Portada :: Opinin :: La Izquierda a debate
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-10-2012

El problema de los inteligentes en el mundo de las ciencias sociales
Marxistas pero no comunistas

Gabriel Snchez Antonucci
Rebelin


Todos sabemos que el marxismo paso de moda en los 80's, fueron momentos difciles, muchos compaeros murieron asesinados por la dictadura, otros se fueron al exilio y se volvieron europeos, otros tantos se dieron rpidamente vuelta la chaqueta, muchos de esos ltimos terminaron, paradjicamente, trabajando en altos cargos del Estado, incluso algunos, con tiempo y esfuerzo, llegaron a ser Secretarios Generales de Gobierno. Otros, los menos, siguieron siendo marxistas, en la clandestinidad de los aos ms duros primero, y en el silencio fro de la indiferencia despus. Las universidades, otrora centros de ebullicin social, donde daban clases profesores comprometidos y se formaban miles de estudiantes con vocacin social y espritu combativo, caan ahora estrepitosamente en el silencio adormecedor que les impona la censura fascista. Se cerraron las carreras ms problemticas, en donde ms profundamente haba calado la infiltracin marxista, las direcciones militarizadas se deshicieron de bibliotecas completas de facultades, escuelas y departamentos, se prohibi cualquier literatura sospechosa y los estudiantes fueron obligados a leer fotocopias con paginas corcheteadas, ah donde se hiciera la mnima alusin al marxismo.

En las universidades, con el tiempo, los ex marxistas desilusionados, caan ruidosamente en el pos-estructuralismo y en posmodernismo, las universidades se llenaban de derrideanos, foucaultianos y nietzcheanos.

Pero es hoy en Chile, en este caos de ebullicin social, impulsado por miles y miles de estudiantes, en que la izquierda a crecido (para todos lados), en las universidades, los estudiantes ms crticos optan por ser marxistas, los partidos polticos y los colectivos y organizaciones marxistas han crecido abundantemente y cada da su actividad poltica es cada vez ms visible. Es por eso mismo que creo necesario hoy, ms que nunca, revisar la idea de marxismo, y de su profunda concordancia con un horizonte comunista.

La opinin general sobre este hecho es que el abandono de la idea de comunismo se debe en primer lugar, a la gran desilusin que provocaron los socialismo reales, con sus glorias y atrocidades, pareciera ser que el compromiso poltico, lo que se pone en riesgo al decirse comunista, es demasiado grande. Pero ese es el problema de los inteligentes que solo piensan en trminos de lo real, para los revolucionarios en cambio, lo real nunca debe estar por sobre lo posible, lo posible es siempre ms importante que lo que de hecho ocurre u ocurri, pensar en trminos de lo posible es propio de los revolucionarios. Y lo posible es que el comunismo, una sociedad en que no hay luchas de clases, en que la opresin, la explotacin y el sufrimiento no estn contenidas en instituciones cosificadas, es absolutamente posible, por sobre, e incluso por fuera de los fracasos pasados. Pero en segundo lugar, la dificultad de los marxistas para decirse comunistas, radica que se asume una idea profundamente ilustrada de marxismo, se asume al marxismo como una suerte de mtodo o de ciencia, se asume la diferencia weberiana entre ciencia y poltica.

Pero creo, por otro, que la tendencia a renegar de un horizonte poltico como lo es el comunismo, responde a la existencia de una profunda desconfianza en los rganos partidarios clsicos, y de una consecuente confusin entre estos y la idea general de comunismo. Los saltos tecnolgicos en la produccin, por otro lado, tuvieron un correlato en todos los momentos de la vida social, en un mundo pos-fordista, en que ya no es necesaria la homogeneidad generalizada para ejercer el poder y el dominio, han ido apareciendo diversas formas de heterogeneidad cultural, una heterogeneidad controlada y estimulada por el control, ahora en red, de los grandes bloques hegemnicos. Cualquier otredad que amenace con operar poltica, cultural o econmicamente por fuera de los margenes establecidos, es rpidamente oprimido.

Estos hechos han permitido que la intelectualidad, en particular la que se dedica a las ciencias sociales, se refugie en una idea profundamente ilustrada de marxismo, en la que el marxismo aparece como una suerte de ciencia verdadera, marco terico o como mero mtodo. Esta idea ilustrada ve al marxismo como mera opcin terica de la cual se sigue un cierto activismo poltico radical, lleva a imaginar a los marxistas solo como cientficos (como Gramsci, Lukacs o Mariategui) o como vanguardia que dirige las masas populares. Al intelectual marxista le cuesta imaginar que el obrero italiano o el campesino nicaragense tambin era marxista. Para los intelectuales, para los ilustrados, es necesario haber ledo El Capital para ser marxista, una cuestin bastante difcil si consideramos que la mayor parte de los marxistas del siglo XIX y XX apenas sabia leer y escribir.

Esta postura ilustrada en los cientistas sociales lleva a evitar los espacios ms problemticos en los que por ejemplo, Stalin o el Mariscal Tito aparecen como meros polticos, no eran verdaderos marxistas, eran burcratas que deformaron el marxismo. Lleva a pesar un marxismo verdadero frente a desviaciones o deformaciones de todo tipo.

Es el marxismo una ciencia?

El marxismo no es de suyo una ciencia, ni menos una disciplina social, a pesar de la existencia de una profunda matriz ilustrada en el marxismo del siglo XX, impulsada por la dogmatizacin que el propio marxismo necesit para extenderse de manera masiva y homognea en un mundo industrializado. Hay, en la historia del marxismo, un discurso cientificista, en el que se dice que el marxismo es cientfico, que hay comunismo cientfico, que hay socialismo cientfico. Sin embargo, tanto las caractersticas conceptuales como histricas difieren en un sentido muy profundo con el concepto y la historia de la ciencia, y en particular, de las disciplinas sociales.

No es posible asimilar al marxismo a la ciencia en general, pero tampoco a las ciencias sociales como disciplinas, hay en la obra de Marx una serie de elementos que muestran su honda trascendencia sobre la racionalidad cientfica moderna, una forma ejemplar de entender esto es comparar la economa marxista con la economa burguesa. En la economa burguesa (en buenas cuentas cientfica) se asume como principio una estabilidad, una quietud permanente (competencia de agentes econmicos en un contexto de igualdad de condiciones) frente a la cual aparecen elementos externos que luego son incorporados, como tales, a la teora, las crisis econmicas son entendidas como efectos de situaciones externas, como catstrofes naturales (inundaciones, sequas, terremotos), o simplemente como efectos de la subjetividad humana (temor de los inversionistas, conflictos militares, errores administrativos, etc.). En la economa marxista, en cambio, las crisis son un elemento inicial, el capitalismo es inestable de suyo y sus crisis no son coyunturales, son sistemticas.

Mientras la economa cientfica se articula en torno a la idea de precio, y se desarrolla tericamente en funcin de la necesidad de resultados tcnicos y administrativos, el marxismo se articula en torno a la idea de valor de cambio, a diferencia del precio, que es un concepto local, que depende de un momento particular y que gira en torno a agentes individuales y particulares, valor de cambio es un concepto profundamente histrico en el que hay sujetos histricos, en que la historia misma no es un dato secundario, optativo y exterior, entendido como mero transcurso de tiempo. Al contrario de la economa cientfica que depende de la contingencia de un momento y un lugar empricamente constatables, en el anlisis marxista, las clases sociales y la lucha de clases son visualizables de manera plena solo a lo largo de un periodo histrico y solo en virtud del modo de apropiacin que diferentes sujetos sociales tienen respecto del producto social.

Pero la economa cientfica opera dentro de la racionalidad cientfica moderna, que al igual que las ciencias duras o las ciencias sociales, entienden al todo como una coleccin de cosas que existe en un estado de permanente quietud, cosas anteriores y exteriores a las relaciones que en realidad las fundan como tales, cosas anteriores y exteriores a los sujetos.

Pero adems, nunca hay consecuencias epistemolgicas que no se sigan de actitudes o necesidades polticas, es perfectamente razonable que un cientfico opte por hacer ciencia en virtud de las necesidades tcnicas de las empresas o del gran capital1, es perfectamente razonable que efectos epistemolgicos, por muy mediocres que sean, se sigan de necesidades polticas efectivas. El marxismo como mtodo de anlisis contiene dos cuestiones que pueden ser diferenciables en determinado plano plano; que en su concepto no solo trasciende la racionalidad cientfica moderna, si no que su contenido terico se sigue de una voluntad poltica radical, el marxismo es ante todo, una voluntad revolucionaria, no una mera teora de la que se siguen consecuencias polticas, al contrario, es una voluntad poltica que se ha dado, a si misma, una teora para operar ante la realidad. El marxismo no es una herramienta para ver el mundo, es una herramienta para hacer el mundo, para operar sobre el.

Sobre la idea de comunismo

Alguna vez, hace mucho tiempo, los cristianos predicaron la buena nueva, la buena nueva consista en que el Dios cristiano, que haba venido a la tierra en la forma de un carpintero y que haba sido perseguido y crucificado por andar hablando cosas raras, haba resucitado en la Ecclesia, es decir en la comunidad cristiana. Como todos saben, con el tiempo, el cristianismo se expandi por Europa y dur mucho tiempo. Se llama comunismo, en su versin medieval, a la idea de propiedad comunal de los bienes, predicada por los cristianos primitivos, esta idea de comunismo recorri toda la historia marginal europea durante la poca medieval, sirviendo como fundamento religioso y poltico, por ejemplo, para grandes revoluciones campesinas hacia 1520 d.c.2 La idea medieval de comunismo tuvo un fuerte impacto entre la intelectualidad europea, en particular, en la alemana. Moses Hess fue uno de los ltimos intelectuales predicadores de la propiedad comunal de los bienes en -el sentido medieval-, Marx, amigo cercano de Hess, pens que la idea de la propiedad comunal de Hess calzaba muy bien en el mapa de sus propias formulaciones tericas, la idea moderna de comunismo, la idea que ha primado durante los ltimos 200 aos, no solo estuvo profundamente impregnada del laicismo humanista de Marx, si no, por sobre todo, por que se especificaba la propiedad comn de los medios de produccin. Con el tiempo, la idea de propiedad comunal de los medios de produccin fue apropiada por el movimiento obrero y por el marxismo, y usada como consigna poltico-terica fundamental.

La idea de comunismo, en principio, no tiene por que corresponder a un tipo de administracin poltica en que un Estado de derecho centralizado posee la propiedad y el control de las empresas industriales, al estilo de la Unin Sovitica, o en general, al estilo de los socialismos reales, en primer lugar, por que esa idea es muy posterior, fue promulgada por un economista italiano llamado Enrico Barone en 1908 y solo comenz a ser aplicada a comienzos de la primera guerra mundial, y en segundo lugar, por que no hay razones para pensar que los medios de produccin y la divisin social del trabajo tengan que estar obligatoriamente bajo el control social cristalizado en un Estado de derecho clsico. La lucha por el control de Estado no es el fin de una revolucin socialista, es solo el comienzo.

Ese hacer el mundo, contenido en la voluntad comunista, es precisamente el contenido que anima al marxismo que, ante todo, es ante todo una voluntad revolucionaria, una voluntad que tiene como centro fundamental, la idea de que solo un cambio radical en la realidad establecida puede alejarnos de la violencia estructural, de la infelicidad cosificada, de la explotacin histrica, del dominio de clase, de la mediocridad permanente, y acercarnos a un horizonte en que la vida humana no sea sino abundancia de humanidad, un horizonte en el que la injusticia y la desigualdad no estn cosificadas en la historia, un horizonte en que la felicidad sea trazable en trminos puramente ntersubjetivos y que no dependa de instituciones cosificadas y alienantes, un horizonte en que el producto social este administrado de manera absoluta por los que lo producen, no por burgueses o burcratas, un horizonte en que cada uno pueda desarrollar su humanidad en virtud de la sociedad que lo produce, una sociedad de entes libres, que se han enterado que hacen toda la historia. Esa sociedad es el comunismo, alejados ya de las derrotas pasadas, enterradas como mera nota pie de pagina en una la historia y un pasado que no necesitamos, el comunismo es puro futuro, contenido puro que debe ser llenado por nuestra voluntad. Por sobre la realidad mnima del pasado, por sobre las derrotas insignificantes, comunismo es la sociedad en que no hay explotacin, en que la valorizacin de un sujeto no depende de la desvalorizacin cosificada de otro sujeto, en que la cosificacin esta situada en la historia, y depende plenamente de la voluntad humana.


* Referencias: La mayor parte del contenido de este articulo corresponden a las ideas del profesor Carlos Prez Soto, que se pueden encontrar en sus libros, todos disponibles en internet, en particular en Para una crtica del poder burocrtico. Comunistas otra vez. LOM Ediciones, Santiago, 2001; Sobre un concepto histrico de Ciencia. De la epistemologa actual a la Dialctica. LOM Ediciones, Santiago, 2008; Desde Hegel. Para una critica radical de las ciencias sociales, Mexico, 2001; y Proposicin de un marxismo hegeliano. Editorial ARCIS, Santiago. Y de manera ms especifica, en otros artculos publicados bajo Ediciones Clinamen, que ha publicado textos del profesor bajo la iniciativa de Copyleft y de Creative Commos. Es posible adems encontrar muchas otras de las ideas expuestas aqu en las ctedras que realiza en distintas universidades.

Notas:

1 Si, la eleccin que un individuo hace respecto de la totalidad que es el capitalismo es perfectamente racional, los marxistas no necesitamos argumentos ticos para criticar al capitalismo, se puede hacer poltica con criticas morales, pero no se puede fundamentar la poltica a partir de una tica, eso se lo podemos al Hogar de Cristo.

2Ver, por ejemplo, las revueltas campesinas en la Alemania medieval, impulsadas por Thomas Muntzer.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter