Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-10-2012

Hay mercado despus de la muerte?

Santiago Alba Rico
La Calle del Medio


Es una historia muy dura. El pasado 24 de febrero la polica ucraniana descubri en el interior de una furgoneta huesos y tejidos humanos mezclados con fajos de billete. No se trataba del crimen de un mafioso vengativo o de un socipata desalmado sino de los flecos de un negocio banal. Ucrania forma parte de la ruta internacional de ingredientes para la fabricacin de artculos farmacolgicos -implantes dentales, prtesis y cremas antiarrugas- vendidos en todo el mundo y muy especialmente en Estados Unidos, mximo receptor de este tipo de productos. La investigacin, en efecto, revel que restos de ciudadanos ucranianos eran enviados a una fbrica en Alemania, subsidiaria a su vez de una compaa norteamericana de productos mdicos con sede en Florida, la RTI Biologics, que factura todos los aos 169 millones de dlares gracias al reciclaje de material anatmico.

Uno de los problemas es que el sistema de donacin de tejido humano est sometido a una regulacin mucho ms liviana que el de semillas o el de juguetes de plstico y, desde luego, claramente ms tolerante que el de sangre u rganos para trasplante. Es difcil seguir la pista al trfico legal de piel, huesos y vlvulas sanguneas y la mayora de sus beneficiarios -en clnicas y hospitales de todo el mundo- no conocen la procedencia del perno que le han instalado en la dentadura o de la prtesis gracias a la cual ha dejado de cojear. Ms grave an: una parte importante de este trfico no procede de donaciones sino de una red ilegal de saqueo y comercio de cadveres cuyos beneficios oscilan entre 80.000 y 200.000 dlares por unidad corporal. Entre los restos encontrados en la furgoneta se encontraban algunos pertenecientes a Oleksandr Frolov, de 35 aos, muerto a causa de un ataque de epilepsia. De camino al cementerio, cuando estbamos en el cortejo fnebre, notamos que uno de los zapatos se caa, pareca estar suelto, cont su madre. Cuando mi nuera lo toc, dijo que el pie estaba vaco. Ms tarde, la polica le mostr una lista de lo que haba sido extrado del cuerpo de su hijo: dos costillas, dos talones de Aquiles, dos codos, dos tmpanos y dos dientes.

La historia viene de lejos. En marzo de 2003, la polica de Letonia investig si el proveedor local de Tutogen, la subsidiaria alemana de RTI Biologics, haba extrado tejidos de unos 400 cuerpos depositados en el instituto mdico forense del Estado sin el consentimiento pertinente. Dos aos ms tarde, Michael Mastromarino, propietario de la Biomedical Tissues, fue procesado por comprar a los enterradores de Nueva York y Pensilvania hasta 1.000 cadveres a fin de fabricar y vender productos biomdicos en Canad, Turqua, Suiza y Australia. Tanto en el caso de Tutogen como en el de Mastromarino los cadveres, despojados de sus entraas y rellenos de telas, madera y tubos, eran devueltos a sus familias, que los enterraban sin sospechar nada. Mastromarino, hoy en la crcel como ladrn de cadveres, declar con toda naturalidad: Esta es una industria. Es una mercanca. Como la harina en el mercado. No es diferente. Y aadi: yo tom atajos. Pero saba dnde poda hacerlo. Proporcionbamos un producto fantstico.

El trfico de lo que eufemsticamente llaman material anatmico tiene sin duda consecuencias graves para la salud: la implantacin de tejidos sin control ha producido ya numerosos casos de cncer, hepatitis C o SIDA en los receptores. Pero ste, en todo caso, es un mal muy pequeo frente al que se hace a -digamos- la civilizacin humana, cuyo fundamento histrico y cultural gira en torno a tres elementos: el fuego, las semillas y el culto a los muertos. Puede parecer una exageracin, pero de alguna manera son los muertos los que protegen y humanizan las relaciones entre los vivos; son los muertos los que evitan la descomposicin temporal de las sociedades humanas. Ateos o creyentes, la muerte aparece ante nosotros como ese lmite insuperable que amenaza el orden social y que slo puede ser absorbido en l de manera precaria y provisional, prolongndolo -por as decirlo- en una frgil sociedad de antepasados. La ceremonia, la memoria y la repeticin gestual -las flores en la tumba, la receta de la abuela o el modo de caminar del hermano muerto- permiten solucionar un problema que de otro modo disolvera en el terror todas las relaciones humanas. Estamos vinculados entre nosotros porque estamos vinculados al futuro a travs de los nios y porque estamos vinculados al pasado a travs de los muertos. Al contrario que el mercado, una sociedad humana es el conjunto de las demandas de las generaciones pasadas, presentes y venideras.

Al morir, un cuerpo se convierte definitivamente en objeto. El cadver est solo y es vulnerable y dependiente. Requiere cuidados. Tras una despedida solemne, es necesario enterrarlo o quemarlo -paradjicamente- para que no vuelva a la vida; es decir, para que no se convierta en otra cosa de lo que era. Los procesos de descomposicin -invasin de un nuevo bullicio vital de otro orden- desbaratan la completud final del muerto, que conserva todava un instante la dignidad inerte, pasiva, desprotegida, de lo que fue nuestra madre, nuestro to o nuestro amigo. Ese objeto -el cadver- es terrible porque es humano e inhumano al mismo tiempo y porque nuestro esfuerzo por mantenerlo en la humanidad, siempre fracasado, implica su renuncia a l. Es nuestro porque nos aseguramos de que nadie va a tocarlo; es de todos porque nos aseguramos de que no ser privatizado por un extrao. Comerciar con el sexo, con las semillas o con el agua es un atentado sin duda a la seriedad colectiva del mundo; pero comerciar con los muertos es como arrancarle todas las vrtebras, y dejar sin venas ni huesos, a la Humanidad entera.

La muerte, como lmite insuperable, slo se puede humanizar renunciando a recuperar socialmente -racionalmente- el cadver del ser querido. El mercado ha vuelto legtima, honorable y banal la profanacin de los muertos. Se dir que el culto a los muertos es una supersticin, que el progreso requiere dejar atrs tabes obstaculizadores y que, a travs de este comercio, los muertos, hasta ahora inservibles, borde de toda funcionalidad, se vuelven socialmente tiles y ayudan a seguir viviendo a los vivos. Pero la paradoja es justamente sa: al recuperar socialmente a los muertos convirtindolos en mercanca, al negarnos a renunciar a ellos, al mantenerlos en nuestros cuerpos sin permitir que formen su propia sociedad exterior, y al hacer todo esto contra la voluntad del muerto y de sus supervivientes, privamos definitivamente a la humanidad de esa exterioridad irreductible -la Naturaleza- sin la cual son imposibles los trabajos agotadores y maravillosos de la cultura humana.

Hay cosas que no se pueden racionalizar sin perder completamente la razn. Hay cosas que no se pueden desdramatizar sin agravar el drama. Una humanidad sometida a una hambruna tal que slo pudiera sobrevivir alimentndose de la carne de sus padres muertos no merecera el nombre de humanidad y no merecera, por tanto, sobrevivir. El mercado capitalista apunta siempre al derrumbe de la civilizacin; y si an no ha conseguido su propsito es slo porque miles de hombres y mujeres la sostienen y apuntalan cocinando, amando a sus nios, cuidando a sus ancianos, despidiendo a sus muertos y luchando por la tierra y el fuego.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter