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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-10-2012

De espas y terroristas

Alberto Piris
Rebelin


Uno de los miembros del comando de las fuerzas especiales de la Armada de EE.UU. (conocidas como SEAL), que en mayo del pasado ao particip en la operacin de asalto areo que puso fin a la vida de Ben Laden, acaba de publicar bajo seudnimo sus recuerdos de lo que l juzga como "una de las ms importantes misiones en la Historia Militar de EE.UU.".

Con un ttulo que pudiera traducirse al castellano como "No fue un da fcil: relato de primera mano de la misin que mat a Osama ben Laden" (No Easy Day: The Firsthand Account of the Mission That Killed Osama bin Laden), este libro parece formar parte de una reciente tendencia que en varios pases del mundo occidental, incluida Espaa, impulsa a algunos veteranos de los servicios de inteligencia y de las fuerzas especiales a escribir sus memorias o narraciones recopilatorias de las operaciones en las que han participado.

Sorprende al pblico que asuntos que por su propia naturaleza son reservados o secretos, y que estn sometidos a la legislacin correspondiente, vean la luz pblica, a menudo en la pluma de los mismos que intervinieron en ellos. En ocasiones, ese tipo de publicaciones revelan cierto afn de revancha de quien se sinti maltratado o poco valorado por el Estado para el que trabaj, u obedecen a un ajuste de cuentas por quienes han vivido al borde de la legalidad al servicio del Gobierno y no se han sentido respaldados por ste en situaciones crticas.

El caso aqu comentado, por el contrario, parece responder a una cierta necesidad de publicidad para las fuerzas especiales estadounidenses y sus servicios de inteligencia, a fin de promover entre los lectores un mayor inters por sus actividades y facilitar el reclutamiento de nuevos miembros tanto en la CIA como en los SEAL, en la lnea de lo escrito antes por novelistas populares en este gnero, como Graham Greene, Le Carr o Mailer. En tales circunstancias, los originales suelen ser presentados a las autoridades responsables para evitar la publicacin de datos crticos para el servicio correspondiente.

Mark Owen (seudnimo de Matt Bissonnette, un veterano de los SEAL) asegura que no ha solicitado ningn permiso oficial, sino que l mismo ha censurado la informacin secreta que pudiera resultar comprometedora. Aunque desde el Pentgono se asegura que ha infringido la legalidad, la imagen positiva que ofrece tanto de la CIA como de los SEAL parece protegerle contra cualquier posible persecucin.

Dejando aparte lo anterior, los detalles que Owen describe en su relato de la operacin no dejan en buen lugar a los polticos de Washington ni a los militares del Pentgono, pues desmontan algunas declaraciones oficiales que se hicieron justo despus de la operacin. Ni Ben Laden se resisti a los asaltantes empuando un arma, ni se produjo un tiroteo, ni el famoso terrorista utiliz a las mujeres que le rodeaban como escudo para protegerse, detalles que entonces se publicaron para desprestigiar al odiado terrorista saud.

La descripcin de lo que ocurri en el edificio pakistan de Abbottabad donde se refugiaba Ben Laden revela varios detalles significativos: se respet cuidadosamente a las mujeres y a los nios que all habitaban, pero el comando invasor tena un objetivo claro: dar muerte a Ben Laden y evitar por todos los modos que pudiera rendirse o entregarse. Para justificar que una vez derribado el terrorista se siguiera disparando a bocajarro sobre un cuerpo ensangrentado que se retorca en el suelo, el autor explica que es norma bsica tirar contra un hombre abatido, porque ste siempre puede disparar un arma oculta o hacer explotar un chaleco. No parece muy convincente.

En realidad, la decisin de matar y no apresar, se tom al ms alto nivel: en la Casa Blanca. Owen narra la opinin de una autoridad judicial sobre esta cuestin: "Si Ben Laden aparece desnudo, con las manos en alto, no le podran disparar. Pero yo no les voy a decir cmo tienen que actuar". Obama dio la orden de ejecutar la operacin y se establecieron unas normas de actuacin que hacan prcticamente imposible que Ben Laden fuera capturado.

Poco quedaba de aquellas iniciales ideas de Obama sobre el imperio de la ley y la justicia democrtica para combatir el terrorismo sin recurrir a los asesinatos premeditados. Del candidato a la Presidencia que aseguraba que poda cambiar todo lo que reprochaba a su predecesor, al pragmtico presidente que hoy se enfrenta a una realidad que entonces no haba sabido calibrar, se ha producido un salto cualitativo en sentido muy negativo.

Todava es posible mantener la esperanza de que la presidencia de EE.UU. recupere los ideales que pblicamente dijo sostener hace cuatro aos. Si Obama gana las prximas elecciones dispondr de otros tantos aos para demostrar, si es capaz, que la lucha contra el terrorismo ser ms eficaz a largo plazo si se respeta la legislacin internacional y la de EE.UU., si se apresa y se juzga pblicamente a los terroristas y se les condena a las penas que les correspondan. Lo contrario, lo que se viene haciendo hasta ahora (incluyendo los asesinatos mediante drones), solo contribuye a reforzar el reclutamiento de nuevos terroristas y a exacerbar sus odios.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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