Portada :: Colombia :: Caza de brujas en la UPN: solidaridad con Renn Vega
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-10-2012

El exilio de Renn Vega Cantor: Problemtica de fondo

Carlos Eduardo de Jess Sierra Cuartas
Rebelin


Tierras de exilios

Al pasar revista a la historia del mundo hispano, llama poderosamente la atencin el hecho que los territorios que lo componen no han podido sustraerse jams al fenmeno del exilio. Si, por ejemplo, le damos el vistazo a los siglos de historia de la Espaa medieval, abundan los episodios al respecto, como fue el caso cuando tomaron el poder en al-Andalus, la Espaa islmica medieval, los invasores almohades, procedentes del norte de frica, el Magreb, cuya intolerancia fue proverbial. Aunque un ejemplo mejor conocido es el de la expulsin de los judos poco tiempo despus de la toma de Granada por parte de los ejrcitos de los Reyes Catlicos. Dcadas ms tarde, en pleno siglo XVI, sobrevino la expulsin de la poblacin morisca. Luego, avanzado el siglo XVIII, tuvo lugar la expulsin de los jesuitas de los dominios espaoles. Y ni que decir a propsito del terrible exilio cientfico y pedaggico espaol ocasionado por la Guerra incivil espaola. Y as por el estilo, los ejemplos sobre este fenmeno abundan a granel.

De similar forma, los pases hispanoamericanos no han sido la excepcin al respecto. Sirva de ilustracin sobre esto que, en mi biblioteca personal, cuento con muchos libros escritos por intelectuales latinoamericanos que, en su momento, tuvieron que marchar al exilio, como son los casos de Mario Bunge, Marcelino Cereijido y Alfonso Sastre. En cierto modo, puede decirse que, en el alma de todo hispano decente que reacciona contra la machaconera y el achabacanamiento reinantes en nuestras sociedades, inequitativas como las que ms, hay un exiliado real o en potencia. Como bien seala Jos Llus Barona (1999), de la Universidad de Valencia, los procesos de modernizacin y secularizacin han provocado en Espaa las secuelas del exilio, precisin oportuna que, hasta donde cabe decir, aplica as mismo al resto del mundo hispano. De esta forma, para los tiempos que corren, signados por las contrarreformas neoliberales, especie de nuevo rostro de los procesos de modernizacin y secularizacin impuestos por la ideologa del Mercado, el nuevo nombre del dios Mammn, resultan inevitables los exilios, tanto internos como externos. A mi juicio, en esta perspectiva queda enmarcado el exilio sufrido recientemente por el profesor Renn Vega Cantor en virtud de su slido compromiso intelectual.

La informacin publicada acerca del exilio de Renn Vega Cantor muestra dos elementos que no han faltado a lo largo de nuestra historia intelectual: la persecucin perpetrada por las derechas y cierta complicidad de los mentideros acadmicos. En lo que sigue, quiero detenerme sobre todo en esto ltimo, mxime por tratarse de un aspecto de la cuestin explorado en forma insuficiente, reflejo de la misma cultura universitaria, poco dada a exponerse ante el gran pblico y harto proclive a lavar, en principio, la ropa sucia en casa.

El mundo universitario: humano, demasiado humano

En efecto, contrario a lo que mucha gente suele creer, el mundo universitario dista mucho de ser una Arcadia. Como destaca Jos Carlos Bermejo, historiador espaol, una creencia comn es aquella que dice que la universidad es una institucin supuestamente destinada a producir los diversos saberes merced a la labor de unas personas muy inteligentes, desinteresadas y dotadas de espritu crtico. Segn esta creencia que choca con el principio de realidad, los universitarios seran unos seres incorruptibles, objetivos y con una inteligencia superior a la media. No obstante, Robert King Merton, acaso la figura ms conspicua en lo que a la sociologa de la ciencia concierne, dej bien establecido en su obra que las comunidades acadmicas no escasean en actitudes mezquinas y miserables, incluida la envidia, esa madre de la estupidez humana segn aseveracin de otro historiador espaol, Pedro Voltes (1999). En suma, las comunidades de marras son humanas, demasiado humanas.

Ahora bien, en la historia del ensayo hispanoamericano, cabe detectar indicios significativos a este respecto. Botn de muestra, Jaime Alberto Vlez deja bien establecido, para el caso colombiano, lo siguiente (Vlez, 2000): La intransigencia de buena parte de la intelectualidad colombiana no entraa, por tanto, ninguna originalidad, y obedece, ms bien, a una tradicin que oscila mecnicamente entre la libertad y el orden, sin alcanzar ninguno de los dos estados. A lo que aade un poco ms adelante esto: La ausencia de ensayistas en una tradicin, en ltima instancia, pone en cuestin la cultura y hasta el mismo orden social. En Colombia, donde en ocasiones no resulta posible ni siquiera la ms elemental expresin de las ideas, difcilmente podra crecer con autonoma y feracidad el ensayo, un gnero que exige un ambiente y una temperatura benvolos, y hasta un aclimatador de novedades.

Hasta aqu Vlez. En nuestra infausta historia, estuvimos a punto de contar con otro premio Nobel. En 1954, Jean Paul Sartre y Thornton Wilder nominaron a Fernando Gonzlez Ochoa para el premio Nobel de literatura. Por desgracia, la Academia Colombiana de la Lengua torpede tan noble iniciativa de ambos escritores al negarse a efectuar los trmites de rigor (Gonzlez, 1998). Por qu esta animadversin contra Gonzlez, un gran intelectual sin duda alguna? Uno de sus amigos, Alberto Aguirre Ceballos, otro intelectual colombiano que padeci el exilio, nos responde sobre esto (Gonzlez, 1997): Porque la intelligentsia colombiana se ha rodeado siempre de hermetismo para simular el conocimiento. Lo que no se entiende, lo que se expresa de modo confuso y alambicado, es porque debe ser muy profundo. El texto de Gonzlez era rotundo y transparente. Lo que quera era que entendieran, comprobando sus decires. Pero bien se sabe que no hay peor sordo que el que no quiere or. Y en Colombia no han querido or. En fin, Fernando Gonzlez no era acadmico, a Dios gracias.

De facto, abundan sobremanera los ejemplos acerca de persecuciones a intelectuales y exilios en el mundo hispano, tantos que desbordara la extensin de cualquier artculo sobre el tema, por largo que fuese. Incluso, este fenmeno es antiguo en Colombia segn cabe apreciar por un artculo reciente de Julio Gaitn Bohrquez y Miguel Malagn Pinzn (2008), dedicado al aborto temprano de la libertad de ctedra en la vida republicana colombiana. En el caso ms particular de Antioquia, tampoco ha habido excepcin en este sentido, pues, como seala Jaime Jaramillo Escobar (2003): Pensadores y escritores no han faltado en Antioquia, sobre todos los temas de inters, pero sus ideas se pierden por falta de atencin. Se nos ensea con error a olvidar el pasado. No ocurre as en los pueblos cultos. Antioquia ha dado magnficos maestros, pero no se ha querido aprender. Bien se dice que no hay peor ciego que el que no quiere ver. () De poco sirve la reflexin de los guas en un pas que decidi no pensar; que se dedica al exterminio de los contrarios, en lo que sea; cuyos objetivos no coinciden con ningn plan nacional ni regional.

En esta perspectiva, cabe entender el episodio del exilio reciente del profesor Renn Vega Cantor. No obstante, se corre el riesgo de cercenar la comprensin de la problemtica correspondiente, puesto que, por exilio, suele entenderse, casi siempre, la persecucin y expulsin de alguien a causa, por lo general, de sus ideas polticas, religiosas o de otra ndole, una situacin asociada con el destierro las ms de las veces. Con todo, no es tpico abordar lo atinente a la categora del exilio interno, bastante delicada si no perdemos de vista que, en las instituciones educativas y otros entornos, suele practicarse la exclusin de intelectuales comprometidos en virtud de las mismas causas recin sealadas, un fenmeno social que forma parte del fenmeno denominado como acoso moral o psicolgico.

En los ltimos aos, signados por el infierno neoliberal, como denuncia tan oportuna y valientemente Heinz Dieterich, las universidades se han transformado en iglesias por obra y gracia de las contrarreformas neoliberales y la crisis de los intelectuales, esto es, de aquellos intelectuales que han colapsado en lo moral y cientfico al prestarse a los tenebrosos intereses del neoliberalismo, estando as de espaldas a las tragedias del grueso de las poblaciones de sus pases. He aqu una descripcin del problema en las propias palabras de Dieterich (2005): Entendidos los intrnsecos cdigos del universo social, tanto los obispos del Primer Mundo como los cooptados del Tercer Mundo pasan el verbo y la liturgia a los curas, es decir, los profesores universitarios medianos, quienes, a su vez, los predican a la grey: los estudiantes. Siendo stos los ltimos en la cadena de iluminacin y mando, no tienen otra alternativa que obedecer al ritual de adoctrinacin, porque los profesores curas lo imponen con el poder institucional. A nivel estudiantil del sistema acadmico, la amenaza de reprobacin profesoral es el equivalente funcional de la amenaza de excomunin eclesistica para los herejes religiosos. A nivel de los curas (profesores), la hereja se castiga con la exorcizacin de los foros pblicos, apoyos financieros, becas a la investigacin y posibilidades de publicacin, entre otras formas de penitencia administrativa.

Hasta aqu Dieterich. Justo en lo que l apunta con tino como el combate a los herejes universitarios que no le hacen el juego a la buena nueva neoliberal, subyace la persecucin en contra de los intelectuales comprometidos que no se han corrompido. Incluso, el uso del lenguaje en las universidades refleja esto en ocasiones, no sin cierto humor e irona, como, para muestra un botn, cuando a los comits asesores de programas de estudios, se los llama a veces como comits agresores u otra denominacin de similar jaez, denominacin que recoge el talante antidemocrtico de tales comits.

Cultura organizativa y exilios internos y externos

A fin de entender mejor la fenomenologa de los exilios internos, junto con los externos, lo decantado por los estudiosos de la cultura organizativa brinda algunas luces tiles. En especial, lo relativo a la ley de Parkinson y al principio de Peter, puesto que dan cuenta del porqu de la presencia de seres de talante inquisitorial en las estructuras organizativas, incluidas las instituciones educativas. Sobre todo, los mandos medios proporcionan una mirada de ejemplos a este respecto. Despus de todo, por algo, en lengua castellana, existe el vocablo asnocracia, si bien, en fecha reciente, el humorista grfico espaol Aleix Sal bautiz su segundo videoclip sobre la crisis econmica espaola como Simiocracia, todo un vocablo de lo ms rico en imgenes.

De qu tratan la ley de Parkinson y el principio de Peter? En lo esencial, aquella se refiere al ascenso a los puestos de autoridad de personas que sienten celos ingentes del xito ajeno al par que se caracterizan por la incompetencia. A esto se lo conoce como ingelitencia o enviditencia, por la cual las personas enviditentes se esfuerzan con terquedad por expulsar a todos los que son ms capaces que ella (Livraghi, 2010). Represe aqu en el clima de exilio que tales personas propician con su actuar. Por su parte, el principio de Peter afirma que los miembros de una organizacin meritocrtica prosperarn hasta alcanzar el nivel superior de su competencia y, luego, los ascendern y estabilizarn en un cargo para el cual son incompetentes. Ahora bien, como destaca Giancarlo Livraghi, filsofo italiano, en la actualidad, la situacin es peor por cuanto el concepto de mrito resulta cada da ms confuso, mxime cuando los ascensos pueden estar influidos por la proteccin de un poder oligrquico, una apariencia superficial, intrigas y otras razones que poco o nada tienen que ver con la competencia. Por supuesto, el ascenso de alguien debido a causas como las sealadas por Livraghi implica per se el exilio de otras con mritos enjundiosos.

Con mayor hondura, Marcelino Cereijido (2011) se apoya, entre otras fuentes, en lo aportado por los descubrimientos neurolgicos de las ltimas dcadas. En particular, seala lo relativo al doppelgnger, alguien muy dentro del organismo humano que le ordena llevar a cabo una accin e, incluso, tiene la cortesa de avisarle, para que luego se d el gusto de creer que ha sido su propia consciencia la que tom la decisin. De hecho, el doppelgnger puede hacer que las personas cometan barbaridades mientras las tiene al tanto de que estn transgrediendo alguna norma a fin de que tengan gran cuidado y acten con sigilo. Es decir, usando las propias palabras de Cereijido, el doppelgnger pone al corriente a las personas cuando cometen hijoputeces a la vez que les hace pensar que estn obrando con justicia. En suma, la raz del mal forma parte de la naturaleza humana, y esto no excluye a los miembros de las comunidades acadmicas, siempre tan humanos, tan demasiado humanos. En fin, no pongamos en duda que el doppelgnger est siempre presente en los miembros de comits, unidades acadmicas y otras instancias de control y gobierno en las instituciones educativas. Y el necesario freno tico tiende a brillar por su ausencia.

Esta idea del doppelgnger aportada por la reciente neurobiologa permite comprender mejor el actuar de los claustros universitarios, como lo ilustra bien la Historia, leda en clave crtica. Como complemento de los ejemplos histricos antes vistos, mencionemos el caso de Jos Lucas Casalete, catedrtico de Prima de Medicina en la Universidad de Zaragoza y cabeza del grupo de novatores de dicha ciudad. Segn narra Jos Mara Lpez Piero (1982), l fue objeto de una de las campaas condenatorias ms duras sufridas por los introductores de las corrientes cientficas modernas en la Espaa de fines del siglo XVII. Con exactitud, los catedrticos de medicina de Salamanca, Alcal, Valladolid, Valencia, Barcelona, Lrida y Huesca condenaron y prohibieron las enseanzas innovadoras de Casalete con las expresiones ms duras. Como destaca con tino Lpez Piero, esto constituye un ejemplo expresivo de cmo el profesorado universitario puede tornarse en un grupo cerrado y paralizador. Y vaya que las universidades colombianas abundan en especmenes de este jaez, ms letales que una legin romana y una falange macedonia actuando de consuno.

A estas alturas, no debe sorprender en lo ms mnimo la grotesca ndole inquisitorial que muestra el exilio sufrido por el profesor Renn Vega Cantor, puesto que estamos ante un vaco tico hrrido que atraviesa a toda la sociedad y el cual, como hemos visto, tiene races histricas que se hunden en el tiempo. En una palabra, las universidades colombianas cargan con el sambenito de ser las ms antidemocrticas de Latinoamrica en cuanto a sus formas de gobierno (Villamil, 2010), un hecho de fcil comprobacin por parte de quien funja como profesor o estudiante y procure mantenerse al margen de la podredumbre moral que infesta la vida universitaria actual. Al fin y al cabo, las universidades latinoamericanas son, sobre todo y acogiendo el trmino de Roberto Follari (2008), selvas acadmicas. Por tanto, cabe temer en forma razonable que bien pueden repetirse episodios oscurantistas como el de Renn Vega Cantor con otros profesores universitarios colombianos que han persistido en mantener un indeclinable compromiso intelectual, mxime cuando la libertad de ctedra y de pensamiento peligra hoy da ms que de costumbre. As las cosas, cabe preguntarse: Estn los estamentos universitarios fundamentales, profesores y estudiantes, y sus organizaciones, a la altura que reclaman las circunstancias a fin de respaldar a aquellos profesores que, como Renn Vega Cantor, tienen que sufrir constantemente persecuciones y exilios, internos o externos, en virtud de un compromiso intelectual serio? Despus de todo, no perdamos de vista que las sociedades latinoamericanas cargan a cuestas con el lastre de ms de cinco siglos de experiencia, no precisamente encomiable, en dogmatismo y principio de autoridad, esto es, nuestras sociedades distan mucho de haber incorporado el autntico modo cientfico de comprender la realidad.

Fuentes

Barona, Jos Llus. (1999). Imgenes del exilio cientfico. En Lafuente, Antonio y Saraiva, Tiago (eds.). Imgenes de la ciencia en la Espaa contempornea (pp. 89-99). Madrid: Fundacin Arte y Tecnologa y Fundacin Telefnica.

Cereijido, Marcelino. (2011). Hacia una teora general sobre los hijos de puta. Mxico: Tusquets Editores Mxico.

Dieterich, Heinz. (2005). Crisis en las ciencias sociales. Madrid: Popular.

Follari, Roberto A. (2008). La selva acadmica: Los silenciados laberintos de los intelectuales en la universidad. Santa Fe: Homo Sapiens.

Gaitn Bohrquez, Julio y Malagn Pinzn, Miguel. (2008). El aborto temprano de la libertad de ctedra en la vida republicana colombiana. Estudios sociojurdicos, vol. 10, N 1, pp. 377-400.

Gonzlez, Fernando. (1997). Antioquia. Medelln: Universidad de Antioquia.

Gonzlez, Fernando. (1998). Una tesis: El derecho a no obedecer. Medelln: Universidad Pontificia Bolivariana.

Jaramillo Escobar, Jaime (compilador). (2003). El ensayo en Antioquia. Medelln: Biblioteca Pblica Piloto, Concejo de Medelln, Alcalda de Medelln y Secretara de Cultura Ciudadana de Medelln.

Livraghi, Giancarlo. (2010). El poder de la estupidez. Barcelona: Ares y Mares.

Lpez Piero, Jos Mara. (1982). Hace trescientos aos. Investigacin y ciencia, N 64, pp. 4-6.

Vlez, Jaime Alberto. (2000). El ensayo: Entre la aventura y el orden. Bogot: Taurus.

Villamil Garzn, Edwin Mauricio. (2010). Modelo de gobierno universitario colombiano: El ms antidemocrtico de Amrica Latina. En Vsquez Tamayo, Carlos et al., Pensar la Universidad: Hay un horizonte tico-poltico de la Universidad? (pp. 87-97). Medelln: Universidad de Antioquia y Universidad Nacional de Colombia.

Voltes, Pedro. (1999). Historia de la estupidez humana. Madrid: Espasa.


(*) Carlos Eduardo de Jess Sierra Cuartas es Ingeniero Qumico de la Universidad Nacional de Colombia, Magster en Educacin de la Pontificia Universidad Javeriana, Profesor Asociado de la Universidad Nacional de Colombia e investigador independiente en el campo de la Biotica global.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 



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