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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-10-2012

Elecciones venezolanas: Una autntica eleccin

James Petras
Rebelin

Traducido para Rebelin por Paco Muoz de Bustillo


Introduccin

El domingo 7 de octubre, los votantes venezolanos decidirn si siguen apoyando al presidente actual, Hugo Chvez, o se decantan por el candidato de la oposicin, Henrique Capriles Radonski. Ser una eleccin entre dos programas y dos sistemas sociales situados en las antpodas: Chvez reclama un aumento de la titularidad pblica de los medios de produccin y de consumo, un incremento del gasto social en programas asistenciales, una mayor participacin popular en las instituciones locales, una poltica exterior independiente basada en una mayor integracin latinoamericana, un aumento de la fiscalidad progresiva, la defensa de la sanidad pblica y programas educativos gratuitos y la propiedad pblica de la produccin petrolera. En el otro extremo, Capriles representa a los partidos y a la lite que apoyan la privatizacin de las empresas pblicas, se oponen a la sanidad y a los programas educativos y de prestaciones sociales puestos en marcha por el actual gobierno y defienden las polticas neoliberales favorables a ampliar el papel del capital privado, extranjero y local, y su control de la economa. Aunque Capriles afirma ser partidario de lo que l denomina "el modelo brasileo" de "mercados libres y bienestar social", sus seguidores polticos y sociales son y han sido fuertes defensores de los tratados de libre comercio con EE.UU., la restriccin del gasto social y una fiscalidad regresiva. A diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos, los electores venezolanos tienen en sus manos la posibilidad de realizar una autntica eleccin y no solo de tomar una decisin cosmtica: los dos candidatos representan clases sociales bien diferenciadas, poseen visiones sociopolticas divergentes y cuentan con distintos aliados internacionales. Chvez est con Amrica Latina, se opone al imperialismo norteamericano all donde se manifieste y es un defensor incondicional de la autodeterminacin y de la integracin latinoamericana. Capriles Radonski est a favor de los tratados de libre comercio con EE.UU., se opone a la integracin regional, apoya las intervenciones norteamericanas en Oriente Medio y es un defensor acrrimo de Israel. Durante la campaa electoral, como era previsible, todos los medios de comunicacin norteamericanos han estado saturados de propaganda contraria a Chvez y favorable a Capriles, llegando incluso a predecir una "victoria" del protegido de Washington, o al menos un resultado apretado.

Las predicciones propagandsticas de los medios y de los expertos se basan exclusivamente en fragmentos selectivos de encuestas de dudosa fiabilidad y en comentarios vertidos durante la campaa. Pero lo peor de todo es la ausencia absoluta de cualquier tipo de debate serio sobre el legado histrico y los rasgos estructurales que forman el contexto esencial de esta eleccin trascendental.


Legado histrico

Cuando se produjo la primera victoria electoral de Chvez en 1998, la economa y la sociedad venezolanas llevaban casi un cuarto de siglo cayendo en picado, con corrupcin generalizada, inflacin galopante, disminucin de la riqueza y aumento de la deuda, delincuencia, pobreza y desempleo.

Las protestas masivas que se desarrollaron a finales de los ochenta y comienzos de los noventa culminaron en la masacre de miles de habitantes de los suburbios, un fallido golpe de Estado y una desilusin general con el sistema poltico bipartidista. Se privatiz la industria petrolera; la riqueza del petrleo hizo medrar a una lite empresarial que iba de compras a la "Quinta Avenida", inverta en apartamentos en Miami, acuda a clnicas privadas para estiramientos faciales e implantes mamarios y enviaba a sus hijos a escuelas exclusivas para asegurar la transmisin intergeneracional del poder y el privilegio. El pas era un baluarte del proyecto norteamericano para el Caribe, Amrica Central y del Sur. Venezuela estaba polarizada socialmente pero el poder poltico era monopolio de dos o tres partidos que competan por el apoyo de las diversas facciones de la lite gobernante y de la embajada norteamericana.

El saqueo econmico, la regresin social, el autoritarismo poltico y la corrupcin propiciaron la victoria electoral de Hugo Chvez en 1998 y con ella todo un cambio gradual en las poltica pblicas, favorable a la transparencia poltica y las reformas institucionales, que marc un giro hacia una mayor equidad social.

El fallido golpe de Estado militar-empresarial de abril de 2002, apoyado por Estados Unidos, y el fracaso del cierre patronal de los directivos petroleros de diciembre 2002 a febrero 2003 (el "paro petrolero") marcaron un hito en la historia poltica y social de Venezuela. El asalto violento moviliz y radicaliz a millones de trabajadores y habitantes de los suburbios que se echaron a la calle a defender la democracia y que presionaron a Chvez para que "girara hacia la izquierda". La derrota del golpe de Estado y del cierre patronal capitalista (apoyado por EE.UU.) fue la primera de una serie de victorias populares que abrieron la puerta a amplios programas sociales en el mbito de la salud, la vivienda y las necesidades educativas y alimentarias de millones de venezolanos. Como consecuencia de su participacin en el golpe de Estado, la clase dirigente venezolana y norteamericana sufri prdidas significativas de personal estratgico en el ejrcito, la burocracia de los sindicatos y la industria del petrleo.

Capriles fue uno de los lderes del golpe, a la cabeza de una banda de matones que asalt la embajada cubana, y un colaborador activo del paro petrolero que paraliz temporalmente toda la economa nacional.

Tras el golpe y el paro petrolero se celebr un referndum, financiado por Estados Unidos, que pretenda la revocatoria de Chvez y tuvo un estrepitoso fracaso. Las derrotas de la derecha reforzaron las tendencias socialistas del gobierno, debilitaron la oposicin de las lites y enviaron a los Estados Unidos de misin a Colombia, gobernada por el presidente narcoterrorista Uribe, en busca de un aliado militar para desestabilizar y derrocar al rgimen desde el exterior. Aument la tensin en la frontera, las bases norteamericanas se multiplicaron hasta siete y los escuadrones de la muerte colombianos cruzaron la frontera. Pero la regin al completo cerr filas contra una invasin norteamericana, bien por principios, o bien por miedo a que los conflictos armados pudieran salpicar por encima de las fronteras.

Este legado histrico de los gobiernos autoritarios y los triunfos de Chvez est profundamente grabado en las mentes y las conciencias de todos los venezolanos que se preparan para votar en las elecciones de este domingo. El historial de hostilidad profunda de las lites ante cualquier resultado democrtico que favorezca a la mayora popular y la defensa por parte de las masas de su "presidente socialista" se ven reflejados en la profunda polarizacin poltica del electorado y la mutua antipata u "odio de clase" que se filtra en la cobertura de la campaa electoral. Para las masas, se trata de elegir entre los abusos del pasado y los avances actuales, la movilidad social ascendente y las mejoras materiales en el nivel de vida; en las clases alta y media adinerada reina un gran resentimiento por la prdida relativa de poder, privilegios, prestigio y preferencias personales. Las prdidas relativas sufridas por las lites derechistas han alimentado un resentimiento que conlleva peligrosas connotaciones para la democracia en el caso de que perdieran las elecciones y de polticas revanchistas en el caso de que las ganaran.


Configuracin institucional

Que la lite derechista no controle el gobierno no quiere decir que carezca de una fuerte base institucional de poder. El 80 por ciento del sector bancario y financiero est en manos privadas, al igual que la mayor parte de la manufactura de servicios y una proporcin importante del comercio al por menor y al por mayor. La oposicin cuenta asimismo con ciertas simpatas dentro de la burocracia pblica, la Guardia Nacional y el ejrcito, y todos estos funcionarios apoyan de forma activa o pasiva a los grupos polticos derechistas. El ncleo social de la derecha se encuentra en las asociaciones empresariales, financieras y de terratenientes, y la derecha controla aproximadamente una tercera parte de los alcaldes y gobernadores y ms del cuarenta por ciento de los diputados nacionales. Las principales multinacionales europeas y norteamericanas del petrleo tienen una cuota minoritaria importante en el sector.

Asimismo, la derecha mantiene el monopolio de los medios impresos y cuenta con una audiencia mayoritaria en radio y televisin, a pesar de los avances gubernamentales. El gobierno, por su parte, ha ganado influencia gracias a la nacionalizacin de bancos (un 20 por ciento del sector), su cuota de la industria minera y metalrgica, unas cuantas plantas procesadoras de alimentos y una base de apoyo sustancial en el sector agrcola, que le proporcionan los beneficiarios de la reforma agraria.

El gobierno ha ganado la confianza de los empleados del sector pblico y los trabajadores de la industria petrolera, de los servicios sociales y del sector de la vivienda y de la asistencia. Parece que goza de un fuerte apoyo en un ejrcito y una polica constitucionalistas. Asimismo, ha creado medios de comunicacin de masas y ha promovido toda una red de emisoras de radio comunitarias.

La mayor parte de los sindicatos y asociaciones de campesinos respaldan al gobierno. Pero su verdadera fuerza se encuentra en las organizaciones comunitarias cuasi-institucionales enraizadas en los extensos asentamientos urbanos y encuadradas en las diferentes "misiones sociales".

Desde el punto de vista del poder monetario, el gobierno cuenta con las sustanciosas ganancias del petrleo para financiar programas de impacto social a corto y medio plazo, contrarrestando eficazmente las influencias del sector privado y de los grupos "de base" que actan de forma abierta o encubierta financiados por fundaciones norteamericanas, ONG y "agencias de ayuda". En resumen, a pesar de las enormes derrotas polticas del pasado y de dcadas de mal gobierno y corrupcin, la derecha retiene una base institucional poderosa para disputar los grandes avances socioeconmicos del gobierno de Chvez y organizar una agresiva campaa electoral.

Las dinmicas sociales y la campaa presidencial

La clave para el triunfo en la reeleccin de Chvez es mantener la atencin en los temas socioeconmicos: los programas de sanidad y educacin universal, el enorme plan de viviendas pblicas puesto en marcha, los supermercados subvencionados por el Estado, la mejora del transporte pblico en las reas ms densamente pobladas. Cuanto mayor sea la polarizacin social nacional entre la lite empresarial y las masas, menos probable es que la derecha pueda aprovechar la desafeccin popular hacia las autoridades locales corruptas e ineficientes. Cuanto mayor sea el nivel de solidaridad social entre los trabajadores asalariados y los informales, menos probable ser que la derecha pueda apelar a las aspiraciones de estatus de los trabajadores y empleados que han visto mejorada su situacin y han accedido a estilos de vida de clase media, curiosamente durante el periodo de prosperidad inducido por Chvez.

La campaa de Chvez se basa en la promesa de continuidad de la prosperidad social, el mantenimiento de la movilidad social ascendente y de las oportunidades, un llamamiento a mejorar la sensibilidad frente a la igualdad social y la justicia... y cuenta con un slido 40 por ciento del electorado listo para ir a las barricadas por su Presidente. Capriles atrae a diversos grupos contradictorios: un slido ncleo del 20 por ciento del electorado, compuesto por las lites bancaria, empresarial y, especialmente, la agraria, junto con sus respectivos empleados, directivos y profesionales, que anhelan un retorno al pasado neoliberal, a una poca en que la polica, el ejrcito y las agencias de inteligencia mantenan a los pobres confinados en sus barrios de chabolas y el tesoro del petrleo flua hasta sus cofres. El segundo de los grupos que se ven atrados por Capriles es el de los profesionales y los pequeos empresarios temerosos de la expansin del sector pblico y de la "ideologa socialista" que, sin embargo, deben su prosperidad a los crditos baratos, el aumento de la clientela y el gasto pblico. Los hijos e hijas de este sector prspero son los "activistas" que ven en la cada del gobierno de Chvez una oportunidad de retomar el poder y el prestigio que pretenden haber tenido antes de la "revuelta de masas". La abierta adhesin de Capriles al neoliberalismo y al golpe militar de 2002 y sus fuertes lazos con la lite empresarial, Washington y sus homlogos derechistas de Colombia y Argentina hacen confiar a la clase media en que su promesa de mantener las misiones sociales de Chvez es pura demagogia por motivos tcticos electorales.

El tercer grupo, con el que Capriles no cuenta pero que le resulta vital para conseguir un resultado respetable, es de la clase media baja y los pobres urbanos de las pequeas ciudades de provincias. Ante ellos, Capriles se presenta como un seguidor "progresista" de las misiones sociales de Chvez, para poder atacar la ineficiencia y las irregularidades de los funcionarios y administradores locales y la inseguridad pblica. La hiperactividad de Capriles, su demagogia populista y sus intentos de explotar el descontento local le aseguran algunos votos de las clases bajas, pero sus relaciones con la clase alta y su largo historial de agresivo apoyo al autoritarismo de derechas ha impedido que las masas se pusieran de su lado.

Por su parte, Chvez esta haciendo hincapi en sus enormes logros sociales, una dcada espectacular de crecimiento elevado, disminucin de las desigualdades (el ndice ms bajo de Amrica Latina) e ndices muy elevados de satisfaccin popular con el gobierno. Los fondos para los programas sociales de Chvez han sabido aprovechar un ao de recuperacin econmica tras la recesin mundial (5 % de crecimiento previsto para 2012), precios del petrleo de tres dgitos y un entorno poltico regional favorable, por lo general, que incluye una tremenda mejora en las relaciones bilaterales con Colombia.


Correlacin de fuerzas a escala internacional, regional, nacional y local

El gobierno de Chvez se ha visto enormemente beneficiado por unos precios mundiales muy favorables para su principal producto de exportacin: el petrleo. Adems, el Estado ha aumentado sus ingresos mediante oportunas expropiaciones y subida de los royalties y de los impuestos, as como de nuevos acuerdos de inversin con capital extranjero alternativo a pesar de la oposicin de algunas corporaciones multinacionales norteamericanas.

Washington, involucrado hasta los huesos en los conflictos que mantiene en los pases musulmanes ricos en petrleo, no se encuentra en posicin de organizar ningn boicot contra Venezuela, uno de sus principales y ms fiables proveedores. Su ltima iniciativa importante para propiciar un "cambio de rgimen" fue el paro petrolero organizado por los directivos de PDVSA, la compaa venezolana de petrleos, en 2002-2003, que fracas estrepitosamente y provoc el despido de casi todos los "asesores" norteamericanos y la radicalizacin de una poltica nacionalista con el petrleo.

Las iniciativas del gobierno norteamericano para aislar internacionalmente al rgimen de Chvez no han rendido frutos; Rusia y China han aumentado su comercio y sus inversiones, al igual que otra docena de pases europeos, de Oriente Medio y Asia. La recesin que sufre la Unin Europea y la desaceleracin de la economa norteamericana y mundial no son un buen caldo de cultivo para los sentimientos favorables a cualquier tipo de restriccin de los lazos econmicos con Venezuela.

Especial importancia ha tenido la llegada al poder de regmenes de centro-izquierda en Sudamrica, el Caribe y Amrica Central, favorables al aumento de los lazos econmicos y diplomticos con Venezuela y a una mayor integracin regional. Por el contrario, el respaldo de la administracin Obama a los golpes de Estado de Honduras y Paraguay, as como las polticas neoliberales y los tratados de libre comercio promovidos por Washington han perdido el apoyo en la regin. En resumen: la correlacin de fuerzas internacional y regional ha sido muy favorable al gobierno de Chvez y la influencia dominante de Washington ha declinado.

Colombia, uno de los ltimos baluartes de las iniciativas norteamericanas para derrocar a Chvez, ha dado un giro repentino a su poltica hacia Venezuela. Tras el cambio de rgimen, del presidente Uribe al presidente Santos, Colombia ha firmado acuerdos de comercio y de inversiones con Venezuela por valor de miles de millones de dlares, as como alianzas diplomticas y militares, alcanzando una especie de "coexistencia pacfica". A pesar del reciente tratado de libre comercio firmado con EE.UU. y del mantenimiento de las bases norteamericanas en el pas, Colombia ha rechazado (al menos en la presente coyuntura) participar conjuntamente en cualquier intervencin militar o poltica auspiciada por Estados Unidos o en cualquier campaa de desestabilizacin.

La influencia poltica norteamericana en Venezuela se basa fundamentalmente en la canalizacin de recursos financieros y el asesoramiento de sus clientes electorales. A causa de la disminucin de aliados regionales externos y la prdida de influencia en el ejrcito venezolano y las fuerzas paramilitares colombianas, Washington se ha centrado ahora en sus clientes electorales. Mediante importantes transferencias financieras, ha conseguido imponer un candidato nico entre grupos opositores bien dispares, fabricando una ideologa de "centrismo" moderado para camuflar las tendencias neoliberales de extrema derecha de Capriles, al tiempo que contrataba a cientos de agitadores y organizadores "comunitarios" para explotar la sustancial brecha que separa las promesas programticas de Chvez de la aplicacin incompetente e ineficiente de dichas polticas que realizan los funcionarios locales.

La debilidad estratgica del gobierno de Chvez se encuentra en el mbito de lo local, en la incapacidad de los administradores de mantener el suministro de electricidad y de agua corriente. En el mbito internacional, regional y nacional, la correlacin de fuerzas favorece a Chvez. Washington y Capriles intentan compensar la fuerza regional de Chvez atacando sus programas regionales de asistencia, afirmando que est desviando recursos al extranjero en lugar de atender los problemas de casa. Pero Chvez ha asignado enormes recursos a infraestructuras y gasto social; el problema no es el envo de fondos al exterior, sino la mala administracin de los funcionarios chavistas locales, muchos de ellos acostumbrados al clientelismo de personalidades y partidos del pasado. En cuanto al aumento de la delincuencia y la escasa imposicin de la ley, le costaran a Chvez algo ms que unos cuantos votos si no fuera porque los mismos ndices de criminalidad estn presentes en el estado de Miranda, donde Capriles ha gobernado los ltimos cuatro aos.


El resultado electoral

A pesar de las enormes mejoras que ha aportado el gobierno de Chvez a las clases bajas y el slido apoyo con que cuenta entre los pobres, la emergente clase media producto de la era Chvez tiene expectativas de un mayor consumo y una menor delincuencia e inseguridad; intentan distanciarse de los pobres y aproximarse a los ms acomodados: sus ojos miran hacia arriba y no hacia abajo. El entusiasmo, tras doce aos en el poder, se ha debilitado pero el temor de las masas a una reversin neoliberal pone lmites al electorado potencial que Capriles pueda atraer. A pesar de la delincuencia y de la ineficacia y corrupcin de los funcionarios, la era Chvez ha sido un periodo extremadamente favorable para la clase baja y los sectores empresarial, comercial y financiero. Y este ao, 2012, no es ninguna excepcin. Segn datos de la ONU, el ndice de crecimiento de Venezuela (5 %) es superior al de Argentina (2 %), Brasil (1,5 %) y Mxico (4 %). El consumo privado ha sido el principal promotor del crecimiento gracias al incremento de los mercados de trabajo, del crdito y de la inversin pblica. La inmensa mayora de los venezolanos, incluyendo a algunos sectores empresariales, no votarn contra un gobierno en ejercicio que ha generado una de las recuperaciones econmicas ms rpidas del hemisferio. El pasado derechista radical de Capriles y su actual proyecto encubierto podra generar conflictos de clase, inestabilidad poltica, deterioro econmico y un clima desfavorable para los inversores internacionales.

Probablemente Washington no favorecera un golpe de Estado o una campaa de desestabilizacin tras las elecciones si Capriles pierde por un margen significativo. La popularidad de Chvez, las leyes sobre prestaciones sociales, las ganancias materiales y el crecimiento dinmico de este ao le aseguran una victoria por un margen de 10 puntos. Chvez conseguir el 55 % de los votos y Capriles el 45 %. Washington y sus aclitos derechistas planean consolidar su organizacin y prepararse para las elecciones al Congreso del prximo diciembre. La idea es ir "ocupando las instituciones" con el fin de paralizar las iniciativas del ejecutivo y frustrar el intento de Chvez de seguir adelante con una economa socializada. El taln de Aquiles del gobierno se encuentra precisamente en el mbito local y estatal. Los funcionarios incompetentes y corruptos deberan ser sustituidos por dirigentes locales eficientes y controlados por la comunidad, capaces de poner en marcha los programas inmensamente populares de Chvez. Y Chvez debera prestar mucha ms atencin a la poltica y la administracin local para poder igualar all sus xitos en poltica exterior. El hecho de que la derecha sea capaz de juntar medio milln de manifestantes en Caracas no se basa en el atractivo ideolgico de un pasado ruinoso y golpista, sino en su habilidad para sacar partido de las quejas crnicas de carcter local que no han sido solucionadas: delincuencia, corrupcin, apagones y cortes de agua.

En la eleccin de octubre 2012 no solo est en juego el bienestar del pueblo venezolano sino el futuro de la integracin y la independencia latinoamericana y la prosperidad de millones de personas que dependen de la ayuda y la solidaridad de Venezuela.

Una victoria de Chvez proporcionar una plataforma para la rectificacin de un proyecto social bsicamente progresivo y la continuacin de una poltica exterior antiimperialista. Su derrota proporcionara a Obama o a Romney- un trampoln para relanzar los programas neoliberales y militaristas existentes antes de la era Chvez, durante la infame dcada Clinton (los noventa) de expolio, saqueo, privatizaciones y pobreza.

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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