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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-09-2012

Algunas reflexiones sobre las jornadas del 25 y el 26 de septiembre

Angeles Maestro
Rebelin


Las jornadas del 25 y 26 de septiembre definen con claridad las condiciones del inicio de las movilizaciones de este otoo que ha comenzado caliente.

La convocatoria del 25S Ocupa el Congreso, con sus sucesivas versiones y manifiestos, ha hecho correr ros de tinta entre las diversas organizaciones de la izquierda y ha sido objeto de una criminalizacin previa por parte del PP rayana en el delirio.

El miedo jug su papel e hizo que muchas personas se quedaran en casa; en otras entre ellas asambleas populares y organizaciones de diferente perfil ideolgico la desconfianza acerca de los contenidos y las formas de la convocatoria prim en la decisin de no asistir. A pesar de todo ello, no menos de 25.000 nos agolpamos en la Plaza de Neptuno y aledaos, mostrando varias cosas con claridad:

- El acierto al identificar al poder poltico como responsable directo de los ataques al pueblo. Hecho ste que, en s mismo, deja reducido a hojarasca el discurso antiglobalizador de la desaparicin del Estado y de lo innecesario de tomar el poder.

- El nivel de confrontacin con el poder de sectores crecientes de la poblacin incluyendo a personas desorganizadas y que han adquirido conciencia en poco tiempo - es lo suficientemente grande como para ir superando el temor a la represin.

- Que la misma convocatoria. realizada con mayor claridad poltica y con la participacin de las organizaciones y colectivos que hubieran compartido los contenidos, habra tenido mayor seguimiento.

El Ministerio del Interior y la Delegacin del Gobierno haban preparado una inmensa encerrona y un montaje de provocacin para justificar una violencia policial propia de los aos ms duros de la Dictadura. La brutalidad era parecida, pero se produjeron algunas novedades: por dos veces, sendas filas de antidisturbios de a dos en fondo (no ms de 30) y con todos sus pertrechos, atravesaron por el medio de la plaza, entre la multitud congregada que atnita se desgaitaba gritando: Fuera, fuera! La provocacin no cuaj, nadie les tir una botella, ni les agredi, pese a que estaban literalmente rodeados. Esa vez fall, pero haba otras que no podan fracasar porque los provocadores y los supuestos provocados eran todos policas. Afortunadamente ahora hay medios de comunicacin en poder del pueblo que desenmascaran las burdas farsas preparadas para desencadenar la represin. Algunas de las manifestaciones del salvajismo de la polica pueden verse en este video:

A pesar de las intiles maniobras policiales para evitar ser grabados en situaciones incmodas, como sucedi cuando los antidisturbios llegaron a los mismos andenes de la estacin de Atocha para continuar su orga de golpes, pelotazos y salvas de plvora apoyados por los compaeros de la seguridad privada de la estacin.

Entre la multitud de escenas de solidaridad ante la barbarie prodigadas a lo largo de la noche, una emergi del anonimato: la del dueo de un bar que protegiendo con su cuerpo a las personas que all se haban refugiado, se enfrent a la polica y les impidi la entrada[1].

Las treinta y cinco personas detenidas y las 64 heridas dan cuenta de la monumental masacre y, tambin, de la valenta y capacidad de resistencia de sectores importantes de este pueblo.

El balance en la calle es ntido. Es el de un Gobierno acorralado, un Estado corrupto en descomposicin, un Presidente que, mientras su pas se hunde, no tiene mejor ocurrencia que hablar en la Asamblea de la ONU de Gibraltar, una oligarqua econmica y financiera que, mientras protagoniza una gigantesca fuga de capitales, impone a los gobiernos el mayor expolio a las clases populares, no tiene ms lenguaje que el del terror, ni ms instrumento de gobierno que la represin. Pero ni an eso lo controla. El intento del Ministerio del Interior de imputar a las personas detenidas por delitos contra altos organismos del Estado castigados con penas de entre tres y cinco aos e crcel ha sido rechazado por la propia Audiencia Nacional que a travs del juez Santiago Pedraz informa que no observa delito alguno que sea de su competencia.

Todo indica que al Gobierno le ha salido el tiro por la culata. La violencia desmedida de la polica no ha servido para amedrentar, sino para hacer subir varios grados la indignacin popular. Las pruebas de la burda provocacin se han difundido masivamente y deben formar parte de las denuncias que deben realizarse, junto con las de las personas masacradas asistentes o no a la concentracin.

Al da siguiente empezaba la huelga general convocada por la mayora sindical vasca (todos los sindicatos de clase y la ausencia de CC.OO. y UGT). Los datos ofrecidos indican que ha sido todo un xito y que las manifestaciones convocadas han sido multitudinarias. Pero adems se han producido dos hechos de gran significacin que, obviamente, no aparecen en los medios de manipulacin masiva:

- El da 26 de septiembre tambin haba convocatoria de huelga general en Grecia con un seguimiento masivo que fue precedida por un importante Comunicado conjunto del PAME y LAB. En l, junto al llamamiento a los pueblos de Europa a la lucha, se destaca: Es necesario igualmente impulsar un sindicalismo de clase, que tenga en la lucha su mayor sea de identidad, rechazando de plano el modelo sindical pactista y claudicador que se ha dado de forma mayoritaria en Europa durante los ltimos aos, desideologizando a amplios sectores de la clase trabajadora, y que a travs discurso sobre el dilogo social ha intentado dar un rostro humano al capitalismo, algo que se ha demostrado que es imposible.

- Mientras el descrdito de los partidos institucionales avanza imparable y el Congreso de los Diputados era tratado de Cueva de Al Bab! por las personas concentradas a sus puertas, Sabino Cuadra, diputado de Amaiur, era golpeado por la polica a pesar de exhibir su credencial mientras participaba en un piquete de huelga junto a lxs trabajadorxs de su pueblo. El poder sabe muy bien por qu centra sus mejores esfuerzos en mantener separados al pueblo vasco del resto de los pueblos del Estado. El Financial Times recogi la imagen[2].

En varios lugares del Estado el sindicalismo de clase realiz de forma unitaria manifestaciones en solidaridad con la huelga de la clase obrera vasca. En Madrid la manifestacin convocada conjuntamente por los sindicatos del Bloque Unitario y la plataforma Hay que pararles los pies reuni al menos 10.000 personas. En la marcha se unieron miles de jvenes que entendieron la necesidad de la unidad y la coincidencia de objetivos con la convocatoria realizada en protesta por la brutalidad policial y exigiendo la libertad de las personas detenidas la noche anterior. Se produca, de forma espontnea, la unidad del movimiento obrero combativo y el movimiento popular convocado a rodear el Congreso el 25 de septiembre.

Pero no todo fue confluencia y unidad. El intento del sindicalismo alternativo de realizar el 26S huelgas parciales en el transporte (metro, autobuses y RENFE) coincidiendo con la huelga vasca, se encontr con la negativa absoluta de los sindicatos de CC.OO. y UGT presentes en el sector, a que se produjera la coincidencia en las fechas.

Por otra parte, se dio la paradoja de que, a la llegada de la manifestacin sindical a Neptuno, mientras una parte de lxs all congregadxs convocadxs por el 25S se unan de forma natural al cortejo y coreaban las consignas, otra parte permaneca ajena y separada de la manifestacin. Este hecho inslito, por cuanto se compartan de forma general los objetivos y los lemas, solamente puede explicarse desde las posiciones de algunas organizaciones que, si bien convocaban a la concentracin del 25S, mantienen la defensa a ultranza de CC.OO. y consideran al sindicalismo alternativo como un enemigo a batir.

Algunas conclusiones:

Las movilizaciones del 25 y el 26 de septiembre marcan el ascenso de la lucha de clases en el Estado espaol. La brutal represin no ha conseguido su objetivo de sembrar el terror y acobardar a la gente.

La identificacin del Congreso de los Diputados con la usurpacin de la soberana popular, debe conectarse con la ilegitimidad del sistema poltico surgido de la Transicin, heredero de la Dictadura, con el rey a la cabeza. La respuesta a la crisis de una oligarqua corrupta y parasitaria contra las clases populares pone en primer plano del escenario poltico a las dos grandes tareas pendientes de los pueblos del Estado espaol: la emancipacin de clase y sus derechos nacionales.

Los avances en la unidad de accin del sindicalismo de clase marcan un proceso que debe profundizarse con mayor grado de coordinacin en las luchas. La coincidencia del sindicalismo de clase es necesaria pero no suficiente para que la clase obrera recupere su independencia del poder, secuestrada por las burocracias sindicales. El fortalecimiento de la conciencia y la organizacin obrera exige potenciar las asambleas como fuente del poder y la unidad de lxs trabajadorxs.

Tras el tortuoso proceso seguido por la convocatoria del 25S, la importante respuesta popular y la brutal (y previsible) represin policial, para las organizaciones que sabemos que nos encaminamos a una lucha larga y dura de confrontacin poltica con el capitalismo aparece ms necesario y urgente que nunca caminar en un doble sentido:

- Redoblar las fuerzas para construir poder obrero y popular desde la base y ello supone promover formas de organizacin que den respuesta a los problemas ms acuciantes del pueblo. Ante un poder poltico que se desmorona, a todos los niveles, es preciso construir o reforzar experiencias organizativas en las que el pueblo asuma soberanamente la necesidad de dar respuesta a su propia supervivencia. Experiencias como la ocupacin de tierras de Somonte o las de edificios enteros como los de las Corralas La Utopa y la Alegra en Sevilla, marcan el camino.

- Avanzar decididamente en los esfuerzos dirigidos a la construccin de un referente poltico, que necesariamente debe partir de cada pueblo, y que partiendo de la negativa radical al pago de la deuda y de sus intereses, defina el programa de ruptura con el rgimen de la Transicin, la expropiacin de la banca, las grandes empresas y sectores privatizados, la planificacin democrtica de la economa con el objetivo prioritario de satisfacer las necesidades sociales, la salida de la OTAN y de la UE.

No hay atajos. Las manifestaciones, por masivas que sean, son slo un termmetro del grado de indignacin social. Avanzar en la construccin de la Alternativa al sistema exige organizar la fuerza social. Y la acumulacin de fuerzas es imposible sin bases slidas en cada centro de trabajo, en cada barrio y en cada pueblo y sin un marco poltico capaz de catalizar y articular ese poder.

[1] http://ecodiario.eleconomista.es/interstitial/volver/acierto/politica/noticias/4275879/09/12/Foto-Con-porra-no-entras-un-hostelero-se-enfrenta-a-los-antidisturbios.html

[2] http://zuzeu.com/2012/09/27/financial-times-egunkariak-sabino-cuadra-diputatuaren-argazkia-darama-azalean/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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