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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-11-2012

Al hilo de la presentacin de Combates de este tiempo
Anguita y la travesa del desierto

Javier Mestre
Rebelin


Alguien recorre la geografa espaola repitiendo, a quien le quiera escuchar, las verdades del barquero. Con la excusa de presentar su libro Combates de este tiempo, va de ciudad en ciudad predicando en el desierto ante un auditorio que por lo general se sabe de memoria el meollo del sermn, pero que anda perdido, despistado, muriendo de hambre y sed en un pramo poltico. Julio Anguita se dirige al pblico con dos jarras de agua, una para calmar la sed por un instante, nada ms que un instante, apenas lo que duran los aplausos, la otra es de agua fra, para echarla a la cara y obligar a despertar. Firma sus libros, recibe elogios y parabienes, pero en realidad se dedica a difundir una idea. No os dais cuenta de que nos estn ganando, que estamos con el lomo en la lona, a punto de perder por completo el combate?, parece que exclama. El enemigo est en pie de guerra y pelea a muerte, con todo. Y nosotros damos golpecitos sin una direccin clara, sin tctica, sin la seriedad y la concentracin de esfuerzos que exige una lucha en serio en la que nos lo jugamos todo. Julio Anguita afirma que hay que hacer la huelga general, claro que s, pero... es parte de una estrategia clara de acumulacin de fuerzas con un sentido? Huelga s, pero qu pasa al da siguiente? Volvemos a la normalidad, queda todo reducido a los titulares de un da, de modo que el enemigo la digiere y excreta sin que tenga verdaderamente efectos contra su ofensiva brutal?

Julio Anguita explica de maravilla lo que en las calles resumimos en lemas como no es una crisis, es una estafa. Con sencillez, lejos de nada que recuerde a dogmatismos alejados de la escasa cultura poltica de la gente llana, traduce la crisis al lenguaje de la lucha de clases. Muestra qu clase de delincuentes nos atacan y extorsionan. Son culpables de alta traicin, entre otras muchas cosas, porque son los manijeros de los poderes econmicos, los poderes reales, y les estn regalando la constitucin, las leyes, el pas, nuestros servicios, nuestro patrimonio pblico, nuestras vidas. Y aderezan el delito flagrante con una vergonzosa ptina de patriotismo. Anguita dice: El patriotismo no puede ser el trapo bicolor y el desfile de la legin. La patria somos el pueblo, los habitantes del pas, y la estn vendiendo. Debemos recuperar el autntico valor del patriotismo, no podemos seguir regalndoles esa idea y ese sentimiento a los ladrones, a la oligarqua.

El predicador expone el proyecto del frente cvico al que, a su juicio, los militantes de izquierda y la ciudadana en general deberan entregarse con generosidad y visin de futuro. Para Anguita, es necesario un acuerdo sobre puntos muy concretos, una especie de acuerdo de mnimos de carcter de emergencia, patritico si se quiere, que permita concentrar las fuerzas, hacer msculo y planificar la batalla como es debido. Hay que renunciar, dentro del frente, a las seas de identidad ideolgica para hacer viable la unin de la inmensa mayora. No es un frente de izquierda sino un frente ciudadano sobre un puado de ideas muy concretas que ataen al pueblo y la defensa de sus derechos e intereses ms elementales. Hay que olvidarse del juego perverso de las identidades polticas, afirma una y otra vez, en buena medida refirindose al PSOE. De qu nos sirve que alcen el puo y canten la internacional si luego enmiendan la constitucin para vendernos al capital, santifican las SICAV y la evasin fiscal de los ms ricos o atentan sin frenos contra los derechos de los trabajadores? Qu importan las palabras, los colores, los himnos, si luego permiten a los gringos poner su escudo antimisiles en Rota y nos venden como construccin europea la destruccin de la soberana para entregarnos desnudos a la gran banca, sobre todo la alemana, a travs de todos los tratados que han ido firmando y la pleitesa que rinden de hinojos y sin vergenza ninguna? No hay ms alternativa que apoyar o a unos o a otros? A Anguita se le aplaude con tapones en los odos cuando repite de mil y una maneras que lo que importa es el programa, coo, el programa?

Nuestros predicadores son recordadores. Iluminan el camino por recorrer extendiendo la mirada al pasado. La parbola de Anguita se llama Tratado de Maastrich. Ah empez casi todo, ah se instaur el dogma neoliberal y la preeminencia de los intereses del capital alemn. Con la bendicin de PP, PSOE, CCOO, UGT y la derecha de dentro de Izquierda Unida (ms de la mitad de su grupo parlamentario de entonces, con gente como Lpez Garrido o Almeida... y acabaron todos ms o menos revolcados en el PSOE), Espaa firm alegremente cosas como que el banco central europeo no podra financiar directamente a los estados (irresponsables, se ve, por definicin), slo prestara dinero en adelante a los bancos privados (un dechado de responsabilidad social y econmica, se ve, por definicin). A Julio Anguita le sali cara la oposicin a aquella ignominia, a aquellos polvos de los que arrancaron estos lodos. Se iniciaba entonces la feroz campaa meditica que lo acab tumbando a puetazos en su rojo corazn. No podemos olvidar!, exclama ahora, enrgico, el predicador en el desierto, porque el auditorio se comporta como si su memoria estuviera vaca, vctimas desconcertadas de un cataclismo que parece haber emergido porque s del inframundo, sin que nada lo haya evocado y nada lo pueda parar.

El tiempo vuela y Julio Anguita ya no puede ser la cabeza visible, el candidato, la figura aglutinadora de un frente comn de la ciudadana que despierta. Como un Scrates contemporneo, intenta ser por lo menos la matrona que ayude al nacimiento con urgencia de lo que necesitamos la clase trabajadora, la inmensa mayora, el ncleo humano de la patria. Como un Moiss comunista, intenta mostrar el camino en la travesa del desierto para que podamos ir juntos y llegar a mejor tierra. Slo que sin otro dios que una razn prctica bien armada y un profundo sentido ciudadano y democrtico. Por delante, la hora de despertar del KO y recomenzar nuestra parte en el combate. Ya perdi este pas la oportunidad de hacer de Anguita el primer presidente como es debido. Ahora hay que escucharle y tomar impulso para cuajar la unidad y encontrar los nuevos Julios, las nuevas Julias, que pondrn rostro a la alternativa del pueblo.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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