, guarda una verdad. La Ilustracin guarda la verdad la certeza- de que el mundo es producto de nuestra praxis, y va des naturalizando el mundo. La religin alberga, de forma enajenada, a su vez, una verdad, la verdad de la religio, esto es del religamiento o comunidad de la humanidad, que es lo que constituye o genera su capacidad creadora de cultura. La reapropiacin superadora por parte de la razn contempornea de este saber, la toma de consciencia por parte de la subjetividad actual de su ncleo es lo que establece la posibilidad de la nueva sociedad. Esto es la comprensin desmitificada de que la realidad social cultural es producto nuestro, pero de la totalidad de individualidades a la vez: la Volont General del Soberano.

En consecuencia la liberacin no se logra de sta o aqulla forma decidida por la individualidad, armada con la ciencia o con otros saberes privilegiados. La crtica a estas formas de plantearse la transformacin social est desarrollada por Hegel en el captulo 5 de la Fenomenologa del Espritu, en el que se hace un repaso de las diversas figuras de consciencia de la Modernidad, esto es, las formas de consciencia de las diversas subjetividades histricas que han existido en la Modernidad, hasta la Revolucin Francesa, segn Hegel. Varias entre ellas estn empeadas en redimir el mundo a travs de sus propias obras porque se creen dotadas de los saberes adecuados que les permitiran incidir en la transformacin de la sociedad la figura de conciencia virtuosa, o tercera de las mismas, y las siguientes, la productora de saberes que transforman el mundo, propia de los profesionales, y la legisladora que elabora leyes para cambiar el mundo; la ltima, la consciencia observadora, es quiz la excepcin, pues suspende este tipo de intento de hacer ante la constancia de los fracasos de las anteriores -

En este trabajo intelectual de Hegel en el que se contrasta Ilustracin y religin captulo 6 de la Fenomenologa- estamos ante la primera reflexin filosfica de la historia que plantea conscientemente la apertura de la comunicacin hermenutica entre formas de consciencia humanas procedentes de culturas, -o, como en este caso, de periodos culturales- diversas, y en la que no se niega la verdad poseda por cada una de ellas, ni se deja caer el debate en el relativismo. En esta filosofa se abandona el iusnaturalismo, que estableca el universalismo desde un patrn fijo, pero se abre de inmediato, conscientemente, desde la idea de historicidad de la humanidad, otra forma de establecer la relacin, a base de una hermenutica entre consciencias todas las cuales son resultado de una experiencia histrica real en un ser social cultural real, y poseen saber. Aqu, la Ilustracin y la religin9. Desde luego, antes de que se escribiera este filosofar, y tal como nos lo explica Albert Mathiez, la propia Revolucin Francesa haba tratado de elaborar prcticamente su propia hermenutica entre ideario revolucionario y religin popular para salvar la Revolucin. La Iglesia galicana, etc. El mejor filosofar es siempre producto de la experiencia histrica reflexionada.

Esta forma de interpretar la religin, es la que se encuentra en todo el inmanentismo filosfico del hegelo marxismo, por ejemplo, en los trabajos admirables de Ernst Bloch sobre Toms Mnzer el telogo de la izquierda luterana. Es tambin el hilo heurstico que le permite rescatar y dialogar con el iusnaturalismo, como tradicin que organiza el saber a partir de una experiencia, en un libro extraordinario.

Se puede ver esta forma de aproximarse a la religin, desde el inmanentismo filosfico, sabindose ante creaciones intelectuales humanas a estudiar, en la obra de Gramsci lazzaretistas, etc-, porque tambin para Gramsci todo pensamiento humano consecuencia de un ser social histrico del ser humano alberga experiencia humana, saber humano.

Este hilo de reflexin ayuda a la conexin entre la consciencia subjetiva de la contemporaneidad con todas las culturas, pues posibilita su des europeizacin particularista sin renunciar por ello al legado de aquellas experiencias que s se dieron en suelo europeo y que aportan saber universal en pie de igualdad con el guardado por otras. Posibilita la creacin cultural nueva, la organizacin de todas las consciencias culturalmente construidas en el bloque social a forjar. Esta es la forma de incorporar estas riquezas a otra cultura, siempre desde dentro de la misma, de modificar una y otra.

El marxismo, el hegelo marxismo, Gramsci, Maritegui, Bloch, sirven de ejemplo, son filosofares particularmente receptivos y abiertos a la elaboracin histrica social cultural, a abrir nuevas praxis desde las culturas de vida, a conectar con la subjetividad de cada cultura, a poner en valor la riqueza de cada cultura, a incorporarla al bagaje universal, viceversa, de incorporarle el bagaje que le permite ser una cultura en el mundo de la contemporaneidad.

Es otra deuda que la izquierda tiene, -junto a la contrada con otros pequeos grupos, tambin excepcionales- con el filosofar marxista hegeliano, que elabora estas sendas luego transitadas por la antropologa cultural, a la que tan atento estuvo Marx

En resumen, todo esto, este proyecto de crear un nuevo sujeto, y un nuevo ethos es consecuencia de la dialctica negativa de la subjetividad creadora, que ha llegado a comprender que la civilizacin no es una cosa al margen de s misma, sino que eso que se le ofrece como cultura civilizacin espritu objetivo- es fruto de su razn, entendida sta como razn - voluntad, vale decir, como razn prctica, esto es, como Volont General creativa. De ah que todo lo que exista en la cultura/civilizacin sea fruto de la razn creadora, de la razn prctica: y en este sentido se explica cierta frase, no de Gramsci, pero s de Hegel: todo lo real es racional racional por ser fruto histrico de la razn creadora, de la praxis creadora; fruto de la praxis creadora desde siempre, aunque la humanidad lo ignorara: no lo saben, pero lo hacen, es aforismo de Marx.

Tambin obtiene aqu, en consecuencia, su sentido explicativo la otra idea, la de que el objeto que tenemos enfrente, como civilizacin, no es sino la objetivacin de la praxis colectiva del sujeto colectivo: la auto identidad del sujeto y del objeto, de donde el nuevo sujeto bloque con sus praxis va construyendo el objeto nuevo que saca de s La Fenomenologa del Espritu de Hegel entendida segn la lectura de Marx, tal como nos recuerda explcitamente Bloch, en su larga entrevista de Ed Antrops, o nos muestran en la prctica con su obra Korsch y Lukacs.

A pesar de la radical inflexin que el hegelomarxismo impone en el debate sobre la praxis democrtica de la izquierda, a pesar de la drstica modificacin de lo que Gramsci entiende por partido, que le exige elaborar para mencionarlo, un nuevo nombre, Intelectual Colectivo, Intelectual orgnico, Gramsci no abandon la idea de su necesidad, esto es, de la necesidad de una instancia que recogiese el saber y la experiencia histrica, y los pusiese al servicio los entregase, los restituyese, los devolviese; no que los utilizase en nombre de nadie- de la nueva experiencia de la consciencia prxica de las clases subalternas. Que proporcionase elementos para que la propia consciencia prxica pueda reflexionarse a s misma, pueda utilizar su propio saber sobre s misma su ciencia de la experiencia de la consciencia, por decirlo con el clebre subttulo de Hegel- y pueda absorber desde esa auto consciencia emergente esos saberes en su praxis. En primer lugar el saber histrico: la consciencia de lo acaecido, que es lo que mejor pronostica la razn humana

Filosofar sobre la consciencia histricamente construida, de la subjetividad, como consecuencia de su propia praxis, para decirlo gramscianamente. Una palabra al respecto. Estamos ante un principio axiolgico de nuestro filosofar, tan fundante y no corroborable como el opuesto que niega la existencia de la subjetividad, tan indemostrable a priori como la afirmacin de la existencia de Dios, o de su inexistencia. No ms. Pero s tenemos sobre nuestros lomos suficiente experiencia al respecto. Sabemos tambin qu catstrofes, cuanta inanidad, cuanta iniquidad se abre paso en las filosofas opuestas, las que niegan la existencia de la subjetividad construida culturalmente, las que niegan la consciencia social: los resultados son esto; este mundo poltico actual de ahora, que no es deudor del Este, sino de la antropologa positivista liberal ahistrica, el individualismo metodolgico y el funcionalismo estructuralista, que se han elaborado en pugna entre ellas pero siempre propugnando el antihistoricismo, la inexistencia del sujeto, y la teora fuerte y las elites como guas de la humanidad.

Entre el saber que las experiencias de pasado proporciona, que nuestra experiencia de derrota y nuestro saber histrico nos entregan, est la idea de que se debe entablar conscientemente la lucha por la creacin de un nuevo ethos cultural civilizacin y Estado-, que eso es imprescindible, que la propia emergencia del sujeto depende de la creacin de esa nueva cultura, ya, si es que pretendemos luchar por un orden nuevo.

El saber no nos permite conocer qu ser del futuro, ni, de haberlo, cmo ser el nuevo sujeto social, y en consecuencia, cmo ser la consciencia social que ir siendo elaborada a la luz de la experiencia emergente; ni podemos aventurar cmo ser el proceso la tentacin de unir el da con el siglo proponiendo una estrategia-.

El intelectual orgnico se define por su docta ignorancia fruto de su consciencia de la historicidad humana, por este saber no sabiendo, tal como lo define nuestro clsico. No podemos saber cmo ser, si llegamos a tener xito, pero s se debe insistir que ese debe ser el fin de la lucha, de la deliberacin, del esfuerzo comn, no la mera protesta. Se debe argumentar sobre las razones que explican el por qu de su imprescindibilidad, argumentar y apoyar toda iniciativa organizativa que lo impulse, animar a la creacin del sujeto bloque social,

Estas ideas, la necesidad de movilizarnos para crear un nuevo ethos, que no podemos prever, con fuerzas que son imprevisibles porque son a crear, a organizar, son la razn de ser que nos justifica como intelectual orgnico imprescindible, dado que la consciencia no autorreflexionada a la luz de la historiografa, y de una experiencia guardada por una memoria colectiva, suele no salir del estado de protesta, tal como ocurri con los movimientos de los aos 60 y tal como nos recuerda Lucio Magri en su ltimo libro. Un intelectual que extrae conclusiones de las derrotas pasadas, que es lo nico que s puede pronosticar, y ofrece sus conclusiones a los por nacer. Un intelectual orgnico definido no a priori, segn stas o aqullas siglas, segn se acoja o no a las 21 condiciones, etc. Sino como el nombre del conjunto de personas cuya experiencia y cuya razn nos hace comprender que no basta con la protesta, y que hay que apostar por la praxis que produce un nuevo orden, que los subalternos tenemos que dotarnos de las capacidades que nos permitan ser fundadores de estados, que el comunismo no es en consecuencia sino el movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual y cualquiera que asuma esta idea es uno de nuestra comunidad; somos miembros de la suya.


Postdata Dos apostillas sobre sendas frases de Gramsci cuya interpretacin habitual creo incorrecta, y una tercera sobre el marxismo

A menudo en los estudios sobre Gramsci se cita una frase que el comunista sardo tom de Romain Rolland para adoptarla como divisa, Pesimismo de la Inteligencia, Optimismo de la Voluntad pag 1131-

La frase en cuestin, sin embargo ha sido interpretada muy a menudo de forma ambigua, y como si Gramsci fuese un filsofo estoico, como si l, al igual que Marco Aurelio o Epcteto, se creyese que la justicia del mundo presente fuese posible y dependiese simplemente del obrar moral firme de las individualidades virtuosas que asumieran libremente la mproba tarea como deber personal. Por el contrario, Gramsci recoge en esta frase su idea de la dialctica negativa, de la utilizacin de la volont general para crear mediante la prctica un nuevo sujeto social, para fraguar una nueva hegemona cultural, para crear en ciernes un nuevo orden. Tarea para la cual hay que partir de las malas noticias bien aferradas de nuestro presente, tarea que requiere conocimiento, saber a qu atenerse, uso de las ciencias. Pero no est en las ciencias la capacidad de inspirar, casi como prescripcin, el proyecto, el objetivo, el fin etc. del proceso. No hay condiciones en el presente para enmendar la cosa a base de voluntad individual, entendida como accin voluntariosa. A partir de la situacin que, tal cual es, no tiene solucin, se debe comenzar un trabajo de creacin de un mundo nuevo, la tarea de la volont.

No es sta la nica frase de Gramsci en circulacin que se interpreta de forma extraa; tambin ocurre con la expresin de Gramsci referida a su intento de elaborar una reflexin intelectual de fondo, desde la crcel, tarea a la que irnicamente se remite denominndola Fr ewig o para la eternidad. La misma frase, per la eternit se encuentra justo en el final de una entrada del cuaderno 8 -&57- sobre Riviste-tipo, y se puede comprender all, a la luz de la reflexin abierta, cul es el justo sentido peyorativo que Gramsci le da. Esto es, cul es la razn del temor que le embarga a la hora de pensar en la ineficacia intelectual de un trabajo hecho desde la crcel y sobre la que se expresa irnicamente. Es el temor a producir en unas condiciones objetivas que le imponen la desconexin con el mundo existente, cosa que esteriliza toda elaboracin.

La crtica a todo trabajo intelectual que, con el fin de pasar a la posteridad, es elaborado sin relacin con las urgencias concretas del momento histrico, procede de Goethe y de Hegel, y en general del idealismo historicista alemn: para estos pensadores de la praxis histrica tan solo la obra humana que trata de aferrar y actuar en concreto sobre su momento histrico para ponerse a transformarlo puede resultar til, e incluso, por ello mismo, puede convertirse en un clsico. Esa es la condicin imprescindible de su validez. Un trabajo intelectual forzosamente desconectado del mundo concreto y de las luchas concretas, de la historia concreta, como consecuencia del encarcelamiento, amenaza ser una obra que, por estar fuera de su tiempo, podra resultar fallida por intil por abstracta: el peccatum mximum frente a la historia que es concreta, segn el idealismo objetivo- para cualquier tiempo, tal como ocurre con las obras de muchos intelectuales. No es un problema de egolatra del individuo, de narcisismo, de querer pasar a la posteridad o no; es un problema ontolgico. A este estar fuera de la propia historia concreta por querer estar por delante de la historia y pronosticar el devenir, anunciarlo, Hegel la compara con los dislates del barn Munchausen que deca haber podido sacarse a s mismo del agua tirando con su mano de sus propios cabellos. Traigo esta frase de Gramsci, aqu porque, bien entendida, sirve como cautela ante todo uso abstracto del saber fuerte, incluidas las ciencias, de su intento de sustituir la direccin que imprime a la historia tan solo la praxis, la razn creativa. Y tambin porque este texto, como en general todos los dedicados a la reflexin sobre revistas y peridicos, etc. propone un uso del saber como instrumento al servicio de las necesidades histricas concretas del Soberano en su praxis creadora, esto es, al servicio de la volont general, soberano que no es precisamente el CC., el sindicato de profesionales de la poltica, o el CSIC, sino las masas subalternas organizadas. Un papel anlogo al que desempean los instrumentos intelectuales de la clase dominante al servicio del protagonismo de la misma, no como instrumento de sustitucin.

Tercera apostilla. La filosofa de la prctica tiene como fundamento axiolgico la idea de la existencia de una Subjetividad histricamente elaborada que se construye como consecuencia de la experiencia que la Consciencia registra y que es resultado de la praxis culturalmente, histricamente, determinada. La teora del Sujeto es su fundamento. Frente a esta metateora se encuentran distintas metateoras que rechazan la existencia de una Subjetividad histrica. En los ltimos decenios el grupo mayoritario de estas elaboraciones filosficas y metacientficas ha sido la denominada como Individualismo Metodolgico. Y casi ha arrinconado a otras metateoras que rechazaban el Sujeto, tales como el estructural funcionalismo, o el propio positivismo que consideraba que la capacidad de orientar y ordenar el mundo estaba en el saber cientfico posedo por las minoras, frente a cual el sentido comn deba plegarse. En estas elaboraciones de teora social, la Subjetividad, su pensar, la experiencia de su praxis, no existe, por ser tan solo percepciones de relaciones interpersonales a partir de intereses inmediatos, o por ser funciones, o por no tener potencia intelectual seria.

En consecuencia, en todas estas tradiciones intelectuales, las elaboraciones generales de cambio social, las prcticas, etc son elaboracin a partir de las ciencias y saberes fuertes posedos por elites. La izquierda casi en su totalidad ha asumido unas u otras de entre estas formas de pensar, despojndose incluso de mezclas anteriores. En esto, en primer lugar no cabe sino congratularse. Se ha abandonado un concepto previo paradjico: la nocin de Conciencia Exterior, que es una contradiccin lgica. Un somero repaso sobre las palabras a partir del diccionario no hace falta rebozarse de saberes analticos- muestra la imposibilidad de predicar el atributo de exterioridad al sustantivo Consciencia. Nos imaginamos qu hubiera dicho el bueno de Lutero, defensor del libre examen, ante esta mixtura?: papismo, papismo, confesionario!!!

Todas estas metateoras, la del Sujeto, la del Individualismo Metodolgico, la estructural funcionalista o la positivista, se basan en axiologas sintticas. Y si tomamos como medida las ciencias esas reducciones analticas del saber- son adems a priori, esto es, anteriores a las ciencias y sus saberes positivos. La teora de la Subjetividad se autoexplica a s misma como un a posteriori, o como mnimo como un a simultneo de la experiencia consecuencia de la praxis histrico cultural, desde luego. Pero esto no tiene inters aqu.

Estas metateoras inspiran prcticas polticas y programas de investigacin cientfica. Pero son, tal como se desprende de lo dicho, teoras metafsicas, anteriores a las ciencias, holsticas, sintticas. Predican caractersticas del ser humano como totalidad. Son por tanto ontologas humanas mire usted por dnde, despus de tanto despotricar-. Sus prcticas polticas son por completo divergentes. Y los proyectos de investigacin que inspiran son inconmensurables a menudo. Sus resultados, cuando poseen un objeto de investigacin comn, son opuestos, y adems estn destinados a usos y finalidades por completo distintos, desde luego10.

Los filosofares fundados en las teoras del Sujeto fueron abandonados definitivamente en la prctica por la izquierda tras la aplastante derrota de la Comuna de Paris. Las fuerzas emergentes, la socialdemocracia alemana se sumara a las corrientes positivistas, cientifistas, basadas en la teora de elites, que eran fuertemente defendidas por grupsculos, ya existentes antes, en el periodo de la AIT, y que Marx combata.11

Esta ser la corriente que dirija la poltica mayoritaria de las fuerzas de la izquierda, y las fuerzas progresistas, con algunas excepciones aisladas que acaban siendo engullidas.

A sealar como importante, la excepcionalidad de la prctica poltica inspirada por Lenin durante la Revolucin Rusa; Lenin, un lector, casi extemporneo, de la obra de Hegel durante su estancia en Suiza: echar a la papelera el documento elaborado por el CC tesis de abril- y asumir y considerarse ejecutor de las exigencias populares: repartir la tierra en lotes, como propiedad privada, entre las familias campesinas; firmar la paz con Alemania. La NEP. Poner la economa al servicio de la poltica para fundar un rgimen popular, tal como nos explicara Lukacs, que estuvo all y vivi para contarlo. Esta poltica, incomprensible, sinsentido, desde la otra perspectiva, fue de inmediato puesta en crisis en un debate iniciado a los escasos meses de la muerte de Lenin El gran debate de 1924/1926-, magno Concilio en el que todos los grandes padres conciliares de la iglesia estuvieron en contra de la minora que defenda, bien o mal, la posicin de continuidad12, pero cada uno de ellos ofici las elaboraciones de sus respectivas ideas bajo el rtulo de aportacin, contribucin, glosa y doctrina del Marxismo- Leninismo con la intencin de que pasasen a ser la base del nuevo credo de Nicea. Algunos comunistas comenzaban a llevar los zapatos rojos. Y de tafilete, como Su Santidad. Despus de todo tambin el Marxismo-leninismo es todopoderoso porque es Ciencia.

Entre tanto, han pasado los decenios, y la suerte de la izquierda es la que es. La derrota sin paliativos. El agotamiento de una forma de hacer, de una cultura poltica. Y es el mismo modelo el que inspira los diversos intentos de renovacin, al menos en Europa

La colosal quiebra no es bien analizada. Cada vez que se comienza una reflexin al respecto y ante las consecuencias evidentes, en lugar de volverse sobre las propias bases intelectuales que han inspirado el quehacer poltico, la eleccin de los modelos organizativos, la prioridad a determinados objetivos, etc, esto es la teora de la ciencia gua, la teora de los cuadros dirigentes como elite superior, etc., y de ponerlo en crisis, se recurre a la idea de anomala. Se la describe sin buscar sus causas, con las denominaciones al uso: el burocratismo, el estalinismo, y se pasa a rodear con un cinturn protector la matriz intelectual o teora base, con un celo que admirara al propio Lakatos, sin plantearse si existe relacin entre unas formas de hacer basadas en la divisin del trabajo y el control de la actividad por elites de especialistas y las consecuencias obtenidas. Si la destruccin de las culturas populares, el abandono de la vida cotidiana como terreno privilegiado de trabajo poltico, todo lo que, en fin ha posibilitado un crecimiento sin precedentes de la hegemona cultural del capitalismo, no tiene que ver con la institucionalizacin y especializacin que la organizacin y la teora asumidas imponen.

Desde luego, dada la imposibilidad de refutacin entre filosofares tan alejados, todo puede seguir as. Pero intuyo que comienza a haber cambios de sensibilidad en las subjetividades. Se oyen voces que reclaman la elaboracin de nuevas culturas de vida, de cambios de civilizacin para salir de la situacin lmite. Estudios cientficos Turiel, etc- sealan el agotamiento de los recursos energticos sobre los que se reproduce nuestra civilizacin. Una lucha por la transformacin de una civilizacin, de un modo de vivir, no se puede ejecutar desde esas formas tcnicas de dirigir la poltica. Conciernen a masas enormes y arraigan en la vida cotidiana de las mismas, en su ethos. Exige su protagonismo desde su sentido comn.

Yo creo que debemos emprender la reconstruccin de la izquierda desde estas otras bases intelectuales y ya. Se trata de tener estas ideas claras entre los que estemos de acuerdo al respecto, para poder trabajar sin sobresaltos ante las crticas ajenas. En absoluto de elaborar ideas para polemizar y an menos molestar a nadie; la lucha por el ethos se desarrolla en la vida cotidiana, no en los papeles o en la academia; y ponernos a lo nuestro, como ha hecho siempre toda Resistencia.

Notas:

1 Antonio Gramsci Quaderni del Carcere, Einaudi Tascabili, Torino 2001, 4 tomos. Texto del Cuaderno 13 & 17, pag 1580

2 A mi juicio, hay una buena traduccin de la Fenomenologa en castellano, en Ed Gredos. M. 2010 Biblioteca de Grandes Autores, tomo 1 de sus Obras Completas. Cotejada con la edicin de Jean Hyppolite en francs Ed Aubier, Paris, 1977, dos tomos.

3 Jean Hyppolite, Genese et structure de la Phnomnologie de lesprit de Hegel, Ed Aubier, Paris, 1970, 2 tomos.

4 Lucio Magri, El sastre de Ulm , Ed Viejo Topo, Barcelona. Libro excelente.

5 Por hegelo marxismo me refiero a aquellas corrientes de la tradicin marxista que tienen en cuenta la filiacin hegeliana de Marx, y que el marxismo, en consecuencia, no es una ciencia, en el sentido actual de la palabra, aunque tenga mucha investigacin cientfica incorporada, a ttulo de crtica de teoras cientficas apologticas del capitalismo (Crtica de la economa poltica, por ejemplo) y a ttulo de elaboracin de conocimiento de la sociedad, la actual y la histrica, para saber a qu atenernos en las luchas presentes. El marxismo es en consecuencia, una reflexin sobre la experiencia de la praxis humana filosofar- de liberacin social que tiene por objeto relanzar conscientemente la propia praxis, y que recurre tambin a los instrumentos cientficos para saber a qu atenerse. Gramsci es un buen ejemplo de praxeologa y de rigor intelectual con ayuda de la ciencia. Hegel, Antonio Labriola, y tambin la obra de Croce, inspiran de una u otra forma la variante italiana de esta tradicin marxista, praxeolgica, a la que pertenecen nuestros autores.

6 Fue leda por Gramsci la obra de Hegel Vorlesungen ber die Geschichte der Philosophie, Berlin 1844, que consta con tal ttulo en el tomo 4 de los Quaderni. La obra puede ser consultada en castellano: Lecciones sobre la filosofa de la historia universal, Alianza Ed. Madrid. En esta obra se encuentra extensamente explicada la interrelacin que Hegel hace de la Reforma luterana, del catolicismo, etc , adems de otras muchas interesantes ideas sobre la Revolucin Francesa, la hegemona, la poliarqua que caracteriza al feudalismo, etc

7 Karl Polany, La Gran Transformacin, Eds. La Piqueta, Madrid 1989. El Sustento del Hombre, Ed Mondadori, Barcelona 1994

8 Gramsci ha ledo los Lineamenti di filosofa del diritto, Bari, 1913, tal como consta en el tomo 4 de los Quaderni. En castellano, Principios de la filosofa del derecho. Disponemos de la excelente traduccin de Juan Luis Vermal en EDHASA y de la no menos excelente de Carlos Daz en Ed Prodhufi

9 Fenomenologa del Espritu , captulo 6, apartado B, subapartado b, La Ilustracin

10 Para poner un ejemplo, los estudios sobre el amor, su gnesis histrica, sus bases antropolgicas. Para el funcionalista Niklas Luhman, la pasin amorosa existe porque existen los escritores una manifiesta variante de la teora de elites-. Otra alternativa explicativa para la aparicin de la pasin amorosa, basada en la heurstica del Sujeto, compartida por Erick Auerbach, por De Sanctis, etc sera, por ejemplo, considerar la aparicin histrica de grupos de individuos que gracias a sus condiciones materiales de vida disponen de tiempo libre y de la necesidad de auto elegirse en sus opciones vitales, dado que no estn obligados a asumir tareas predeterminadas impuestas por el parentesco, la comunidad o la escasez de recursos. La singularizacin de este tipo de subjetividad que se ve en la posibilidad de auto elegirse, busca luego ser comprendida y reconocida en su ser y, a la par, necesita y le erotizan personalidades singulares semejantes a la suyaTambin la escuela de las mentalidades ofrecera explicaciones parecidas, desde su defensa de la Subjetividad en la historia. Desconozco si el individualismo metodolgico, caro a la teora econmica, ha elaborado teoras del amor; no quiero hacer chistes fciles.

11 Carlos Marx, Carta a Ludwig Kugelmann. 9 octubre de 1866. Carta a Friedrich Bolte. 23 de noviembre de 1871, etc

12 No solo la tradicin comunista o la socialdemcrata se inspiraron estrictamente en las teoras cientifistas y elitistas. Tambin el anarquismo abraz tales prcticas. La colectivizacin forzada de la tierra durante la guerra civil espaola, por ejemplo. El liberalismo y el positivismo inspiraron tambin las fuerzas republicanas



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