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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-10-2012

El mito de los gobiernos progresistas en Brasil

Plnio de Arruda Sampaio Jnior
Revista Pueblos


La comprensin de la realidad brasilea requiere el esfuerzo crtico de contrastar la apariencia de los fenmenos y la forma en la que son interpretados por el sentido comn con su esencia ms profunda, definida por el sentido que condiciona las tendencias estructurales inscritas en el movimiento histrico. Tal contraste revelar el abismo que existe entre el mito de que Brasil vive un brote de desarrollo, liderado por un gobierno de izquierda que supuestamente habra creado condiciones para combinar el crecimiento, el combate a las desigualdades sociales y la soberana nacional, y la dramtica realidad de una sociedad impotente para enfrentarse a las fuerzas externas e internas que la someten a los terribles efectos del desarrollo desigual y acordado en tiempos de crisis econmica general del sistema capitalista mundial.

La nocin de que la economa brasilea vive un momento sin igual de su historia se apoya en diversos elementos de la realidad. Finalmente, despus de dos dcadas de estancamiento, entre 2003 y 2011, la renta per cpita de los brasileos creci una media del 2,8 por ciento al ao. En ese periodo, el pas mantuvo la inflacin bajo control y, salvo la turbulencia de finales de 2008 en la cumbre del estallido de la crisis internacional, no sufri ninguna amenaza de crisis cambiaria. A finales de 2011, el stock de deuda externa era inferior al volumen de divisas internacionales, configurando una situacin en la cual tcnicamente Brasil aparece como acreedor internacional. La expansin de la economa permiti una expresiva recuperacin del empleo. Se calcula que el nmero de empleos generados en el periodo Lula (2003-2010) rebasa los 14 millones.

Despus de dcadas de demanda reprimida, el aumento de la masa salarial y el mayor acceso al crdito provocaron una carrera hacia el consumo. Asociando grandes negocios, crecimiento, aumento del empleo y modernizacin y adaptacin de los patrones de consumo a la nocin de desarrollo, la sabidura convencional interpret la nueva coyuntura como una demostracin inequvoca de que Brasil habra finalmente creado condiciones objetivas para el desarrollo capitalista auto-sostenible.

La idea de que el crecimiento econmico habra venido acompaado de una mejora en la desigualdad social tambin encuentra cierto respaldo en los hechos. Despus de dcadas de absoluto inmovilismo, en el gobierno Lula el ndice de Gini, que mide el grado de concentracin personal de renta, disminuy un poco; y la distancia entre la renta media del 10% ms pobre y la del 10% ms rico del pas baj de 53 veces a finales del gobierno Fernando Henrique Cardoso (2002), y a 39 veces en 2010.

Las autoridades se vanaglorian de que durante ese intervalo ms de 20 millones de brasileos dejasen de estar por debajo de la lnea de la pobreza. Tal proceso llev a la presidenta Dilma Rousseff a afirmar que Brasil pas a ser un pas de clase media. Adems de la reanudacin del crecimiento, los avances sociales estaran relacionados con la poltica de recuperacin en un 60% del valor real del salario mnimo entre 2003 y 2010 (movimiento que ya haba comenzado en el gobierno de Fernando Henrique Cardoso); con la ampliacin de la cobertura de sanidad social a los trabajadores rurales ( consecuencia de la Constitucin de 1988) y con la poltica social del gobierno federal, principalmente la Bolsa Familia (programa de transferencia de renta para la poblacin carente que en 2010 atenda a cerca de 13 millones de familias).

Por fin, el sentimiento relativamente generalizado, en Brasil y en el exterior, de que el pas habra adquirido mayor relevancia en el escenario internacional tambin se apoya en hechos concretos, tales como: el fracaso del ALCA (en parte debido a la resistencia del gobierno brasileo), el peso de Brasil en el Mercosur; el papel moderador de la diplomacia brasilea en las escaramuzas de Amrica del Sur; la participacin del pas en el restringido grupo del G-20 que rene a las principales economas del mundo para pensar estrategias para vencer la crisis econmica mundial; la formacin del foro que rene a los llamados BRIC (-Brasil, Rusia, India y China), que congrega a las mayores economas emergentes, como supuesto contrapunto al G-5 (el foro de las potencias imperialistas). La condicin de sede de dos mega eventos (la Copa del Mundo de 2014 y las Olimpiadas de 2016) sera la prueba material del gran prestigio de Brasil.

Por ms convincentes que los hechos enunciados resulten, el mtodo de resaltar los hechos positivos y esconder los negativos ofrece una visin parcial y distorsionada de la realidad. Eligiendo arbitrariamente los elementos puestos en evidencia y ocultando los que no conviene sacar a la luz, la apologa del orden distorsiona la comprensin de los problemas de la sociedad brasilea, suprimiendo las contradicciones inscritas en el movimiento histrico. Sin embargo, basta llamar la atencin hacia algunos elementos de la realidad para poner de manifiesto el carcter perverso del patrn de acumulacin que condiciona el desarrollo capitalista en Brasil.

La mitologa de que Brasil estara viviendo un nuevo estallido de desarrollo ignora las terribles fuerzas externas e internas responsables del proceso de reversin neocolonial que intensifica la relacin perversa entre desarrollo capitalista y barbarie. Basta registrar algunos hechos para demostrar la fragilidad del mito del neodesarrollismo brasileo.

El crecimiento de la economa brasilea entre 2003 y 2011 fue modesto, menos del 3% al ao, muy por debajo del que sera necesario para absorber el crecimiento vegetativo de la fuerza de trabajo, estimado en cerca del 5 por ciento anual. La expansin de Brasil apenas super el crecimiento medio de la economa latinoamericana, o sea, nada excepcional. Beneficindose del aumento de las exportaciones, impulsada por la elevacin de los precios de las commodities, y de la abundancia de liquidez internacional, que permiti una poltica econmica interna menos restrictiva, la expansin fue determinada por la configuracin de una coyuntura internacional sui generis que le permiti a Brasil surfear en la burbuja especulativa generada por la forma en la que los gobiernos de las economas cntricas administraron la crisis. En ese periodo, la media de la tasa de inversin se qued por debajo del 17% del PIB, apenas por encima de la verificada en los ocho aos del gobierno anterior y muy por debajo del nivel histrico de la economa brasilea entre 1970 y 1990, intervalo que incluye la dcada perdida por la crisis de la deuda externa.

La nueva ronda de modernizacin de los patrones de consumo solamente alcanz una parcela de la poblacin y, an as, en su mayora, con productos superfluos de bajsima calidad. Eso porque, as como una persona pobre no dispone de condiciones materiales para reproducir el tipo de gasto de una persona rica, la diferencia de por lo menos cinco veces en la renta per cpita brasilea en relacin con la renta per cpita de las economas cntricas no permite la generalizacin del estilo de vida de las sociedades ricas al conjunto de la poblacin. Para las capas populares que consiguieron participar de la farra de consumo, incluso de manera precaria, el coste ha sido altsimo y ser pagado con duros sacrificios en algn momento. En efecto, la carrera de las familias pobres a la compra, incentivada por la poltica econmica de expansin indiscriminada del crdito al consumo, no vino acompaada de condiciones que permitan que la mayor propensin al consumo sea sostenible. El cobro de tasas de intereses reales verdaderamente estratosfricas, en total asimetra con la evolucin de los salarios reales, anuncia la gestacin de un proceso de servidumbre por deuda, en el que un peso creciente de la renta familiar deber ser destinado al pago de deudas. Cuando la burbuja especulativa estalle y las tendencias recesivas lleguen a Brasil, el creciente endeudamiento de las familias pobres tender a convertirse en una grave crisis bancaria.

La subordinacin del patrn de acumulacin a la lgica de los negocios del capital internacional ha provocado un proceso de especializacin regresiva de la economa brasilea en la divisin internacional del trabajo. La revitalizacin del negocio agrario como fuerza motriz del patrn de acumulacin reforz el papel estratgico del latifundio en la economa brasilea. La importancia creciente de la extraccin de minerales, potenciada por el descubrimiento de petrleo en la capa del pre sal, intensific la explotacin predatoria de las ventajas competitivas naturales del territorio brasileo. Por fin, la falta de competitividad dinmica para enfrentar las economas desarrolladas y de competitividad espuria para hacer de cara a las economas asiticas hizo inviable la industria brasilea, desencadenando un proceso irreversible de desindustrializacin.

La exposicin de Brasil a las operaciones especulativas del capital internacional intensific la desnacionalizacin de la economa y aument su vulnerabilidad externa. La trayectoria explosiva del pasivo externo, compuesto por la deuda externa con bancos internacionales y por el stock de inversiones extranjeras en Brasil pone de manifiesto la absoluta falta de sostenibilidad de un patrn de financiacin que, para no entrar en colapso, depende de la creciente entrada de capital internacional. La magnitud del problema puede ser aquilatada por la dimensin alcanzada por el pasivo externo financiero lquido (que contempla solo los recursos de extranjeros de altsima liquidez listos para dejar el pas, ya descontadas las reservas cambiarias), 542 billones de dlares a finales de 2011. En ese contexto, nada garantiza que, de un momento a otro, cuando el sentido del flujo de capitales externos se invierta, los empleos generados no desaparezcan, el nmero de pobres no vuelva a crecer y el pas no tenga que sufrir otra vez los programas de ajuste econmico impuestos por los organismos financieros internacionales.

El sustrato del modelo econmico brasileo reposa en ltima instancia en la creciente explotacin del trabajo. La escandalosa discrepancia entre las ganancias de productividad del trabajo y la evolucin de los salarios pone en evidencia que, incluso en una coyuntura relativamente favorable, el progreso no benefici a los trabajadores. En 2010, a finales del gobierno Lula, el salario medio de los ocupados permaneca prcticamente estancado en el mismo nivel de 1995. La distancia de casi cuatro veces entre el salario mnimo efectivamente pagado a los trabajadores y el salario mnimo estipulado por la Constitucin brasilea muestra lo lejos que se est an de colocar en cuestin la sobreexplotacin del trabajo como verdadera gallina de los huevos de oro del capitalismo brasileo.

Los gobiernos progresistas han ahondado -aunque a un ritmo ms lento- el proceso de precarizacin de las relaciones de trabajo. En los aos Lula, la jornada media del trabajador brasileo se qued en 44 horas, aumentando una hora en relacin a los ocho aos anteriores. La situacin ms favorable del mercado de trabajo tampoco impidi que la rotacin del trabajo continuara aumentando ni signific una reversin de la situacin de informalidad en que se encuentra prcticamente la mitad de los ocupados. El aumento del empleo vino acompaado de una profundizacin del proceso de tercerizacin. Se calcula que 1/3 de los empleos generados en el periodo fueron para trabajadores tercerizados, responsables, en la actualidad, de ms de 10 millones de puestos de trabajo, es decir, casi 1/5 del total de los empleados. Por fin, cabe resaltar la complacencia en relacin al trabajo infantil, que a finales de la primera dcada del siglo XXI continuaba afectando a cerca de 1,4 milln de nios brasileos -contingente equivalente a la poblacin de Trinidad Tobago.

La visin apologtica de que los gobiernos de Lula y Dilma estn comprometidos con el combate a las desigualdades sociales ignora la relacin de causalidad -hace dcadas desvelada por la teora del subdesarrollo- entre mimetismo de los patrones de consumo de las economas cntricas, desempleo estructural y tendencia a la concentracin de la renta, fenmenos tpicos del capitalismo dependiente. Cuando se considera la situacin del conjunto de los brasileos es fcil constatar que las causas estructurales de la pobreza y de la desigualdad social no fueron alteradas. Incluso con la expresiva ampliacin de los empleos, aproximadamente un 40 % de la fuerza de trabajo brasilea permanece desempleada o subempleada, es decir, sin renta de trabajo o con un trabajo que retribuye menos que un salario mnimo. En esas condiciones, no sorprende que la concentracin funcional de la renta, que mide la divisin de la renta entre salario y logro, haya permanecido prcticamente inalterada durante el gobierno Lula, estabilizada en uno de los peores niveles del mundo. La pequea mejora en la distribucin personal de la renta, que mide el reparto de la masa salarial -apuntada como prueba cabal del proceso de inclusin social-, en realidad solo revela una pequea mejora en la distribucin de la masa salarial -de las migajas que quedan para los trabajadores-, reduciendo la distancia entre la renta de la mano de obra no cualificada y la de los asalariados ms cualificados. La persistencia de un stock de pobres del orden de 30 millones de brasileos -contingente superior a la poblacin de Per y ms de cuatro veces los habitantes del Salvador- revela el total disparate que significa imaginar que Brasil pueda ser considerado un pas de clase media.

La nocin de que el gobierno Lula represent un cambio cualitativo en las polticas sociales no casa con las prioridades manifiestas en la composicin del gasto social. Convertidos a la filosofa de la poltica compensatoria del Banco Mundial, los gobiernos de Lula y Dilma pasaron a actuar sobre los efectos de los problemas sociales y no sobre sus causas, contentndose con reducir el sufrimiento del pueblo, dentro de las limitadsimas posibilidades presupuestarias generadas por el ajuste fiscal permanente impuesto por la poltica macroeconmica. La evolucin en la composicin del gasto social del gobierno federal entre 1995 y 2010 prueba que no hubo un cambio cualitativo en la poltica social de Lula en relacin a su antecesor. En los principales tems de gastos, como por ejemplo salud o educacin, la participacin relativa de los gastos sociales del gobierno federal en el PIB permaneci prcticamente inalterada. Existen dos excepciones. La primera, respecto a los gastos en Sanidad Social, cuyo aumento, como ya hemos mencionado, debe ser atribuido bsicamente a los efectos de la Constitucin de 1988. La segunda se refiere a los programas asistenciales que, en el gobierno Lula, recibieron un aumento de recursos del orden del 1% del PIB, ms del doble de la proporcin destinada por el gobierno anterior, pero, an as, un montante que corresponde a menos de 1/3 de los recursos transferidos a los rentistas en forma de supervit primario para pagar los intereses de la deuda pblica y menos de 1/6 del total de los gastos con el pago de intereses de la deuda pblica que durante los gobiernos de Lula alcanz, de media, el 3,24% del PIB al ao. En realidad, lo que marca la poltica social de la era neoliberal, tanto de los aos Fernando Henrique Cardoso como los de Lula, es el absoluto inmovilismo para superar la enorme distancia entre los recursos necesarios para suplir las carencias de las polticas sociales y la disponibilidad efectiva de recursos fiscales para financiarlos.

Incluso la poltica externa, presentada con el frente ms osado de la administracin petista, apenas disimula el servilismo a los cnones del orden global y a las exigencias del imperio norteamericano. En una bsqueda desesperada de nuevos mercados y de capitales extranjeros, la Presidencia de la Repblica ha sido instrumentalizada para vender Brasil como una commoditie en el resto del mundo. El discreto y vacilante apoyo a Hugo Chvez, la mayor aproximacin con Cuba, los flirteos con el mundo rabe y la bsqueda de una relacin econmica ms intensa con India, Rusia y China responden a intereses comerciales bien concretos y no deben engaar a nadie. En los foros internacionales, Lula y Dilma se transformaron en verdaderos paladines del liberalismo. Sus intervenciones se restringen al cobro de coherencia neoliberal a los pases ricos. En los bastidores, la diplomacia brasilea tramita cualquier cosa en pago de un eventual asiento en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. El caso ms vergonzoso fue el envo de tropas a Hait para cumplir el pattico papel de gendarme del intervencionismo norteamericano, protegiendo un gobierno ilegtimo, corrupto y violento.

Hasta en el plan ideolgico los gobiernos Lula y Dilma permanecieron perfectamente encuadrados en el ideario del neoliberalismo. En el discurso y en la prctica de liderazgos que tenan un pasado vinculado a las luchas sociales, la cartilla liberal gan nueva credibilidad, reforzando los valores y el patrn de sociabilidad neoliberal. Al naturalizar las exigencias del orden, los liderazgos polticos que deberan descongelar la historia e iniciar un proceso de transformacin social acabaron ejerciendo el papel de reforzar la alienacin del pueblo en relacin a la naturaleza de sus problemas -la dependencia externa y la desigualdad social- y a las reales alternativas para su solucin -la transformacin social. No es de extraar el reflujo del movimiento de masas y el proceso de desorganizacin y fragmentacin que alcanz, sin excepcin, a todas las organizaciones populares.

Vistas en perspectiva histrica de larga duracin, las semejanzas entre los gobiernos progresistas y conservadores son mayores que las diferencias. Dilma, Lula, FHC, Itamar Franco y Collor de Mello forman parte de la misma familia, cada uno responsable de un determinado momento del ajuste de Brasil a los imperativos del orden global. La distancia entre el brazo izquierdo y el brazo derecho del orden es pequea porque el radio de maniobra de la burguesa dependiente es mnimo. El grado de libertad se reduce, bsicamente, a las siguientes opciones: mayor o memor crecimiento, en un patrn de acumulacin que no deja margen a la expansin sostenible del mercado interno; mayor o menor concentracin de renta, dentro de los lmites de una sociedad marcada por la segregacin social; mayor o menor participacin del Estado en la economa, dentro de un esquema que impide cualquier posibilidad de polticas pblicas universales; mayor o menor dependencia externa, dentro de un tipo de insercin en la economa mundial que coloca al pas a remolque del capital internacional; y, como consecuencia, mayor o menor represin de las luchas sociales, dentro de un rgimen de democracia restringida, bajo el control absoluto de una plutocracia que no tolera la emergencia del pueblo como sujeto histrico -ya sea recurriendo al aplastamiento, lo que caracteriza a los gobiernos que estn a la derecha del orden, o a la captacin, como hacen los gobiernos que se posicionan a la izquierda del orden.

Al solapar las bases materiales, sociales, polticas y culturales del Estado nacional, progresistas y conservadores son responsables, cada uno a su modo, del proceso de reversin neocolonial que compromete irremediablemente la capacidad de la sociedad brasilea de enfrentar sus dolencias histricas y controlar su destino, definiendo el sentido, el ritmo y la intensidad del desarrollo en funcin de las necesidades del pueblo y de las posibilidades de su economa.

Plnio de Arruda Sampaio Jr. es profesor del Instituto de Economa da Universidade Estadual de Campinas-IE/UNICAMP y del consejo editorial del peridico electrnico Correio da Cidadania www.correiocidadania.com.br

Fuente: http://www.revistapueblos.org/spip.php/pagina/squelettes/spip.php?article2531

Traducido para Pueblos-Revista de Informacin y Debate por Alicia Rocha Novoa.



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