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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-10-2012

Club de los libros muertos

Nicolas Gonzalez Varela
Perfil


En 1821, Heinrich Heine escribi en su obra Almansor. Eine Tragdie que Dort, wo man Bcher verbrennt, verbrennt man am Ende auch Menschen: donde se queman libros, al final, tambin se quemar a los hombres. Heine rememoraba a Mohamed Ibn Abi Amir, dit Almansor, heredero forzado en el culto califato de Crdoba, ambicioso militar, filicida, que permiti que los telogos musulmanes quemaran todos los libros que contradijeran la fe de Mahoma. Podra parafrasearse diciendo que donde se tritura un libro, se triturar tambin a los hombres?

Hoy ya los biblioclastas (o ms bien bibliofbicos) no son intolerantes radicales o emperadores despticos en busca de borrar pasado y opositores, sino una gris tarea de posmarketing de la industria editorial. Descubrimos horrorizados que las editoriales destruyen sus libros malvendidos. Es indiferente su calidad literaria. Malthus haba descubierto la hermosa Trinidad, esos delicados monstruos de la produccin y la crisis capitalista: sobreproduccin, sobrepoblacin, sobreconsumo. Y a pesar del aura que lo rodea, el libro no escapa a esta lgica. Entonces a las tres formas bsicas de biblioclasta (supersticin, incuria, inters) se sumara una cuarta: la superproduccin. A la ingente generacin geomtrica de libros se le enfrenta una progresin aritmtica de lectores, diferencia que se manifiesta como stock inexplicable.

En el mundo anglosajn, el stripped book, la destruccin de existencias, se limita al formato paperback (tapa blanda); tiene razones crematsticas, histricas y financieras: se evita pagar impuestos, se cumple con leyes de reciclado y se reutiliza su papel para la literatura pulp. Una parte se dona sin la cubierta a libreras de caridad (hospitales, etc.) o se comercializa en thrift shops (tiendas solidarias) benficas. Los hardbacks (tapas duras) nunca se destruyen. En el mundo latino, las razones para aniquilar un libro se reducen a mera lgica empresarial, a despotismo del cash-flow: costos actuales y ganancia futura. Salvo excepciones, todos sern incinerados por ser faux frais, un falso costo. Mientras la primera suena a operacin cartesiana, sanitaria y ecolgica, la segunda huele a libros ardiendo, a nuevas inquisiciones. Es decir: en nuestro mercado, las propias editoriales se transforman en espacios de exterminio; primero los dejan morir, desaparecer en lugares recnditos e inaccesibles, y finalmente los queman de manera infame. Un vandalismo cultural a escala industrial, silencioso, egosta y legal. Los libros tienen enemigos mortales en la propia naturaleza: el fuego, el agua, el calor, ciertos gases, el polvo, el gusano Anobium, pero el elemento humano ha demostrado serlo con la misma intensidad y decisin que el fuego teolgico.

Fuente:
http://www.perfil.com/ediciones/2012/9/edicion_715/contenidos/noticia_0025.html


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