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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-10-2012

Las entraas de la irracionalidad

Oriol Alonso Cano
Rebelin


 

De aqu pocos meses se cumplirn veinte aos de la publicacin de la novela La razn del mal del maestro Rafael Argullol. La obra, galardonada con el Premio Nadal del ao 1993, se yergue como una provocativa, lcida e inquietante penetracin en los pormenores de la irracionalidad del sujeto. Dicho en otras palabras, Argullol, con su majestuosa novela, pretende adentrarse en las interioridades de la subjetividad, para columbrar lo prstino de la conducta irracional, as como de la maldad.

Para pertrechar dicho anlisis, Rafael Argullol se encarga de plantear la distpica contextualidad de una ciudad acechada por un mal inconmensurable y no conceptualizable. El mal irrumpe sin previo aviso, pero lo que le hace ms peligroso es su inclasificabilidad, su ausencia de coordenadas en las que poderlo ubicar. Por ello, la ciudad se sumerge en un marasmo de prcticas, cuya finalidad no es otra que desenmascarar el sortilegio y extirpar de raz el mal acechante. Ahora bien, para acometer tal empresa, los sujetos pierden por completo su capacidad para obrar de forma racional, adentrndose en una espiral de caos e irracionalidad. De ah que pueda extraerse, sin ambages, que el mal adolece de racionalidad (tesis, por otra parte, compartida, entre otros, por la filsofa H. Arendt), por lo que concierne a su gnesis como por su ulterior desarrollo. Expresado en otros trminos, es como si la irracionalidad gozase de una autonoma que se autodesarrolla a la sazn de sus propias leyes, de modo que emerge, desarrolla y fenece por su propia lgica.

Pues bien, grandes partes, por no decir la totalidad de la obra de Rafael, son completamente contemporneas de las actuales vicisitudes en las que nos hallamos inmersos (por ello, no es de extraar, la futura reedicin de la obra). La situacin espaola y europea se halla ante la encrucijada de un mal hambriento de las esperanzas de sus ciudadanos y gobiernos. Desde que estall la supernova de esta funesta crisis, de la cual todava seguimos bajo el hechizo de su ingente fulgor, la sociedad se halla sumida en una especie de hechizo, sedacin o enajenacin donde se ve impelido por las circunstancias que acaecen, y que parecen escapar de su control y voluntad. Desde fines del ao 2008 el ciudadano vive impertrrito toda una serie de dinmicas (cadas de aseguradoras, rescates bancarios, recortes) que parecen ubicarse allende su control. La paradoja estriba en que, aunque se introyecte desde el poder que somos todos corresponsables de esta crisis, el sujeto de a pie la percibe como algo ajeno, como un mal que viene de lejos pero que le afecta de forma directa y punzante en su vida y quehaceres. De ah que adopte toda una serie de medidas, cercanas a los rituales, para intentar esquivar el sortilegio generalizado que constituye esta malvola coyuntura econmica.

La cuestin, como majestuosamente elabora Argullol en su celebrada y premiada obra, es, como apuntaba al inicio del artculo, que el mal y, por ende, lo irracional, emerge y perece ahto de su propia voracidad. Sucintamente expresado, el mal tiene su lgica y, consiguientemente, es ajeno a las medidas y acciones que emprenden los individuos para sortearlo. Por consiguiente, es difcil, por no decir imposible, que los ciudadanos, con sus acciones, puedan revertir esta situacin, en una primera instancia.

Ahora bien, no se trata de aceptar el mal como una fatalidad estoica. La irracionalidad y la maldad gozan de cierta independencia, pero sta no es absoluta. Y es de esta brecha, que se fragua en su pretendido absolutismo, donde brota la semilla de una ulterior esperanza.

El sujeto, con sus acciones, tal vez no pueda virar el rumbo de lo irracional, pero s que obtura su fuerza y empuje. Es decir, el mal puede atacar pero nosotros podemos luchar y resistir ante sus embestidas. Y, en cierto grado, este empuje se enmarcara como manera de afrontar esta infausta situacin que se erige la crisis econmica. La lucha del ciudadano debe enmarcarse en un prurito de resistencia contra esas embestidas que vienen de la nada. Porque, de ah puede brotar un haz de esperanza, ya que tras la resistencia y el aguante, viene el alzamiento y el combate para intentar revertir la suerte que conlleva el mal.


Oriol Alonso Cano es Docente de Filosofa y Epistemologa de la UOC e investigador de Filosofa de la Universidad de Barcelona.



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