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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-10-2012

12 de Octubre, unas puntualizaciones

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


En algunos institutos de secundaria de Catalunya no puedo apuntar ninguna cifra en estos momentos- no se celebra fiesta este 12 de octubre. No hay nada que celebrar! Tienen razones, se entienden bien algunas de ellas. La fecha despide, sigue despidiendo, un rancio olor neofranquista-militar-colonial.

No es imposible que a ese rancio olor se junte el ser una fiesta considerada espaola. Es posible pensar que en algunos sectores del independentismo cataln insisto: en algunos- regira una consideracin similar -o bastante similar cuanto menos- si se celebrase, pongamos, el 14 de abril. Si el pensamiento crtico abonara estas posiciones contrarias a las celebraciones rancio-conservadores, sera razonable pensar que el movimiento extendera su protesta a la celebracin del 8 de diciembre, el da de la Inmaculada, o incluso el 6, el de la Constitucin monrquico-neoliberal-negadora del derecho a la autodeterminacin.

Caben, sin embargo, algunas puntualizaciones sobre la fecha.

Como nos record Esteban Pinilla de las Heras [1], raza no tuvo en los aos veinte del siglo XX la significacin zoolgica-biologista que pas a tener tras su uso por nazis, pre-nazis y sus seguidores e imitadores. Durante los aos de la dictadura del general Primo de Rivera, con tan buenos ojos vista por la liberal burguesa catalana, el trmino, usado ya entonces, no designaba ninguna hipottica raza espaola.

El da de la Raza haba sido instaurado en 1917 por el presidente argentino Hiplito Yrigoyen, l mismo de ascendencia vasca e indgena. Dirigente del Partido Radical [2], haba llegado al poder en 1916. La raza del presidente Irigoyen no slo eran las comunidades provenientes de la ascendencia espaola sino la resultante del mestizaje entre descendientes de personas originarias de la Pennsula ibrica, de toda la pennsula, y los descendientes de los antiguos pobladores de Amrica.

Fue posteriormente, durante los primeros aos de la dictadura del general africanista, golpista y criminal Francisco Franco, cuando el 12 de octubre, el da de la Raza, posteriormente llamado Da de la Hispanidad, recibi la significacin imperial que en absoluto haba estado presente en el nimo e intencionalidad del presidente argentino.

La historia espaola de esta celebracin, como es sabido, tiene un momento altamente significativo. El 12 de octubre de 1936 haba sido declarado por el fascismo espaol como da de la Raza y la Hispanidad. Cuatro das antes, Miguel de Unamuno haba publicado en los peridicos de Salamanca el Mensaje de la Universidad de Salamanca a las Universidades del mundo, y al da siguiente empez la preparacin editorial de la Fiesta de la raza en los peridicos, con un vibrante suelto, empedrado de tpicos y exaltacin patritica [3].

El 11, la prensa de los alzados en armas inici la publicacin de la carta-pastoral de Enrique Pl y Daniel (un cataln que dej de hablar su idioma para que no se notara su acento), a la sazn arzobispo de Salamanca. Fechada el 30 de septiembre de 1936, la pastoral llevaba por ttulo Las dos ciudades. En el ndice de la primera entrega periodstica se sealaba: Ao 1936, piedra miliar en la historia de Espaa. Revolucin y Contrarrevolucin. Los dos amores que las engendraron y con ellas a las dos ciudades. Frente al vandalismo de los hijos de Can, el herosmo y el sublime y fructfero martirio de los hijos de Dios.

El 12, en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, se organiz un acto de exaltacin hispnico-racial que se convirti en un aquelarre de simbolismos y gritos rituales fascistas [4]. Unamuno, rector de la Universidad, presida la mesa. Franco, el general asesino, le haba cedido su representacin en el acto [5]. Era la primera ocasin en la que los militares amigos de Hitler y Mussolini, alzados contra la II Repblica, podan exaltar abiertamente los valores por los que se haban sublevado y por los que estaban llenando de sangre los campos y las ciudades de Espaa [6].

El estallido de la guerra haba pillado al autor de La agona del cristianismo en Salamanca, ciudad que, junto con Burgos, funcionaba como capital de facto de los facciosos antirrepublicanos. En aquellas primeras semanas, el pensador vasco mostr un apoyo expectante hacia los sublevados contra la legalidad republicana y el nmero de sus disparates y barbaridades polticos no fue un cardinal insignificante. Su extravo ideolgico y su confusin poltica no fueron, se miren como se quieran mirar, una nota a pie de pgina sin importancia [7].

En la mesa del acto, adems del propio Unamuno, figuraban el cardenal Enrique Pl y Daniel; el fundador de la Legin, el general Milln Astray, con sus armas en la mano; y Carmen Polo, la esposa del general golpista, con sus escoltas personales

La puesta en escena sigui el siguiente desarrollo. Intervino en primer lugar, Jos Mara Ramos Loscertales, catedrtico de Historia, un ex liberal converso de ltima hora, que habl del imperio espaol y de las esencias histricas de la raza. El dominico P. Beltrn de Heredia, tambin historiador de la Universidad de Salamanca, el ms comedido de los participantes, habl a continuacin e hizo referencia a los maestros de la vieja Universidad, y a su humanstica y humanitaria preocupacin por los modos de la colonizacin americana, en especial su compaero de Orden, el P. Vitoria, burgals, creador del derecho de gentes [8] y coartada de los supuestos valores espirituales que los levantados en armas contra la Constitucin republicana decan defender. Francisco Maldonado de Guevara, catedrtico de literatura de la Facultad de Filosofa, habl del Caudillo, de las maldades de la URSS y de la necesidad de exterminar a la anti-Espaa. Jos Mara Pemn habl a continuacin y sugiri que cada uno, que cada espaol en su pecho construyera un Alczar de Toledo. De lo peor de todas las casas.

El legionario Milln Astray, falto de un brazo, un ojo cubierto, cojeando de una pierna, habl a continuacin. Fue ms o menos as:

Astray: Catalunya y el Pas Vasco son cnceres en el cuerpo de la nacin. El fascismo, remedio de Espaa, viene a exterminarlos, cortando en la carne viva y sana como un fro bistur. La carne sana es la tierra, la enferma su gente. El fascismo y el ejrcito arrancarn a la gente para restaurar en la tierra el sagrado reino nacional Cuando Franco lo quiera y con la ayuda de mis valientes moros (sic), que si bien ayer me destrozaron el cuerpo, hoy merecen la gratitud de mi alma por combatir a los malos espaoles... Porque dan la vida por la sagrada religin de Espaa, escoltan a nuestro Caudillo.

Astray, junto con el auditorio exaltado: Viva la muerte!

Astray (con gritos muy varoniles): Espaa! Una! Espaa! Grande! Espaa! Libre!

Unamuno, que entonces tena 72 aos, respondi a continuacin. Se la jug, no era fcil hacerlo:

Todos estis pendientes de mis palabras y todos me conocis y me sabis incapaz de callar. Callar significa a veces mentir, porque el silencio puede interpretarse como aquiescencia. Yo no podra sobrevivir a un divorcio entre mi consciencia y mi palabra. Ser breve y la verdad es ms verdad cuando se expone desnuda.

Quisiera, pues, comentar el discurso, por llamarlo de algn modo, del general Milln Astray Dejemos aparte el insulto personal que supone la repentina explosin de ofensas contra vascos y catalanes. Yo nac en Bilbao, en medio de los bombarderos de la segunda guerra carlista. Luego me cas con esta ciudad de Salamanca, tan querida, pero jams he olvidado mi ciudad natal. El obispo [Unamuno seal al cardenal Pl y Daniel] quiralo o no, es cataln, nacido en Barcelona Acabo de or el grito necrfilo y carente de sentido de Viva la muerte! Me suena lo mismo que Muera la vida! Y yo, que he pasado la vida creando paradojas, he de deciros, como autoridad en la materia, que esa ridcula paradoja me repugna

El general Milln Astray es un invlido. No es preciso decirlo en tono ms bajo. Es un invlido de guerra. Tambin lo fue Cervantes. Desgraciadamente hay hoy demasiados invlidos en Espaa. Y pronto habr muchos ms. Me aterra penar que el general Milln Astray pueda dictar normas de psicologa de masas. Un invlido que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, que era simplemente un hombre, y no un superhombre, viril y completo a pesar de sus mutilaciones, un invlido, como digo, que carezca de esa superioridad de espritu, suele sentirse aliviado viendo como se multiplica el nmero de mutilados alrededor de l.

Milln Astray, sentado en el extremo de la mesa presidencial que haba golpeado repetidamente con su nica mano, y que se haba alzado y haba interrumpido a Unamuno, grit: Mueran los intelectuales! Viva la muerte!. Auditorio, tal coro fascista, le sigui: Mueran los intelectuales! Viva la muerte!. Jos Mara Pemn [ahora entre el pblico]: No! Abajo los falsos intelectuales! Traidores!

Unamuno, concluyendo el acto, volvi a hablar: Estamos en el templo de la inteligencia y yo soy aqu su sumo sacerdote. Vosotros estis profanando un sagrado recinto. Yo siempre he sido, diga lo que diga el proverbio, un profeta en mi propio pas. Y ahora os digo: venceris pero no convenceris, porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitis algo que os falta: razn y el derecho en la lucha. Me parece intil deciros que pensis en Espaa. He dicho [la cursiva es ma]

Hubo riesgo de linchamiento. Carmen Polo, el cardenal Pl y otro general franquista presente en el acto condujeron a Unamuno fuera del Paraninfo y lo metieron en un automvil. Unamuno tropez al salir, en la puerta de la Universidad. Una multitud de brazos en alto y de gritos patritico-fascistas rode el coche. El general legionario se enfrent todava con el viejo rector con un gesto de desafo, junto al estribo mismo del coche de Carmen Polo de Franco. Dejando la multitud atnita y exaltada, Unamuno fue conducido por a calle de la Ra a su domicilio. Poco a poco fue recuperando la normalidad.

Los peridicos del da siguiente, 13 de octubre, abrieron la primera pgina con titulares como los siguientes: La fiesta de la Raza se celebro este ao en Salamanca con excepcional y magnfica solemnidad. No hubo referencia alguna al incidente entre Unamuno y el general golpista Milln Astray.

Destituido del rectorado, arrestado en su domicilio, Unamuno muri pocos meses ms tarde, el 31 de diciembre de 1936. Durante este perodo de arresto se arrepinti mil veces de haber contemporizado con los sublevados. En una carta de estos das aciagos, dirigida a un periodista francs, Unamuno pronosticaba que en esta guerra que se libra en Espaa morirn cientos de miles de personas y miles de otras debern marchar al exilio y jams podrn volver Porque la dictadura que se avecina en Espaa ser la ms brutal que hayan conocido los tiempos. Se nutrir del maridaje entre la sacrista y el cuartel.

El tiempo no logr falsar sus palabras.

Aos ms tarde, enero de 1957, se incluyeron en el ndice de libros prohibidos dos de sus obras. Una de ellas, La agona del cristianismo, porque el censor dedujo por el ttulo que el ensayo abonaba el final de la cristiandad. La Iglesia catlica, apostlica y romana, vrtice indiscutido del rgimen franquista, uno de sus intelectuales orgnicos con mayor influencia y larga sombra, redact una larga nota para justificar el atropello que fue publicada por la prensa en los primeros das de febrero de 1957. No tiene desperdicio [9].

Pinilla de las Heras apuntaba una reflexin, obvia por conocida, refirindose al poder de la Iglesia romana: En mi experiencia iberoamericana ulterior, aos ms tarde, he comprobado que la Iglesia reclama la libertad y trabaja por la libertad de la mayora, cuando ella est en minora. Pero en cuanto tiene poder suficiente y consigue la subordinacin del poder poltico, tiende a transformar a este en brazo armado que implemente sus decisiones. Y esto, tanto antes como despus del Concilio Vaticano II [10].

Como otros smbolos e instituciones asociados al franquismo, la transicin tambin intent dulcificar aristas, alejar aceleradamente el tiempo pasado y girar o alterar significados en sentido supuestamente democrtico. El da de la raza sera el da de Espaa, el da de la nacin. No se escogi el 6 de diciembre, da de la Constitucin, acaso ms consistente con ese objetivo, ni desde luego, el 14 de abril.

El fracaso de la fiesta, del da de la nacin, es otro claro indicio de la descomposicin acelerada del rgimen espaol y del imaginario falaz de la transicin-transaccin espaola.

PS: Bill Bigelow abra su excelente artculo En el aniversario del Descubrimiento de Amrica [11]- con una ancdota altamente significativa que vale la pena recordar:

En enero pasado, casi exactamente 20 aos despus de su publicacin, las escuelas de Tucson prohibieron Rethinking Columbus [Repensando a Coln] el libro que edit en colaboracin con Bon Peterson. Fue uno de una serie de libros adoptados por el celebrado programa de Estudios Mexicano-Americanos, un programa que desde hace tiempo ha sido objeto de ataques por polticos conservadores de Arizona. El distrito escolar quera aplastar el programa de Estudios Mexicano-Americanos; nuestro libro en s no era el objetivo, fue simplemente atrapado en el aplastamiento. El ataque de Tucson y Arizona contra Estudios Mexicano-Americanos y Rethinking Columbus comparte una raz comn: el intento de silenciar historias que perturban el actual orden de poder desigual.

Durante muchos aos, apunta BB, inici sus clases de historia preguntando a sus estudiantes d 11 grado: Cmo se llama ese tipo del que se dice que descubri Amrica?

Unos pocos estudiantes objetaban el uso de la palabra descubri, pero todos saban de quin estaba hablando. Cristbal Coln! gritaban varios al unsono. Correcto. Y qu encontr cuando lleg aqu? preguntaba. Usualmente, unos pocos estudiantes decan: Indios, pero les peda que fueran ms explcitos: De qu nacionalidad? Cules son sus nombres? Silencio. En ms de 30 aos de enseanza de historia estadounidense y de ensear como invitado en otras clases, nunca tuve un solo estudiante que dijera: Tanos.

Por lo tanto, concluye BB, les peda que pensaran sobre ese hecho. Cmo explicamos eso? Todos conocemos el nombre del hombre que vino desde Europa, pero nadie sabe el nombre de los que estaban aqu antes y eran cientos de miles, si no millones. Por qu no habis odo hablar de ellos?

Notas:

1 Esteban Pinillas de las Heras, En menos de la libertad. Dimensiones polticas del grupo Laye en Barcelona y en Espaa. Anthripos, Barcelona, 1989, p. 83.

2 Pinilla de las Heras seala que la presidencia de Irigoyen abra la posibilidad por vez primera de un gobierno popular que no fuera conservador ni estuviera a los dictados de la oligarqua terrateniente.

3 Luciano G Egido, Agonizar en Salamanca. Unamuno, julio-diciembre de 1936. Barcelona, Tusquests, 2006, p. 138.

4 Bernat Muniesa, Dictadura y Transicin. La Espaa lampedusiana. Vol I. La dictadura franquista 1919-1975. Publicacions i edicions de la UB, Barcelona, 2005, pp. 55-58.

5 Franco, con el seudnimo de Juan de Andrade, escribi el guin de Raza, pelcula dirigida en 1941 por Jos Luis Senz de Heredia, familiar de Jos Antonio Primo de Rivera.

6 Luciano G. Egido, Agonizar en Salamanca, op cit, p. 139.

7 Vase, por ejemplo, Luciano G Egido, Agonizar en Salamanca. Unamuno, julio-diciembre de 1936, ob cit. Aos despus, la obra de Unamuno (o parte de ella) influy en un sector crtico de jvenes falangistas que fueron rompiendo paulatinamente con el franquismo y con la misma Falange. Indicios de ello pueden verse en las revistas Estilo, Qvadrante y Laye. Vanse a este respecto las declaraciones de Juan-Carlos Garca Borrn, Josep M Castellet y Jess Nez, Pocholo, en Xavier Juncosa, Integral Sacristn, El Viejo Topo, Barcelona, 2006.

8 Luciano G Egido, Agonizar en Salamanca, op. cit, p. 144.

9. Uno de loa pasos esenciales: La Iglesia no se mueve en un campo de inters humano ni tampoco en su cometido el de sealar los valores humanos en el mundo de la cultura. Consciente de su misin sobrenatural se mueve con la ms amplia libertad en los lmites de su competencia, subordinando a dicha misin sobrenatural todo motivo de orden terreno. Don Miguel de Unamuno ha sido ensalzado por mucho tiempo un escritor de rara fuerza, como un rebelde, y su actitud ante los grandes movimientos literarios y polticos le ha valido la adoracin de cuantos aman la libertad de pensamiento como el valor supremo del hombre y la sociedad. La Iglesia, al condenar las dos obras del rector de Salamanca y al amonestar a los catlicos contra los peligros doctrinales y morales de otras obras de Miguel de Unamuno, no expresa un juicio sobre el valor literario o filosfico y mucho menos sobre la intencin del autor. Condena la negacin del dogma y la ignorancia de la verdad [] Esto no es una novedad ni un retorno a la Edad Media. Es, simplemente, la posicin lgica de quien tiene absoluta consciencia de su sobrenatural misin [] Y es precisamente esa actitud la que libra a la Iglesia de todo compromiso con un opinin pblica.

10 Esteban Pinilla de las Heras, op. cit, p. 46.

11. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=157251 Traduccin de Germn Leyens.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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