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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-07-2004

Un defensor del pueblo

Higinio Polo
Rebelin


La eleccin de Rafael Rib como nuevo defensor del pueblo cataln (entre nosotros, Sndic de greuges,) ha trado de nuevo a la actualidad, fugazmente, a un olvidado poltico al que algunos de sus pares se han apresurado a elogiar en estos das. Desde luego, es un asunto de tercer orden que apenas justifica que perdamos unos minutos con l, pero conviene recordar algunas cosas, huyendo de esa convencional hipocresa que reina sobre los asuntos pblicos que mantiene que no es de buen tono criticar nombramientos realizados por cmaras elegidas por sufragio popular, ni elegante recordar el camino recorrido por algunos polticos. Porque este defensor del pueblo que es Rafael Rib tiene una precisa trayectoria que conviene recordar.

Su papel principal lo desarroll al frente del PSUC, a lo largo de una dcada ominosa que empez con vagas promesas y acab con inocultables mentiras. Elegido secretario general de los comunistas catalanes en 1986, tras unas duras crticas contra el anterior secretario, Antonio Gutirrez Daz, Rib no esconde su ambicin poltica. En 1988, es reelegido por el VIII congreso del PSUC, y, hasta 1997, no se celebrara el IX congreso, donde innovara polticamente con la eleccin de una secretara general colegiada de la que nunca ms se supo. An sigui unos aos al frente de la criatura poltica inventada por l, ICV, declinando. As, en un gesto indito en la poltica democrtica europea, Rib estuvo casi diez aos sin convocar el preceptivo congreso del PSUC, quebrantando todas las normas democrticas que el partido de los comunistas catalanes se haba dado, y llegando al extremo de denunciar despus a sus oponentes, que le exigan la convocatoria del congreso y el respeto a las pautas democrticas, manteniendo increblemente que su prudencia que quera evitar nuevas crisis era asentimiento en la vulneracin de la democracia interna. Cuando, finalmente, convoc el congreso, Rib y sus apoyos internos no tuvieron escrpulo alguno en imponer un escandaloso y antidemocrtico sistema de eleccin para conseguir sus propsitos.

Aplicado acuador de frases vacas, Rib fustig durante aos a la izquierda catalana, y a los militantes del PSUC, con su trascendental aportacin de que los comunistas deban realizar un tall conceptual (corte conceptual) con la revolucin de Octubre, y lleg a teorizar sobre la democracia interna en los partidos, ocultando interesadamente que particip en la que puede considerarse la mayor purga realizada en un partido democrtico, realizada en el PSUC en 1981, y que expuls del partido a buena parte de su direccin. No deja de ser revelador que, quien con tanta firmeza defenda los usos democrticos y rechazaba el stalinismo, impusiera con mano de hierro su poltica, en la mejor tradicin de ese mismo stalinismo que rechazaba, sin temor a utilizar los ms descarnados usos antidemocrticos en el interior de la organizacin.

Convencido de su papel providencial en la poltica catalana, subido a un pedestal que se concedi a s mismo y que le otorgaba capacidad e influencia espaola e incluso europea, pas, en un descabellado y furioso trnsito digno de mejor causa, de comunista a postular una fantasmagrica izquierda perifrica, recalando en sucesivos amarres de un partido radical a la italiana, del socialismo democrtico, del nacionalismo progresista, de un olivo cataln (lolivera, recuerdan?), de los verdes, para acabar en un confuso ecosocialismo, que, hoy, ni sus propios mentores pueden definir con precisin. Lleg hasta a crear una llamada UEC (Uni de lEsquerra Catalana, UEC, alguien lo recuerda?) para presentarse a las elecciones legislativas de 1989.

En el camino, Rib impuso a su partido, en 1993, su eleccin como diputado en Madrid, en un momento en que el clculo poltico le llev a pensar en la posibilidad de que el PSOE de Felipe Gonzlez tuviera necesidad de Izquierda Unida y se alcanzase un pacto de gobierno entre ambas fuerzas: esperaba representar un papel protagonista, y ser elegido ministro: la gloria. No calcul que Felipe Gonzlez preferira pactar con la derecha nacionalista catalana de Pujol. Algunos seguidores de la actualidad poltica recordarn los enfrentamientos del nuevo defensor del pueblo con Julio Anguita; algunos, merecedores de figurar en las mejores antologas del disparate: cuando Anguita expuso ante el pas su reivindicacin republicana, Rib se apresur a declarar que ese gesto era una irresponsabilidad, y sus palabras (extrao, verdad?) fueron reproducidas de inmediato por toda la prensa y las televisiones del rgimen monrquico. Televisin Espaola lleg a abrir telediarios con las palabras de Rib, tan apreciadas por Juan Carlos de Borbn. Ahora, identificado con esos delicados ecosocialistas o verdes que, como ha declarado Daniel Cohn-Bendit, el viejo Dani el rojo hoy tan desteido, apoyan decidicamente el proyecto de Constitucin europea, pese a los evidentes elementos antidemocrticos y regresivos que contiene para los trabajadores abandona su militancia en ICV para adoptar el trascendental papel de uno de los pilares de la patria.

Los usos de la hipocresa poltica convencional esconden muchas veces ambiciones personales, que algunos consideran legtimas, como si la accin poltica de un hombre de izquierda pudiera estar subordinada a los intereses privados. Tal vez por eso, ahora, Rib maquilla cuidadosamente su pasado comunista, aunque no duda, si la ocasin lo exige, en reivindicar la lucha por la libertad protagonizada por el PSUC: en un calculado gesto, se apodera de una parte del patrimonio histrico y tico del PSUC, mientras deja los puntos oscuros para enlodar a sus camaradas de ayer. Convertido en un hombre del sistema, en un aplicado poltico profesional, ve ahora parcialmente reconocidos sus mritos por sus pares, aunque sea en un secundario puesto de representacin, a la espera de una merecida jubilacin, con los emolumentos debidos a quien, si es recordado maana, apenas lo ser por algo ms que por sus titnicos esfuerzos para destruir el espacio comunista en Catalua.

No puedo ocultar que, conociendo como conozco al personaje, no me pondra nunca en sus manos. Pero la historia, la pequea historia del pas, se escribe con hombres semejantes. Por eso, en estos das, la Catalua oficial instalada en el poder y en las instituciones, le ha ofrecido una prejubilacin, un merecido descanso despus de tantos desengaos, envindolo al mausoleo de las oficinas del Sndic de greuges, como antes hicieron con Anton Canyellas, otro dinosaurio del pasado. Ahora, culminada una larga trayectoria desde los lejanos das de asambleas libertarias del ltimo franquismo, el nuevo defensor del pueblo se muestra ante el pas vestido con sus mejores galas de demcrata y de servidor del ciudadano, dndose de baja de ICV, por imperativo legal, y se recluye, satisfecho, elogiado por casi toda la Catalua oficial, en el panten de las oficinas del Sndic de Greuges. Rafael Rib, un defensor del pueblo.



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