Portada :: Cultura :: Eric Hobsbawm (1917-2012): el historiador marxista y su largo siglo XX
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-10-2012

Tiempo y vida

Xavier Domnech
Pblico


"Creme, el tiempo es la cosa ms importante: es un simple pseudnimo de la misma vida".
Antonio Gramsci


Eric Hobsbawm fue el ltimo gran representante de una de aquellas raras generaciones de historiadores que tuvo la habilidad y la genialidad de cambiar nuestra visin del pasado, para poder pensar histricamente el presente y abrir nuevas vas (im)posibles hacia el futuro. Una habilidad como historiadores que fue inseparable de su compromiso poltico. Fue precisamente este compromiso el que los llev a juntarse en su etapa formativa, momento clave para entender todo su desarrollo posterior, en lo que se conoci como el grupo de historiadores del Partido Comunista de la Gran Bretaa (1946 - 1956). Bajo la influencia de Maurice Dobb y la inspiracin de Dona Torr se encontraron durante diez aos un grupo heterogneo de estudiantes, jvenes profesores y militantes de diversas causas para hablar del pasado. Crean as estar hablando tambin del futuro. Lo hacan en srdidos bares, con nombres tan resonantes como Garibaldi, armados, en palabras de Hobsbawm, "con papeles ciclostilados, resmenes de tesis (...) llenos de austeridad fsica, excitacin intelectual, pasin poltica y amistad". En aquellos bares, con aquellos papeles y aquella pasin, se encontraron personas como Cristopher Hill, Rodney Hilton, John Saville, George Rud o E.P. Thompson. Todos ellos igualmente singulares, todos ellos, igualmente comprometidos. Pero quizs, en cierto sentido, Hobsbawm tena una singularidad que la haca nico.


Nacido en Alejandra pas su infancia y adolescencia en Viena, entremedio de los restos de lo que haba sido el gran imperio Austro-Hngaro, y el Berln que vio llegar a Hitler al poder, antes de que l mismo, de origen judo, emigrara hacia Inglaterra. Experiencia que, como al resto de la generacin de historiadores marxistas britnicos, lo llev a la filas del comunismo, de un comunismo marcado por el frentepopulismo de los aos treinta y la resistencia antifascista de la Segunda Guerra Mundial. Un momento en la que Hobsbawm se reconoca a si mismo en los versos de Brecht: "Desgraciadamente, nosotros, que queramos preparar el camino para la amabilidad, no pudimos ser amables". Pero tambin, una vida que le dio una orientacin nica respecto a sus compaeros. En efecto, l que se declaraba heredero de los movimientos culturales de la Europa central nacidos con el siglo, fue quizs el menos ingls de toda esa generacin de historiadores. En su obra, su magna obra, las dos vertientes -la del comunismo formado en los aos treinta y la de una vocacin internacional- estn indudablemente presentes.


Hobsbawm, que contaba entre sus mltiples facetas incluso la de ser crtico de Jazz, nos rescat una infinidad de historias a partir de esta doble vocacin. Un rescate que se haca frente la "enorme prepotencia de la posteridad" ya que "al fin y al cabo, nosotros mismos no estamos al final de la evolucin social.", como le gustaba decir a su amigo E.P. Thompson. En sus manos, por ejemplo, el movimiento ludita se integr como una experiencia fundacional de la clase obrera, liberndolo de las garras de la visin que lo condenaba como una muestra de su barbarie; o nos habl, y en ese hablar casi fund por si solo una nueva corriente de estudios, del campesinado, de sus bandoleros sociales y de sus revueltas enfrentndose al nuevo desarrollo del capitalismo. Molde as una nueva forma de entender la historia de los de abajo, mucho ms all de la historia de sus organizaciones, instituciones y lderes donde haba estado recluida prcticamente hasta la llegada de su generacin. Una historia que, en sus trabajos, dej de ser slo la de los de abajo, para pasar a ser una historia desde abajo, transformando la narrativa global de nuestra pasado a partir de la spera mano de los trabajadores y las trabajadoras. Pero tambin fue ms all de ello, cuando se centr en la historia del despliegue del capitalismo, entendido no como un proceso de modernizacin, sino de conflictos y luchas de clases, en sus magnas obras Las revoluciones burguesas, La era del capitalismo y La era del Imperio. Finalmente, adems, cruz una frontera, la que llevaba del XIX al XX, que ninguno de sus iguales haba atravesado tan claramente y tan inmensamente como lo hizo l con su Historia del siglo XX. Contaba entonces ya con 77 aos, se haba jubilado en 1982 y desde entonces hasta hoy su obra fue tan prolija que slo cabe en ella misma. Y en esta etapa final de su vida tambin se encontraban los principios nunca abandonados, hechos de poltica e historia, de tiempo y vida, ya que como conclua en su historia del siglo que l vivi tan apasionadamente: "Las propias estructuras de las sociedades humanas, incluyendo algunos de los fundamentos sociales de la economa capitalista, estn en situacin de ser destruidas por la erosin de nuestra herencia del pasado. Nuestro mundo corre riesgo a la vez de explosin y de implosin, y debe cambiar (...) Sin embargo, una cosa est clara: si la humanidad ha de tener un futuro, no ser prolongando el pasado o el presente. Si intentamos construir el tercer milenio sobre estas bases, fracasaremos. Y el precio del fracaso, esto es, la alternativa a una sociedad transformada, es la oscuridad." Su mirada crtica al pasado, incluso a aquella parte del pasado que l consideraba como suyo, le llevaba as a defender, en su Una vida en el siglo XX, un principio sin el que no hay posibilidad ni de tiempo ni de vida. A pesar de todo "No abandonemos las armas, ni siquiera en los momentos ms difciles. La injusticia social debe seguir siendo denunciada y combatida. El mundo no mejorar por s solo."

Xavier Domnech es profesor de Historia de la UAB

Fuente:
http://www.publico.es/culturas/443257/tiempo-y-vida



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