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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-11-2012

Comunismo: algunas reflexiones sobre el concepto y la prctica

Toni Negri
sinistrainrete.info

Traduccin de Nemoniente.


Este texto es un fragmento de la intervencin de Toni Negri con ocasin de una conferencia celebrada en Londres en mayo de 2009 en el Birbeck Institute, por iniciativa de Alain Badiou y Slavoj iek, bajo el ttulo On the idea of Communism. Los actos de este encuentro, que ha visto la participacin de algunos de los principales filsofos contemporneos, estn recogidos en un libro que ha sido publicado en Francia, Espaa e Inglaterra [1]. En Italia, con el ttulo La idea de comunismo, estar disponible en el mes de abril en el catlogo de DeriveApprodi. El texto a continuacin no es la versin completa de la intervencin.

***

La afirmacin de que la historia es la historia de la lucha de clases, est en la base del materialismo histrico. Cuando el materialista histrico indaga sobre la lucha de clases, lo hace a travs de la crtica de la economa poltica. La crtica concluye que el sentido de la historia de la lucha de clases es el comunismo: el movimiento real que destruye el estado de cosas presente. Se trata de permanecer dentro de este movimiento. Se objeta a menudo que estas afirmaciones son expresiones de una filosofa de la historia. A m sin embargo no me parece que pueda confundirse el sentido poltico de la crtica con un telos de la historia. En el curso de la historia, las fuerzas productivas normalmente producen las relaciones sociales y las instituciones dentro de las cuales son retenidas y dominadas: esto parece evidente, esto registra todo determinismo histrico. Por qu entonces pensar que una eventual inversin de esta situacin y la liberacin de las fuerzas productivas del dominio de las relaciones capitalistas de produccin costituyen (segn el sentido operativo de la lucha de clases) una ilusin histrica, una ideologa poltica, un no-sentido metafsico? Trataremos de demostrar lo contrario.


1) Los comunistas asumen que la historia es siempre historia de la lucha de clases.

Algunos dicen que no es posible asumir esta afirmacin porque la historia est tan predeterminata y tan completamente dominada por el capital que mantener esta afirmacin es ineficaz e inverificable. Pero quienes dicen esto olvidan que el capital es siempre una relacin de fuerza. Puede organizar una total, completa hegemona pero no representa siempre sino un dominio particular dentro de una relacin de fuerza. No existira el concepto de capital, y menos su realidad en sus histricas variaciones, si no hubiese siempre un proletariado al que el capital explota pero que es, al mismo tiempo, trabajo vivo productor de capital. La lucha de clases es la relacin de fuerza que se expresa entre el patrn y el proletariado: esta relacin se despliega entre explotacin y dominio capitalista, y se instaura en instituciones que organizan la produccin del beneficio y su circulacin.

Algunos, al sostener que la historia no puede ser simplemente reducida a la lucha de clase asumen que dentro de esta permanece la consistencia de un valor de uso. Lo califican como el valor de la fuerza de trabajo o como valor de la naturaleza y de los contornos ecolgicos del del trabajo humano. Per esta afirmacin, no siendo radicalmente insuficiente para explicar el desarrollo capitalista, es sin duda incorrecta para describir la actual situacin. En efecto, el capital ha conquistado y ha subsumido la vida entera, su hegemona es global. Ya no hay lugar para los narodniki! [2] Es en esta actualidad, y no en otras condiciones,que se desarrolla la lucha de clases: la relacin de clase se construye sobre estas determinaciones histricas (el determinismo histrico) y nuevas producciones de subjetividad (igualmente del patrn y del proletario). Lo que nos interesa antes que nada subrayar es que no ya no hay ningn afuera en este contexto, que la lucha de clases (no solo la lucha sino la consistencia de los sujetos en la lucha) se da hoy totalmente dentro, que, por tanto, aqu ya no hay ningn recuerdo ni ningn reflejo del valor de uso. Estamos completamente inmersos en el mundo del valor de cambio, en su brutal y feroz realidad.

El materialismo histrico nos explica cmo y por qu el valor de cambio se presenta como realidad central de la lucha de clases: en la sociedad burguesa el trabajador ya no tiene una existencia objetiva, existe solo subjetivamente [en la relacin de capital]; pero lo que se le contrapone [la acumulacin del valore de cambio] deviene ahora la comunidad real (das wahre Gemeinwesen) dice Marx (Grundrisse, trad. it. Grillo, vol.II pp.123-124). Aqu, el proletario trata de construir esta Gemeinwesen pero es a su vez engullido por ella. Cierto, pero es en esta alternativa de apropiacin la capitalista contra la obrera que el capital definitivamente se muestra como una relacin. El comunismo comienza a configurarse cuando el proletario se pone el objetivo de reapropriarse la Gemeinwesen para trasformorla en una nueva sociedad.

Por tanto el valor de cambio es muy importante. Es la realidad social comn, construida y consolidada de manera que ya no puede ser reducida a la circulacin simple del trabajo, de la moneda, del capital mismo. Plusvalor transformado en beneficio, beneficio acumulado, renta propietaria e immobiliaria, capital fijo, finanzas, acumulacin de materias primas, mquinas y dispositivos productivos lanzados al espacio, redes de comunicacin... y finalmente, sobre todo, el dinero, el gran paradigma comn: eso mismo, el dinero, es la comunidad (Gemeinwesen), y no puede soportar una superior (Marx, Grundrisse vol. I p.183). Esta es la determinacin histrica. El valor de cambio se da en forma comn. Gemeinwesen. Aqu. En este mundo. No hay otro, no hay afuera.

Consideremos por ejemplo el mundo de las finanzas: quin no piensa ya en el dinero como la forma de las finanzas? Es ahora como la tierra comn en la que se fij la Heimat [3], la consistencia de las poblaciones al trmino de la edad gtica, cuando la posesin era organizada en los comunes. Hoy aquellos comunes, aquella tierra, han pasado a ser valores de cambio, en las manos de los capitalistas. Si queremos recuperar aquella tierra, la encontraremos tal como ha sido transformada por la apropiacin capitalista, sucia del valor de cambio: hemos perdido toda ilusin de poseer una realidad pura e ingenua.

Cuando Spinoza nos cuenta que en el Jubileo hebreo todas las deudas se condonaban y se restauraba la igualdad de los ciudadanos; cuando Maquiavelo insiste en que las leyes agrarias renovaban continuamente la Repblica romana porque la reapropiacin plebeya de la tierra renovaba tambin el proceso democrtico, bien, ellos podan ilusionarse con retornar a la naturaleza y a la democracia. Para nosotros, liberar la fuerza de trabajo, ser comunistas, significar sin embargo reapropiarse de aquella realidad comn que ya no es originaria, que ya no es democrticamente deseable, sino que hemos reproducido con sangre y fatiga y que se nos opone como poder al que nos enfrentamos.

Pero no debemos desanimarnos. Como Gramsci nos ha enseado (en su lectura de la lucha de clases), el materialismo histrico supone capturar, a travs de las diversas experiencias de uso proletario de las tecnologas y de la organizacin social capitalista, la metamorfosis continua de la figura, mejor de la antropologa misma, del trabajador. Nos encontramos as en un nuevo punto. Porque aqu se trata de una autntica metamorfosis que continuamente el trabajador impone al capital, al mismo tiempo que, luchando, se transforma a s mismo. Las pocas o ciclos de la lucha de clases miden la propria consistencia ontolgica de esta base antropolgica. Por tanto ya no hay naturaleza, no hay identidad, ni gnero ni raza, que pueda resistir a este movimiento de transformacin, a esta metamorfosis histrica de la relacin entre capital y trabajo. La multitud se forma y siempre se recalifica a partir de esta dinmica.

Esto vale tambin para la definicin del tiempo de la lucha de clases. Cuando la lucha de clases se muestra como produccin y transformacin de subjetividad, el proceso revolucionario se caracteriza por una temporalidad larga, por la acumulacin ontolgica de contrapoder, por el optimismo de la fueza material de la razn proletaria aquel deseo que, spinozianamente, se hace solidaridad, aquel amor que es siempre racional (y por un anlogo pesimismo de la voluntad Spinoza recomendaba caute! [4] cuando las pasiones se movan para construir estructuras polticas de libertad). Por lo tanto, para orientarnos, no son las emergencias aleatorias de la rebelin aquellas chispas divinas de la esperanza que pueden trazar recorridos de luz en la noche. Son ms bien la fatiga y el trabajo de la organizacin, el esfuerzo crtico continuo, el riesgo calculado de la insurreccin. La imaginacin filosfica puede dar color a la realidad pero no puede sustituir al cansancio del hacer-historia: el evento es siempre un resultado y no un origen.

2) Ser comunistas es estar contra el Estado.

El Estado es la fuerza que organiza, de manera siempre normal y siempre excepcional, las relaciones que constituyen el capital y que disciplinan los conflictos que se dan entre capitalistas y fuerza de trabajo proletaria. Este estar contra el Estado se dirige no solo contra las formas en las que se organizan la propiedad privada y el posesin privada de los medios de produccin, sino tambin contra la explotacin privada de la fuerza de trabajo y el control privado de la circulacin de los capitales. Pero tambin, contra las formas pblicas, es decir, nacionales, o estatales, en las que todas estas operaciones de alienacin de la potencia del trabajo se configuran. Ser comunistas es por tanto reconocer que lo publico es una forma de alienacin y de explotacin del trabajo del trabajo comn, en particular. Qu es lo pblico? Como dice el gran Rousseau, enemigo de la propiedad privada, es aquello que no pertenece a nadie. Pero esto es un sofisma para atribuir aquello que pertenece a todos al Estado. El comn, nos dice el Estado, no os pertenece, aunque lo hayis producido, aunque lo hayis producido en comn y lo hayis inventado y organizado como comn. La manumisin estatal del comn, de aquello que todos hemos producido y que nos pertenece, se llamar gestin, delegacin y representacin... implacable grandeza del pragmatismo pblico.

Por tanto, el comunismo es enemigo del socialismo, porque el socialismo es la forma clsica de este segundo modelo de alienacin de la potencia del proletariado, que implica tambin una organizacin deformada de la produccin de su subjetividad. Las perversiones del socialismo real han neutralizado un siglo de lucha de clases y destruido todas las ilusiones sobre la filosofa de la historia. Es curioso adems subrayar como el socialismo real, desgraciadamente sobre la base de procesos de colectivizacin masiva, no puso en duda las disciplinas del mando, ni las jurdicas ni las polticas ni las de las ciencias humanas: las estructuras institucionales del socialismo y sus polarizaciones polticas son el producto de una ideologa que arbitrariamente opona lo privado a lo pblico cuando estos, rousseauianamente se complementan, sin embargo, el uno al otro, y la santificacin de una clase dirigente cuyas funciones de mando repetan las de las elites capitalistas... y se pretendan vanguardia!

Por tanto, estar contra el Estado significa, lo primero, expresar el deseo y la fuerza de llevar a cabo de manera radicalmente democrtica una democracia de todos el conjunto del sistema productivo, tanto en lo que respecta a la divisin del trabajo como a la acumulacin y la redistribucin de la riqueza.

Merece la pena, consecuentemente, abrir un nuevo frente de definicin. El materialismo histrico es tambin un inmanentismo de la subjetividad. Esto significa no solo que no hay afuera respecto al mundo en que vivimos, sino que desde dentro de este mundo los trabajadores, los ciudadanos, todos los sujetos se proponen siempre como elementos de resistencia singular y como momentos de construccin de otra forma del vivir comn.

Siempre incluso cuando nos sofoca la calma histrica ms opresiva y tediosa las singularidades que componen la multitud (multitud es un concepto de clase) son ncleos de resistencia, siempre, en la relacin de sometimiento que el capital impone. El individuo obedece porque est obligado a hacerlo, porque no puede hacer otra cosa, pero es siempre ah, dentro de la relacin de poder, como una resistencia. La ruptura de la relacin es siempre posible, al menos cunto es posible el mantenimento de la relacin de dominio. Es aqu, entonces, que percibimos, fuera de toda filosofa de la historia, dentro de la fenomenologa comn, cmo la eventual indignacin contra el poder, su orden y su abuso, y el rechazo del trabajo asalariado (y/o de un trabajo de todos modos sujeto a la reproduccin de la sociedad capitalista) constituyen elementos esenciales en la construccin del modelo de otra sociedad y sealan la virtualidad presente de otro orden, de otra perspectiva de vida. Apuntan hacia la ruptura. Y lo hacen porque la ruptura, que es siempre posible, puede aqu devenir real, mejor dicho, necesaria (y sobre las caractersticas de esta ruptura volveremos pronto). La revolucin es posible.

Esta insistencia sobre la indignacin, sobre el rechazo y la rebelin se deben saber traducir en potencia constituyente. Vale decir que la lucha contra el Estado, y contra todas las constituciones que lo organizan y representan, debe llevar consigo la capacidad de producir, con un nuevo saber, un nuevo poder. El relmpago no se aferra con las manos desnudas, solo la multitud, la historia de la lucha de clases, puede hacerlo. Pero la relacin entre condiciones histricas y produccin de subjetividad se modifica continuamente. Como hemos dicho, este es uno de los terrenos sobre los que la metamorfosis continua de la antropologa del trabajador se desarrolla. La composicin tcnica de la fuerza de trabajo est siempre en movimento y a ella le corresponde una produccin de subjetividad cada vez ms adecuada. Y diversa. Una composicin poltica que debe descubrir, en sus condiciones histricas, formas concretas de expresin y deseo de revolucin.

Ahora, la produccin de subjetividad, la nueva composicin poltica tambin puede anticipar las condiciones histricas y sociales dentro de las cuales el proceso revolucionario se construye. Siempre hay un un nexo dialctico, que une la determinacin material y la tensin revolucionaria del deseo colectivo: un elstico que siempre puede romperse pero no por eso es menos esencial. Como deca Lenin, el doble poder tiene siempre una existencia breve, el poder rebelde debe acortar el tiempo de la historia mdiante la anticipacin subjetiva. El poder constituyente es la clave que puede permitirnos anticipar y realizar la voluntad revolucionaria contra el Estado.

En la teora tradicional del Estado, anarqua y dictadura estn situadas en los lmites extremos de las posibilidades de dar forma al mando soberano. Pero cuando se habla de democracia comunista contra el Estado, no se asume una eventual mediacin entre anarqua y dictadura sino que se propone la superacin misma de la alternativa, porque la lucha revolucionaria no solo no ya no tiene afuera sino que se define desde dentro, conoce una potencia subversiva, tiene un abajo que se opone al alto de la soberana. Es desde este abajo, de la transformacin de los deseos constituyentes en expresin de fuerza y de contenidos alternativos que se realiza, por tanto, en segundo lugar, el ser comunistas. Entonces la revolucin puede hacerse, como enseaba Gramsci, tambin contra Das Kapital. [...]


Notas:

[1] Sobre la idea de comunismo, Editorial Paids. http://www.libreriapaidos.com/9789501265767/SOBRE+LA+IDEA+DEL+COMUNISMO/ [nota del traductor]

[2] Nardniki es el nombre que reciben los revolucionarios rusos de las dcadas de 1860 y 1870. El movimiento de los nardniki fue una especie de socialismo agrario, construido sobre entidades econmicas autnomas, entre varios pueblos, enlazados entre ellos, en una especie de federacin que sustitua al Estado. [nota del traductor]

[3] Heimat denota la relacin del ser humano hacia un espacio social, el sentimiento de provenir de un lugar y estar unido a l. [nota del traductor]

[4] Spinoza colocaba este sello lacrado en toda su correspondencia. Las siglas B D S valen por Baruch de Spinoza. Vemos una rosa y la palabra latina "Caute" (cuidadosamente, con cautela), que supuestamente era el lema de Spinoza. No hay que olvidar que un fantico judo intent asesinar al filsofo con un cuchillo. Fue ello lo que lo condujo a vivir ms tarde fuera de Amsterdam. Spinoza conserv toda su vida el abrigo que mostraba las huellas del atentado perpetrado contra l. Es pues comprensible que el sello utilizado en su correspondencia comportara el trmino latino "caute", es decir, desconfa (o precaucin). [nota del traductor]

Fuente original: http://www.sinistrainrete.info/marxismo/1335-toni-negri.html

Fuente de la traduccin: https://n-1.cc/blog/view/1501782/comunismo-algunas-reflexiones-sobre-el-concepto-y-la-practica



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