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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-10-2012

Todlogos en la editocracia
Una ciudadana pilotada en los medios espaoles

Antonio Fernndez Vicente
Attac


Uno no deja de preguntarse cmo es posible que, elecciones tras elecciones, a pesar del clima general de desafeccin poltica, los ciudadanos sigan acudiendo a depositar su confianza en los partidos polticos en el gobierno. Se trata de servidumbre voluntaria? Pulsin masoquista? O simplemente hay genios malignos que confunden nuestro entendimiento? Parece ser que somos nosotros mismos quienes nos colocamos los grilletes. Las elecciones en Galicia dan una muestra de cmo el Partido Popular ha logrado legitimar en esta comunidad y, por extensin, en el territorio nacional sus polticas de austeridad y expolio de los servicios pblicos esenciales. Cmo es posible? Son los 600.000 votantes del PP los beneficiarios de las decisiones polticas? Urge indagar en los motivos. Por qu se castiga la psima gestin del anterior gobierno socialista mientras se contina confiando en el Partido Popular? La primera respuesta apunta al mantra de la herencia recibida y el determinismo: la culpa es de los anteriores gobiernos y no hacemos ms que poner remedio, que es inevitable. Parece ser que este mensaje ha calado hondo en el imaginario colectivo. La esperanza en un futuro ednico, que ahora se pospone hasta el 2014. Cmo persuadir al soberano para que vote en contra de sus propios intereses? Cmo no slo anestesiar a la poblacin, sino inducirla a votar contra s misma?

La respuesta se vislumbra si recordamos las consignas con las que Herbert Marcuse explicaba la alienacin en el contexto de una sociedad unidimensional: hablamos, pensamos utilizando el lenguaje de quienes nos dominan. Se trata de un fenmeno de supresin de los razonamientos reflexivos, de la voz propia en favor de la tcita adhesin a discursos de carcter inmovilista. La paradoja es que hoy se habla de la desintermediacin, de la multiplicacin y diversidad de discursos en la era de la comunicacin. La aquiescencia y la resignacin conformista es el resultado de la saturacin de comentarios, opiniones e interpretaciones que diluyen la misma posibilidad de una verdad sobre la cual fundar nuestras decisiones. En el pas de los medios, de la comunicacin hipertrofiada, la certeza implosiona. Se habla mucho pero acaba por no entenderse nada. Igual que el lenguaje poltico, extenso en tiempo pero vaco en contextualizacin, en explicacin razonada de los elementos necesarios para legitimar las decisiones adoptadas. En consecuencia, la inaccin se generaliza toda vez que el paroxismo de pluralidad aparente y lampedusiana vuelve todava ms incierta la situacin que padecemos.

Los todlogos

Los medios de comunicacin juegan aqu un papel determinante. Son los encargados de trasladar a los ciudadanos las categoras de pensamiento, aquello sobre lo que se debate y los puntos de vista. En las conversaciones cotidianas, estos esquemas de pensamiento se reproducen, previa asuncin de los argumentos ms o menos hueros escuchados y ledos. La primera fuente de informacin en Espaa contina siendo la televisin. A la simplificacin que, en primer lugar por razones de formato, suponen los informativos, ms preocupados por el efectismo, el impacto y la reduccin del estado de cosas a meras frmulas y frases hechas, se aade el fenmeno de la editocracia. Por gran parte de las cadenas televisivas se multiplican las tertulias donde surge un nuevo fenmeno social: la figura del todlogo. Tertulianos que van rotando de un plat a otro, de una televisin a otra. Se expresan con propiedad, no suelen dudar de sus propios argumentos y son una fuente principal a la hora de interpretar ayer la prima de riesgo, hoy el nacionalismo y maana un partido de ftbol. Saben de todo. O no saben de nada. Prescindiendo de la humildad, se erigen en lderes de opinin bajo la premisa de la vanitas, cuyo sentido etimolgico es tambin el de vacuidad, lo vaco.

El todlogo, en genrico, representa al ser omnisciente que tiene opinin sobre todo y conocimiento cabal sobre nada. En contra de las enseanzas socrticas de la docta ignorantia, exhibe obscenamente su doxa en la esfera pblica, en televisiones, en radios. Y con ello contribuye de modo decisivo al embrutecimiento colectivo, a la deseducacin y a la sociedad de la ignorancia ilustrada, valga el oxmoron. Resulta ms conveniente para el ciudadano saberse ignorante que creer que, en la reverberacin de tales discursos, se ha constituido una opinin slida y apoyada en la tozudez de la realidad. El mayor de los riesgos que dimana de los todlogos no es la presuncin, sino que se les d visibilidad pblica incluso en televisiones y radios de titularidad pblica. Y se les pague por ello!

Creemos tener opinin de todo aquello que se trata en los medios. La pensamos como nuestra cuando no es ms que el fruto de un contagio sin contacto, de una imitacin de creencias e incluso deseos como ya sealaba Gabriel Tarde a comienzos del siglo XX en sus Lois de l'imitation. Convertidos en masa, en multitudes irracionales y alienadas por la opinin, por la editocracia, subrayamos nuestra independencia de pensamiento con ideas siempre ajenas que no reconocemos como tales. Y esas ideas no provienen por lo general de grandes pensadores como Galeano, Bauman, Sloterdijk, Ramonet, Mattelart, Virilio, Stiegler, Sampedro, Vincen Navarro, Sami Nar, Serge Halimi, Latouche y tantos otros que podran aportar lu cidez en un mundo de cegueras iluminadas por el simulacro discursivo. Vienen a invadir nuestro modo de pensar sus caricaturas, los todlogos, aduladores de masas, siervos de los poderes que continuamente nos golpean y sofistas en la mediasfera.

Todlogos en un mundo sesgado e inmediato

El panorama de medios en Espaa carece de la pluralidad que, sin embargo, requieren para otros pases, como bien seala Vicen Navarroi. Proliferan los discursos que estigmatizan lo pblico y ensalzan lo privado. Los todlogos no muerden la mano que les da de comer. No se deben a lo pblico, al inters de la mayora de los que siguen sus lneas de argumentacin. Y este hecho condiciona sus palabras. En un panorama estructural de medios masivos controlado por los sectores privados, las finanzas y los poderes polticos, sera impensable que ms all de la mera atribucin de roles complementarios a los tertulianos -t progresista -pero no demasiado-, t derechista, y estos ltimos predominan en los coloquios televisivos -, se alzasen voces discordantes con el propio sistema que se tambalea. Todo aquel que se reconoce como imagen pblica, adquiere indefectiblemente un compromiso social. No se puede ni se debe decir cualquier cosa cuando sabemos que hay gentes que pueden asumir como suyo nuestro discurso casi de forma automtica. La primera tarea del todlogo sera la de efectuar una severa autocrtica y, en especial, sobre el medio que le da voz pblica. En lugar de servirse de un lenguaje transido de frases hechas, de recursos manidos como las retricas de la intransigencia delineadas por Albert Hirschman, habra que oponer al lenguaje repetitivo de lo Mismo la pedagoga de la variacin. Los todlogos son la versin poltica de las canciones de moda diseadas por las grandes discogrficas: mismos esquemas narrativos y una nada como resultado.

Soy poco optimista si se me pregunta sobre la capacidad de autocrtica del todlogo. Narcisista, egocntrico, petulante y miembro honorfico del star system meditico, en rara ocasin admitir desdecirse de la defensa numantina de sus posiciones inalterables. No lo har, entre otras cosas, porque carece del tiempo necesario para la reflexin, tan acuciado por la penuria temporal del que se halla obsesionado con el presentismo. La agenda del todlogo est tan apretada como su amplitud de miras para imaginar otros mundos posibles. El todlogo no ofrece ms que actualidad. Est encarcelado en la jaula del modo indicativo, en lo que es y no puede comprender como contingente. Nunca en lo que podra ser o en lo que quizs sea. Est tiranizado por el tiempo presente, sin anclaje en el pasado ni proyeccin hacia el futuro. Es el paradigma de la informacin descontextualizada, la que no se convierte ni puede soar con devenir conocimiento. Deca William Blake en los proverbios del infierno que en la siembra se aprende, en la cosecha se ensea y en el invierno se goza. La siembra requiere aprendizaje basado en esfuerzo, en paciencia y, sobre todo, la conciencia de que no se conoce algo. Los prejuicios en los que basan la mayora de sus argumentos no son ms que la valoracin por anticipado de lo que no se conoce, por la razn de que se les exige opinar de todo antes incluso de trabar conocimiento. El todlogo cosecha sin haber sembrado. Y tambin goza en el remedo de la cosecha.

El esfuerzo por comprender

Qu hacer? Es imposible ser totalmente independiente en nuestra forma de pensar y concebir el mundo. Este ensayo tambin inocula ideas ajenas al lector. Tambin podra manipularle o lo hace de facto. Siempre necesitamos a otro que nos cuente lo que no podemos percibir o interpretar por nosotros mismos. Pero hay grados de emancipacin. Lo crucial reside en que nuestras ideas, nuestras decisiones no acaben por perjudicarnos. La manipulacin consiste precisamente en eso: se nos convence de algo que conspira en contra de nuestros legtimos intereses. La solucin pasa, en primer lugar, simplemente por cambiar de instancias de mediacin. De la televisin al libro. De los medios de las elites polticas y financieras a los medios alternativos e independientes. De la inmediatez y la enfermiza obsesin con la actualidad al esfuerzo intelectual por comprender primero, para actuar despus en consecuencia. Menos ruido, menos charlatanera y ms atencin centrada en los pensadores que en verdad tienen algo que decir sobre nuestro mundo. Y a partir de ah, pensar y vivir por uno mismo (en la medida de lo posible).

Url: http://www.attac.es/2012/10/19/los-medios-de-informacion-espanoles-y-chavez/



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