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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-10-2012

Arte, cultura y lucha de clases?

Sebastin Liera
Rebelin


A Ivn Zepeda y [email protected] compas de la UNICACH, en esta hora.

No haban terminado an los tiempos electorales cuando visit la ciudad de Cuernavaca, Graco Ramrez se perfilaba como el virtual ganador de la contienda sufraguista y yo no poda entonces dejar de pensar en la tarde de aqul octubre de 1998 (o era el de 1999?) en que nos invit a Jos Montes y a m a ser sus colaboradores; slo uno de los dos acept.

Casi 14 aos despus, estaba yo all, frente a la puerta de entrada al Jardn Borda, mirando al todava candidato de las as llamadas izquierdas en medio de una improvisada entrevista banquetera; mientras, en la Sala Manuel M. Ponce, todo estaba listo para que presentara el programa de poltica cultural que su administracin llevara a cabo si el electorado le obsequiaba la confianza de su voto.

La curiosidad me hizo quedarme a escuchar las exposiciones que enmarcaban la presentacin. No entr a la Sala, me qued sentado en una banca de madera al lado de unas mesas coquetonamente adornadas con banderitas de propaganda del candidato. Adentro de la Sala, un video daba cuenta grosso modo de las bondades del programa cultural del ahora gobernador.

Llamaron mi atencin dos o tres cosas: la descentralizacin de las acciones de gobierno mediante una suerte de relacin cuasi orgnica con promotores culturales de los 33 municipios del estado, lo cual salud, y una serie de programas de Alta Cultura (la Kultura con K de la que habla Bonfil Batalla) con cierto toque aristocrtico, lo cual entend; la tercera cosa es que el teatro haba quedado relegado del programa, pero eso ser tema de otras improbables colaboraciones.

Lo que quiero destacar es que no haba nada en aqul programa que apuntara mnimamente, en cuanto a arte y cultura toca, a transformar la relacin de explotacin resultante de la propiedad privada de los medios de produccin y de cambio; propiedad que en Mxico est detentada por un Estado capitalista donde la clase gobernante termina por determinar qu es y qu no es cultura.

Considero importante el que por fin ocupe la gubernatura del estado un poltico que parezca entender la trascendencia de involucrar en las tareas de la poltica cultural a los hombres y las mujeres que han llevado a cuestas la labor de defender, conservar, rescatar y promover la compleja produccin artstica y cultural de los pueblos de Morelos; pero, al quedar intocada la superestructura de orden capitalista en que se desarrollara la propuesta de articular a las y los promotores culturales de los municipios con una iniciativa privada de carcter supuestamente filantrpico, se terminar por facilitar la mercantilizacin de la produccin artstica y cultural de los pueblos.

El arte y la cultura, lo saben tanto la clase poltica y la iniciativa privada cuanto las y los promotores y creadores, constituyen los espacios de resistencia de los pueblos y sus individuos ante el embate del capital; en la cultura y el arte, se ha dicho hasta al cansancio, estn los ingredientes que dan cohesin a los ms diversos y complejos sistemas de simbolizacin-representacin del tejido social y comunitario. Por eso mismo es que buena parte de las prcticas de explotacin, despojo, desprecio y represin que el capital est emprendiendo en el siglo 21 suceden en el mbito de la produccin cultural y artstica.

En su nota Izquierda y capital financiero (Milenio-Novedades de Yucatn, 9/10/2012), Jos Ramn Enrquez llama la atencin sobre que las izquierdas contemporneas no han hecho frente a la expoliacin del capital financiero lo que los socialismos del siglo 19 s hicieron ante la explotacin del capital industrial: analizar el modus operandi de la clase dominante para actuar de manera fructfera en su contra, entendiendo que teora y praxis son unidad indivisible en la construccin de partido.

Su crtica se centra en el electorerismo de stas izquierdas que se han lanzado a una lucha [] en la cual traicionan cada vez ms los intereses de las mayoras [porque] en realidad no pueden siquiera distinguir esos inters mayoritarios en un mundo de capitales voltiles [aceptando] ms y ms ser simples administradores de intereses minoritarios que tampoco entienden del todo, y sostiene que es momento de discutir una teora que ubique estos problemas como centrales para llevar[la] a la prctica.

En materia de capitalismo cultural sa volatilidad es an mayor, porque las y los creadores tenemos como materia prima los deseos, la imaginacin, las ideas, el placer, y es all donde el capital est sentando sus reales; sin embargo, quienes a causa de los procesos de proletarizacin neoliberal cada vez somos ms trabajadoras y trabajadores del arte y la cultura que meros proveedores de servicio en la industria del entretenimiento, a penas y nos percatamos de dicha condicin de clase y difcilmente articulamos espacios de organizacin en la defensa de nuestros derechos.

Estamos varados en el purgatorio de una pequea burguesa donde nos sentimos ms que a gusto; lo nico que puede medio sacudir el confort snob en el que sobrevivimos es el retraso de un pago que de por s ya iba a llegar mucho despus de que lo necesitramos o la cancelacin de eventos de relumbrn y engordamiento de cifras que adems de mantenernos calladitos y besando la mano del mandatario en turno sirven para cubrir el desvo de recursos, la malversacin de fondos, el enriquecimiento ilcito y la inoperancia poltica. Cohesin del tejido social?, solidaridad con las luchas de otros sectores de la clase trabajadora? Esas son mamadas; a m que me pongan dnde hay, decimos.

Para muestra, dos botones: nuestro casi generalizado mutismo ante la lacerante contrarreforma en materia laboral, porque hemos asumido con carta de naturalidad el que desde hace mucho se nos contrata bajo las aberrantes condiciones que sern legales con la aprobacin de esta ley neoporfirista, y nuestra casi nula resistencia ante modelos de control hegemnico como la educacin por competencias, cuyo individualismo propiciar prcticas de discriminacin, exclusin, traicin y descalificacin donde debera cultivarse la fraternidad, la solidaridad, la lealtad y la dignidad.

Yo no espero de la administracin graquista, ni de ninguna otra, la transformacin del modo de produccin capitalista; sera como esperarlo de la clase poltica dominante, la iniciativa privada, la banca financiera: de hacerlo se estaran dando un tiro en la cabeza. Esa transformacin debe venir de la clase trabajadora, sa que los abanderados de los discursos de los posmodernidad dictan que ya no existe. Emprender, pues, la construccin de procesos de apropiacin de los medios de produccin y de cambio es slo tarea nuestra; pero, como afirma Jos Ramn Enrquez, es necesario entender que estamos obligados a llevar a cabo una accin y una teora polticas que ubiquen al capital financiero y su volatilidad en su justo lugar.

De otro modo, lo mejor que podremos hacer, al menos quienes nos dedicamos al teatro (ya les cont que ste oficio qued relegado en la exposicin del programa cultural graquista), ser apostar por la construccin de un mundo ficticio en el cual, como explica Bolvar Echeverra cuando habla del ethos barroco, el valor de uso, es decir, el disfrute producto de nuestro trabajo, tenga la vigencia que la valorizacin del valor abstracto (lase la acumulacin del capital: la plusvala) le cancela; pero no ser nada ms que eso: un mundo ficticio.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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