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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-10-2012

El intelectual y exsubdirector de "Mundo Obrero", Armando Lpez Salina, analiza la crisis espaola
"Lo que no se gana en la calle no se gana nunca en la mesa de negociacin"

Alejandro Torrs
Pblico.es


El intelectual, exsubdirector de 'Mundo Obrero' y exredactor de La Pirenaica, analiza la crisis de Espaa desde las claves que ofrece la historia reciente. Espaa est sufriendo una especie de diluvio universal, pero de mierda, sentencia.

Armando Lpez Salina (1925) lleva una vida dedicada a la lucha de los humillados de la tierra. A la lucha por aqullos que han visto pasar un gobierno tras otro, incluso han visto caer una dictadura y han dado la bienvenida a una democracia mientras que su nivel de vida permaneca estancado bajo las promesas de un futuro mejor. Su batalla, la de la clase obrera, asegura Armando, ya casi est perdida. Los ms de cinco millones de parados, los recortes en Sanidad, el asalto que sufre la democracia o como dice Armando el diluvio universal de mierda que sufre Espaa es una muestra de que la lucha de clases nunca desapareci para el capitalismo. Ellos saban que estaban en lucha, muchos de nosotros no, asegura.

Ahora, cerca de cumplir los 87 aos y con estado de salud bueno, si no se entra en detalles, Armando pasa las horas en su despacho, devorando libros y plasmando sobre el papel sus pensamientos. No hace falta ser marxista para darse cuenta de lo que est pasando. Hay que salir a la calle a seguir luchando. Lo que no se gana en peleando en la calle no se gana nunca en la mesa de negociacin, emplaza.

A sus espaldas acumula la experiencia de quien con apenas 16 aos, en plena posguerra, se juntaba con sus vecinos del barrio para escribir panfletos comunistas y lanzarlos a la calle bajo la firma del PCE y a los 50 celebraba la muerte de Franco en un calabozo de Madrid cantando La internacional. Era el tiempo de posguerra y estaba finalizando la II Guerrma Mundial. El partido pensara que ramos unos alborotadores, pero ramos unos chiquillos y aunque no recuerdo exactamente que decamos, seguramente estaramos llamando a tomar el palacio de invierno, recuerda. Con apenas 14 aos, recin terminada la Guerra Civil y con su padre preso, comenz a trabajar. En fbricas, en el campo, como pintor o como portador de la maleta de un representante de zapatos por Madrid.

No sera hasta el ao 1959 aproximadamente, porque con la edad y con el activismo poltico las fechas y los aos se juntan y se confunden, cuando comenzara a trabajar en Radio Espaa Independiente, ms conocida como La Pirenaica", donde escribi ms de mil crnicas que seran ledas para Espaa desde Bucarest. Despus vendra el final de la dictadura, las negociaciones con Surez, con Felipe Gonzlez, las discusiones con Enrique Mgica o los debates internos en el PCE sobre su papel en la transicin.

Transicin y monarqua

Cuando muri Franco no me hice demasiadas ilusiones. Durante la transicin sucedi lo mismo en Espaa que en la revolucin francesa de 1789, salvando las distancias. Sobre las espaldas de los obreros que derrumbaban un rgimen cabalg la burguesa. Una gran parte de ella cambi de caballo y de la noche a la maana se hicieron demcratas. Ahora tenemos a Mayor Oreja expidiendo certificados de democracia, asevera.

El resultado de esa transicin est a la vista de todos, seala. Quisieron cambiarlo todo, para no cambiar nada. La historia demuestra que la monarqua es el rgimen que ms beneficia a la burguesa y que ms protege sus intereses. Aqu ni siquiera se pudo elegir. La constitucin dice que la soberana reside en el pueblo, pero es mentira. La Constitucin miente, porque al pueblo soberano ni siquiera le permitieron votar si prefera repblica o monarqua. La soberana del pueblo est secuestrada, denuncia.

Aunque no todos los males de la Espaa de hoy se deben a los errores de la transicin, reconoce. Otro tipo de transicin hubiese abierto otro tipo de caminos. La derecha y el PSOE, los que fueron bendecidos desde Washington, queran hacerla con el menor ruido posible. Para m era un error. Se tendra que haber constituido un Gobierno provisional sin signo poltico y haber dejado ms tiempo para el asentamiento de los partidos polticos, opina.

Una Espaa federal

Fruto de aquel pacto que fue la transicin poco abierta a la poblacin y con un rey que lleg a Espaa como el mesas instaurando la democracia e incluyendo a todas las fuerzas polticas se tomaron decisiones que acarrean problemas en la actualidad. Para Armando Lpez, finalista del premio Nadal en 1960 con la obra Caminando por las Hurdes, Espaa debera configurarse como un estado federal plurinacional con una Constitucin que recogiese el derecho a la autodeterminacin de los pueblos.

No obstante, reconoce, Armando es partidario de la unidad de Espaa porque la historia demuestra que tambin podemos estar juntos y que ha habido ocasiones en la que hemos estado de acuerdo como en la defensa de la Repblica y porque todos los obreros del Estado espaol hablan el mismo idioma, el del socialismo.

Independientemente de si hablamos en vasco, cataln, gallego o castellano, creo que hay un idioma que une a todos: el idioma del socialismo. El idioma de los que tienen que hacer un ajuste de cuentas con su burguesa. A lo mejor ahora es el momento de ese ajuste. O es que cree Mas que los que acudieron a la manifestacin el da de la Diada no haban salido a la calle contra sus recortes? En este pas, los sufrimientos han venido de la derechizacin global que ha sufrido, reflexiona.

La hora de buscar nuevas soluciones

Armando, de voz tranquila y grave, se exalta cuando enumera los males de la Espaa de hoy y golpea la mesa con el puo.

Hay cinco millones de personas que se levantan sin trabajo. Hay dos millones que no tienen absolutamente nada y que no saben donde enviar a sus hijos. Hay siete u ocho millones de jubilados perdiendo poder adquisitivo. Hay millones de cientficos que no tienen que investigar porque no se invierte en I+D+i y cientos de miles de jvenes sin trabajo tratados como mercanca. La corrupcin se ha incrustado en los aparatos del Estado: ayuntamientos, diputaciones, autonomas, gobierno central y la casa del rey. Este pas atraviesa un diluvio universal, pero de mierda, relata.

Es la hora, para Armando, de buscar nuevas soluciones, nuevos pactos. Pero aqu puntualiza: Cuidado. Aqu hablamos muchas veces de hacer un pacto entre empresarios y sindicatos o entre fuerzas polticas. A veces, el pacto o el convenio, en determinadas circunstancias, significan la muerte de la democracia y tienen la misma duracin que el tiempo que trascurre hasta que los patronos tienen la fuerza suficiente para romperlo, analiza.

Por ello, Armando, promotor del manifiesto en apoyo a la huelga minera de 1962 que suscribieron 102 intelectuales, el pacto necesario quiz deba dejar fuera a los partidos dinsticos, es decir, el PSOE y al PP. Son los Cnovas y Sagasta de la Restauracin, denuncia. El pacto que Lpez Salinas reclama se parece ms al Pacto de San Sebastin, el que suscribieron en 1930 la mayora de partidos republicanos y en el que se sentaron las bases para un nuevo rgimen: la Segunda Repblica Espaola.

Los cambios se organizan. Me parece que el papel que jugaron los intelectuales de la Repblica hay que planterselo. Una especie de Pacto de San Sebastin que siente las bases de algo nuevo. No puede ser que Rubalcaba hable de que se sienta republicano pero que defienda a Juan Carlos I. Parece una broma, siniestra, pero una broma. Hay que plantearse un pacto con las fuerzas sociales que estn en las calles manifestndose y elaborar una Constitucin de alcance republicano y carcter federal, reclama.

El camino de la lucha

Muchas cosas de las que lee y ve a su alrededor le recuerdan a los aos 30 cuando haba una cancin que deca algo as como paciencia obrero, paciencia y la Iglesia contaba que el trabajador tena el paraso asegurado. Yo era un nio por entonces y aunque no eres consciente de todo, te vas enterando, puntualiza, para continuar advirtiendo de que la lucha de clases sigue abierta.

Vivimos un proceso de concentracin de las empresas, estn desapareciendo bancos, y se van quedando menos, mientras los derechos sociales van desapareciendo.El ataque va ms all de la clase trabajadora. No planteo asaltar el palacio de invierno. Pero s digo que hay que luchar y buscar aliados en este camino. La batalla la est ganando el capitalismo, pero no todos una pequea parte de ellos, aade.

La lucha de Armando la que lleva defendiendo se pelea en las calles, mediante la protesta social, en los crculos intelectuales mediante las ideas, en las instituciones y en el Congreso mediante la poltica. La cultura debe disputar en el terreno ideolgico las razones del capitalismo porque sino la derrota esta cantada, aade Armando que que si cinco millones de parados es una clara muestra de la derrota.

A la gente le digo que luche, que yo no puedo. Ayer, hoy y maana la nica manera de ganar derechos ha sido la calle. Incluso huelgas generales, aqu va a hacer falta mucho ms para ganar el pulso. Yo s que la lucha no garantiza la victoria. Pero la batalla que no se gana es la que no se lucha, concluye.

El conductor de Machado

Armando, que se desenvuelve como pez en el agua analizando la situacin actual desde el prisma de la lucha de clases, asevera que no quiere sealar el marxismo como la solucin, pero anticipa que nunca en la historia ninguna clase dominante ha cedido poder por su propia voluntad y seala la lucha como el camino.

Yo, por decencia intelectual ya no hablo del marxismo como solucin, pero tampoco condeno la violencia venga de donde venga. Para m violencia es que la gente est en los contenedores recogiendo basura, los desahucios de los bancos o las cargas de los antidisturbios que hemos visto estos das. Qu se han credo que eso no es violencia? El mundo est construido a base de violencia. La poltica no se hace slo con buenas intenciones, ni slo con palabra, ni slo con urnas. Porque lo que est ocurriendo en el mundo, en Libia, Siria, Kosovo... lo estn haciendo los poderes fcticos, los poderes reales con armas y con violencia en la lucha que se libra., analiza.

En este punto y como ha hecho en repetidas ocasiones a lo largo de la conversacin, Armado, con mala memoria para las fechas pero no para los autores, las obras y las letras, recurre a Antonio Machado y recita de manera literal la ltima parte del escrito Los coches locos, incluido en la obra de 1915 Los complementarios en el que Machado arranca con una comparacin entre conductores y polticos.

Si el auriga sabe su oficio, sigamos con l y pagumosle puntualmente su salario. Si gua mal, habr que despedirlo. Porque dentro de su coche vamos todos. Mas qu haremos con un cochero loco o borracho que nos lleva a galope y alegremente al precipicio? Habr que arrojarlo a la cuneta del camino, despus de arrancarle por la fuerza las riendas de la mano. Revolucin se llama a esta fulminante jubilacin de cocheros borrachos. Palabra demasiado fuerte. No tan fuerte, sin embargo, como romperse el bautismo, escribe Machado, recita Armando.

Fuente: http://www.publico.es/443499/armando-lopez-lo-que-no-se-gana-en-la-calle-no-se-gana-nunca-en-la-mesa-de-negociacion



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