Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-11-2012

Spinoza y la necesidad de lo colectivo

Manuel Fernndez-Cuesta
eldiario.es

Frente al neoliberalismo y su politica de desarticulacin de lo pblico, Spinoza planteaba ya, en el XVII, la defensa de lo comn y de la libertad dentro del Estado.


Escupid sobre esta tumba. Aqu yace Spinoza".

Epitafio sobre su fosa comn

Golpeado con saa por el neoliberalismo, el Estado de bienestar se tambalea. Las leyes, antiguas garantes de las libertades, son maniatadas por decretos de urgencia. La prdida gradual de derechos laborales y prestaciones sociales rompe la cohesin social. Un argumento justifica la lgica poltica de esta guerra no declarada: la crisis econmica obliga a tomar medidas excepcionales. Los gastos (nunca se habla de inversin) del Estado de bienestar, la parte social, no se pueden asumir, repiten cual ttrica letana. Las partidas presupuestarias destinadas a las clases populares -aquellas para las que Robespierre reclamaba ayuda y asistencia- se reducen. Parece claro que su finalidad es desmontar el estado de bienestar. Sin embargo, van ms lejos. El capitalismo pretende destruir el estado: la ltima frontera, al menos a priori, del principio de igualdad. Instaurado el librecambio financiero sin control estatal, dominando los intereses privados la esfera de lo pblico, entregados los recursos colectivos a los designios del mercado y fragmentada la vida social, el objetivo final del neoliberalismo aparece: el control ideolgico de las emociones y, por extensin, sobre la incertidumbre proyectada en los ciudadanos. Instrumental para pulir vidrios, unos cuantos libros pequeos, un abrigo verde turco y un pantaln; otro abrigo de color, cuatro sbanas, siete camisas, una cama y una almohada, diecinueve cuellos, cinco pauelos, dos cortinas rojas, una colcha, un pequeo cobertor de cama y dos hebillas de plata. Spinoza, el temido pensador de la subversin, falleci el 21 de febrero de 1677 y fue enterrado el da 25. Tena 44 aos. Dej deudas, muy pocas, y una obra poltica y filosfica singular que cobra actualidad. Al barbero, Abraham Kervel, le deba un trimestre de afeitado: 1,90 florines. 

Antes de la aceleracin expansiva del modelo capitalista, la tensin social -la lucha poltica organizada de la clases sociales y la multitud- haba conseguido que el Estado de bienestar estuviera respaldado, al menos en parte, por la ciudadana, haciendo de lo comn, de los elementos colectivos (sanidad, transporte, justicia, educacin, igualdad de oportunidades), parte integrante, con matices, de la vida cotidiana. Ese apoyo, basado en el sentimiento de convivencia y pertenencia a una comunidad, era el mecanismo de contencin frente a la ambicin de los grupos de inters. Este juego de contrapoderes funcion, al menos en Europa, desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta los primeros aos ochenta (por fijar fechas). La extremada aceleracin del modelo, proceso conocido como globalizacin o mundializacin, ha producido, impulsado por la capacidad tecnolgica, la ruptura del tejido social y la ausencia de la idea de pertenencia. En la actualidad, individuos aislados, atemorizados por la prdida de la felicidad y la inestabilidad (como explica Richard Sennett), vivimos (casi) en un estado natural, prepoltico, donde apenas influimos en las decisiones que afectan a la vida diaria de la comunidad.

Baruch Spinoza (1632-1677), asisti, en la Repblica de las Provincias Unidas, cuyo motor era Holanda, a una situacin parecida a la actual. A mediados del siglo XVII, ese pequeo territorio, gobernado por Johan de Witt, era lo ms parecido a una sociedad civil de libertades, refugio de pensadores y artistas, sostenida por un floreciente comercio. Eran libres, conscientes, y negaban, unidos, pese a sus diferencias, cualquier autoridad, monrquica o civil, que no fuera electa y consensuada. La experiencia dur poco. Volvi la Casa de Orange, manu militari, con su represin de espadas y valores, igual que ahora vuelve el neoliberalismo (la versin 3.0. del individualismo), bajo el pretexto de la recesin mundial, para terminar con el estado (social), heredero del pacto capital-trabajo. Demasiados derechos y un mercado laboral rgido impiden el desarrollo econmico, sostienen. Flexibilizar, desmontar el tejido social, es la consigna: romper el estado y, por extensin, partir por la mitad la columna vertebral, incluso, de esta imperfecta e insuficiente "democracia de superficie".

"El hombre que se gua por la razn es ms libre en el Estado, donde vive segn leyes que obligan a todos, que en la soledad, donde solo se obedece a s mismo". As argumentaba Spinoza ( tica, IV, LXXIII) su defensa del Estado como engranaje poltico de convivencia asociado al progreso humano frente a un "estado de naturaleza", anterior al pacto social. Coetneo de Hobbes, del que se diferencia, y antesala de lo que luego ser la teora del contrato social de Rousseau (hasta llegar a Rawls y Habermas), esta senda de progreso civil es la que hoy est recorriendo, en sentido inverso, el neoliberalismo. Defensor de lo pblico, entendido como lo comn, lo colectivo, es decir, lo que une por la base a los individuos entre s en una sociedad, la reivindicacin del pensamiento poltico de Spinoza, su idea de la necesidad de una colectividad crtica (aqu su engarce con Maquiavelo) se hace ms necesaria que nunca en sociedades de hiperconsumo donde el nico vector social es la satisfaccin instantnea. Spinoza piensa en un Estado firme y seguro, soberano, apoyado en las decisiones populares, defensor de los individuos (y sus libertades) que vele, a su vez, por el destino de la multitud (y sus derechos). Esta doble misin, proteccin de las libertades individuales y colectivas, y pervivencia del Estado como garanta de estos derechos, es lo que hace imprescindible la revisin detenida de sus obras.

La prdida paulatina de la soberana nacional, traspasada a entes supranacionales, no todos electos, ha causado estragos tanto en la capacidad gubernamental para dirigir el futuro de la nacin (toma de decisiones), como en la posible respuesta colectiva (presin popular). Maniatados los Gobiernos, la impotencia de la contestacin se hace palpable. Nuestra experiencia (y nuestra capacidad, por tanto, para combatir la injusticia) mutar en mercanca intercambiable ya que -sostiene J. Rifkin- en el capitalismo sin produccin la mano de obra -tal cual la conocemos- ser residual en unas dcadas (La era el acceso, Paids, 2000).

Las naciones soberanas (aunque formen, en el mundo global, entidades supranacionales) son aquellas cuya soberana popular est viva y reconstruye, con el control sobre las instituciones, su identidad poltica. Solo una multitud creativa y espontnea, libre, puede formular, dotndose de instituciones fuertes pero flexibles, una verdadera teora democrtica del poder que incluya, necesariamente, una teora de la subversin. Spinoza marc los lmites con dramtica precisin en su Tratado Poltico, Cap.4, 6: "No cabe duda que los contratos o leyes, por los que la multitud transfiere su derecho a un Consejo o a un hombre, deben ser violados, cuando el bien comn as lo exige".

Cuando el Gobierno da la espalada a la ciudadana, a las clases ms desfavorecidas, es lcito romper los acuerdos de cesin del poder. Las elecciones (generales o autonmicas, en nuestro caso) son el instante de expresin de la soberana, argumentarn los partidarios del sistema de partidos y de la democracia de mercado. Sabido es que el hasto que siente el cuerpo social hacia las formas polticas tradicionales hace de este "momento democrtico" una rutina ms dentro del sistema poltico. Baste citar, en el caso espaol, la injusticia de ley electoral en vigor para demostrar cmo la soberana se expresa en un marco de "libertad vigilada", o la importante abstencin en las elecciones de EE UU (42,63% en las ltimas presidenciales, 2008, pese al efecto Obama).

Resulta paradjico contemplar, en la actualidad, la frustracin emocional que conlleva en la ciudadana, esencialmente en los pases de Europa del Sur, despus de veinte aos de frentico consumo, la imposibilidad material de acceso a los bienes y cmo el descrdito de la poltica (como actividad pblica) y de los partidos polticos y sindicatos (vehculos de esa actividad) puede estar asociada con esa frustracin. La prdida de derechos adquiridos, la precariedad laboral y la reduccin drstica de elementos claros de armonizacin pblica parecen, en sociedades anestesiadas por los medios de comunicacin, elementos menos graves que la imposibilidad material de consumir. Nadie fija la mirada en los dirigentes en tiempos de (falsa y aparente) bonanza. Crisis e inestabilidad poltica han sido, a lo largo de la historia, basta repasar el siglo XX, claros antecedentes de soluciones caudillistas o dictatoriales. "Por lo dems, aquella sociedad, cuya paz depende de la inercia de unos sbditos que se comportan como ganado, porque slo saben actuar como esclavos, merece ms bien el nombre de soledad que de sociedad", recuerda Spinoza, mediados del siglo XVII, enfurecido ante las diferentes formas de apata social y poltica, en su Tratado Poltico, cap. V, 4.

Una vuelta a una especie de "estado de naturaleza", al que el neoliberalismo quiere arrastrar a las sociedades modernas, es el nuevo campo de batalla, el sorprendente espacio de accin donde los cantos de sirena de la plural subjetividad desaparecen y la identidad, la pertenencia a un sujeto histrico determinado (hoy mltiple), debe adquirir, renovada, la dimensin de discurso poltico. Slo en la Historia, entendida como narracin de la experiencia y accin, puede la ciudadana recuperar su ser, su potencia soberana. Y es en esta reconstruccin de las relaciones afectivas entre mujeres y hombres libres e iguales, entendidas como relaciones polticas, al decir de Spinoza, donde se encuentra el tejido social-emocional -armazn de la soberana popular- desaparecido bajo la jerarqua de valores (y trampas) del capitalismo. "De una sociedad cuyos sbditos no empuan las armas, porque son presa del terror, no cabe decir que goce de paz, sino ms bien que no est en guerra" ( Tratado Poltico, cap.V, 4). Spinoza, pese a sus sucesivas derrotas (sufri un intento de asesinato, fue expulsado de la Sinagoga por ateo, sus libros fueron prohibidos), insista en la cohesin como nico antdoto contra la molicie. "No son las armas las que vencen los nimos, sino el amor y la generosidad".

Este holands de lejano origen ibrico, cuyas ideas parecen escritas para esta crisis, destaca por materialista frente a propuestas religiosas o msticas; por radical, frente a la tibieza del clculo del consenso y por revolucionario, puesto que plantea una formulacin de la multitud, la comunidad consciente, como soberana vigilante. De ah su importancia, terica y prctica, para devolver, en tiempos de secuestro, la democracia a la ciudadana.

Fuente: http://www.eldiario.es/zonacritica/Spinoza-necesidad-colectivo_6_65853427.html



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter