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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-05-2005

El pueblo manda

Fernando Pino Solanas y Gustavo Calleja
Resumen Latinoamericano


Quin puede cuestionar la legtima aspiracin del pueblo boliviano a defender el 50 por ciento de la renta petrolera, cuando los costos de produccin no superan los 7 dlares por un barril que se vende a 52? Hay que ser canalla para no reconocer tanto en Bolivia como en Argentina y tantos otros pases expoliados por las petroleras el legtimo derecho de los pueblos a gozar de sus riquezas hidrocarburferas. Recordemos lo que se oculta en estos das: hasta la llegada de Snchez de Lozada-Mesa al gobierno de Bolivia, las petroleras pagaban el 50 por ciento de regalas. La campaa meditica impulsada por las petroleras desde la aprobacin de la Ley de Hidrocarburos por el Congreso boliviano tiende a crear las condiciones de una salida golpista.

La historia del pas hermano, asentado sobre riquezas incalculables, es la historia de un secular despojo: ayer fueron el oro y la plata y hoy es el gas, en una comunidad donde menos del uno por ciento de la poblacin dispone de redes que le permiten un acceso a precios razonables. El ms reciente saqueo encabezado por Snchez de Lozada priv a los bolivianos de disponer de sus bienes hidrocarburferos, transgrediendo leyes y llegando incluso a la aberracin antirrepublicana de otorgar el carcter de secretos a los 72 contratos celebrados con las multinacionales del petrleo. Entre otras cosas, ha ideado perversos mecanismos de despojo, tal como la vigencia del precio internacional en un empobrecido mercado interno de combustibles que, al quedar fuera del alcance de la mayora de los bolivianos, obliga al Estado a subsidiar a las petroleras, para lo cual debe recurrir al auxilio financiero externo. Es un crculo perfecto y perverso de apropiacin ilegtima de riquezas y de empobrecimiento; los niveles de indigencia de Bolivia son de los ms altos del continente.

Mal que le pese a la alianza gobierno-petroleras, las mayoras populares bolivianas han seguido avanzando, y esto es lo que les preocupa. La Ley de Hidrocarburos no es perfecta, pero implica un gran avance, pues nacionaliza el subsuelo y los hidrocarburos en boca de pozo, recrea YPFB, recupera para el Estado las facultades de fijar polticas, incluidos los precios internos y externos, los niveles de produccin, reservas y exportaciones y, adems, dispone la adecuacin de los contratos a sus disposiciones. Es decir, las compaas debern pagar las regalas y los impuestos determinados, y dejarn de ser concesionarias para convertirse en contratistas.

Al pueblo boliviano le cost ms de 100 muertos levantarse en defensa de su gas y enfrentar al corrupto gobierno de Snchez de Lozada-Mesa. Su justo reclamo de revisar las concesiones petroleras y controlar su extraccin es un ejemplo que debemos tener en cuenta: en nuestro pas se pagan las regalas ms bajas del continente 12 por ciento y desde Menem al gobierno de Kirchner se liquidan a simple declaracin jurada de las petroleras. No es una escandalosa impunidad?

Todos los sectores democrticos y progresistas del continente deben unirse al pueblo de Bolivia en pos del objetivo superior: la recuperacin de la propiedad y las rentas de sus hidrocarburos. Sin esa unin se tornar muchsimo ms difcil la lucha contra el frente gobierno-petroleras, que goza del apoyo de los EE.UU., la banca internacional y los organismos de crdito como el FMI. Lamentamos que el gobierno argentino, a travs de su embajador en La Paz, haya operado en defensa del presidente Mesa y de los intereses de las petroleras y no en solidaridad con las decisiones soberanas y legtimas del hermano pueblo boliviano.

Hoy como nunca estn vigentes la palabras del Gral. San Martn en 1813: Cuando el pueblo tiene ms razn que el gobierno, la patria manda.


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