Portada :: Mentiras y medios
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-10-2012

Comunicacin o difusin?
El reto para la nueva gestin comunicacional en Venezuela

Oscar Lloreda
Rebelin


Durante los ltimos aos, la Revolucin Bolivariana ha estado zigzagueando permanentemente entre dos diferentes formas de entender la comunicacin: por un lado, la nocin hegemnica que ha igualado comunicacin a difusin y, por el otro, una nocin alternativa, contrahegemnica, que concibe la comunicacin como un ejercicio de encuentro que sirve para construirse recprocamente.

Sobre la primera, basta recordar la insistencia y preocupacin del presidente Chvez por informar sobre la gestin de gobierno, correlato de una programacin estatal montona, unidimensional y desordenada, que no logra el tan ansiado objetivo de difundir los logros revolucionarios. Detrs de esta exigencia presidencial se encuentra, sin duda, aquel paradigma hegemnico que define la comunicacin como un proceso en el cual un actor trasmite informacin a otro, y slo eso. La comunicacin es reducida a la difusin y esta, a su vez, queda subsumida al plano meditico. Todo este discurso gira en torno a la nocin de opinin pblica y a su doxica aceptacin por parte de muchos revolucionarios.

Como consecuencia de esta visin vemos hoy en da una serie de medios estatales, en especial aquellos dedicados a servicios informativos, incapaces de captar la diversidad existente en el espectro poltico venezolano. Aquello que tanto nutre y enriquece al proceso revolucionario es nuevamente invisibilizado mediticamente, a favor de una poltica comunicacional basada en la repeticin, en la convergencia de mensajes y, en definitiva, en la construccin de un campo discursivo homogneo que, dicho en palabras sencillas, se habla a s mismo.

La insistencia en la difusin ha hecho que la gestin gubernamental se concentre cada vez ms en la informacin en detrimento de la comunicacin. Con ello, el proceso revolucionario ha perdido la oportunidad de poner en comn el proyecto de transformacin que encarna el presidente Chvez, de generar polticas participativas que le permitan a las grandes mayoras acceder a la direccin real del proceso revolucionario, y ms importante an, de reafirmar el sentido de pertenencia e identidad con la Revolucin Bolivariana.

Este ltimo punto es vital si aceptamos que esa puesta en comn del proyecto revolucionario no pasa por generar climas de opinin pblica favorables, siempre efmeros y voltiles, sino por entender la comunicacin como un espacio discursivo de produccin de sentidos, es decir, el lugar de produccin de las subjetividades e identidades o, dicho de otra forma, el espacio en el cual se legitiman y posibilitan las luchas. Y ello, lamentablemente, no se logra con informacin y difusin y, mucho menos, con dar a conocer los logros de la Revolucin.

Para que los logros de la Revolucin se conviertan en sensibilidad, en subjetividad, es necesario que exista un efecto de implicacin entre los sujetos y la Revolucin; quien debe ser informado de los logros es porque no ha sido parte constitutiva de ellos. Dicho de otra forma, la Revolucin no puede dibujarse a s misma como una experiencia extraa, ajena a la cotidianidad de los venezolanos sino, por el contrario, como la ms grande experiencia de constitucin recproca, de construccin conjunta, de conflictividad, de encuentros y desencuentros.

La Revolucin debe superar aquel temor de producir voces disonantes y asumir el reto de reconocer la poltica como el ejercicio del disenso. Lo contrario sera retroceder a una bsqueda incesante por el consenso que asegure el orden instituido. La poltica, si realmente quiere ser comunicacional, debe enfocarse en la puesta en relacin de los mltiples discursos que hoy abonan en el camino de la transformacin, pero no slo eso, pues tambin debe encargarse de crear las condiciones para la produccin de esos discursos y garantizar su circulacin. De este modo, la Revolucin Bolivariana se encaminara a un proceso de re-politizacin que trasciende el tradicional marco democrtico-electoral asociado al modelo de la opinin pblica, para ejercitar el mandato constitucional de protagonismo y participacin del pueblo. Ello significara lograr la irreversibilidad del proceso de cambios que actualmente vivimos en Venezuela.

En ese sentido, y aunque parezca paradjico, la irreversibilidad revolucionaria se juega precisamente en asumir el desafo del cambio constante, del conflicto/disenso transformador y no, como algunos postulan, en el apoyo irrestricto a las polticas gubernamentales bajo la desvirtuada lealtad en la accin. Los espacios discursivos que la Revolucin debe incentivar y producir no son aquellos de reafirmacin improductiva, sino de crtica transformadora y disputa constante. Y para alcanzar esta multiplicidad de voces y discursos es imperativo trascender la visin informativa/meditica a la cual la Revolucin ha reducido el campo comunicacional.

Ms all de modificar su poltica meditica en aras de enriquecer el debate revolucionario, el Estado debe procurar la emergencia de redes sociales slidas reales, no virtuales- vinculadas a la visin de mundo que emana del Proyecto Nacional. No basta con la multiplicacin de medios comunitarios y alternativos, menos an si estos medios asumen la postura hegemnica de practicar la informacin y no la comunicacin, adems de plegarse a la reafirmacin improductiva de los logros revolucionarios.

La garanta del sello alternativo y comunitario, o ms an popular y contrahegemnico, obliga a la creacin de mltiples formas de autogestin capaces de asegurar la autonoma de los discursos. El debate en torno a una nueva Ley de Comunicacin Popular propuesta por diversos actores sociales en 2011 y discutida actualmente en la Asamblea Nacional-, ha abierto interesante posibilidades; una de ellas supone la asociacin entre las iniciativas de comunicacin popular y los proyectos locales de produccin. De esta forma, las prcticas mediticas se presentan indisociables de las prcticas cotidianas de produccin y consumo, mientras garantizan su viabilidad econmica. En este caso, la comunicacin meditica deja de ser un campo de desarrollo particular para ser un eje articulador transversal de todas las prcticas sociales que favorecen el ejercicio comunitario. Dicho de otra forma: se reconoce la comunicacin como el elemento constitutivo de la vida, transversal a todos los procesos, y no como una herramienta o instrumento externo.

La comunicacin revolucionaria, liberada ya de sus cadenas informativas, se concentra en contravenir los procesos de despolitizacin modernos que pretenden suprimir todo conflicto y desarticular cualquier proyecto que implique el ejercicio comunitario. Por tal razn, la Revolucin debe encaminarse justo en el sentido contrario de la mediatizacin transnacional actual: ah donde sta procura la fragmentacin, individuacin y particularizacin de la vida y por tanto, valga decirlo, la convierte en no-vida, pues impide/bloquea todo contacto con el otro- la poltica revolucionaria debe replicar con espacios de encuentro, multiplicidad de discursos y -mucha- organizacin social. Esto es, re-politizacin de la vida.

La re-politizacin de la vida trasciende por mucho el hecho de derrotar la abstencin electoral. El componente electoral de la democracia representativa est asociado indisolublemente a la nocin de opinin pblica, y la construccin de climas favorables a la participacin electoral no supone necesariamente una modificacin en las formas de relacionarse y entender el mundo. La re-politizacin de la vida transcurre ah donde los sujetos asumen la responsabilidad de su devenir histrico, es decir, se configuran como sujetos de transformacin social, se organizan y se reconocen como tales, y este proceso tiene lugar a nivel micropoltico, no meditico, ni macrosocial.

En esencia se trata de la transicin desde un paradigma democrtico representativo a un modelo participativo-protagnico de democracia que, desde el punto de vista comunicacional, se refleja en la ruptura con el esquema tradicional de relacin entre medios y receptores, el cual conlleva implcitamente una imagen de receptor individualista que va apareada con el propsito de atomizar la masa de receptores y, en ltima instancia, desmovilizarlos. Siguiendo el planteamiento terico de Mattelart, tenemos que el desarrollo de los medios populares se enmarcan en una lgica de cultura-participacin-poder, por lo que el medio pasa a ser un instrumento y un proceso en s mismo.

Ello significa que a travs de la comunicacin participativa se impulsa un cambio cultural que trastoca las bases subjetivas que sostienen a la clase dominante. En palabras de Gramsci, es la clase subalterna transformndose en clase dirigente, movilizada y con capacidad crtica. La transicin a la democracia participativa-protagnica necesita del fin de las comunicaciones basadas en el modelo representativo de sociedad. Este es el principal reto que encara la nueva gestin del respetado Ernesto Villegas: Ms comunicacin y menos informacin

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter