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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-10-2012

Las prioridades lunticas de Kennedy durante la crisis de los misiles en Cuba
El momento ms peligroso de la historia de la humanidad

Joseph Richardson
CounterPunch

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


Leer las transcripciones de las reuniones de Kennedy con sus consejeros es un ejemplo prctico de los perniciosos efectos del secreto en la poltica gubernamental. Sin duda Kennedy, al grabaresas reuniones, las vea como un registro diario del que posteriormente seleccionara "bocadillos" para pulir su imagen para la posteridad. Al revisarlas en su totalidad, queda la impresin imborrable de un presidente cuya imprudencia casi precipit un holocausto nuclear.

Como documenta con brillantez Noam Chomsky, la adulacin que se ha apilado sobre la figura de Kennedy por su manejo de la crisis de los misiles en Cuba es, por no decir otra cosa peor, injustificada. En lugar deuna evidencia de su hbil diplomacia y su actitud circunspecta, el hecho de que apareciese una crisis atestigua de por s del orden luntico de prioridades de los que estaban en el poder. En efecto, el gobierno de Kennedy estaba dispuesto a arriesgar una conflagracin nuclear para salvaguardar el prestigio de EE.UU. El secretario de Estado, Dean Rusk, exclam jubiloso despus de que los primeros barcos soviticos optaran por no burlar el bloqueo nos enfrentamos cara a cara y creo que el otro acaba de pestaear. Si los soviticos no hubiesen pestaeado, es probable que Rusk no hubiera sobrevivido para reaccionar.

Segn la historia oficial, la crisis comenz despus de que un avin de reconocimiento U-2 avistase una base de misiles en Cuba. En realidad, comenz despus de la irreflexiva decisin de implantar un bloqueo y transformar la situacin en un enfrentamiento hecho y derecho con la Unin Sovitica. Durante toda una semana antes del anuncio de ese bloqueo que recibi el inofensivo nombre de cuarentena Kennedy y sus consejeros discutieron las diferentes alternativas militares que tenan a su disposicin. Aislados del escrutinio pblico, mostraron una despreocupada indiferencia ante la amenaza de un inminente cataclismo contrariamente a la fachada mesurada que trataban de presentar al mundo. Si se hubiera informado al pblico de toda la verdad, es probable que el escndalo resultante los hubiera obligado a reconsiderar radicalmente su actitud.

La evaluacin inmediata de Kennedy y su grupo de altos funcionarios conocido como EXCOMM fue que el estacionamiento de misiles soviticos en Cuba no cambiaba gran cosa. Durante su primera reunin el 16 de octubre admitieronfrancamente que, desde el punto de vista estratgico, la amenaza de un ataque nuclear contra EE.UU. no haba aumentado. Por cierto, Kennedy resumi de modo adecuado esa conclusin cuando dijo con franqueza: Podis decir que no hay gran diferencia entre un ataque que viene de un ICBMdirectamente desde la Unin Sovitica u otro proveniente de una distancia de 90 millas. La geografa no significa tanto... Sus funcionarios ms importantes estuvieron de acuerdo y el secretario de defensa Robert McNamara declar directamente en respuesta a una pregunta de Bundy sobre en qu medida haba cambiado la situacin: Segn mi opinin personal, en nada. Marshall Carter, director adjunto de la CIA, incluso opin que el motivo por el cual la comunidad de los servicios de inteligencia haba sido desubicada por el descubrimiento de bases de misiles fue que una accin semejante se consider ftil, ya que no mejora en nada en el equilibrio estratgico. La verdadera amenaza era mucho menos grave y consista, segn los consejeros de Kennedy, en el factor psicolgico o la afrenta de que un pequeo pas pensara que tena derecho a actuar de una manera normalmente reservada a la nacin ms poderosa del mundo. Al permitir que la Unin Sovitica estacionara misiles a 90 millas de EE.UU., Cuba, segn Kennedy, estaba creando la impresin de que son iguales que notros. El secretario adjunto de Estado, Edwin Martin, defini el peligro para el prestigio de EE.UU. como sigue: Bueno, es un factor psicolgico que nos hayamos sentado de brazos cruzados y permitamos que nos hagan esto. Eso es ms importante que la amenaza directa.

Es sorprendente que unas razones tan dbiles se considerasen una base suficiente para la peligrosa y arriesgada poltica que tuvo lugar. Despus de todo, como asever Kennedy, esta es una lucha poltica y militar. Gran parte de la conversacin de ese primer da se dedic adebatir las opciones militares ms eficaces para destruir las bases de misiles y, al hacerlo, derrocar a Castro. Una opcin prevea un ataque areo generalizado seguido de una invasin. Los consejeros de Kennedy discutieron semejante poltica con evidente jovialidad, pensando si el perodo mnimo de siete das entre los ataques areos y la invasin se podra reducir a cinco das para aprovecharla desorientacin de las fuerzas cubanas. Al final de la reunin, Kennedy declar su determinacin de lanzar el ataque. Solo quedabadecidir la intensidad de los ataques areos y si posteriormente se debera llevar a cabo una invasin.

Un objetivo permanente del gobierno de Kennedy desde su llegada al poder era extirpar la intolerable amenaza a los intereses estadounidenses planteada por Fidel Castro. En abril de 1961, Kennedy patrocin una invasin por parte de una coleccin de exiliados entrenados por la CIA, en un episodio que qued grabado en la historia como Baha de Cochinos [Playa Girn, N. del T.]. Despus del abyecto fracaso de esa operacin clandestina, Kennedy, humillado, autoriz una campaa de sabotaje y asesinatos de la CIA para infligir los terrores del infierno al rgimen de Castro. El mismo da que se descubrieron las bases de misiles, McNamara se reuni con el Estado Mayor Conjunto para discutir medidas para eliminar a Castro, incluyendo una posible invasin, aunque debera demorarse hasta despus de las elecciones de mitad de perodo. Por lo tanto la nica esperanza quequedaba a Castro para asegurar los frgiles logros de la revolucin era alinearse con la nica potencia que actuaba como uncontrapeso significativo de EE.UU. Las armas nucleares en Cuba eran una manera de garantizar la revolucin contra nuevos intentos estadounidenses de subversin.

Despus de crear las condiciones que condujeron al establecimiento de bases de misiles, Kennedy fue ms all procediendo a iniciar un entrenamiento con la Unin Sovitica, a pesar de la firme opinin de EXCOMM de que no existan motivos relacionados con la seguridad para hacerlo. Aunque esquiv un camino expresamente militar, opt por otro que casi conduca a un conflicto abierto. Por cierto, en el derecho internacional, un bloqueo equivale a un acto de guerra, un hecho implcitamente reconocido por el gobierno de EE.UU. que lo denomin engaosamente cuarentena. En las discusiones, los consejeros de Kennedy expresaron su ansiedad por el efecto psicolgico en la poblacin de EE.UU. si pareciera que EE.UU. haba aceptado el estacionamiento de misiles en Cuba. Pero qu habra pensado el pblico si hubiera sabido que su gobierno estaba dispuesto a imponer un bloqueo como reaccin a los misiles, que segn su propia admisin, no haban aumentado apreciablemente la amenaza a la seguridad de EE.UU.?

El bloqueo fue indudablemente un acto demencial en aquellas circunstanciasque solo puede explicarse por por el deforme sentido de prioridades que reina en las deliberaciones internas del gobierno que est alimentada inevitablemente por una endmica falta de responsabilidad. En la tensa confrontacin que sobrevino, las dirigencias de la Unin Sovitica y de EE.UU. no pudieron ejercer ningn control sobre el curso que tomaron los eventos. El bloqueo pudo degenerar en cualquier momento en una guerra propiamente dicha por medio de las actuaciones de simples individuos. El secretario de Defensa McNamara atrae frecuentemente efusivos elogios por su adecuada supervisin de la cuarentena. Sin embargo, el hecho de que se evitase un holocausto nuclear no se debi a su supervisin, sino a las oportunas acciones de un solitario submarinista sovitico.

En un esfuerzo por imponer rigurosamente el bloqueo, los barcos de EE.UU. rastrearon a los submarinos soviticos que operaban alrededor de Cuba y lanzaron cargas de profundidad para obligarlos a salir a la superficie. Sin que lo supiera la armada de EE.UU., sin embargo, los submarinos que perseguan iban armados de torpedos con puntas nucleares. Esta poltica de acoso llev al momento ms peligroso de la crisis el 27 de octubre, cuando un comandante sovitico, desorientado por el lanzamiento de cargas estadounidenses de profundidad, orden que se armaran los torpedos nucleares. Un oficial a bordo, Vadim Orlov, recuerda el evento:

Los estadounidenses nos atacaron con algo ms potente que las granadas, al parecer una bomba prctica de profundidad. Pensamos que era el fin. Despus de ese ataque Savitsky totalmente exhausto, aparte de todo lo dems, no pudo establecer conexin con el comando general y se enfureci. Llam al oficial asignado al torpedo nuclear y le orden que lo ensamblara y lo preparase para la batalla. Tal vez la guerra ya comenz all arriba mientras nosotros damos saltos mortales aqu, grit emocionado.Valentin Grigorievich, tratando de justificar su orden. Vamos a volarlos ahora mismo! Moriremos, pero los hundiremos a todos, no deshonraremos a nuestra armada!

Al final el desastre se evit por los pelos cuando el segundo capitn, Vasily Arkhipov, se opuso a la orden y persuadi al capitn Savitskyde que se calmara.

En su discurso a la nacin del 22 de octubre, Kennedy aludi con solemnidad a las insufribles amenazas a la seguridad nacional causadas por la llegada de armas nucleares, como:

Ya no vivimos en un mundo en el cual solo el disparo de armas convencionales representa un desafo suficiente para la seguridad de una nacin para constituir un peligro mximo. Las armas nucleares son tan destructivas y los misiles balsticos son tan rpidos que cualquier aumento substancial de la posibilidad de su uso o cualquier cambio repentino en su despliegue puede considerarse una clara amenaza a la paz.

Esta exposicin es una falacia absoluta. Si realmente el presidente hubiera credo sus propias palabras no habra instalado misiles un ao antes en Turqua, cerca de las fronteras de la Unin Sovitica. El director de la CIA, John McCone, haba predicho meses antes que la Unin Sovitica podra tratar de contrarrestarlos con sus propios misiles en Cuba. El 27 de octubre, era evidente, a juzgar por las propuestas soviticas, que la retirada de esos misiles en Turqua a cambio del desmantelamiento de bases de Cuba presentaba un camino bien definido para desactivar la crisis. Mientras EE.UU. estaba dispuesto a aceptar las demandas soviticas de prometer pblicamente no invadir Cuba, era reacio a aceptar un acuerdo que implicaba la retirada de los misiles en Turqua como un quid pro quo para la retirada de las bases por parte dela Unin Sovitica.

Mientras continuase el bloqueoo el riesgo de errores como el arriba mencionado que condujeran a una guerra nuclear solo poda aumentar. Pero el gobierno de Kennedy se mostraba, a pesar de todo, renuente a aprovechar una oportunidad perfecta para llevar el enfrentamiento a una conclusin rpida y pacfica y evitar lo impensable. Ostensiblemente, la razn aducida por los consejeros de Kennedy para no aceptar un acuerdo semejante era el efecto perjudicial que tendra sobre las relaciones con aliados de la OTAN. Si EE.UU. aceptara retirar los misiles, es posible que los miembros de la OTAN se quedaran con la impresin de que EE.UU. estaba dispuesto a sacrificarlos a fin de salvaguardar su propia seguridad. El Consejero de Seguridad Nacional, McGeorge Bundy, resumi esa curiosa posicin cuando dijo al presidente: Pienso que si damos la impresin de que queremos llegar a ese trato, para nuestra gente de la OTAN y toda la gente con la que estamos aliados, tenemos un verdadero problema Pienso que deberamos decirles que esa es la evaluacin universal de todos aquellos en el gobierno que estamos conectados con esos problemas de alianza.

Esos funcionarios del gobierno no explican claramente por qua los aliados de EE.UU. les molestara un acuerdo directo que acabase con un tenso enfrentamiento nuclear que podra destruirles. En todo caso lo contradicen numerosas referencias, muchasdespectivas, respecto a los aliados de la OTAN diseminadasen las transcripciones de las reuniones de EXCOMM. Por ejemplo, en una discusin anterior, Kennedy habl de "simplemente informar", en lugar de consultar,al primer ministro britnico MacMillan de un ataque areo contra Cuba, diciendo: No s si tiene mucho sentido consultar a los britnicos Espero que solo objetaran. Basta con decidirse a hacerlo. Probablemente habra que decrselo, sin embargo, la noche antes. Es obvio que los clculos estadounidenses no consideraban importante lo que pensaban los aliados de la OTAN. Sus preocupaciones afectaban la conciencia de los responsables polticos de EE.UU. en lo que tena que ver con las inevitables objeciones que provocara una decisin estadounidense de exacerbar el enfrentamiento. El vicepresidente Johnson, por ejemplo, reconoci en un punto que los aliados de EE.UU., lejos de estar a favor de una posicin militar contra la Unin Sovitica, probablemente urgiran a la moderacin y plantearan algunas incmodas preguntas si EE.UU. segua adelante con su poltica de confrontacin: Bueno, hemos vivido todos estos aos (con misiles). Por qu no podis hacerlo? Por qu vais a aumentar vuestra presin sangunea? Evidentemente para EE.UU., aceptar o no un trato nunca dependi de las preocupaciones de sus aliados, sino que ms bien era unasunto que tena que ver con asegurar la credibilidad del poder de EE.UU.

Finalmente se lleg a un compromiso en el que la Unin Sovitica fue la que hizo ms concesiones. En una carta formal a Jruschov, EE.UU. acept prometer pblicamente que no invadira Cuba. En secreto prometi retirar los misiles de Turqua. Muy preocupado de que no se pensara que EE.UU. estaba cediendo a las exigencias de su rival sovitico, Kennedy reclam a la Unin Sovitica que guardara absoluto silencio sobre el asunto. Encarg a su hermano, el Fiscal General Robert Kennedy, que entregara la carta junto a una promesa informal de que se retiraran los misiles de Turqua. En su conversacin con el embajador sovitico, Anatoly Dobrynin, Robert Kennedy advirti de que no se deba hacer ninguna referencia pblica a Turqua, porque si eso ocurriera el acuerdo se declarara nulo. Adems, combin la oferta con una amenaza de fuerza militar contra las instalaciones de misiles en Cuba si no se reciba una respuesta positiva al da siguiente. Increblemente, un ultimtum valoraba el hecho de que no se perdiera prestigio en pblico por sobre la reduccin del riesgo sustancial de guerra nuclear. Afortunadamente para la humanidad Jruschov acept las condiciones y por consiguiente Kennedy recibi las alabanzas y la consideracin de estadista magistral que haba humillado a la Unin Sovitica. La evidencia, sin embargo, contradice fuertemente esa imagen popular.

Hace cincuenta aos, Kennedy y sus consejeros deliberaron en secreto la mejor forma de encarar una crisis en cuya creacin tenan una responsabilidad sustancial sin consultar ni siquiera una vez a los millones de personas cuyas vidas estaban en juego. Leer las trascripciones de esas reuniones es un correctivo til para el tan repetido dogma de los poderosos de que el secreto es esencial para permitirles gobernar efectivamente en funcin de los intereses del pblico. Solo podemos esperar que los que gobiernan no estn animados por el mismo perverso menosprecio de la vida humana y su obsesin por el prestigio que fue tpico de la actitud de los mximos dirigentes de EE.UU. en el momento ms peligroso de la historia de la humanidad.

Joseph Richardson es periodista independiente en la estacin de radio Voice of Russia en Londres. Estudi historia en Merton College, Oxford.

Fuente: http://www.counterpunch.org/2012/10/26/jfks-lunatic-priorities-during-the-cuban-missile-crisis/

rCR



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