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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-10-2012

Libertad de expresin en el Miami de los 90

Lzaro Farias
Rebelin


Hace unos das, en una intervencin ma en el programa La Tarde se Mueve que dirige el periodista cubano Edmundo Garca, coment que en el Miami de los noventa existi una pequea apertura en lo que a la libertad de expresin se refiere. Esta ciudad que, a travs de los aos se caracteriz por la intolerancia poltica, por la intimidacin y la violencia, tuvo en aquella dcada un pequeo respiro en lo que a la aceptacin de discutir ideas diferentes se refiere. Al caer el Muro de Berln, parece ser que tambin se cay el Muro de Miami. En esta ciudad no se discuta si el gobierno revolucionario iba a colapsar o no, sino cundo iba a ocurrir. Algunos decan que meses, otros que quizs un ao o dos, pero la mayora de los cubanos que aqu residan en esa poca estaban convencidos que no solamente la revolucin estaba herida de muerte, sino que la Historia tambin lo estaba. Era el fin de la historia. El comunismo haba desaparecido de la faz de la tierra, por lo tanto, la revolucin cubana tenia los das contados. Por esos tiempos, un periodista cubano amigo mo, Chicho Jordn, que comparta un programa con varios derechistas de Miami en una de las emisoras locales, les recomendaba que se buscaran un buen contador para que les hablara sobre "los das contados". Recuerdo cmo nos reamos Chicho y yo con las boberas de los adivinadores que contaban los das en las emisoras de radio.

Se publicaron libros como el del periodista argentino despistado, Andrs Oppenheimer, que escribi uno con el pomposo ttulo de "Los ltimos das de la revolucin cubana", y se cantaron canciones como la del salsero Chirino y su "ya viene llegando" o "Los 360 meses" de Marisela Verena.

Se hacan apuestas y hasta en las Vegas se lleg a crear un concurso para saber quien adivinaba la fecha de la cada del gobierno revolucionario. Nadie en Miami se poda imaginar que el gobierno cubano se iba a mantener en el poder, su fin era inevitable. Es bajo esas circunstancias que varios cubanos de Miami que habamos mantenido una posicin anticastrista, que habamos luchado contra la revolucin y que en los sesenta habamos mantenido una posicin beligerante contra la misma, nos dimos a la tarea de limar las asperezas y de alejar nuestras diferencias con el gobierno cubano, porque nos dimos cuenta que no era la sobrevivencia del gobierno revolucionario lo que estaba en peligro, sino la nacin cubana. Cuba y su independencia y soberana fue lo que se puso sobre la mesa. De caerse el gobierno revolucionario, no era solamente el colapso de un gobierno, sino el desplome de una nacin. Personalmente, acu la frase de que mi oposicin al gobierno de Cuba estaba postergada. La postergaba para un mejor tiempo. Me cans de decir lo anterior en mltiples programas de radio de Miami. La existencia de Cuba como una nacin soberana e independiente me era y me es ms importante que estar a favor o en contra de un gobierno.

En esos aos se empez a abrir un espacio dentro de los medios de Miami, me imagino que al estar seguros de que el gobierno revolucionario tena los das contados y que los exiliados ya estaban a solo pasos de la toma del poder en Cuba, los come candelas de Miami empezaron a bajar la guardia y a aceptar que voces diferentes se pudieran or en los medios de esta ciudad. Los que dirigan los programas radiales en Miami se sintieron seguros y abrieron los micrfonos a los que pensbamos diferente. An seguan algunas amenazas, pero ya no eran tan violentas como haban sido hasta haca muy poco tiempo atrs, cuando las bombas y los atentados haban estado a la orden del da en Miami. Sera una lista inmensa si tratramos de enumerar los actos violentos llevados a cabo en aquella poca debido al clima de intolerancia poltica que aqu imperaba. En el plano personal, durante toda esa dcada de los noventa, estuve casi a diario en diferentes programas de opinin que abundaban en esta ciudad, con comentaristas como Luis Aguilar Len, Vicentico Rodrguez, Toms Garca Fuste, Agustn Tamargo, Luis Fernndez Caub, Roberto Rodrguez Tejera, etc., etc. Todos los artculos que le mandaba al Herald eran publicados, Radio y Televisin Mart me invitaban a sus programas de radio y televisin, las estaciones locales de TV llamaban para or mis opiniones. Incluso, el director de la emisora de radio WQBA, Herbert Levin me llam para firmarme un contrato para hacer de compaero de programa del comentarista Agustn Tamargo, contrato que no se lleg a firmar, debido al temor que en aquellos momentos tuvo mi amigo Agustn, temor a que lo pusiera diariamente contra la pared en las discusiones, hecho que lo pondra en serios apuros con sus otros amigos de la ultraderecha anticubana de Miami.

Toda esa apertura a la libertad de expresin en los noventa se fue junto con el nio Elin Gonzlez. Con la llegada del nuevo siglo, Miami regres a los tiempos de los que piensan igual, con el lema de "Dentro del anticubanismo ultraderechista todo, fuera de l nada".



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