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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-10-2012

Mercado Social
Construyendo y experimentando proyectos econmicos alternativos

Too Hernndez
Revista Papeles de la FUHEM ecosocial. N 118


El capitalismo se ha revelado como un sistema econmico incapaz de dar satisfaccin y respuesta a las necesidades de las mayoras sociales. Es un sistema que, para mantener sus tasas de ganancia y la acumulacin, no duda en desmontar derechos sociales y laborales, en expropiar al conjunto de la ciudadana de recursos colectivos ni en destruir territorios y ecosistemas.

Pero para llevar esto a la prctica, el capitalismo necesita de agentes institucionales, empresas y personas concretas que apliquen, consciente o inconscientemente, voluntaria o involuntariamente, determinados valores, prcticas y procedimientos que permitan el objetivo de la acumulacin.

En el otro lado del mercado, como consumidores, tambin se nos impone la fuerza de la publicidad, del desconocimiento, de las economas de escala, que nos impiden encontrar alternativas con las que mitigar nuestra desazn por tener que comprar (dar nuestro dinero en definitiva) a los principales responsables del desastre, convirtindonos en piezas necesarias de la mquina de la destruccin.

Sabemos que existen desde hace mucho tiempo empresas, organizaciones y grupos variados que funcionan con otras lgicas: comercio justo, consumo responsable, finanzas ticas, grupos autogestionados de consumo, empresas de insercin social... que se enfrentan a grandes dificultades. La principal, tener que enfrentar sus principios en un entorno econmico inmoral que apenas deja cabida para comportamientos econmicos ticos.

Surge entonces la pregunta de si ser posible unir todas esas prcticas en un espacio econmico auto-referente que sea capaz de funcionar con cierta autonoma respecto a los mercados capitalistas. La respuesta es claramente que s, puesto que ya hay experiencias en este sentido, pero conviene explorar las posibilidades, limitaciones y criterios que puede o debe tener ese espacio; y en concreto el llamado Mercado Social[1]que estamos construyendo en el estado espaol diferentes organizaciones.[2]

De donde viene el Mercado Social

Hace ya varios aos, desde el cooperativismo real se vienen planteando reflexiones sobre la necesaria inter-cooperacin y sobre la conveniencia de desarrollar redes econmicas que trasciendan la pequeez de los proyectos individuales:

Las cooperativas, en concreto, y las empresas sociales, en general, estn abocadas a inter-cooperar entre ellas, creando redes de produccin y creando una franja de consumidores intermedios y finales fieles, si no quieren caer en la sobreexplotacin, la marginalidad, o siendo satlites (llegando a ser franquicias de las transnacionales, por ejemplo) o, bien, asimiladas, explcita o tcitamente, a la empresa capitalista.[3]

Particularmente desde REAS (Red de Economa Alternativa y Solidaria)[4], aunque no slo, se van diseando propuestas en ese sentido tanto desde las diferentes secciones territoriales como de forma coordinada, que van dando resultados diversos aunque sinrgicos.

En el mbito de Madrid[5], se produce en 2010 una confluencia entre diversas entidades: redes cooperativas como La Madeja, La Traviesa y REAS Madrid; medios de comunicacin como Diagonal y ConsumaResponsabilidad; entidades de finanzas ticas como Fiare y Coop57; centros sociales como El Patio Maravillas y La Piluka; o personas a ttulo individual que participan en movimientos sociales.

Exista la conciencia clara de que todas esas experiencias, dispersas las unas de la otras, difcilmente podran presentar una propuesta alternativa real. Era necesario que esas organizaciones tomaran conciencia de sus diferencias con la economa capitalista. Necesitbamos conocernos y reconocernos entre nosotras como afines en nuestros valores, principios y en nuestra crtica al modelo econmico actual, aunque diversas y diferentes en nuestras prcticas. Y para todo eso, resultaba imprescindible ponernos en relacin.

En ese proceso se van respondiendo a las preguntas, inquietudes y deseos iniciales que nos hacamos: Qu pasara si todas las pequeas iniciativas que van en esa lnea empezaran a coordinarse y organizarse en redes? Qu pasara si juntramos recursos y esfuerzos para crecer y fortalecernos? Qu pasara si furamos capaces de construir un circuito econmico nico, compartido y coherente con esos valores que compartimos?

La respuesta a la que llegamos fue que podramos tener un mercado alternativo.

Un mercado con valores y prcticas radicalmente diferentes

Conviene referirnos a algunas caractersticas de la empresa o del homo economicus capitalista que nos resultan esencialmente rechazables, y de los necesarios contravalores positivos cuando hablamos de construir una economa alternativa.

Tenemos en primer lugar el egosmo. Ya sea individual o corporativo es el principal mito capitalista inoculado en la conciencia social para justificar la competencia, la lucha a muerte con las otras empresas, que el pez grande (mas eficiente) se coma al ms chico, para justificar en definitiva un mercado lleno de cadveres en el que slo sobrevive el ms fuerte y poderoso.

Un Mercado Social alternativo al capitalismo debe rechazar de plano este criterio y sustituirlo por la cooperacin, una estrategia que ha sido mucho ms importante a lo largo de la historia, tanto para el desarrollo de la vida como de la propia especie humana. Cooperacin que no significa ignorar las diferencias, la necesidad de aumentar la eficiencia, de mejorar productividades, de premiar de alguna manera a quienes mejor hacen las cosas. Pero que significa sobre todo ayudar, esperar y empujar a quien va ms lento y tiene ms dificultades.

Estrategias (compartir, complementar, repartir trabajo...) que ya se utilizan, utilizamos, en redes de empresas cooperativas, que no siempre es fcil aplicar y menos en contextos de crisis y actuando dentro del mercado capitalista, pero que sin duda estn dando mejores resultados que el ir cada cual por su lado.

Un segundo elemento es el afn de lucro; el enriquecimiento personal y la acumulacin se nos presentan como el gran motor o aliciente para hacer crecer la economa, la riqueza y el bienestar. Sin embargo lo que realmente ha conseguido es la concentracin de la riqueza y el poder, la expropiacin a la mayora de los instrumentos bsicos para la supervivencia, unas desigualdades sociales de magnitud nunca vistas en la historia.

Frente a esto es posible situar, tambin hay ejemplos, modelos basados en los beneficios limitados, en la dedicacin de los excedentes a otros menesteres (no hablamos del lavado de imagen corporativo de algunas fundaciones), de la auto-contencin personal y empresarial buscando un equilibrio entre la viabilidad econmica y una buena vida.

Como tercer punto tenemos que una empresa capitalista, y un gestor de la misma, solo debe mirar la cuenta de resultados, el bien de los accionistas; no puede ni debe hacer otra cosa, es un ente supuestamente amoral. Pero lo que eso oculta es la inmoralidad manifiesta en el hecho de no preocuparnos por las consecuencias de nuestras acciones.

A una empresa de la economa solidaria le preocupan las personas: los trabajadores propios y las personas que se ven afectadas por su actividad econmica. Le preocupa el entorno natural y social en que se desenvuelve o al que afecta, y se pregunta o cuestiona como devolver, restituir o mejorar lo que ese entorno proporciona para el funcionamiento de la empresa. sta no existe en el vaco, vive en un territorio, en un contexto y en un tiempo que debe ser tenido en consideracin.

En cuarto lugar, observamos que la opacidad y el secretismo devienen en condiciones necesarias para la empresa capitalista. Conocimiento privado para presionar, especular o corromper, es lo que da ventaja en la loca carrera por destruir a los dems. Opacidad que hace de la ciudadana y las personas trabajadoras sujetos pasivos e ignorantes del funcionamiento econmico, de la toma de decisiones, del porvenir de sus empleos.

La transparencia se convierte en una de las necesidades bsicas para otro modelo econmico: en las diferentes condiciones salariales, en las laborales, en las cuentas, en los objetivos. Las empresas tienen que dejar de ser cajas negras en la medida en que actan e inciden sobre nuestra vida, nuestro entorno y nuestro futuro.

Hay que romper el mito del laissez faire, de la mano invisible que oculta inmensas desigualdades en el acceso a la informacin y al poder, que habla de mercados impersonales inexistentes. Hay que extender la luz a un mercado social que estar compuesto de rostros y territorios concretos y conocidos.

Por ltimo es inconcebible una empresa capitalista sin una estructura vertical y antidemocrtica de mando. Mandar y decidir. Callar y obedecer. No pensar, no decidir sobre el sentido de nuestro trabajo, de la actividad de nuestra empresa. Cobrar y callar. Callar y trabajar. Trabajar auto-destruyndonos y destruyendo el entorno.

Empresas con relaciones jerrquicas as no pueden servir para vivir de otra manera, para tener otra economa. No se trata de eliminar cierta especializacin, de entender los diferentes roles, de negar la divisin en el trabajo. Se trata de participacin, de poder relacionarse en igualdad de condiciones, de poder conocer y opinar sobre el rumbo y las caractersticas de la empresa. Y no slo de la nuestra, sino de todas las que repercuten sobre nuestras vidas.

Qu es el Mercado Social?

Decamos al principio que, existir, existen numerosas entidades que cumplen muchos o algunos de los contravalores explicitados ms arriba. Tambin existen desde hace aos redes que relacionan a muchas de ellas en un nivel ms bien de coordinacin poltica.[6]

La novedad del Mercado Social es pretender extender esta relacin al mbito econmico y comercial, ampliando alianzas intersectoriales, e introduciendo a los consumidores como actores del proceso de regulacin econmica. Definimos este espacio econmico como una red estable de produccin, distribucin, financiacin y consumo de bienes y servicios y de aprendizaje comn que funciona con criterios ticos, democrticos, ecolgicos y solidarios, constituida tanto por empresas y organizaciones sociales y solidarias, como por consumidores/as individuales y colectivos.

Esta red nos debera permitir cubrir una parte significativa de nuestras necesidades socioeconmicas, desconectarnos en un grado creciente de la economa dominante y experimentar nuevas formas de producir, consumir, invertir y vivir cualitativamente mejores. En la medida que seamos capaces de conformar esta red comn, potenciaremos nuestras posibilidades de transformar la realidad socioeconmica.

Vemos por tanto, que supone algo ms que una simple suma de aadidos empresariales (comercio justo, finanzas ticas..) que buscara convertirse en un simple escaparate o tienda donde colocar productos que atraigan a algunos consumidores concienciados. Aunque no conviene menospreciar este riesgo, nuestro objetivo es construir un movimiento social en el mbito econmico con una clara perspectiva rupturista.

Es un reto, un gran reto. Somos conscientes de la dificultad de construir algo as, inmersos como estamos y sin posibilidad de evitarlo, dentro del mercado capitalista. Pero tambin sabemos que la burguesa se gest y convivi con el orden anterior hasta hacerse hegemnica. Creemos que, igual que hay que disputar la hegemona poltica, hay que disputar la hegemona econmica, con modestia, sin contraponer acciones en distintos mbitos e incluso sin contraponer per se estrategias diversas de actuacin a corto, medio y largo plazo. Mucho ms en una situacin de crisis y desmantelamiento de los servicios pblicos como la actual, en la que resulta imprescindible dar respuesta a las necesidades cotidianas; ser mejor intentarlo desde otras lgicas econmicas.

Es necesario caminar en otra direccin y para ello el Mercado Social se plantea unos objetivos no demasiado complicados, basados en la idea del apoyo mutuo:

Cada componente de la red se compromete a consumir el mximo dentro de sta.

Cada componente de la red se compromete a producir el mximo para sta.

Cada componente de la red contribuye a crear otras iniciativas vinculadas a sta, depositando ahorros y excedentes en instrumentos financieros de la red.

Poner en marcha estas sencillas reglas resulta ms difcil y lento de lo deseable. Exige romper cierta inercia y comodidad a la que estamos acostumbrados. A las personas y organizaciones nos cuesta variar los hbitos cotidianos de funcionamiento. Es ms, requiere incorporar nuevos conceptos mentales en nuestro actos actos econmicos cotidianos que suponen complejizar los mecanismos de eleccin que ahora se basan mayoritariamente en el precio y en una vistosa presentacin. Cambiar las rutinas y escoger nuevos proveedores, puede llegar a requerir cambios organizacionales y sobre todo necesita, al menos al principio, de una mayor voluntad, compromiso y esfuerzo que la simple asuncin terica de querer cambiar el mundo.

Herramientas para la construccin del Mercado Social

Relacionado con esto, se plantea uno de los problemas mas interesantes a resolver por un mercado alternativo extenso: cmo garantizar que las empresas cumplen criterios no capitalistas?como puede un/a consumidor/a saber que no est comprando a una empresa cualquiera?.

La pieza clave para construir este Mercado de la Economa Social es disponer de una herramienta de anlisis, de auditora o de certificacin que permita evaluar, a travs de de una serie de indicadores, la adecuacin de los principios con las prcticas reales. Todo esto entendido como un proceso flexible, asumiendo que no es posible cumplir todos los criterios planteados y que, por tanto, deben primar objetivos de mejora y cambio en los diferentes aspectos evaluados.

Este tipo de asuntos ha sido resuelto en el mercado convencional con los sellos, marcas de calidad y mecanismos similares, que suelen estar avalados por un organismo certificador. Aunque la idea puede ser parecida, desde el Mercado Social apostamos por una garanta integral que no deje espacio a lavados de imagen con actuaciones puntuales que esconden prcticas cotidianas vergonzosas.

Apostamos por un Sistema de Certificacin que sea resultado de un proceso deliberativo, democrtico y participado por las organizaciones y empresas proveedoras y por las personas y grupos consumidores. Un sistema de certificacin que mida las aportaciones sociales de cada entidad y que tambin ayude a detectar las carencias y a formular objetivos de mejora; y que ayude a difundir con claridad la responsabilidad y el compromiso que asumen las entidades del mercado social.

En esto ya hay acumulada bastante experiencia como para que resulte algo relativamente sencillo: el cuestionario de entrada a Coop57[7], el Balance Social de la Xarxa de Economa Solidaria de Catalua[8], los procesos de Certificacin Participativa en agroecologa, la Matriz del Bien Comn[9], son ejemplos de que es posible establecer sistemas de garanta y control que no estn en manos exclusivas de burcratas o lobbys empresariales.

La clave es la participacin abierta y rotativa del mayor nmero de personas y entidades, aspecto que por otra parte dara respuesta a la gran carencia democrtica de la empresa y economa capitalista. En este sentido la participacin en las comisiones que se han formado o se formen en el futuro, estar abierta en todo momento para las personas y entidades que formen parte del Mercado Social. Igualmente se realizar una asamblea anual en la que se decidirn los aspectos ms estratgicos de todo el proyecto.

Explorando con monedas complementarias

El otro gran paso que tiene que dar una propuesta de este tipo se refiere al control de la masa y los flujos monetarios; es posible crear un mercado alternativo sin una moneda propia, sin depender de los vaivenes de la especulacin financiera?. Es decir es posible independizarse del euro?.

Obviamente esto es mucho ms complicado que lo anterior y en este sentido no caemos en la ingenuidad. Disear o crear sistemas financieros extensos excede nuestras capacidades actuales y ni siquiera sabemos si sera ese el objetivo.

Lo que si sabemos es de la existencia de muchos modelos de monedas complementarias que estn funcionando en entornos variados[10]y que conviviendo con la moneda oficial, estn posibilitando ciertos grados de autonoma monetaria y una menor exposicin a los riesgos de la economa especulativa.

En estos sistemas, la creacin de la moneda se realiza en el momento en que se produce una transaccin comercial y una de las partes adquiere una deuda. Si A compra un producto o servicio a B, ste tendr un saldo x positivo y A tendr ese mismo saldo x pero negativo. Lgicamente hace falta que exista una gran confianza entre los participantes y que la posibilidad de tener saldos negativos est bastante controlada. Pero en el fondo -recordemos que la moneda representa una deuda del emisor-, no deja de funcionar como la moneda oficial: es necesario que exista confianza, solo que en vez de confiar en el banco central que emite la moneda, se hace en las personas que conforman la red y en la capacidad de sta para limitar o absorber posibles disfuncionalidades a travs de distintos procedimientos y limitaciones.

Luego, las diferentes redes territoriales de confianza se relacionan entre s, estableciendo entre ellas acuerdos, intercambios y flujos monetarios que permiten extender las posibilidades ms all de la propia red a la que se pertenece.

Por tanto, tambin nos planteamos caminar por esa senda, con prudencia. De hecho, en estos momentos, slo el Mercado Social de Madrid[11]se ha lanzado a experimentar con una moneda propia. Tenemos dudas de lo que esto significar, pero s la voluntad de que dicha moneda slo juegue el papel de medio de intercambio, eliminando la posibilidad de que acte como depsito de valor o riqueza ya que su acumulacin no generar intereses, no ser convertible a euros salvo excepciones, y por tanto slo tendr sentido circularla lo ms posible.

Aspiramos a un aumento paulatino de los intercambios slo en moneda social, pero de momento la convivencia y paridad con el euro se hace inevitable (quiz incluso deseable), y hasta cierto punto ancla y crea una gran dependencia respecto a las fluctuaciones del euro. No obstante, y viendo que esa dependencia sera absoluta sin la moneda social, creemos interesante conseguir cotas de autonoma por muy pequeas que sean, ya que adems nos permite aprender, experimentar y democratizar las dinmicas que se generan en los mercados con la moneda que se pone en circulacin.

Uno de los elementos ms novedosos que incorpora nuestro sistema respecto a los utilizados en otras redes de intercambio, es la idea de aplicar, con cada compra, una bonificacin en moneda social a los consumidores. Para los proveedores es como hacer un descuento que, cuando se ha recibido el pago en euros, traslada moneda del circuito oficial al alternativo.

Esto nos sirve para reforzar la autonoma del circuito, para alentar las operaciones dentro del mercado social y para generar flujos que permitan extender la operativa del sistema y emprender nuevos proyectos econmicos que respondan a necesidades no cubiertas dentro del mercado social.

Esa bonificacin o descuento en moneda social (que se parece mucho a los programas de fidelizacin de clientes que tienen algunas grandes empresas), junto a la coexistencia con el euro, permite la incorporacin paulatina al mercado social de empresas que estn totalmente inmersas en el mercado ordinario; se hace ms sencillo convivir de forma no traumtica con otras expresiones econmicas menos formales que encuentran en el mercado y moneda social una forma de acceder a espacios econmicos ms amables, o simplemente posibles, por regirse de otros criterios y tener menos exigencias formales innecesarias.

Aunque hemos hablado de otras opciones a futuro, slo nos planteamos la existencia virtual de la moneda[12], utilizando de momento para su registro aplicaciones informticas ya existentes a nivel mundial por muchas redes de intercambio[13]. No obstante, y replicando la experiencia de las Ecoxarxas, estamos promoviendo Ferias puntuales en las que ponemos en circulacin moneda social fsica slo vlida para ese da. El objetivo es principalmente divulgativo: puede parecer absurdo tener que cambiar euros por moneda social para realizar una compra en la Feria, pero se trata de informar y educar sobre otras lgicas, adems de promover la participacin de cada vez ms gente y entidades en un proyecto de economa colectivo. Sin esta labor divulgativa estas Ferias o mercadillos no seran muy diferentes de los que se realizan en la actualidad. Tampoco descartamos a medio plazo encontrar formas de vincular los intercambios en las Ferias con la dinmica cotidiana de la moneda social.

Para garantizar la legalidad de todas las actividades se est creando una cooperativa de servicios de la que formen parte las redes territoriales, algunas cooperativas transversales de mbito estatal y algunas organizaciones sociales estatales. El modelo legal cooperativo permite muchas posibilidades para integrar tambin a las personas individuales en actividades econmicas que se realicen dentro del mbito de la cooperativa.

Lo deseable es posible, si lo intentamos

Nuestro sistema econmico hace aguas por todas partes y se est llevando por delante muchos derechos, muchos servicios pblicos y a muchas personas. Reconociendo como imprescindible la lucha y la resistencia frontal contra todas estas medidas, creemos que tambin es necesario, de forma complementaria y no antagnica, ir plasmando propuesta prcticas que ayuden a solventar las situaciones cotidianas.

Aunque ya se venan practicando desde hace tiempo, al calor del 15M se ha creado una ambiente mucho ms favorable para extender otras formas de lucha y de estrategias en aras a conseguir una nueva hegemona social, poltica y econmica.

Creemos que no podemos dejar el terreno de la construccin econmica solamente en manos de empresarios o emprendedores que responden a la lgica capitalista. Ante una economa entrpica que disgrega las habilidades, los afectos, la naturaleza y la comunidad, podemos y debemos promover el reagrupamiento de las ingentes partculas crticas, para posibilitar la creacin de nuevos rdenes econmicos y no tener que enfrentarnos individualmente al injusto mercado capitalista.

Pensar nuevas formas de resistencia y construccin econmica se convierte en una obligacin para no seguir dejando en manos de una lite peligrosa los inmensos recursos generados por los y las trabajadoras. Hay que aadir nuevas frmulas a las ya existentes en las luchas y estrategias por el poder. No se trata de que todo el mundo dedique sus esfuerzos a esta tarea, pero si que, con pequeos cambios en las costumbres, se promueva y facilite la consolidacin de otros espacios de radicalidad econmica.

Lo que estamos planteando no es nada novedoso. Se hizo en nuestro pas, durante la Repblica por el movimiento cooperativista y por otros sectores sindicales; lo han hecho los movimientos sociales de Latinoamrica posibilitando su hegemona poltica tras las recetas neoliberales que destruyeron sus pases; lo hacen, en otras coordenadas ideolgicas, los movimientos islamistas en su estrategia por alcanzar el poder, con muy buenos resultados.

Aunque con poco recorrido temporal, en nuestro pas ya hay cientos de empresas e iniciativas econmicas y decenas de miles de personas participando en la construccin de proyectos como el nuestro.

No tenemos la seguridad de en que puede acabar todo esto. Todo proyecto tiene sus riesgos y seguramente muchos ms si se hace en el mbito econmico, teniendo que confrontar con unas prcticas y unas dinmicas que se han demostrado altamente inteligentes, resistentes y con capacidad de adaptacin y asimilacin de casi todo lo contestatario.

Pero en definitiva como en cualquier proyecto, lo importante es tener bien definido los objetivos y la direccin. Luego nos hace falta inteligencia, flexibilidad y bien hacer, pero sobre todo ilusin y ganas para realizar los esfuerzos, individuales y colectivos, que supone avanzar por caminos no trillados. Es de esto ltimo de lo que ms necesitamos las personas, organizaciones y movimientos sociales que queremos construir un mundo mejor.



[1]Se puede ver la extensin actual (fase inicial), y potencialidad del proyecto, por las entidades implicadas, en http://www.konsumoresponsable.coop/mercado-social

[2]Existen otras experiencias (ecoxarxas, cooperativas integrales...) que comparten la mayora de principios y criterios pero que organizativamente se estn estructurando de otras maneras, respondiendo a otras realidades o maneras de plantear las redes. En ocasiones, las mismas personas y entidades participan en varios de los proyectos. Nos parece muy necesario explorar vas diferentes.

[3]Objetivo: mercado social. Jordi Garca. 2009

[4]http://www.economiasolidaria.org/

[5]Este artculo se basa sobre todo en la experiencia en esta Comunidad, que es en la que ha participado el autor para promover el Mercado Social. Mencionar especialmente a Sandra Salsn y Fernando Sabn sus aportaciones.

[6]REAS, redes agroecolgicas, redes cooperativas sectoriales, AERESS...

[7]http://www.coop57.coop

[8]http://www.xes.cat/pages/mscas.htm

[9]http://economia-del-bien-comun.org/

[10]Algunos referentes son el Banco Palmas de Fortaleza, en Cear, norte de Brasil, las Ithaca Hours en el estado de Nueva York, la red de Berkshires promovido por el instituto Schumacker, o Chiemgauer en Alemania, entre otros. Ver tambin: http://www.regiogeld.de/uploads/media/Herrmann2006_CdI-MR-CdT.pdf

[11]http://www.konsumoresponsable.coop/mercado-social-madrid/como-funciona-la-moneda-social

[12]La experiencia de Argentina tras el corralito trajo una explosin de monedas complementarias que lleg a aglutinar a millones de personas y poner en cuestin la necesidad de la moneda oficial. El que esas monedas se emitieran en papel posibilit la falsificacin masiva desde sectores del poder y la quiebra de muchas iniciativas.

[13]En la web del Community Exchange System existen registradas ms de 400 redes, de las que 60 corresponden a Espaa. Aunque es verdad que los niveles de incidencia son muy diferentes, en Catalua se calcula que hay ms de 10.000 personas participando en las Ecoxarxas, con poco ms de dos aos de funcionamiento.


Too Hernndez (Pertenece a la cooperativa Gara, es miembro de Ecologistas en Accin y participa en la comisin gestora del Mercado Social de Madrid)



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