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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-10-2012

Nger
Uranio, pobreza e inestabilidad

Jess Garca-Luengos
Guin Guin Bali


El uranio no sirve para que el pueblo de Nger viva mejor, sino al contrario: su explotacin provoca daos sociales, medioambientales y en la salud de la poblacin. Este podra ser el resumen de la industria del uranio en un pas que, si bien se sita entre el tercer y quinto puesto como productor mundial de este mineral fundamental para la generacin de energa nuclear (con una produccin de entorno al 7,5% del total), ocupa ao tras ao los ltimos puestos del ndice de desarrollo humano del PNUD.

En torno a un 60% de los nigerinos viven por debajo del umbral de la pobreza, el ndice de mortalidad de las madres al dar a luz es de los ms altos del mundo y la esperanza de vida de sus 17 millones de habitantes no supera los 54 aos. El gran protagonista de la explotacin del uranio es la multinacional francesa Areva, empresa con participacin mayoritaria del Estado francs. Sus vnculos con los sucesivos gobiernos del pas y el secretismo de sus acuerdos han marcado la agenda econmica de Nger desde el inicio de los aos 70. El uranio de Nger representa entre el 30 y 40% de las importaciones de Francia, gran importador de uranio debido a que posee 58 generadores nucleares y unos dos tercios de su energa son de carcter nuclear.

Estas cifras dan cuenta de la magnitud de la apuesta de Pars en Nger, pas que constituye una de las piezas claves de la Franafrique, el entramado de relaciones de las elites francesas y subsaharianas y sus redes de patronazgo, clientelismo, apoyos y favores diversos. En este sentido, la presencia militar francesa en este pas ha sido uno de los baluartes de sus relaciones bilaterales. Cabe apuntar tambin que el Estado nigerino ha venido percibiendo un importe muy bajo de los beneficios del uranio.

El uranio se ha venido explotando a travs de dos grandes empresas participadas principalmente por Francia y Nger: la Somair (en la que Areva detenta un 63%) y la Cominak (con un 34% en manos de Areva, y con participacin tambin extranjera de Japn y de Espaa, sta ltima a travs de la titularidad del 10% del capital social que detenta la empresa pblica Enusa).

El resultado directo de la gestin y explotacin del uranio para el pueblo nigerino -a la luz de diversos informes, tanto de asociaciones locales como extranjerasse concreta en numerosos impactos negativos entorno a los tres mbitos reseados al principio. De un lado, la explotacin del uranio se ha realizado sin consultar a la poblacin local y a travs de sucesivas expropiaciones de tierra, con la consiguiente alteracin de los medios de vida de las comunidades; de otro, es constatable que en torno a 80.000 personas que viven en las zonas mineras padecen afecciones respiratorias, enfermedades cancergenas o experimentan otras dolencias; por si esto fuera poco, la contaminacin del agua, aire y suelo y la diseminacin de residuos radioactivos supone una gran degradacin medioambiental.

Todas estas cuestiones fueron determinantes para el alzamiento en los aos 90 del Movimiento Nigerino por la Justica (MNJ), en la regin de Agadez. El conflicto que este grupo tuareg mantiene con el gobierno nigerino ha pasado por varias etapas. Despus de un acuerdo de paz, retom las armas entre 2007 y 2009, perodo en el que declar la guerra del uranio. Actualmente, no existe un conflicto abierto, pese a la tensin persistente y los riesgos derivados del conflicto de Mal. Las demandas del MNJ con las que coincide la poblacin de la zona se concretan en una reparacin de los daos provocados por la explotacin del uranio, un reparto ms equitativo de los ingresos resultantes y una mayor representacin en el conjunto de las instituciones estatales (de hecho, el nuevo primer ministro del pas es un tuareg). Hasta la fecha se han producido diversos secuestros de extranjeros, algunos de ellos trabajadores de Areva, con la participacin en 2010 de AQMI, la rama magreb de Al Qaeda.

Por otro lado, a partir de 2007 se produjo un punto de inflexin en torno a la industria del uranio. Areva perdi el monopolio de este mineral pero obtuvo la concesin de la mina de Imouraren, uno de los yacimientos ms importantes del mundo y en el que se prev una inversin de 1.200 millones de euros; adems, la multinacional francesa acept que el Estado nigerino incrementase los ingresos pactados con ella en un 50%. En ese ao se adjudicaron adems licencias de exploracin del uranio a ms de 100 empresas de varios pases. Otros minerales, como el oro, la plata y el carbn, son tambin explotados por empresas extranjeras.

En el contexto actual una de las potencias clave es China, que ha iniciado recientemente la explotacin de una mina de uranio y la extraccin, por primera vez en el pas, de petrleo, a un ritmo de 20.000 barriles al da. A partir de la catstrofe de Fukushima los planes nucleares de diversos pases han quedado en suspenso o han sido cancelados, si bien en el caso de China (con 16 reactores y 20 en construccin) no se descarta proseguir con la meta de 60 nuevos reactores para 2020. La presencia de China en Nger suscita, como en tantos otros pases, mltiples cuestiones sobre sus impactos en torno al ya providencial debate sobre si China ayuda o arrasa en frica.

Las inversiones y apoyos chinos en sectores despreciados por las potencias occidentales -como es el caso del prstamo prometido de 980 millones de dlares para construir una refinera- se ven ensombrecidos con la venta de armamento y acuerdos opacos. Con las consiguientes similitudes, esto aproxima la poltica de Pekn a la desplegada por Francia.

Toda esta confluencia de actores y dinmicas de explotacin de los minerales sigue, evidentemente, sin traducirse en una mejora de las condiciones de vida del conjunto de la poblacin. Tras el golpe de Estado de 2010, el nuevo gobierno salido de las urnas en 2011 cuenta con un gran respaldo internacional y est poniendo en marcha diversos programas de desarrollo. Esta nueva etapa se caracteriza adems por unas expectativas halageas tanto en relacin al aumento de los ingresos procedentes de los minerales y el petrleo, como al crecimiento del PIB (con una estimacin del 8,5% para 2012). Esto vuelve a situar al pas en el punto de mira de los inversores extranjeros y los apoyos internacionales.

La Ayuda Oficial al Desarrollo representa un porcentaje muy elevado del presupuesto estatal (segn algunas fuentes hasta un 50%). En el caso de la Unin Europea, el apoyo se concreta en 42 millones de dlares destinados a Buen Gobierno y Seguridad y en la reciente misin civil EUCAP Sahel. Dotada con 8,7 millones de euros y con participacin espaola, esta misin formar a las fuerzas de seguridad nigerinas en la lucha contra el terrorismo y el crimen organizado.

Por otro lado, Nger viene a su vez convocando la atencin meditica en torno a las recurrentes sequas que en 2005, 2010 y 2012 asolaron el pas y otros territorios del Sahel. Los efectos del cambio climtico, la consiguiente degradacin de los ecosistemas, la baja inversin agrcola y plagas diversas estn provocando que 18 millones de personas en el Sahel se encuentren en una situacin absolutamente precaria. Slo en Nger son seis millones los afectados por una preocupante inseguridad alimentaria, dos de ellos de forma muy grave. Segn UNICEF un milln de nios en el Sahel se ven afectados por desnutricin severa, 400.000 de los cuales son nigerinos. Por otro lado, los fondos para la asistencia humanitaria slo llegan parcialmente: en mayo de 2012 slo se haba cubierto la mitad de los 1.500 millones de dlares que Naciones Unidas estimaba necesarios para cubrir las necesidades acuciantes de la poblacin.

El escenario descrito se complica a causa del conflicto abierto en el norte de Mali y la inminente intervencin de las fuerzas de la CEDEAO, que, con participacin de un contingente nigerino y de Francia y EEUU, actuarn contra los tuaregs y jihadistas instalados en Azawad, . con riesgos evidentes de generar mayor estabilidad en Nger (pas que ya ha acogido a unos 40.000 refugiados procedentes de Mal).

Todo lo sealado suscita claramente muchas cuestiones cuya respuesta debera estar en el centro de las polticas de todos los actores internacionales con intereses en el pas y del gobierno de Nger. La maldicin de los recursos en Nger, como en cualquier otro pas, tiene nombres y apellidos. Los ingentes dficit socio-econmicos, los impactos negativos derivados del uranio sobre la poblacin, la inestabilidad generalizada y la fragilidad de unas instituciones extremadamente limitadas a la hora de prever y hacer frente a las catstrofes naturales tienen tambin causas bien concretas. Lamentablemente y como es habitual, los intereses sobre seguridad energtica se traducen en una completa exclusin del conjunto de las poblaciones locales, que en ltima instancia son las legtimas titulares de los recursos naturales.

Jess Garca-Luengos es cofundador y coordinador general de RESET. Coordinador del rea de Recursos Naturales en el Grupo de Estudios Africanos de la Universidad Autnoma de Madrid. Investigador especializado en derechos humanos, gobernanza, recursos naturales e industrias extractivas.

Fuente: http://www.guinguinbali.com/index.php?lang=es&mod=news&task=view_news&cat=1&id=3241 



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