El poder judicial es siempre el último refugio de la democracia. Un país
sin jueces justos deja de ser un país y se convierte en una pesadilla.
Por eso me ha inquietado el correo que me manda el veterano editor
Gonzalo Pontón hablándome del libro de
Carlos Jiménez Villarejo y
Antonio Doñate:
Jueces pero parciales. La pervivencia del franquismo en el poder judicial,
que va a publicar en su editorial Pasado & Presente: “Ya verás que
se trata de un libro poco convencional: Por primera vez un fiscal de la
talla de Villarejo y un juez deciden contar cómo actúa el poder judicial
en España aportando declaraciones y sentencias (casos Enrique Ruano,
Arturo Ruiz, Crímenes de Atocha, El Papus, Agustín Rueda, José Arregui,
Yolanda González, fosas del franquismo, desaparecidos, caso Garzón…)
que, como dice Fontana en el prólogo, en ocasiones producen vergüenza y,
en otros casos, indignación y horror.” Pero hay una parte buena,
incluso muy buena: el hecho de que sea posible que un juez alumbre las
zonas de sombras de su propio negociado en un libro como este, significa
que hay libertad e incluso capacidad de autocrítica y, por tanto, de
regeneración. El primer paso: abrir ventanas y ventilar, como se hace en
este libro de próxima aparición.
Fuente: http://www.que-leer.com/17500/jueces-en-el-banquillo.html