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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-11-2012

Geopoltica y lucha antisistmica

Ral Zibechi
La Jornada

El presente artculo es una versin levemente corregida del prlogo a la edicin mexicana de Brasil Potencia. Entre la integracin regional y un nuevo imperialismo, Bajo Tierra, 2012.


Cuando los pueblos se lanzan a la lucha no calculan las relaciones de fuerzas en el mundo. Simplemente pelean. Si antes de hacerlo se dedicaran a examinar las posibilidades que tienen de vencer, no existiran ni los movimientos antisistmicos ni la multitud de levantamientos, insurrecciones y resistencias que estn atravesando el mundo y nuestra regin. Los y las de abajo nunca actuaron con base en la racionalidad instrumental, como suelen creer los cientistas sociales y los analistas que ven el mundo desde arriba.

La gente comn aplica en su vida cotidiana, de la que forman parte tanto las resistencias como los levantamientos, una racionalidad otra, hilvanada de indignaciones, sufrimientos y gozos, que los lleva a actuar con base en su sentido comn de dignidad y ayuda mutua. Los clculos racionales, eso que cierta izquierda ha dado en llamar la correlacin de fuerzas, no forman parte de las culturas del abajo. Pero tampoco se ponen en accin de forma mecnica, espontnea como gustan juzgar despectivamente los profesionales de la revolucin, sino en consulta con otros y otras que comparten los mismos territorios en resistencia. Ah s, evalan y analizan, teniendo en cuenta si ha llegado el momento de lanzar nuevos desafos. Lo que suele ocupar el centro de sus anlisis es si estn capacitados para afrontar las consecuencias del desafo, que siempre se miden en muertos, heridos y crcel. En suma, los de abajo se lanzan a la accin luego de evaluar cuidadosamente la fortaleza interior, la situacin de sus propias fuerzas y no tanto las relaciones entre los arribas y los abajos que, salvo excepciones, siempre son desfavorables.

Por qu entonces estudiar las relaciones entre estados, los nuevos desequilibrios y los cambios que se estn produciendo? O, mejor, qu importancia tiene la geopoltica, una ciencia creada por los estados imperialistas para dominar las periferias, para los movimientos antisistmicos?

La primera, casi obvia, es que siempre es necesario conocer los escenarios en los que actuamos y de modo muy particular las tendencias de fondo que mueven el mundo en un periodo de especial turbulencia. Si acordamos que el sistema-mundo en el que vivimos est atravesando un periodo de cambios profundos y los modos de dominacin mutan con cierta rapidez, seguir el rastro de dichas mutaciones es tan importante para el militante como el reconocimiento del terreno lo es para el combatiente. Siempre que se reconozca que la forma adecuada de conocer es la transformacin, la accin y no la contemplacin.

La pltica del subcomandante insurgente Marcos titulada luego La Cuarta Guerra Mundial fue una pieza importante para situar a los rebeldes del mundo en una realidad nueva realidad que es la continuacin de la guerra contra los pueblos de Chiapas pese a que pudo haber terminado de una forma digna y ejemplar1. De alguna manera estos anlisis son algo as como cartografas o mapas rudimentarios: orientan sin determinar, muestran los obstculos que hay por delante y los posibles atajos.

En este caso, se trata de echar luz sobre la novedad que supone, para los pueblos sudamericanos en particular, la presencia de un vecino con vocacin imperial en las fronteras de nuestros territorios. No slo eso. El ascenso de Brasil como potencia regional y global va de la mano del nacimiento de un nuevo bloque de poder que est reconfigurando el carcter del conflicto en ese pas, pero tambin en la regin.

La segunda cuestin, derivada directamente de la anterior, se relaciona con los impactos de los actuales procesos interestatales y geopolticos en los movimientos sociales. Brasil Potencia es posible gracias a la alianza de un sector decisivo del movimiento sindical y del aparato estatal federal con la burguesa brasilea y las fuerzas armadas. Explicar la ampliacin/reconfiguracin del bloque en el poder ha sido uno de mis objetivos centrales porque estoy convencido que supone la mayor novedad que se produce en nuestra regin en dcadas. La divisin del trabajo entre los propietarios del capital y quienes lo administran (bsicamente dirigentes del PT y de algunos grandes sindicatos), o sea entre dos fracciones de la burguesa, es parte esencial del nuevo escenario regional que explica, en alguna medida, la confrontacin entre el llamado progresismo y las derechas tradicionales.

Una parte de la ltima camada de movimientos ha perdido su autonoma poltica e ideolgica en este nuevo escenario. Al apostar al mal menor como atajo ante el cmulo de dificultades en nuestros territorios, los antiguos referentes se convirtieron en administradores estatales sensibles a los problemas de los pobres. En el mejor de los casos, buscan amortiguar los efectos del modelo, pero en todos los casos lo hacen sin cuestionarlo, porque ya se integraron en el mismo.

Por ltimo, hemos ingresado en un periodo turbulento marcado por la militarizacin del planeta y los conflictos armados en gran escala. A los de abajo nos toca enfrentar el mayor desafo imaginable: defender la vida ante el proyecto de muerte de los de arriba. Confo en que en los momentos de caos sistmico no perdamos la brjula y mantengamos el timn firmemente orientado hacia la construccin y reconstruccin permanentes del mundo nuevo. Las simpatas que nos despiertan las derrotas del imperio, por ms pequeas que sean, no deben nublar la vista sobre los horrores que suponen las potencias emergentes agrupadas en el acrnimo BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudfrica). La reciente matanza de 34 mineros sudafricanos, a la que el progresismo ha dada escasa relevancia, ensea la hechura clasista de las nuevas hegemonas.

Nota:

1 Pronunciada el 20 de noviembre de 1999, fue publicada por la revista Rebelda nmero 4, febrero de 2003, bajo el ttulo Cules son las caractersticas fundamentales de la IV Guerra Mundial?

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2012/11/02/index.php?section=opinion&article=017a1pol


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