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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-10-2012

Hechos y mitos de los gobiernos progresistas

Plnio de Arruda Sampaio Jnior
Correio da Cidadania


La comprensin de la realidad brasilea requiere el esfuerzo crtico de contrastar la apariencia de los fenmenos y la forma como son interpretados por el sentido comn con su esencia ms profunda, definida por el sentimiento de transformaciones inscriptas en el movimiento histrico. Tal contraste revelar el abismo existente entre el mito de que Brasil vive una fase de desarrollo -liderado por un gobierno de izquierda que habra creado condiciones para combinar crecimiento, combate a las desigualdades sociales y soberana nacional-, y la dramtica realidad de una sociedad impotente para enfrentar las fuerzas externas e internas que la someten a los terribles efectos del desarrollo desigual y combinado en tiempos de crisis econmica del sistema capitalista mundial.

La nocin de que la economa brasilera vive un momento impar de su historia se apoya en diversos elementos de la realidad. Al final, luego de dos dcadas de estancamiento, entre 2003 y 2011, la renta per cpita de los brasileros creci a una tasa media de 2,8% al ao. En ese perodo, el pas manutuvo la inflacin bajo control y, salvo la turbulencia del ltimo trimestre de 2008, en el pice de la crisis internacional, no sufri ninguna amenaza de estrangulamiento cambiario. Desde la segunda mitad de la primera dcada del milenio, el volumen de las divisas internacionales supera el stock de deuda externa con los bancos internacionales, configurando una situacin en la cual el Brasil aparece como acreedor internacional, dando la impresin de que, finalmente, los problemas crnicos con la cuentas externas habran sido superados. La poblacin sinti los efectos de la nueva coyuntura de manera palpable. Despus de dcadas demanda deprimida, el aumento de la masa salarial y el acceso al crdito provocaron una corrida del consumo. El gobierno calcula que el nmero de empleos generados en el perodo Lula (2003-2010) super los 14 millones. Asociando grandes negocios, crecimiento econmico, aumento del empleo y modernizacin de los patrones de consumo a la nocin de desarrollo, la nueva coyuntura es presentada como demostracin inequvoca de que Brasil habra, finalmente, creado las condiciones para un desarrollo capitalista autosustentable.

Tambin la idea de que el crecimiento econmico habra mejorado la desigualdad social encuentra cierto respaldo en los hechos. Despus de dcadas de absoluto inmovilismo, el ndice Gini, que mide el grado de concentracin personal de renta, disminuy un poco en el gobierno Lula; y la distancia entre la renta media del 10% ms pobre y la del 10% ms rico del pas fue reducida, de 57 veces en 2002 a 39 veces en 2010. Las autoridades se vanaglorian de que, en ese perodo, ms de 20 millones de brasileros habrn dejado la pobreza. Tales hechos llevaron a la presidenta Dilma a pavonearse de que Brasil se haba transformado en un pas de "clase media". Adems de la consecuencia directa de la retomada del crecimiento, la mejora en los indicadores sociales es asociada: a la poltica de recuperacin en 60% en el valor del salario mnimo entre 2003-2010 -tendencia que ya haba comenzado en el gobierno conservador de Fernando Henrique Cardoso-; a la ampliacin de la cobertura de previsin social para los trabajadores rurales -conquista de la Constitucin de 1988; y a la poltica social del gobierno federal, especialmente la Bolsa Familia, programa de transferencia de renta hacia la poblacin ms pobre, que en 2010 atenda a cerca de 13 millones de familias.

Finalmente, el sentimiento relativamente generalizado, en Brasil y en el exterior, de que el pas habra adquirido mayor relevancia en el escenario internacional tambin se apoya en hechos concretos, tales como: el fracaso del ALCA (en parte debido a la resistencia del gobierno brasilero); el peso de Brasil en el Mercosur; el papel moderador del pas en las escaramuzas de Amrica del Sur; a la participacin del pas en el restringido grupo del G-20, que rene a las principales economas del mundo; a la formacin del foro que rene a los llamados BRICs -Brasil, Rusia, India y China- , que congrega a las mayores economas emergentes, como supuesto contrapunto al G-5 -el foro de las potencias imperialistas. La eleccin de Brasil para sede de dos grandes mega-eventos -la Copa del Mundo de 2014 y las Olimpadas de 2016- sera la prueba material del gran prestigio de Brasil.

Por ms convincentes que los hechos enunciados parezcan, el mtodo de resaltar los aspectos positivos y esconder los negativos ofrece una visin parcial y distorsionada de la realidad. Marcando arbitrariamente los elementos puestos en evidencia y ocultando los que no conviene colocar a la luz, la apologa del orden distorsiona la comprensin del verdadero significado del patrn de acumulacin que impulsa la economa brasilera, suprimiendo las contradicciones que germinan en sus entraas. El mito de que Brasil estara viviendo una fase que abrira la posibilidad de superacin de la pobreza y la dependencia externa, simplemente ignora la fragilidad de las bases que sustentan el ciclo expansivo de los ltimos aos y su efecto perverso de reforzar la doble articulacin responsable por el carcter salvaje del capitalismo brasilero: el control del capital internacional sobre la economa nacional y la segregacin social como base de la sociedad brasilera. Algunos hechos son suficientes para dejar patente la verdadera naturaleza del modelo econmico brasilero.

El crecimiento de la economa brasilera entre 2003 y 2011 no tuvo nada de excepcional -apenas 3,6% al ao-, muy por debajo de lo que sera necesario para absorber el aumento vegetativo de la fuerza de trabajo -estimado en cerca de 5% al ao-, y apenas por encima del crecimiento medio de la economa latinoamericana. La expansin fue determinada por la configuracin de una coyuntura internacional sui generis, que permiti a Brasil "surfear" en la burbuja especulativa generada por la poltica de administracin de la crisis de los gobiernos de las economas centrales. De hecho, el crecimiento fue empujado por el aumento de las exportaciones, impulsado por la elevacin de los precios de los mercancas, y por la relativa recuperacin del mercado interno, lo que slo fue posible porque la abundancia de liquidez internacional cre la posibilidad de una poltica econmica un poco menos restrictiva. En tanto, la coyuntura ms favorable no fue aprovechada para una recuperacin de las inversiones -basada en el crecimiento endgeno. En ese perodo, la media de la tasa de inversin qued abajo del 17% del PIB -apenas por encima de la verificada en los ocho aos del gobierno anterior y muy por abajo del nivel histrico de la economa brasilera entre 1970 y 1990.

La nueva rodada de modernizacin de los padrones de consumo solamente alcanz a una reducida parcela de la poblacin y, mismo as, en su mayora, con productos superfluos de bajsima calidad. No podra ser diferente, pues, as como una persona pobre no dispone de condiciones materiales para reproducir el gasto de una persona rica, la diferencia de por lo menos cinco veces en la renta per capita brasilera en relacin a la renta per capita de las economas centrales no permite que el estilo de vida de las sociedades afluentes sea generalizado para el conjunto de la poblacin. Para las camadas populares incorporadas al mercado consumidor el costo fue altsimo y ser pagado con grandes sacrificios en algn momento futuro. No es necesario ser un genio en matemtica financiera para percibir que la carrera de las familias pobres a las compras no es sustentable. El cobro de tasas de inters reales verdaderamente escandalosas, en total asimetra con la evolucin de los salarios reales, implica una verdadera servidumbre por deuda, caracterizada por el creciente peso de los intereses y amortizaciones en la renta familiar. El aumento artificial de la propensin a consumir de las familias es un problema macroeconmico grave. Cuando la "burbuja especulativa" estalle, no apenas las presiones tienden a ser potencializadas, sino que el creciente endeudamiento de las familias pobres se convierte en una grave crisis bancaria.

La subordinacin del padrn de acumulacin a la lgica de los negocios del capital internacional ha provocado un proceso de especializacin regresiva de la economa brasilera en la divisin internacional del trabajo. La revitalizacin del agro-negocio como fuerza motriz del padrn de acumulacin refuerza el papel estratgico del latifundio. La importancia creciente del extractivismo mineral, potenciada por el descubrimiento de petrleo en la capa pre-sal, intensifica la explotacin predatoria de las ventajas competitivas naturales del territorio brasilero. En fin, la falta de competitividad dinmica (basada en innovaciones) para enfrentar las economas desarrolladas as como la insuficiente competitividad esprea (basada en el salario bajo) para hacer frente a las economa asiticas, llevan a un proceso irreversible de desindustrializacin.

La regresin en las fuerzas productivas viene acompaada de la progresiva prdida de autonoma de los centros internos de decisin sobre el proceso de acumulacin. La exposicin de Brasil a las operaciones especulativas del capital internacional es aumentando, de manera aterradora, su vulnerabilidad externa. La trayectoria explosiva del pasivo externo, compuesto por deuda externa con bancos internacionales y por el stock de inversiones extranjeras en Brasil, evidencia la absoluta falta de sustentabilidad de un padrn de financiamiento de la balanza de pagos que, para no entrar en colapso, depende de la creciente entrada de capital internacional. La magnitud del problema puede ser aquilatada por la dimensin del pasivo externo financiero lquido -que contempla apenas recursos de extranjeros de altsima liquidez prontos para dejar el pas, ya descontadas las reservas cambiarias-, de US$ 542 billones a finales de 2011. Ante eso, est siempre la inaceptable amenaza de que, cuando el sentido del flujo de capitales externos se haya invertido, todo lo que hoy parece slido, maana se desvanecer en el aire, haciendo que, de una hora a otra, los empleos generados desaparecen, el nmero de pobres vuelva a crecer y el pas vuelva a adoptar draconianos programas de ajuste estructural impuestos por los organismos financieros internacionales.

El sustrato del modelo econmico brasilero reposa, en ltima instancia, en la creciente explotacin del trabajo -la verdadera gallina de los huevos de oro del capitalismo brasilero. La fenomenal brecha entre las ganancias de productividad del trabajo y la evolucin de los salarios pone en evidencia que, incluso en una coyuntura relativamente favorable, el progreso no benefici a los trabajadores. No es tonta, la propaganda oficial omite el hecho de que, al final del gobierno Lula, el salario medio de los ocupados permaneca prcticamente estancado en el nivel de 1995. La perversidad del padrn de acumulacin en curso queda patente cuando se toma en consideracin la distancia de casi cuatro veces entre el salario mnimo efectivamente pagado a los trabajadores y el salario mnimo estipulado por la Constitucin brasilera calculado por el Dieese (Departamento Intersindical de Estatstica e Estudos Socioeconmicos).

Puesto en perspectiva histrica, los gobiernos progresistas profundizaron el proceso de flexibilizacin y precarizacin de las relaciones de trabajo. En los aos de Lula, la jornada media del trabajador brasilero fue de 44 horas, elevndose una hora en relacin a la media de los ocho aos anteriores. La situacin ms favorable de la economa tampoco impidi que la rotatividad del trabajo continuase en elevacin, ni signific una reversin de la informalidad en que se encuentra la mitad de los ocupados. El aumento del empleo tambin vino acompaado de una profundizacin del proceso de deterioro de la calidad de los vnculos contractuales de los trabajadores con las empresas, con la diseminacin de formas espreas de subcontratacin. Se calcula que un 1/3 de los empleos generados en el perodo fueron para trabajadores tercerizados, hoy, ms de 10 millones de puestos de trabajo, esto es, casi 1/5 del total de empleados. Finalmente, cabe resaltar la complacencia en relacin al trabajo infantil. Al final de la primera dcada del siglo XXI, este trabajo continu afectando cerca de 1,4 milln de nios brasileros -contingente equivalente a la poblacin total de Trinidad Tobago.

La visin apologtica de que los gobiernos de Lula y Dilma estn empeados en el combate a las desigualdades sociales, no toma en cuenta la relacin de causalidad -hace dcadas develada por el pensamiento crtico latinoamericano- entre: mimetismo de los padrones de consumo de las economas centrales, desempleo estructural y tendencia a la concentracin de la renta -fenmenos tpicos del capitalismo dependiente. En realidad, las tendencias estructurales responsables por la perpetuacin de la pobreza y de la desigualdad social no fueron alteradas. Incluso con la expresiva ampliacin de los empleos, aproximadamente 40% de la fuerza de trabajo brasilera todava permanece desempleada o subempleada, esto es, sin renta de trabajo o con trabajo que remunera menos de un salario mnimo. En esas condiciones, no sorprende que la concentracin funcional de la renta, que mide la divisin de la renta entre salario y lucro, haya permanecido prcticamente inalterada durante el gobierno Lula en uno de los peores niveles del mundo. La pequea mejora en la distribucin personal de la renta (que mide la reparticin de la masa salarial), apuntada como prueba cabal del proceso de "inclusin" social, en realidad apenas registra una ligera disminucin en el grado de concentracin de los salarios, reduciendo la distancia entre la renta de la mano de obra calificada y de la no calificada. La persistencia de stock de pobres del orden de 30 millones de brasileros -contingente superior a la poblacin de Per y cuatro veces ms que los habitantes de El Salvador- revela el total disparate de imaginar a Brasil un pas de "clase media", todava ms cuando se tiene en consideracin que el fin del ciclo expansivo har que la "clase media" recorra el camino de vuelta hacia la pobreza.

La nocin de que los gobiernos progresistas representan un cambio cualitativo en las polticas sociales no sintoniza con las prioridades manifestadas en la composicin de los gastos pblicos. Convertidos a la filosofa de la poltica compensatoria del Banco Mundial, Lula y Dilma pasaron a actuar sobre los efectos de los problemas sociales y no sobre las causas, contentndose en aliviar el sufrimiento del pueblo, dentro de las limitadsimas posibilidades presupuestarias de una poltica macroeconmica pautada por la obsesin en preservar el ajuste fiscal permanente. La evolucin en la composicin del gasto social del gobierno federal entre 1995 y 2010 comprueba que no hubo cambios relevantes en la poltica social de Lula en relacin a su antecesor. En los principales rubros de gastos, como por ejemplo salud, educacin, la participacin relativa de los gastos sociales del gobierno federal en el PIB permaneci prcticamente inalterada. Existen dos excepciones. La primera respecto a los gastos de Previsin Social, cuyo aumento, como ya mencionamos, debe ser atribuido bsicamente a los efectos de la Constitucin de 1988. La segunda se refiere a los programas asistenciales que recibieron un aumento de recursos del orden de 1% del PIB, ms del doble de la proporcin destinada por el gobierno anterior. Mismo as, es un volumen insignificante cuando se lo compara con los recursos transferidos a los acreedores de la deuda pblica -menos de 1/3 del supervit primario y menos de 1/6 del total de gastos del sector pblico con el pago de intereses (los cuales, entre 2003 y 2010, quedaron en torno de 3,4% del PIB al ao). En realidad, lo que marca la poltica social de la era Lula, como la de Fernando Henrique Cardoso y sus antecesores, es el absoluto inmovilismo para superar la enorme distancia entre los recursos necesarios para suplir las carencias de las polticas sociales y la disponibilidad efectiva de los recursos para financiarlos.

Incluso la poltica externa, presentada por algunos como el frente ms osado de la administracin petista, disimula mal el sometimiento a los cnones del orden global y a las exigencias del imperio norteamericano. En la bsqueda desesperada por nuevos mercados y por capitales extranjeros, la Presidencia de la Repblica fue instrumentalizada para vender al Brasil como si fuese mercancas por el mundo. Tambin fue hartamente utilizada, principalmente en Amrica Latina y frica, como representante especial de grandes grupos empresariales, bsicamente constructoras y bancos, en busca de nuevos mercados en las franjas perifricas del sistema capitalista mundial. El discreto y vacilante apoyo a Chvez, la mayor aproximacin con Cuba, los flirteos con el mundo rabe y la bsqueda de una relacin econmica con India, Rusia y China, responden a los intereses comerciales concretos y no deben generar ningn tipo de ilusin en relacin a la articulacin de alternativas que signifiquen un desafo al orden global. En los foros internacionales, Lula y Dilma se transformaron en verdaderos paladines del liberalismo. Sus intervencin se restringen a reclamar coherencia neoliberal de los gobiernos de los pases ricos -felizmente, sin ninguna consecuencia prctica. Entre bastidores, la diplomacia brasilera renuncia a los principios a cambio de un eventual asiento en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. El caso ms vergonzoso fue el envo de tropas a Hait para cumplir el pattico papel de gendarme del intervencionismo norteamericano, protegiendo a un gobierno ilegtimo, corrupto y violento.

Hasta en el plano ideolgico los gobiernos de Lula y Dilma permanecieron perfectamente encuadrados en el ideario del neoliberalismo. La agenda neoliberal gan nueva credibilidad en el discurso y en la prctica de los dirigentes que tenan un pasado vinculado a las luchas sociales, reforzando todava ms los valores y el padrn de sociabilidad neoliberal. Al tomar como un hecho consumado las exigencias del orden, los lderes polticos que deberan iniciar un proceso de transformacin social acabaron colaborando en el reforzamiento de la alienacin del pueblo en relacin a la naturaleza de sus problemas -la dependencia externa y la desigualdad social-, as como las reales alternativas para su solucin -la lucha por la transformacin social. No puede extraar el reflujo del movimiento de masas y el proceso de desorganizacin y fragmentacin que golpe, sin excepcin, a todas las organizaciones populares.

Vistas en perspectiva histrica, las semejanzas entres los gobiernos progresistas y los conservadores son mucho mayores de que las diferencias. Dilma, Lula, Fernando Henrique Cardoso, Itamar Franco y Collor de Mello, hacen parte de la misma familia -el neoliberalismo-, cada uno es responsable de un determinado momento de ajuste en Brasil a los imperativos del orden global. En una sociedad sujeta a un proceso de reversin neocolonial, la distancia entre la izquierda y la derecha del orden es pequea, porque el radio de maniobra de la burguesa es mnimo. El grado de libertad se reduce, bsicamente, a las siguientes opciones: mayor o menor crecimiento, en un padrn de acumulacin que no da margen para la expansin sustentable del mercado interno; mayor o menor concentracin de la renta, dentro de los lmites de una sociedad marcada por la segregacin social; mayor o menor participacin del Estado en la economa, dentro de un esquema que impide cualquier posibilidad de polticas pblicas universales; mayor o menor dependencia externa, dentro de un tipo de insercin en la economa mundial que coloca al pas a remolque del capital internacional; y, como consecuencia, mayor o menor represin a las luchas sociales, dentro de un rgimen de "democracia restringida", bajo control absoluto de una plutocracia que no tolera la emergencia del pueblo como sujeto histrico -sea por el recurso del aplastamiento, que caracteriza a los gobiernos a la derecha del orden; sea por el recurso de la cooptacin, como hacen los gobiernos que se posicionan a la izquierda del orden.

En suma, la modesta prosperidad material de los ltimos aos, que llev a una parcela de la poblacin brasilera a tener acceso a bienes de consumo conspicuo de ltima generacin, es efmera y nociva. La euforia que alimenta la ilusin de un neo-desarrollismo brasilero es insustentable. Al socavar las bases materiales, sociales, polticas y culturales del Estado nacional, "progresistas" y "conservadores" son responsables, cada uno a su manera, por el proceso de reversin neocolonial que compromete irremediablemente la capacidad de la sociedad brasilera para enfrentar sus desafos histricos y controlar su destino, de modo de definir el ritmo y la intensidad del desarrollo en funcin de las necesidades del pueblo y de las posibilidades de su economa.

* Plnio de Arruda Sampaio Jnior es profesor del Instituto de Economa de la Universidad Estadual de Campinas - IE/UNICAMP y miembro del consejo editorial de Correio da Cidadania.

Correio da Cidadania: www.correiocidadania.com.br

Traduccin de Ernesto Herrera para Correspondencia de Prensa




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