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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-10-2012

El teatro de la realidad que deberamos mirar

Javi lvarez
Rebelin

Juan Diego Botto escribe e interpreta Un trozo invisible de este mundo, una obra imprescindible sobre inmigracin y exilio.


Cuando termin la funcin de Un trozo invisible de este mundo me puse en pie, como la mayora del pblico, para aplaudir. Lo hice con fuerza, agradecido por la oportunidad de asistir a una obra tan sincera y con esa enorme capacidad para conmover. Me gustara en esta resea poder transmitir todas las emociones que sent. Me gustara hablar de esta obra de teatro con la misma sencillez que Juan Diego Botto ha puesto para escribir cada uno de los cinco textos que forman la pieza. Me gustara ser tan directo como los personajes que desnudan su alma en estos monlogos Pero s que lo que vive un espectador ante una gran obra no es suficiente con contarlo, necesita ser sentido en vivo.


Cada uno de los cinco magnficos monlogos es una confesin que nos acerca a las personas que se han visto obligadas a inmigrar o vivir en el exilio, que nos sirve para entenderlas. Nosotros podramos escuchar a diario historias semejantes en las calles, nos bastara con detenernos un instante a hablar con el primer inmigrante africano que nos crucemos. Vencido ese primer impulso de miedo que producen la timidez y el desconocimiento entre dos extraos, cuando se hubiera soltado seguro que al narrarnos la peripecia que le ha trado hasta aqu nos quedaramos sobrecogidos; ms an cuando nos contara su vida en nuestro pas. Despus, un poco ms abajo, no estara mal sentarnos a hablar con un exiliado para que nos quiera hablar con franqueza de lo roto que se siente por dentro. Que cmo lo encontramos; fsicamente no se distingue, pero seguro que su mirada, ese mirar sin ver como si su cabeza estuviera en otro lugar, lo delatar. Nos despedimos y seguimos caminando y, al doblar una esquina, en el primer locutorio con el que nos topamos colamos la patita y nos quedamos oyendo los retazos de las conversaciones. La ruta propuesta est al alcance de todos. Y sin embargo no hacemos nada de esto. La realidad del da a da con la que nos cruzamos cada maana se encuentra a miles de kilmetros de nosotros mismos. No sabra explicar por qu ha dejado de importarnos, pero s que tengo la vaga sensacin que nos vamos haciendo inmunes al sufrimiento de los muchos que sobreviven a unos metros de nuestros hogares. Somos cada da ms insensibles al entorno que nos rodea.

Es por eso que necesitamos un teatro franco y veraz que nos hable claro, que nos sacuda y que nos acongoje a partes iguales. Un teatro de la realidad a la que deberamos mirar de frente pero que dejamos fuera sin darnos cuenta que es la nuestra, que no hay distancia alguna. En las calles que pisamos hay dolor y miseria, pero nosotros no sentimos culpa, es de otros, de unas leyes injustas, de la polica, de los racistas, de la mala suerte Siempre de los otros. Pero lo cierto es que somos responsables, as que necesitamos voces que nos empujen a volver a sentirnos solidarios con el ser humano. Un trozo invisible de este mundo no se ha planteado sealar con el dedo, lo que nos hace es llevarnos adentro, para convivir, y que luego nos llevemos a nuestra casa ese pedazo de nuestro mundo que ya no vemos.

Asistir de pblico a Un trozo invisible de este mundo es mucho ms que estar sentado en la butaca, es participar viendo, escuchando, palpando, formando parte y sintiendo. Lo haces desde el primer momento, cuando antes de empezar la funcin te colocas una pegatina con un nmero que te seala como alguien en un Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE); entonces tomas consciencia. Igual que cuando te conviertes en una persona esperando para cruzar la frontera que te acerca a un mundo prspero y te aleja de la miseria intrnseca de un pas esquilmado y sin esperanza; o cuando entras en la cabeza de un torturado poltico; o te sientes por un instante como un nio pequeo al que le estn contando su historia y vas viendo que est llena de barreras por venir de fuera, de un pas pobre al que el primer mundo no permite salir del subdesarrollo.

 

Los textos de cada monlogo nos hablan de la desigualdad. Cuentan lo importante y lo hacen tambin a travs de observar con cuidado los detalles pequeos. Con ellos se afianza la realidad sin que sea preciso acudir a metforas que desdibujen y den lugar a interpretaciones opinables. A cada cosa se le llama por su verdadero nombre y eso dota a la obra de una fuerza extrema. Con el mecanismo de comunicacin tan directo, a flor de piel, y encauzado desde el primer instante, toca contar las historias que nos conmuevan, las que nos van a sacudir. Juan Diego Botto ha montado una pieza de ficcin, de confesiones, que nos explica la propia realidad mejor que ella misma. Lo ha hecho desde la rabia que produce lo injusto, lo desigual. Uno escucha cada monlogo sobrecogido, desolado a veces y con una sonrisa en otros momentos, llevado por una mano inteligente que no da respuestas, sino que cuenta las historias que nos permiten reflexionar para que podamos hacernos las preguntas oportunas. Cada uno debe mirarse a s mismo para responder, pero tambin debe saber que hay muchos ms a los que les pesan las mismas preocupaciones.

Un trozo invisible de este mundo arranca desde el otro lado, desde la voz de un funcionario de aduanas que con cinismo nos canta las cuarenta en un discurso en el que el personaje pretende explicarnos su realidad de las cosas como la nica posible: aqu no cabemos todos, siempre hay alguien al que le toc ser perdedor, es pura ciencia A travs de sus palabras, de esa lgica absoluta, de mecanismos sencillos, va explicitando su racismo de una manera amable.

Despus vendrn las amarguras de una conversacin telefnica desde un locutorio que nos dibuja las contradicciones de quien vive lejos de su familia para conseguir un dinero que en su pas no hay posibilidad de ganar trabajando, esa carga pesada que siente y que no le permite tener ni siquiera un buen momento. Una vida la suya que est llena de esfuerzos, de tirar para adelante, de ausencias, de silencios y de todo lo que se calla porque no es agradable contar lo que es necesario soportar. La historia del abuso con los inmigrantes, su explotacin. Los papeles imposibles que convierten en ilegales a las personas, los CIEs, la muerte, la falta del derecho al pan y a las rosas. Sobrevivir ms que vivir. De pronto la piel se eriza un poquito ms, al escuchar la justificacin del turquito tras su tortura, su deseo de ser un hroe que sobrevive para contar la indignidad aunque sea un hombre dbil. La voz del exilio nos voltea para hablarnos de que el camino para cerrar las heridas, el de la reparacin, es la justicia y la memoria, que hay seres humanos con la vida rota a los que les gustara tener los mismos privilegios que les damos a los perros. Los sueos imposibles se convierten en el nico soporte a una vida sin esperanza, sueos mentirosos que no se han de cumplir pero que nos tapan por un segundo una realidad que nos apesadumbra. La sinceridad, atrevernos a decir con crudeza la realidad, nos descubre que si abrimos las maletas estarn vacas, nada les quedar, nada tendrn dentro.

 

Para contar estas vidas, estas reflexiones, basta una escenografa sencilla, una cinta transportadora que va llevando maletas de un sitio a otro donde se amontonan, algn bal, una pizarra y una luz cmplice sobre el fondo de una pared slida pero abandonada. Es un lugar detenido en el tiempo, es nuestro presente, un limbo que nos da una oportunidad para cambiar.

Astrid Jones se encarga del monlogo central, los otros cuatro los interpreta el propio Juan Diego Botto. Los dos, actor y actriz, estn impresionantes. No podemos apartar un instante los ojos de ellos. Cada palabra, cada gesto, llegan al pblico porque su trabajo establece una sensibilidad cercana. Transmiten y conmueven, mientras atan y desatan nudos en nuestro corazn. No es extrao que a Juan Diego Botto se le empaen los ojos de lgrimas al final mientras agradece los aplausos.

Para profundizar en la obra, se han programado varios encuentros con el pblico tras algunas de las funciones. En ellos Astrid, Juan Diego y el director, Sergio Peris-Mancheta, charlan con los espectadores sobre las intenciones y las impresiones. Las tres son personas generosas, que nos recuerdan que hay otra forma de abordar el presente y que no coincide con la idea mayoritaria que establece el pensamiento nico. Se puede llevar nuestra realidad a un escenario y hacerlo sin metforas, a carne viva, como ellos lo han hecho en un teatro sincero, emotivo, sencillo y directo. Y lo cierto es que se contagia, uno se va del teatro con un poco de esperanza en el ser humano sin saber muy bien por qu.

 

A modo de pequeo anecdotario: El 19 de diciembre de 2011 falleci, en el madrileo hospital del Doce de Octubre, Samba Martine, una mujer congolea de 34 aos que se encontraba prisionera en el Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) de Aluche a la espera de su expulsin del pas. No tena antecedentes, pero se la encerr porque careca de papeles para entrar y residir en Espaa.

Desde territorio marroqu haba cruzado ilegalmente a Melilla en agosto y se la intern en el el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) que hay en la misma ciudad. El 12 de noviembre, con el CETI de Melilla saturado, se la enva a Madrid, al CIE de Aluche. Desde ese da hasta la fecha de su muerte hay acreditadas diez visitas de Samba a la consulta mdica del centro, un servicio externalizado. Ella no hablaba espaol y solo consta que en una de estas visitas tuvo intrprete.

Diez veces fue a la consulta mdica del CIES en poco ms de un mes, pero all fueron incapaces de hacer el diagnstico, limitndose a recetarle pomadas para el picor y pastillas para la depresin. Los ltimos das acudi hasta tres veces al consultorio, la ltima el mismo 19, de donde la enviaron al hospital donde fue ingresada seis horas antes de su fallecimiento.

Se le realizaron dos autopsias, por lo que el entierro se retras cinco meses. Viaj su madre desde Canad, y otro pequeo grupo de familiares desde muchos otros lugares del mundo. Pero no pudieron verla, la tardanza y las autopsias, haban perjudicado el estado del cadver y obligaban a que el fretro tuviera que estar cerrado.

Ahora se sabe que tena SIDA y que muri de una criptococosis sistmica, una enfermedad rara causada por un hongo y que ocurre en personas con las defensas muy bajas, como es el caso de pacientes con VIH. Nunca recibi el tratamiento que necesitaba.

Juan Diego Botto asisti al entierro de Samba y la rabia que le produjo escuchar a Clementine diciendo entre lgrimas abrazada el fretro cerrado de su hija yo que te par, no te puedo abrazar. Yo que te vi crecer, no te puedo abrazar fue lo que le impuls a ponerse a escribir las piezas que conforman Un trozo invisible de este mundo.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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