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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-10-2012

La virgen del Pilar en la Era de las Indignaciones

Jos Manuel Rambla
Rebelin


Causa sorpresa y casi fascinacin- comprobar como el gobierno de Mariano Rajoy es capaz de aprovechar las ms rocambolescas ocasiones para dejar patente su distancia estratosfrica de la realidad. Los presupuestos generales son una buena muestra de ese empecinamiento por ser el alumno ms avanzado en la asignatura de matarife del Estado social, ignorando la inoperancia de unas recetas de austeridad que hasta la fecha solo han servido para conducir a Europa hacia la debacle social. Sin embargo, son los pequeos detalles los que consiguen elevar hasta lo sublime la ejemplaridad de los actos del presidente. As, mientras miles de personas mostraban su desesperacin en las calles, mientras la polica nos recordaba con su alabada profesionalidad que, en ltima instancia, su cometido es repartir porrazos, Mariano Rajoy acordaba concederle una medalla nada ms y nada menos que la mismsima Virgen del Pilar.

Ignoro si el acuerdo del Consejo de Ministros buscaba la mediacin de la Pilarica para encauzar esa mano invisible que gua el mercado y que, por el momento, no ha hecho ms que abofetearnos en nuestros derechos. Si ese fuera el caso, no sera de extraar que muy pronto, tal y como estn las cosas, nos encontremos al tndem Montoro y De Guindos conjurando a Santiago Matamoros para corregir las desviaciones del dficit pblico, u ofreciendo sacrificios humanos a la divinidad ms agresiva con tal de lograr contener la escalada de la prima de riesgo.

En cualquier caso, no deja de sorprender que un gobierno acabe con tanta soltura tomando acuerdos que afectan a seres imaginarios o, en el mejor de los casos, que no son de este mundo. Tal vez por eso cada vez son ms los ciudadanos que se cuestionan la representatividad de un estamento poltico que parece mucho ms cmodo en el Ms All de nuestros problemas cotidianos, que en el aqu y ahora de nuestras angustias. Y frente a esa indiferencia surge ese grito de no nos representan que se est apoderando de las calles y plazas espaolas; un clamor contra el que ltimamente coincide todo el establishment al (re)presentarlo como las nuevas trompetas de Jeric que amenazan las slidas murallas de nuestra democracia.

Es as como hemos podido escuchar el desparpajo provocador de Mara Dolores de Cospedal comparando las ltimas protestas populares con una intentona golpista. Estrafalaria interpretacin de la derecha grosera asumida, sin embargo, desde las sensatas pginas de El Pas bajo la frmula asptica de los anlisis sociolgicos que nos alertan del populismo totalitarista latente en los gritos que recorren las ciudades. Un temor que, sin embargo, no parece despertar el autoritarismo con que los modernos camisas negras de la tecnocracia vienen desarticulando la democracia, tras hacernos olvidar sus promesas de encauzar el desbocado mercado financiero y convencernos de nuestra obligacin de asumir la austeridad como castigo por nuestros supuestos pecados.

De ese modo, son ellos los que hace tiempo que vienen advirtindonos de que en su mundo perfecto sobramos todos. Trabajadores, parados, jvenes, mujeres son as condenados al infierno de la angustia o al limbo de la resignacin. Es en respuesta a esta perspectiva como ha ido tomando cuerpo la determinacin del no nos representan. Por ello, ms all de la inevitable injusticia que conlleva toda generalizacin, lo que realmente preocupa de la consigna a los biempensantes no es tanto lo que rechaza como lo que en su esencia reivindica: la necesidad urgente de un proceso constituyente que siente las bases de un nuevo contrato social, colectivo, participativo e integrador.

Espaa y Europa se adentran as por la Era de las Indignaciones. Se trata, claro, de un camino lleno de incgnitas e incertidumbres, como todos los que conducen a regiones por descubrir. Por desgracia, para esta travesa no podremos contar con la sabia mirada de Eric Hobsbawm. Con todo, la actitud crtica, comprometida y honesta que caracteriz la vida de este viejo historiador marxista amante del jazz, ser la mejor brjula para recorrer estos difciles tiempos. La otra alternativa, la reservada por el gobierno y los mercados a pusilnimes y conformistas ya se sabe: encomendarse al consuelo de la Virgen del Pilar.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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