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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-10-2012

Contra la reforma, accin en los centros de trabajo, continuar la lucha!

Diego Torres
Rebelin


Con relacin a la aprobacin de la Reforma Laboral comenzamos a ver posiciones que diagnostican a la misma, pero que no dan una orientacin concreta ni a las fuerzas de clase ni a las fuerzas revolucionarias de este pas, lo cual equivale a claudicar y darse a la fuga en espera de tiempos mejores.

En primer lugar, con la agresin contra el valor de nuestra fuerza de trabajo ms dura de la que tengan memoria generaciones de obreros no se puede pasar la hoja simplemente. Nosotros estamos de acuerdo con la exposicin sobre poltica que hace Lenin en el pasaje donde dice que "Hay que captar en todo momento el eslabn especial de la cadena al que es preciso aferrarse con todas las fuerzas para sujetar la cadena entera y preparar el trnsito al eslabn siguiente, con lo que la sucesin de los eslabones, su forma, su encadenamiento, sus diferencias internas en la cadena histrica de los acontecimientos no son tan simples y faltas de sentido como en el caso de una cadena vulgar de las que fabrica el herrero" [1] . La lucha de clases no puede encerrarse en los tiempos jurdico-legislativos. Aunque ese tiempo est agotado la Reforma laboral sigue siendo el eslabn principal, sigue siendo el tema que determina la lucha de clases en este periodo, las posteriores agresiones sern su desdoblamiento y profundizacin.

Lo que es cierto para la guerra lo es por extensin a la poltica, ninguna guerra se gana en una sola batalla. Tampoco una batalla consiste en un solo asalto, eso solo cabe en enfrentamientos donde no existe absolutamente ninguna clase de resistencia y que por tanto no pueden ser caracterizados como enfrentamientos. Stalingrado, por ejemplo, no fue nuestra victoria de un da o de dos semanas... esta ser una lucha dura, cruenta y larga.

Existe la posibilidad objetiva de preparar una contraofensiva, siempre que nos peguemos al sujeto revolucionario por excelencia, a lo ms avanzado, al proletariado, a los obreros industriales organizados. Que las consignas que aluden a formas de lucha, como el paro y la huelga, dejen de emitirse por sectas en la red para pasar a impregnar las mentes y corazones de miles de obreros angustiados y enfurecidos en los centros de trabajo, por subvertir en este momento con la mayor amplitud posible las cadenas de mando del sindicalismo corporativo, del charrismo.

Dcadas de derrotas, errores y entregas deben remontarse, bsicamente recomponer un fuerte polo clasista en el movimiento obrero que se perdi desde las dcadas de los 30s-40s en nuestro pas. Sepultar conquistas que, pese a su posterior socavamiento por un largo periodo de tiempo, costaron lucha y sacrificio puede ocasionar una reaccin similar para defenderlas. Una oportunidad vital para ligar el tema de las demandas, el tema de nuestro nivel de vida al tema del poder.

Debemos admitir que, pese a grandes esfuerzos, objetivamente la correlacin de fuerzas no dio para impedir la aprobacin de esta agresin brbara. Pero si podemos afirmar que el trabajo obrero que se vena realizando por parte del Partido Comunista de Mxico se potenci al grado de trastocar el balance original, de desencadenar acciones militantes y de elevar en algn grado el nivel de conciencia entre varios destacamentos obreros.

Miles de jvenes proletarios se sumieron en la lucha poltica de una semana para otra. Hemos tenido la oportunidad de platicar con muchsimos de ellos y nos comentan que estn emocionados, con la "piel enchinada", al comprobar su fuerza. Los comits charros se ven forzados a citar y denostar a los obreros que se han movilizado para torpedear esfuerzos de sus bases para sumarse a la corriente de lucha.

Con la aprobacin de la reforma queda atrs el momento en el que haba que concentrar toda la capacidad en un solo punto contra toda la capacidad enemiga. Ese momento ha pasado, pero no basta con dar ese diagnstico. Se han borrado de la ley conquistas, se ha quebrado la fortaleza, ahora el teatro de guerra se transforma. Contina la lucha contra la Reforma Laboral como eslabn principal, pero el teatro de guerra es de una naturaleza diferente. Su peso se traslada a cada uno de los centros de trabajo, ver que la apliquen pasa por decenas y centenas de escaramuzas dispersas. Es tarea de los revolucionarios pasar a impedir que implementen ni uno solo de los puntos de la Reforma, o que les cueste al mximo. Saber combinar cada una de esas batallas individuales, conectarlas en una estrategia que apunte al cambio de correlacin y el derrocamiento del capitalismo es el camino.

As, se vislumbra que conforme la burguesa vaya implementando su lnea de ataques salvajes estar preparando una clase obrera movilizada y en pie de guerra. Decuplicando la actual fuerza podramos paralizar la agresin, equilibrar las fuerzas. Aumentarlas ms, sentar las bases de alianzas populares, llevar a que la toma del poder deje de ser algo panfletario.

Hasta que pongamos al enemigo de rodillas, hasta que quememos esta ley y los obreros escribamos las nuevas leyes de este pas, cada fbrica donde logremos organizar a los trabajadores se vuelve una trinchera. Que les cueste con protestas, que les duela con la huelga si se atreven a forzarnos a las modalidades de trabajo esclavo moderno, y an tenemos ms armas en el arsenal obrero.

No abona en estos momentos el oportunismo que plantea luchas sin sacrificios, soluciones fciles y rpidas. Por un lado est la socialdemocracia que plantea el engao de que entregndole ms apoyos a su grupo parlamentario, a su poltica de solucin capitalista a la crisis capitalista, se puede resolver la contradiccin del trabajo con el capital, al mismo tiempo que realiza esfuerzos grandes por desactivar las luchas en todos los terrenos. Por el otro lado estn grupos, hoy todava marginales, pero que en escenarios de recrudecimiento de la lucha, como en Grecia o Espaa, pueden recibir ms atencin y apoyo por parte de los medios. Hablamos de grupos que promueven nociones tales como que la accin directa de ncleos pequeos o individuos (digamos aventando piedras a un banco, grafitear un smbolo desprovisto de contenido) puede salvar la situacin de bancarrota del sistema pasando olmpicamente por alto la dura labor de elevar la conciencia entre las masas obreras.

No abona el pesimismo pequeoburgus. En estos momentos la tarea es mantener las brasas encendidas, no permitir que se pierdan las lneas de resistencia de nuestra clase para que en el siguiente asalto, que previsiblemente sea en breve, pueda acumularse an ms fuerza. No es tarea de un revolucionario ser el primero en salir corriendo en estos momentos, hasta el punto en que se huye de la realidad para refugiarse en abstracciones ms placenteras.

Por ltimo, no abona tampoco la labor de confusin. Los pasos necesarios para superar los momentos de tragedia que vive nuestra clase no pueden ser suplantados por montajes y apariencias. El hecho de que la tecnologa de la informacin junto con los programas de diseo permita a un pequeo grupo hoy en da montar pginas bonitas en la red con el nombre que quieran no altera ni su naturaleza ni su carcter. Acaso por tener una pgina web estos grupos sin implantacin entre la clase obrera escapan de la crtica que dirigieran Marx [2] y Engels a las sectas socialistas o semi-socialistas?

Hemos de decir con franqueza que por nuestra propia casa debemos comenzar. Los desarrollos que se dieron durante las ltimas semanas en el primer asalto de la Reforma Laboral deben servir ya de palpable argumento para que todos los camaradas en el pas redoblen el giro industrial, sistematicen el trabajo en sus frentes de intervencin y eleven la audacia de su trabajo de agitacin. Una clase obrera en general movilizada, un polo clasista en el movimiento sindical, organizaciones revolucionarias dispuestas en cada centro de trabajo neurlgico, alianzas para el frente anticapitalista, antimonopolista, antiimperialista. Tales son las bases del nuevo poder.



[1] Lenin, Obras Escogidas (03), tomo 2, pg. 719

[2] Ver los artculos, resoluciones y cartas encaminados a la preparacin de la Internacional. Por ejemplo en la Carta de Marx a Bolte, 1871 encontramos: El desarrollo del sectarismo socialista y el desarrollo del movimiento obrero real se encuentran siempre en proporcin inversa. Las sectas estn justificadas (histricamente) mientras la clase obrera an no ha madurado para un movimiento histrico independiente. Pero en cuanto ha alcanzado esa madurez, todas las sectas se hacen esencialmente reaccionarias.

Diego Torres es el Segundo Secretario del Comit Central del Partido Comunista de Mxico.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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