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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-09-2012

La situacin de la oposicin siria desde el inicio de la revolucin

Salama Kayleh
Al-Jazeera


Algo que puede decirse es que la revolucin siria sufre de la ausencia de una accin poltica como resultado de la ausencia de partidos que tengan conciencia del significado de la poltica y la lucha poltica, que es una necesidad en toda revolucin. La oposicin siria estaba al margen de los hechos desde el inicio y todas sus polticas posteriores la han dejado en el mismo sitio. Ahora mismo, bien sigue apostando por una marcha atrs hacia la reforma por parte de las autoridades, basndose en distintas formas de presin (y por ello se prepara para la conferencia de la oposicin siria), o bien sigue viviendo la ilusin de la intervencin exterior y se centra en la comunicacin con los pases occidentales, trabajando por la construccin de un gobierno de transicin. La revolucin, por su parte, sigue viviendo sus problemas y construye su camino propio.

La oposicin siria no esperaba que se produjera una revolucin en Siria, pues sus imagen del pueblo era negativa. No eran conscientes de una realidad, que es econmica y de subsistencia en primer lugar. Siguieron en cambio trabajando en el nivel poltico; es decir, en su lucha contra el poder, o hablando del imperialismo, y su valoracin era bsicamente resultado de la larga represin a la que estuvo expuesta y su percepcin de la gran capacidad de represin de las autoridades, una represin que la debilit mucho en dcadas anteriores. Es decir, las autoridades son tan fuertes que no podemos derrotarlas y que el equilibrio de fuerzas est muy desviado hacia sus intereses.

As, esta estimacin domin la percepcin que se tena de la fuerza de las autoridades y la fuerza de la oposicin; es decir, sin meter al pueblo en este equilibrio de fuerzas, partiendo de que es apoltico, y por tanto, intil (y se le daban peores calificativos, como retrasado, rendido, subyugado). Esto supona ignorar al pueblo y por consiguiente, considerar que no est en una situacin que pueda conducir a una revolucin. En concreto las transformaciones econmicas desde 2000 no se perciban, o bien haba un gran sector de la oposicin unida por la tendencia reformista al joven presidente que quiere cambiar la estructura del poder. O sea, se centraban en lograr una reforma poltica acompaada de la liberalizacin como configuracin orgnica. Esto es lo que ha hecho a esta oposicin obviar la liberalizacin econmica y aferrarse solo a la exigencia de reformas polticas. Esta liberacin econmica es lo que fundament el aumento de la congestin social y prepar la revolucin.

Tal vez los jvenes que se formaron en la etapa llamada primavera de Damasco [1] sean los mismos que pensaron que Siria poda caminar por la senda de las revoluciones en Tnez, Egipto, Libia, Bahrin y Yemen, y comenzaron sus intentos de movilizar al pueblo. Eran jvenes sin lazos, en su mayora, con las fuerzas de la oposicin o que los cortaron durante la revolucin. Esta situacin de la oposicin ha hecho que todas sus actividades, una vez comenzada la revolucin, se centraran en las soluciones y la etapa posterior, partiendo de que ellos sern los que llegaran al poder objetivamente, por ser luchadores histricos o ser los que se han sacrificado durante largas dcadas, o incluso porque es algo natural que ellos sean los elegidos, partiendo de una conviccin propia. Y a esta oposicin se le han unido pilas de gente que no luch ni jug ningn papel en el pasado y muchos reformistas. Esos estn interesados solo en el nuevo poder y su papel en l, no en lo que pasa sobre el terreno.

Por tanto, puede decirse que hay una brecha entre el pueblo y la oposicin, del mismo modo que hay sueos diferentes. Y ello es lo que ha puesto las bases para que la revolucin camine por una senda y la oposicin, en su variedad, por otra que no tiene nada que ver con el curso de la revolucin (y de hecho ha sido una carga para ella).

La revolucin necesitaba fuerzas polticas que le dieran ideas y experiencia para materializar sus objetivos de forma clara (es decir, de forma poltica), desarrollar la conciencia de los jvenes que no conocan la poltica y se encontraron en el centro de la poltica tras entrar por la puerta grande (la puerta de la revolucin), y ofrecerles lemas expresivos de su realidad y polticas que permitiesen un desarrollo real de sus actividades. Por tanto, se esperaba que la oposicin se implicara en la revolucin en el sentido prctico (es decir, en la prctica diaria), pues la revolucin no es impulsiva ni espontnea. Su estallido impona la necesidad imperiosa de organizarse y unirse. Y ello es parte de la accin de las fuerzas polticas con conciencia, experiencia, visin y estrategia de cambio, y no las que solo tienen un programa de exigencias.

Pero la estrategia de la oposicin tras el estallido de la revolucin se ha tomado como un producto histrico, con su visin de la situacin desde su prisma poltico (que, como indicamos, est relacionado con la visin del nivel poltico y no la totalidad de la sociedad), manteniendo su sensacin de la barbarie del poder y la incapacidad propia de derrocarlo, que es lo que gobierna todas sus polticas y determina su estrategia. Esto se debe a que su visin del pueblo no ha cambiado a pesar de la fuerza y apogeo que ven sobre el terreno. Es decir que no confiaban y an no confan en que este pueblo puede vencer. Por ello, la revolucin se ha convertido en una oportunidad, una oportunidad en todos los sentidos de la palabra.

Una oportunidad para que los hombres del poder se despierten y se convenzan del discurso de la oposicin que exige reformas por medio de la transicin a un Estado democrtico y por tanto, que lleven a cabo un proceso de traspaso pacfico y seguro de poder. O una oportunidad tambin para que los Estados imperialistas (o lo que antes una parte de la oposicin llamaba Occidente) intervengan para derrocar al rgimen, en su conviccin de que este tipo de regmenes nacionalistas (como Iraq y despus Libia) no caen ms que por medio de una intervencin exterior.

Tras tres meses de revolucin se conform el Comit de Coordinacin de las Fuerzas del Cambio Nacional Democrtico, pero los partidos y personas que lo conformaban en vez de ver el gran cambio que haba acontecido y que les debera haber hecho dudar de toda lgica que los dominaba en lo referente a la mirada hacia el pueblo, la idea de que est fuera de la ecuacin de la lucha (ya lo hemos sealado), partieron de la misma valoracin y la misma ecuacin: diferencia del equilibrio de fuerzas entre la oposicin y el pueblo y el hecho de que el rgimen no caer.

Por ello, repitieron las reformas que toda la oposicin llevaba pidiendo una dcada (es decir, desde la primavera de Damasco). Y puesto que el pueblo haba elevado sus objetivos hasta el nivel del derrocamiento del rgimen, toda visin por debajo de ello cae por su propio peso. Ello impuso la marginacin del Comit desde el principio, y la apertura del horizonte para el traslado del centro de la oposicin al exterior, donde las fuerzas que habitaban en ese exterior se preparaban para el momento del fracaso de la oposicin interior en su intento de recoger el pulso de la calle para pujar y vencer.

Ciertamente, el Comit de Coordinacin no recibi la aceptacin popular, aunque los cuadros de algunos de sus grupos (Partido de la Unin Socialista) haban participado desde el principio en la revolucin, y estaban en la base de la movilizacin de varias zonas (lo que llev a que muchos de esos cuadros se desligasen del partido despus). As, pas a correr jadeante tras los hechos, e intentar elevar el techo de sus lemas sin cortar con su idea de solucin, lo que la llev a lanzarse tras la iniciativa de la Liga rabe, y despus tras el papel ruso que pareca que buscaba una solucin, y despus tras la iniciativa de Kofi Annan, y finalmente de Lajdar Ibrahimi.

Y cuando lleg al punto de que tuvo que negarse a aceptar al gobierno actual y tratar la etapa post-Bashar, sigui basndose en las mediaciones para ello. Despus volvi para poner esta cuestin en el contexto del dilogo para la transicin del poder o el dilogo con miembros del poder. Es decir, negociar con el poder para organizar el proceso de transicin. Esto haca dudar de su discurso, pues no cortaba con el poder, especialmente despus de que algunos miembros comenzaran a centrarse en la crtica de la militarizacin, el Ejrcito Sirio Libre y las bandas armadas, y despus de que comenzara a mostrarse como una tercera parte entre el pueblo y el poder (con la iniciativa del alto el fuego en la fiesta de fin de Ramadan, por ejemplo).

Por el contrario, la oposicin en el exterior (los Hermanos Musulmanes, los liberales, que se organizaron apresuradamente, y otros) se preparaban para ser ellos la oposicin. La cuestin comenz con la celebracin de conferencias (Antakya, Estambul, Bruselas y otras) que intentaban incluir a distintas partes y contaban con la participacin de los activistas del interior, tanto los que se haban visto obligados a huir, como los que participaron desde dentro. En aquel momento se filtraron la idea de crear un Consejo Nacional de Transicin y la llamada a la intervencin exterior.

Rpidamente, tras cuatro meses, se cre el Consejo Nacional Sirio, cuando las condiciones de la revolucin permitieron que encontrara un eco nada desdeable en la calle revolucionaria, y acab convertido en el representante nico y legal de la revolucin. Pero esto no dur mucho, pues fue rechazado por el Comit de Coordinacin y peor an, fue rechazado por los escndalos que lo acompaaron, tanto en declaraciones como en extravagancia, o en la divisin y luchas internas. Pero fundamentalmente fue rechazado por no haber sido consciente de los problemas de la revolucin y, cuando el pueblo cay en la ilusin de que la solucin era una intervencin exterior por medio de la imposicin de un bloqueo areo, esto no se produjo, y qued claro que no haba posibilidad de que se produjera.

Tambin qued claro que el Consejo trabaja como un Ministerio de Exteriores cuya misin es convencer a Occidente de la necesidad de una intervencin exterior (hablando del Captulo VII de la Carta de Naciones Unidas o pidiendo el bloqueo areo que es en realidad una guerra militar) y de que l sea el nico representante del pueblo sirio. A pesar de la claridad cegadora de la ausencia de toda posibilidad de intervencin exterior, que se ha repetido en las declaraciones de muchos presidentes y responsables occidentales (Obama y Clinton, Hague, Merkel, y el Secretario General de la OTAN) la estrategia que ha dirigido los movimientos del Consejo ha sido esa: la intervencin exterior.

Y por eso, la revolucin se convirti en el discurso del Consejo en una tragedia, en una masacre y en zonas destrozadas. Y el llanto, la mendicidad y el arrepentimiento se convirtieron en el discurso oficial, sin darse cuenta de que lo que sucede es una revolucin a pesar del salvajismo sanguinario del rgimen y de toda la destruccin, pues el objetivo de de este discurso es mendigar una intervencin, ya que es la nica manera de que ellos lleguen al poder o eso creen, pues no confan en el pueblo ni ven que el devenir de la lucha pueda llevarlos al poder al estilo egipcio o tunecino.

As, no solo lo que ha ofrecido esta oposicin no es til para la revolucin, sino que ha ofrecido lo que le ha supuesto un debilitamiento, pues afirmaba todo lo que deca el rgimen en sus discursos, que se entraron (consciente y planificadamente) en el carcter fundamentalista de la revolucin y el nacionalismo y su papel antiimperialista. Todo ello mientras el llamamiento a la intervencin exterior asustaba a varios sectores sociales (pero especialmente a los cristianos) como resultado de la conciencia que tenan los sirios de los peligros de la ocupacin estadounidense de Iraq y de que ello se reflejara en un estallido de las luchas sectarias y los asesinatos sectarios.

Por ello, el miedo provocado por cada llamamiento a la intervencin exterior era enorme y ello supuso que algunos sectores sociales no participaran en la revolucin o que se unieran tardamente. Del mismo modo, el centrarse en la islamizacin y despus el dominar los medios de la revolucin y teirla de su tinte fundamentalista reproduce el pasado (los sucesos de 1980-1982) para mostrar que lo que sucede llevar a la hegemona de los islamistas en el poder, y por tanto, a una reaccin concretamente contra los alaues. El dominio de los islamistas por medio de las elecciones en Tnez y Egipto reafirm ese miedo.

Pero ese miedo se ha extendido a muchos nacionalistas, a laicos y a la izquierda, y es algo que les ha hecho dudar y no integrarse en la revolucin o incluso ponerse de parte del poder, no por amor a l sino por miedo a la alternativa. Por ello, la oposicin ha sido una carga para la revolucin.

Nota

[1] Perodo que comprende algunos meses entre 2000 y 2001 posteriores a la llegada de Bashar al-Asad al poder en el que se abri levemente la veda de las libertades, para despus volver a cerrarse. En ese tiempo, florecieron los clubes sociales y crculos intelectuales.

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