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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-10-2012

El viejo can
Atencin a la ciberguerra!

Alberto Piris
Rebelin


A tenor de lo que observamos hoy en da (1), si el Pentgono hubiera existido cuando Marx escriba y difunda El capital o El manifiesto comunista, vista la peligrosidad de las ideas en ellos expuestas y el riesgo que suponan para la estabilidad poltica del mundo capitalista, se hubiera creado enseguida una agencia militar, encuadrada entre los rganos de la defensa de EE.UU., responsabilizada de llevar a cabo la lucha contra los libros peligrosos.

Comandos especializados en descubrir en las libreras y bibliotecas (sin olvidar los domicilios privados) material enemigo en ellas infiltrado, y sistemas de vigilancia y deteccin remotas, para desvelar en posibles autores hostiles los primeros grmenes de una obra de presumibles efectos nocivos, empezaran a organizarse bajo control de los mandos militares. Las agencias de tecnologa avanzada al servicio de la defensa empezaran a proyectar alucinantes sistemas electrnicos al servicio de la nueva misin y los fabricantes del ramo correspondiente se frotaran las manos ante la perspectiva de un nuevo pozo sin fondo del que extraer renovados beneficios.

Esta hiptesis podra retrasarse en el tiempo y llevarla a la poca en que los ilustrados franceses escriban la Enciclopedia, o cuando las obras de Voltaire hacan temblar los cimientos del Vaticano. Incluso sera aplicable a los monarcas hispnicos empeados en reducir por las armas la influencia de Lutero y sus publicaciones en un mundo que se transformaba de da en da.

Militarizar los campos en los que se advierte el ms mnimo riesgo contra el Estado y sus fundamentos es una tentacin que siempre ha aquejado a todo gobernante. Contra ella se alza el extendido recelo, bien avalado por la Historia, de que poner en manos de la gente armada la defensa de cualquier resquicio que se aprecie en la seguridad del Estado suele conducir a la larga, y de modo ms o menos encubierto, a poner tambin en sus manos la gobernacin del pas. La figura del dictador militar vino a resolver el dilema, pero ya no es aceptable por la mayora de las opiniones pblicas del siglo XXI, a causa del desprestigio que los caudillos han ido acumulando en el transcurso del tiempo.

Viene esto a cuento de unas noticias publicadas en la prensa de EE.UU. anunciando la creacin en el Pentgono de un nuevo mando militar con la misin de hacer frente a las amenazas existentes en el ciberespacio, es decir, en el espacio virtual en el que funcionan los sistemas informticos, tanto oficiales como privados.

Una vez definido el nuevo campo de batalla, la cuestin se plantea as: se trata slo de defenderse frente a las intrusiones agresivas en las redes informticas? Es bien sabido que cualquier accin blica defensiva, incluidas las de la ciberguerra, tiene siempre una contrapartida ofensiva. Existen ya los medios, al servicio del Pentgono, para llevar a cabo acciones agresivas en el ciberespacio? (2). Y sobre todo, ante las cuantiosas sumas asignadas a estas actividades, quin las va a controlar?

Un portavoz del Pentgono declar: No estamos cmodos al tratar de las operaciones ofensivas en el ciberespacio, pero creemos que ste es un campo de batalla. Necesitamos actuar en l, como en cualquier otro, lo que implica proteger nuestra libertad de accin y nuestra capacidad para operar en ese medio. Y Obama, por su parte, dijo el pasado viernes (3) que los atentados terroristas no slo pueden proceder de unos pocos fanticos con un chaleco explosivo, sino de unas pocas teclas en un ordenador: un arma de perturbacin masiva; manifest tambin su intencin de crear en la Casa Blanca un responsable supremo de la seguridad ciberntica para todo EE.UU.

El debate as iniciado en EE.UU. lleva a terrenos delicados que afectan a los derechos fundamentales de los ciudadanos. Los ataques cibernticos pueden iniciarse en pases extranjeros, pero por su propia naturaleza carecen de fronteras y se desarrollan tambin en territorio propio, donde los servicios secretos tienen limitaciones legales de actuacin. Cmo afectar la guerra en el ciberespacio a la proteccin de la intimidad personal? Y al derecho a no ser espiado o vigilado sin autorizacin judicial?

No se trata de un hecho aislado; es algo inherente a la mentalidad social. Si un ciudadano estadounidense, amedrentado por la guerra global contra el terror, prefiere ver desde su ventana soldados patrullando por la calle en vez de policas, no le importar que sea el Pentgono el que vigile la pantalla de su ordenador aunque l no lo sepa. Pero si conserva el espritu libre e independiente de los fundadores del pas, analizar con cuidado cmo la nueva militarizacin del ciberespacio puede afectar a sus libertades personales y procurar que el poder civil, democrticamente elegido, siga controlando al brazo armado de la nacin tambin cuando ste penetra en territorios que hasta ahora le han sido vedados.

No es un debate que afecte slo a EE.UU.: a los europeos nos llegar tarde o temprano (4) y habr que decidir, antes de que sea tarde, en el eterno dilema entre seguridad y libertad; o, para ser ms exactos: entre presunta seguridad y aparente libertad.

(1) Nota importante: El 2 de junio de 2009 publiqu este mismo comentario con otro ttulo. Su contenido sigue hoy plenamente vigente, como observar el lector.

(2) Es preciso aadir que EE.UU. ha mostrado ya su capacidad agresiva en el espacio ciberntico, en colaboracin con Israel, para atacar a Irn, desde donde al parecer se replic el mes pasado atacando a unos bancos de EE.UU. El mayor secreto envuelve a estas acciones.

(3) El 29 de mayo de 2009.

(4) Ya nos ha llegado.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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