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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-10-2012

Leningrado y la soledad de un internacionalista

Andre Vltchek
Znet

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


No se olvida a nadie y nada se olvida. Es lo que est grabado en oro en la piedra de granito, directamente detrs de la estatua de la Patria, que extiende sus brazos en seal de sufrimiento.

El Cementerio Memorial Piskariovskoye est en la ciudad de San Petersburgo, tiene186 fosas comunes en las que estn enterradas cerca de medio milln de personas, incluida la mayor parte de mi familia materna.

En la Segunda Guerra Mundial, durante 900 das (2 aos y medio), la ciudad de Leningrado se mantuvo firme, desafiando el asedio ms horrible de la historia moderna. Detuvo el avance de las tropas nazis, resisti continuos bombardeos areos, un fro glacial, hambre y la falta de todas las necesidades bsicas. Casi la mitad de la poblacin desapareci quemada por las bombas, congelada en trincheras y en apartamentos sin calefaccin o muerta de hambre.

Esta capital cultural de Rusia realiz el mximo sacrificio: se alz en desafo y valor y jug un papel importante en la derrota del nazismo, y por lo tanto salv al mundo.

Todo esto mientras la mayor parte de Occidente colaboraba con el nazismo o trataba de apaciguarlo.

Naturalmente la URSS en general y Leningrado en particular, no salvaron al mundo que perteneca a la raza blanca; salvaron al mundo de no humanos, segn los fascistas alemanes, de seres exterminables: gente del subcontinente indio, africanos, judos, gitanos, eslavos y la mayora de los asiticos y rabes.

Con la derrota del fascismo, el colonialismo tambin recibi un golpe decisivo (ya que el fascismo y el colonialismo estn hechos del mismo material), permitiendo a docenas de naciones de Asia y frica que lograran la independencia y la libertad. Por lo menos por cierto tiempo; por lo menos hasta que las naciones occidentales lograron reagruparse.

Es algo que, naturalmente, nunca perdonaron las capitales europeas y norteamericanas. La Unin Sovitica y todos sus ideales y principios se han vilipendiado y se han arrastrado por el barro. Aunque salv al mundo del nazismo, se hizo comn compararla con la Alemania fascista, y numerosos intelectuales occidentales progresistas adoptaron ese juicio torcido e insultante.

Sentado en un banco cerca de la Estatua de la Patria, estaba en compaa de Artem Kirpichenok, uno de los principales historiadores rusos; un judo que vivi en Israel durante 15 aos pero decidi volver a su nativa San Petersburgo despus de desilusionarse debido al racismo y la discriminacin institucionalizada de las minoras residentes en el Estado judo.

Es increble que la propaganda occidental haya logrado que la mayora de la gente del mundo crea que el nazismo y el comunismo sovitico sean comparables, dije. Incluso algunos intelectuales progresistas pronuncian ambos "ismos al mismo tiempo.

La Alemania nazi, as como Inglaterra, EE.UU. y Francia, se basaban en un modo de pensar racista y colonialista, principios ampliamente aceptados por la burguesa occidental en los aos treinta, dijo Artem Kirpichenok. Hitler estaba construyendo su imperio en Europa Oriental basndose en el diseo colonial britnico en India. Las teoras racistas nazis no diferan demasiado del racismo en el sur de EE.UU. o de las teoras raciales de los imperios francs, belga, britnico u holands implementadas en las colonias. El colapso del Tercer Reich afect fuertemente todos esos ideales de colonialismo y racismo. Y la Unin Sovitica fue el principal culpable de ese colapso. La base ideolgica de la dominacin europea sobre Asia, frica y Latinoamrica result daada.

Evidentemente fue algo imperdonable.

Durante el sitio, mi abuela maternal cav trincheras en las afueras de la ciudad. Combati a los alemanes y fue condecorada en varias ocasiones por su coraje. No tengo idea de cmo lo hizo, cmo logr combatir y sobrevivir, era tan amable, frgil y muy tmida, Muchos aos despus de la guerra, aos despus de mi nacimiento, mientras me lea poemas y cuentos de hadas, me resultaba muy difcil imaginarla sosteniendo una Kalashnikov, granadas de mano o incluso una pala. Pero lo hizo; combati, y estaba dispuesta a morir por lo que, entonces pensaba, era la batalla pica por la supervivencia de la humanidad. Y estuvo muy cerca de morir en diversas ocasiones.

Era una seora cristiana ortodoxa, pero tambin firme partidaria del comunismo, una combinacin extraa. Se cas con mi abuelo, un brillante musulmn de la minora china en Kazajstn, Husain Ischakov, lingista y Comisario de Salud y ms tarde de Suministro de Alimentos (bsicamente un puesto ministerial en aquella poca).

Lo que sigui fue un fragmento que parece cortado directamente de la propaganda oficial occidental. Mi abuelo cay en desgracia ante Stalin, fue arrestado y ejecutado. En 1937 (el primer recuerdo que mi madre tena de su infancia) ese hombre alto y elegante estaba inclinado sobre la cuna, levantando a mi madre en sus brazos y apretndola contra su pecho, antes de que se lo llevaran los agentes del Estado hacia el olvido y la eternidad. Lloraba cuando le mir la cara; saba exactamente lo que le esperaba. Nunca volvi.

Mi abuela combati. Fue condecorada. Pero no obstante, cuando termin la guerra, fue arrestada y arrojada a la crcel por casarse con un enemigo del Estado. Pas aos en prisin mientras mi madre viva en el infierno, prcticamente como una hurfana. Cuando liberaron a mi abuela dijo a mi madre: Fue tan terrible que pensaba: dos aos ms aqu y me colgar. Pero nunca traicion a mi abuelo: todo lo que tena que hacer era firmar que lamentaba haberse casado con l. Nunca lo hizo. Obviamente, su lealtad le era ms importante que su propia vida.

Abandon esa crcel, como cristiana ortodoxa, y sigui siendo comunista!

Finalmente "limpiaron" el nombre de mi abuelo; volvi a ser un "hroe", pstumo. Escribieron libros sobre l y permitieron que mi madre estudiara arquitectura.

Lo que le pas a mi familia fue por cierto brutal y terrible. Y sera demencial afirmar que la URSS fue un paraso en la tierra.

Pero estamos hablando de los aos treinta y cuarenta. Y en ese contexto, la URSS fue definitivamente ms humana que Europa Occidental o EE.UU. Discutir ese hecho sera negar las estadsticas ms bsicas.

Comparemos, me dijo repetidamente uno de los escritores ms destacados del Sudeste Asitico, el novelista Pramoedya Ananta Toer, quien fue nominado innumerables veces para el Premio Nobel de Literatura, pero nunca lo recibi porque, a diferencia de Solzhenitsin, estuvo en los campos de concentracin equivocados, pro occidentales. Recordemos que todo ocurre en un contexto histrico.

La propaganda occidental logr poner en pie algunas mentiras tremendamente efectivas, verdades a medias y patraas totales, que no podan comprobarse o cuestionarse (lo que no significa que la mayora de la gente haya intentado hacerlo): el nmero de vctimas de los gulags fue exagerado y regularmente se sumaba con el nmero de criminales polticos y comunes (en la poca de Stalin se enviaba a todos los condenados por cualquier crimen a cumplir su condena a algn tipo de campo de trabajo en condiciones terribles, ya que el pas segua siendo pobre. Muchos prisioneros nunca volvieron).

Algunos miembros de las elites intelectual y militar soviticas (incluido mi abuelo) fueron ejecutados. Pero se debi solo al terror estalinista? Muchos analistas (rusos, chinos y otros) afirman ahora que el aparato de espionaje nazi infiltr exhaustivamente los servicios de inteligencia soviticos. Alemania quera librarse de los dirigentes y generales soviticos ms talentosos, leales y tolerantes. Los identificaron y comenzaron a inyectar y propagar la informacin ms daina, pero amaada, sobre su deslealtad. Mi abuelo, por ejemplo, fue ejecutado por la acusacin de espiar para Japn, una acusacin ridcula pero en algo lgica ya que era lingista y hablaba varios idiomas asiticos.

Y adems, Stalin y los que lo rodeaban tenan muchos motivos para ser paranoicos: la hostilidad de Occidente hacia el joven Estado comunista era obvia. La URSS fue atacada por EE.UU., el Reino Unido y devastada por brutales Legiones Checas y otras fuerzas invasoras.

Cualquiera con un pice de objetividad tendra que admitir (a menos que esa persona quiera negar el principio bsico del humanismo que declara que todos somos iguales sin importar la raza o la nacionalidad, que la Unin Sovitica comunista cometi muchos menos crmenes que los pases occidentales bajo la bandera de monarquas constitucionales o democracias multipartidistas.

Mientras los soviticos estaban ocupados sacando a decenas de millones de personas de la pobreza (y hablamos, por ejemplo, de los musulmanes de Medio Oriente, las reas donde el nivel de vida finalmente alcanz el de partes europeas de Rusia, as como las dems incontables minoras que habitan ese enorme pas), aproximadamente en la misma poca que los belgas se las arreglaron para matar a unos 10 millones de personas en el Congo, cortando manos y quemando vivos en sus chozas a mujeres y nios.

Los alemanes cometieron un monstruoso genocidio (o llamadlo Holocausto) contra la tribu Herero en Namibia, sin otra razn evidente que porque no les gustaban sus miembros. Los primeros campos de concentracin del mundo fueron construidos por el Imperio Britnico en frica, y los ataques coloniales franceses en el Sudeste Asitico, en frica Occidental y del Norte y en otros sitios estn bien documentados. Los holandeses saquearon, violaron, mataron y se enriquecieron en un gran archipilago que ahora se llama Indonesia.

Los genocidios, los asesinatos masivos y el terror que fueron realizados por Occidente en el resto del mundo, han sido innumerables; evidentemente se inform poco al respecto, ya que la ayuda exterior para la educacin y los medios, logr entrenar y disciplinar colaboradores en el mundo pobre para garantizar que la verdad sobre el pasado generalmente se omitiera.

Incluso el final de la Segunda Guerra Mundial no condujo al final del trato bestial infligido a los nativos por los colonialistas europeos y norteamericanos. Hay que recordar el trato dado a la gente de Medio Oriente por Winston Churchill y otros glorificados dirigentes britnicos. Todo eso, por cierto, est bien documentado, incluso en los libros escritos por el propio Churchill, pero apenas mencionados por los disciplinados y fiables medios dominantes y crculos acadmicos en las naciones colonizadoras y colonizadas.

Hay incontables estatuas de Winston Churchill y del rey belga Leopoldo II en todas las capitales de Europa.

En la segunda mitad del Siglo XX, durante la denominada Guerra Fra, la Unin Sovitica estuvo firmemente del lado de los oprimidos, del lado de las luchas por la liberacin, por la libertad en frica, Asia y Latinoamrica. Hay que preguntarse cun poderosa ha sido la propaganda para que haya logrado que todo esto se olvide.

Mientras Europa y EE.UU. (y sus monarquas constitucionales y democracias multipartidistas) promovan dspotas en Irn, Egipto, el Golfo, Medio Oriente, Vietnam del Sur, Camboya, Corea del Sur, Chile, Argentina, Guatemala, Nicaragua, Uruguay, la Repblica Dominicana, Hait, Brasil, Kenia, Sudfrica, Indonesia y tantos otros desafortunados lugares, la Unin Sovitica apoy las revoluciones en Cuba, Nicaragua, Tanzania y Vietnam del Norte, apoy a sus lderes, verdaderos hroes y liberadores como Patrice Lumumba y el presidente Salvador Allende.

Y nosotros dos Noam Chomsky y yo llegamos a la conclusin durante nuestro reciente debate en el MIT, de que se permiti que los estndares de vida en Riga, Praga o Berln Oriental fueran significativamente superiores a los de Mosc, mientras los de Tashkent o Samarcanda eran solo marginalmente ms bajos. El nivel de vida en las colonias y los Estados clientes de Occidente eran diez, veinte, incluso cien veces inferiores a los de Washington, Pars o Londres, resultando a menudo en la prdida de millones de vidas humanas.

Calcul que unos 55 millones de vidas se han perdido desde la Segunda Guerra Mundial como resultado del colonialismo, neocolonialismo, invasiones directas, golpes de Estado patrocinados y otros actos de terror internacional. Probablemente estoy subestimando sobremanera las cifras, ya que hubo vidas perdidas por hambrunas, desgobiernos terribles y la miseria total provocada por el imperialismo occidental.

Decenas de millones de vidas se perdieron tambin como resultado de las terribles semillas sembradas por el imperialismo y el colonialismo; el caso ms obvio fue la particin del subcontinente indio.

Sugerira que en lugar de comparar el fascismo y el comunismo sovitico, la izquierda y todo el mundo pensante deberan comenzar a comparar lo que es verdaderamente comparable: el fascismo, el colonialismo occidental y el fundamentalismo de mercado (la fe fundamentalista ms violenta en el mundo actual), servidos y representados por los sistemas multipartidistas occidentales y las monarquas constitucionales.

Cuando me entrevisto con alguien nuevo, lo que sucede con gran frecuencia, no enfrento nada ms aterrador que la pregunta ms simple y natural: De dnde proviene usted?

No s qu decir, no puedo responder e incluso si pudiera, la respuesta sera demasiado confusa, demasiado compleja y demasiado filosfica. Y adems, a menos que optara por una respuesta larga y detallada, la informacin sera muy inexacta.

Soy un internacionalista dedicado, pero no es algo que acepten como identidad la mayora de las personas con las que me entrevisto.

Mis entrevistadores y crticos a menudo escogen Praga, la antigua Checoslovaquia o la actual Repblica Checa como mi identidad, pero es absolutamente falso. Praga nunca fue mi hogar. Checoslovaquia fue donde viv una infancia infernal, donde durante el invierno llenaban mis zapatos de orina y luego los otros nios dejaban que se congelaran delante de la escuela o gimnasio, uno de los innumerables castigos por tener una madre asitica. Es donde tuve que luchar despus de cada clase, desde los6 aos, por mi vida, simplemente porque mi madre no era solo medio asitica, sino porque tambin era medio rusa.

En realidad mi verdadera identidad estdiseminada por doquier: yace en lo profundo y en lo alto de los Andes peruanos y bolivianos donde enfrent la muerte en varias ocasiones mientras cubra la Guerra Sucia peruana. Est en Chile, rebotando en los muros de las estrechas, serpenteantes y a menudo hechizadas calles de la ciudad portuaria de Valparaso, yace con los poetas chilenos y las canciones de los pescadores de su costa. Mi identidad se extiende por esa enorme masa de agua del Ocano del Pacfico Sur salpicado de pequesimos pedacitos de tierra, ahora Estados isleos que fueron colonizados y terriblemente destruidos por las potencias coloniales tradicionales.

Mi identidad proviene de la costa swahili de frica y de alrededor de los Grandes Lagos del continente,todos estos sitios que sufrieron el peor genocidio de la historia moderna, el genocidio provocado por los intereses polticos y econmicos europeos y norteamericanos. Mi identidad tambin yace en los desiertos de Medio Oriente, y si conociera el subcontinente con un poco ms de detalle, tambin sera de all. Estoy en mi casa en La Habana, Caracas, Buenos Aires, Onomichi, Pekn, Ciudad del Cabo y Kuala Lumpur. Y tambin vivo en Japn, Indonesia y Kenia.

Es un lo total, lo s, es muy complicado y no puedo explicarlo, pero as es.

Durante aos, incluso dcadas, mi hogar estuvo donde haba una lucha por la justicia y la independencia; he escrito libros y artculos, he hecho pelculas y he participado directamente en la lucha. Ya me cuesta identificar mi raza, cultura o identidad nacional, y ni siquiera trato de hacerlo. Voy donde se me necesita. Y finalmente, tambin como escribi Garca Mrquez: mi casa est donde leen mis libros.

Nac en Rusia, en Leningrado (lo siento, pero simplemente no puedo llamarla San Petersburgo, como la llaman ahora, para m ser siempre Leningrado). Nunca he vivido all, porque mis padres me llevaron a Checoslovaquia cuando solo tena unos meses. Pero todos los aos mi madre me pona en un avin, uno de esos viejos jets soviticos Tupolev con mesas de caoba, pantallas y caviar negro servido en todos los vuelos internacionales, con solo una clase, y me enviaba a Leningrado donde me esperaba mi abuela, armada de un juego de llaves para alguna humilde habitacin en la Baha de Finlandia, una habitacin que, para m, era como un paraso. Mi abuela siempre iba armada de interminables entradas y pases para peras, espectculos de ballet y exposiciones de arte. En los das del comunismo no costaban nada, pero no era fcil conseguirlos.

Y tena montones de libros esperndome. Dejaba que ella me los leyera aunque yo era capaz de leer. Me lea hasta bien entrada la noche y cuando llova afuera, esos momentos eran especialmente mgicos.

Desde el momento en que abandonaba Leningrado comenzaba a contar los das que quedaban hasta mi retorno. Tena mi libro secreto especial para marcar cada da que pasaba. La profunda y fra agua del ro Neva, sus puentes, sus espacios abiertos, la belleza de la excapital rusa, cubierta tan a menudo por la niebla, el pathos de la historia rusa y luego sovitica, el pathos de la historia de mi propia familia, todo eso cautivaba mi mente, me haca soar, me conmvirti en un adulto prematuro.

En Checoslovaquia, mi madre echaba terriblemente de menos a Rusia. Lloraba casi cada noche. Tambin me lea libros y mucha poesa.

De esta manera, no tuve una infancia natural, pero lograron convertirme en un escritor y desde temprana edad. Hered su lucha, sus 900 das de asedio, su guerra, su Rusia.

Ambas mujeres me transmitieron todo, pero no fue solo el sufrimiento, las prisiones y las guerras, sino mucha esperanza, la capacidad de soar, entusiasmo, optimismo, as como mucha solidaridad. Me ensearon que siempre se puede construir de la nada o reconstruir de las cenizas. Y que el amor, si es verdadero amor, no es algo que pueda desaparecer, ni se desvanece en un mes o incluso en varios aos.

Tambin me transmitieron el amor por su ciudad; su amor perdido pero nunca olvidado.

Ahora, despus de todos esos aos volv a Leningrado. Para entonces era mucho ms latinoamericano o asitico que ruso. Mi lengua materna se senta repentinamente tan pesada y mohosa: era perfecta en trminos de pronunciacin, pero arcaica y demasiado corts.

Volv agotado, despus de lanzar mi gran libro en Londres, el libro sobre Indonesia y cmo la arruin Occidente tras el golpe patrocinado por EE.UU. en 1965. Volv despus de terminar mi documental de 160 minutos sobre el genocidio en la Repblica Democrtica del Congo y despus de trabajar en la frontera de Uganda y luego en la de Turqua con Siria.

De repente me sent solitario y ansiaba desesperadamente contar mi historia a alguien que me fuera cercano. Pero sucedi que no encontr a nadie en Leningrado.

Vagu por las calles, tan queridas y al mismo tiempo tan ajenas.

Fui a la vieja playa en Zelenogorsk, pero haba cambiado: la drsena estaba llena de embarcaciones privadas y yates en lugar de mis viejos remolcadores y naves patrulleras.

Fui a visitar el bosque donde arrojaron el cadver de mi abuelo desde el tren. Ahora era el cementerio memorial, de hecho un bosque encantado con nombres y fotografas clavados en los rboles. No quise viajar al lugar desde la ciudad en la que nac, desde Leningrado. Quise llegar desde Helsinki, un lugar neutral, pero no fue posible.

El bosque estaba silencioso. Haba unos pocos deudos, pero fuera de eso un silencio total. Mi abuelo, comunista, chino, estaba all. Mi abuelo, un lingista, ministro de Salud de Kazajstn, un hombre que ofrend toda su vida a la revolucin, pero cay en desgracia y fue asesinado, tirado en este bosque tranquilo, sin ningn respeto ni ritual.

Era fcil sacar conclusiones, condenarlo todo. Pero haba odo lo suficiente sobre su persona para saber que no traicionara sus creencias, tal como mi abuela nunca lo hizo.

Antes de su muerte, pregunt a mi abuela: Nunca te volviste a casar. Seguiste siendo hermosa durante dcadas despus de la muerte de mi abuelo. Por qu?

Sonri con su modesta sonrisa: Tu abuelo, dijo, Fue un gran hombre. Es muy raro encontrar un hombre semejante. Otros no le llegaban ni al hombro. Y no hablaba de la altura de mi abuelo.

Era comunista, y lo que eso significaba para l, era simplemente el proceso de construir un mundo mucho mejor que el que conoca desde su infancia.

En el bosque me sent en el pasto. Haca fro. Despus de todas las guerras que haba cubierto, despus de los 145 pases que haba visitado, las docenas de libros y pelculas que haba producido, despus de toda esa lucha, sent repentinamente la necesidad de aferrarme a algo, solo por ese momento; tena que hablar, que me abrazasen, contar la historia desde el principio hasta el fin. Nunca fui adepto a las autobiografas, pero ahora necesitaba que me comprendieran. Pero finalmente llegu solo, con mi Leica y un pequeo libro de poesa escrito por Antonio Guerrero Rodrguez, uno de los 5 cubanos patriotas brutalmente encarcelados en Miami.

Toda mi familia materna haba sido despedazada y dispersada. Pero ramos todos combatientes. Como mi abuela y mi abuelo tena que seguir adelante: tena que luchar y combatir por lo que creo. Como ellos saba cun corta es la vida, qu poco tiempo tenemos, cun precioso es y cun poderoso es el enemigo.

Despus viaj en el legendario metro de Leningrado, con todos esos palacios subterrneos y los desvencijados vagones de la era sovitica.

Segu leyendo a Antonio Guerrero Rodrguez, la edicin bilinge en espaol y ruso que me regal en Kiev el traductor de mis escritos.

El amor que expira no es amor

El verdadero amor pertenece

A todo el tiempo, a la tierra toda,

Sin temor enfrenta tempestades,

Resiste hasta el filo de la muerte

Y, como la natura, es eterno.

Sent que una joven lea por encima de mi hombro. Despus de un momento, me pregunt en un espaol aceptable: Es verdad lo que dice? Respond, tambin en espaol: S, estn en la prisin, todos ellos. Es terrible.

No es lo que quiero decir, me dijo con cierto apremio. Es verdad lo que dice? Qu el amor es eterno o no es amor?

Me sorprend, ya que algo semejante no habra ocurrido ni siquiera en Buenos Aires, esa conversacin solo poda tener lugar en La Habana y aqu. Entonces me di cuenta de que despus de todo era mi ciudad, la ciudad donde los poetas son ledos por millones de personas, la ciudad que me convirti en escritor. Mir a la muchacha, la mir directamente a los ojos y respond en ruso: Mis abuelos pensaban lo mismo. No s si es as, pero siempre he vivido como si lo fuera.

La joven asinti. No dijo nada, pero al descender del vagn en la estacin siguiente, me dio la sonrisa ms brillante que he recibido en aos. Obviamente la ciudad tena su manera de darme fuerzas.

Afuera, en la orilla del ro Neva, puse apoy la frente un momento en el muro de granito que separa la acera de la inmensa va fluvial. La piedra estaba fra, refrescante.

Leningrado no trat de retenerme. Es demasiado orgullosa, demasiado enorme. Pero sent que me estaba abrazando antes de dejar que volviera a la guerra, a la batalla. Tena que continuar el legado de los que lucharon por la supervivencia de la humanidad en los aos cuarenta. Conocatodos esos lugares que estaban sitiados; conoca muchos sitios en esta tierrapeores que cualquier infierno descrito por las teoras religiosas. Realmente conoca muchos. Estaba obligado a luchar y trabajar, da y noche.

Como saben Rodrguez y otros uno tiene que luchar cuando se masacran hombres, mujeres y nios, cuandose destruyen naciones y culturas enteras. Cuando llaman justicia a la injusticia y en su nombre reina la crueldad.

Con las profundas aguas del Neva frente a m, murmur como lo hice de nio dirigindome a la ciudad: Ahora me voy, pero volver. Por favor esprame.

Andre Vltchek (http://andrevltchek.weebly.com/) es un novelista, cineasta y periodista de investigacin. Ha cubierto guerras y conflictos en docenas de pases. Su libro sobre el imperialismo occidental en el Sur del Pacfico es llamado Oceania y est en venta en http://www.amazon.com/Oceania-Andr-Vltchek/dp/1409298035 . Su provocador libro sobre Indonesia post Suharto y su modelo fundamentalista de mercado, se titula Indonesia The Archipelago of Fear , http://www.plutobooks.com/display.asp?K=9780745331997 . Recientemente produjo y dirigi el documental de 160 minutosRwandan Gambit sobre el rgimen pro occidental de Paul Kagame y su saqueo de la Repblica Democrtica del Congo, y One Flew Over Dadaab sobre el mayor campo de refugiados del mundo. Despus de vivir muchos aos en Latinoamrica y Oceana, Vltchek vive y trabaja actualmente en el Este de Asia y frica.

Fuente: http://www.zcommunications.org/leningrad-and-the-solitude-of-an-internationalist-by-andre-vltchek

rCR



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