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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-10-2012

Pueblos indgenas
Los siguen matando

Jesus Gonzlez Pazos
Rebelin


Recientemente se han cumplido 520 aos de la llegada de occidente al continente americano. Ese da ha sido bautizado con multitud de nombres dependiendo de la mayor o menor intencionalidad poltica. As, cuando sta trataba de extender el orgullo de la conquista, hablaba abiertamente del Da de la Raza o de la Hispanidad. Cuando, pasando los aos, daba un cierto sonrojo lo anterior, se pas a definir como Encuentro de Culturas y otros eufemismos que igualmente ocultaban un abierto regocijo por lo que se consideraba magna obra civilizatoria hispana sobre pueblos salvajes. De una u otra forma, tanto unos como otros eptetos para ese da ocultaban permanentemente la existencia, todava hoy, de pueblos indgenas descendientes directos de aquellas otras civilizaciones que se trataron de eliminar. As, presentaban la realidad americana como el resultado natural de un proceso de mestizaje homogenizante de pueblos y culturas. Sin embargo, estos pueblos indgenas, aquellos que no haban desaparecido a pesar del duro proceso colonial, y que hoy todava viven, sonren y luchan por sus derechos como personas y pueblos, simplemente dicen que no hay nada que celebrar.

Pero, a pesar de todo lo vivido durante estos siglos, todava hay una constante que se alarga durante todo este tiempo. A los pueblos indgenas, a hombres y mujeres diferentes a la civilizacin dominante, los siguen maltratando, los robando sus tierras y los siguen asesinando. Estos pueblos siguen poniendo, hoy como ayer, los muertos sobre la mesa en ese permanente conflicto abierto hace ms de 500 aos contra ellos. Desde el extremo sur hasta el norte del continente, siguen siendo diana de las balas, siguen siendo el centro escogido de la represin ms brutal. Es un dudoso lugar de honor que ocupan junto con otro colectivo humano como son las mujeres, en este caso tanto indgenas como no indgenas, y que siguen siendo tambin centro de las violencias machistas que se resisten a desaparecer. Y tanto una situacin como otra siguen ocurriendo en Amrica, aunque tambin en otras formas en Europa. frica o Asia.

En los territorios del sur del continente americano, casi en su extremo, el pueblo mapuche sufre la represin y pone muertos, adems de prisioneros polticos que se abocan hacia la muerte mediante huelgas de hambre como nica forma de protesta contra las injusticias. Defienden sus tierras de transnacionales hidroelctricas y madereras y ante hacendados privilegiados por los gobiernos de turno; unos y otros llevan dcadas robando los recursos naturales de las comunidades, aquellas que los guardaron durante cientos de aos. Se niegan a reconocerse como campesinos y a renunciar a su dignidad como pueblo que hasta hace poco ms de un siglo dominaba el sur del continente y hoy se ve abocado a perder los ltimos pedazos de su territorio.

En Colombia, los pueblos indgenas siguen poniendo los muertos en la lucha entre el ejrcito, paramilitares y las guerrillas. En los ltimos meses, nuevamente ganaron un pequeo espacio en algunos medios de comunicacin internacionales pues, cansados de ser asesinados, osaron expulsar a los actores armados de sus territorios, en especial al ejrcito, en el departamento del Cauca. Reivindicaban derechos reconocidos por el derecho internacional, pero tambin por la legislacin colombiana y nunca aplicados por sta, sino continuamente violados; derecho al territorio, derecho a la vida, derecho a la dignidad como personas y como pueblos. Pareciera que todos los poderes polticos y econmicos pensaran que los derechos indgenas estn bien para rubricarlos en la ley y ganar un reconocimiento internacional, pero son derechos que no obligan a ser cumplidos. Esperemos que la nueva etapa abierta en Colombia de negociaciones entre la guerrilla y el gobierno suponga que los pueblos indgenas, una vez ms, no sean ignorados y todos, indgenas y no indgenas, campesinos, mujeres, caminen hacia la paz, pero una paz justa para todos y todas, incluyendo a estos pueblos.

Guatemala concluy en 1996 cuarenta aos de guerra civil con la firma de los Acuerdos de Paz. Entre stos, uno de los ms importantes era el reconocimiento de derechos de los pueblos indgenas. Acuerdo firmado, acuerdo ignorado por los sucesivos gobiernos guatemaltecos. Y hoy el fantasma de la muerte continua se abate una vez ms sobre el pueblo maya. Llegaron las transnacionales mineras, hidroelctricas, petroleras a los territorios indgenas y pensaron que, con el respaldo abierto de los distintos gobiernos, el territorio estaba abierto a la plena explotacin, al expolio, sin considerar que en esas tierras viven personas desde hace miles de aos. Pero los pueblos recuperan su dignidad y procesos de lucha y se oponen, poniendo en prctica la protesta, pero tambin la democracia participativa a travs de las consultas comunitarias en las que toda la poblacin de una zona determinada participa y decide si permite la entrada de transnacionales en su territorio. La oposicin masiva de los pueblos mayas a la destruccin de la tierra y de sus modos de vida trae, una vez ms, la dura respuesta de los poderes polticos y econmicos del pas, con el respaldo de ciertos poderes internacionales. Desde entonces los asesinatos selectivos de dirigentes, las amenazas continuas y la represin abierta contra los pueblos se va haciendo nuevamente cotidiana. El pueblo maya recuerda las aldeas arrasadas, las mujeres violadas, los cientos de miles de muertos y exiliados en los aos de la guerra civil. Hoy el drama no solo no se ha cerrado por el incumplimiento de los Acuerdos de Paz, sino que contina y se reaviva. El da 4 de octubre, a unos das de ese da 12 del mismo mes, ante la protesta masiva de la poblacin en Totonicapn, a convocatoria de sus autoridades, 8 indgenas fueron asesinados y decenas heridos. El gobierno en un primer momento neg su responsabilidad e incluso argument que ni polica ni ejrcito tenan armas de fuego. Sin embargo, las nuevas tecnologas permitieron que en minutos corrieran por las redes sociales fotografas de elementos del ejrcito guatemalteco armado de fusiles de asalto y disparando contra la poblacin. El delito en esta ocasin: la protesta contra el alza del precio de la energa elctrica, para una poblacin que vive en la pobreza; tambin la oposicin a las reformas constitucionales que el gobierno guatemalteco quiere aprobar y que suponen, entre otras medidas, el recorte de las atribuciones de las autoridades tradicionales en la imparticin de la justicia. Claro que el gobierno del presidente (general retirado) Otto Prez Molina sabe perfectamente cmo tratar estas situaciones, por algo su lema de campaa era mano dura y l mismo fue militar en activo durante los aos del llamado genocidio maya.

Los casos citados, as como otros muchos que se siguen dando en diferentes pases del continente americano, avalan la decisin del movimiento indgena continental por la no celebracin del 12 de octubre. Pero tambin demuestran, con la crudeza del ttulo de este escrito que, 520 aos despus del inicio del genocidio, por intereses polticos y econmicos ajenos a ellos, a los pueblos indgenas se les sigue matando y resulta barato pues, ni antes ni ahora, parece que habr responsables que paguen por estos crmenes.

Jesus Gonzlez Pazos. Miembro de Mugarik Gabe y de la CODPI

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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