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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-11-2012

Editorial de Punto Final
Ocho millones nos contemplan

Manuel Cabieses Donoso
Punto Final


La sorprendente abstencin en las elecciones municipales -el aspecto ms relevante de ese 28 de octubre-, tuvo una consecuencia imprevisible. La clase poltica, interpelada por el 60% de abstencin, renunci a asumir su papel orientador. Como desplumada avestruz hundi la cabeza en la vergenza de su derrota. Permanece sorda e insensible ante un fenmeno poltico-social que cuestiona los cimientos de la institucionalidad. Finge ignorar el castigo que recibi su desidia de casi un cuarto de siglo. Ni siquiera se ha atrevido a esbozar las urgentes reformas que necesita una institucionalidad heredada de la dictadura y que se asfixia en las estructuras oligrquicas de los partidos.

El atalaya de las clases dominantes,
El Mercurio, sin embargo lo percibi con claridad y de inmediato. Al da siguiente calific la abstencin como un hecho poltico mayor, que debe alertar no slo a la clase poltica, sino a todos los sectores del pas. Ese diagnstico -que ya haban avanzado el presidente de la Repblica la noche de los escrutinios y la sociloga Marta Lagos en sus vanos intentos por colocar el tema en el Canal 13 de TV -, se deshizo como pompa de jabn. Algunos dirigentes opositores ni siquiera lo mencionaron. La abstencin se transform en el convidado de piedra de la poltica. Todos hacen como que no lo ven. A menos de 48 horas del desastre, las directivas polticas doblaron la pgina y se volcaron -con un entusiasmo digno de mejor causa- a preparar las elecciones del prximo ao. Los candidatos a La Moneda y al Parlamento, los pactos y alianzas, los cupos de diputados y senadores, los programas para seducir al electorado eclipsaron a la monumental abstencin, que probablemente es el hecho poltico ms importante de las ltimas dos dcadas.

La clase poltica se cerr a piedra y lodo para impedir que entrara hasta la sombra de una duda. Dirigentes de derecha, centro y de la sedicente izquierda -convertida en compaera de viaje de la Concertacin-, se encerraron en el espacio circular en que cohabitan los actores polticos. Si los partidos han rehuido su deber de analizar el fenmeno de la abstencin y sacar conclusiones, sin duda esa tarea la harn las organizaciones y colectivos sociales y -en ltimo trmino- cada ciudadano.

La abstencin hace evidente un rechazo mayoritario a la clase poltica pero tambin revela la ausencia de una alternativa. Esa constatacin lleva a la necesidad de trazar con firmeza y claridad el camino hacia una democracia participativa y con justicia social. A avanzar hacia un sistema de gobierno que convoque a la actividad poltica y a la consulta permanente a los ciudadanos. La ruta hacia esos objetivos pasa por una Asamblea Constituyente que elabore y proponga al pueblo una Constitucin democrtica. Pero para llegar a eso, es necesario entretanto avanzar en la formacin de una fuerza social y poltica potente, capaz de reivindicar el rol de la poltica como un ejercicio diario del pueblo en el perfeccionamiento incesante de la sociedad.

No es apoliticismo lo que reclaman los 8 millones de ciudadanos que no votaron. Al contrario, la abstencin indica que Chile necesita ms poltica y ms participacin popular para sepultar las prcticas politiqueras. La futura conduccin de la nacin, surgida de una Constitucin Poltica realmente democrtica, debe proponerse desafos de gran aliento. Slo as se conseguir cohesionar al pueblo y estructurar mayoras sociales y polticas capaces de derrotar toda conspiracin reaccionaria.

Las elecciones municipales, en todo caso, arrojaron luz sobre elementos a considerar en un proyecto alternativo. Sus cifras son inspiradoras. La inscripcin automtica hizo crecer el padrn electoral en 5 millones 300 mil ciudadanos, en su mayora jvenes que rehusaban inscribirse y que ahora se resisten a votar. El padrn alcanza a 13 millones 143 mil 639 ciudadanos pero slo 5 millones 261 mil 69 -casi la misma cantidad de los nuevos inscritos- eligieron a los alcaldes de las 345 comunas del pas. Se produjo una abstencin de 60,8%, a lo que hay que agregar 250 mil votos nulos y blancos. Conviene observar que votaron 825.826 ciudadanos menos que en las elecciones municipales del 26 de octubre de 2008, cuando la abstencin -con voto obligatorio- ya alcanzaba al 17,4%.

Est claro que la abstencin es masiva en los centros urbanos y entre los jvenes. Sobre todo en comunas de niveles socio-econmicos medios y altos. Su tramado poltico es variopinto: se abstuvieron importantes ncleos conservadores lo mismo que sectores de Izquierda, todo lo cual refleja el agotamiento del sistema. Con los locales electorales semivacos -y mesas que no recibieron un solo voto durante el da-, la abstencin alcanz en algunas comunas al 78%. Un estrepitoso fracaso de una campaa en la prensa, radio y TV llamando a votar. La mayora de los alcaldes de comunas urbanas fueron elegidos por una minora. En Santiago la nueva alcaldesa representa slo al 15% de los inscritos en la comuna. En otras, es todava peor. En Arica -afectada por la corrupcin municipal- la representatividad no alcanza al 11% y en Recoleta, Puerto Montt o La Reina supera levemente el 13%.

Estas cifras configuran un cuadro funerario para la clase poltica. En particular para la Concertacin ampliada, que se autoengaa porque esta vez aument su cuota de alcaldes y concejales. La Concertacin y su acompaante present dos listas -el Partido Comunista fue en ambas listas y aport su tradicional 6%-: consiguieron aventajar a la Coalicin por el Cambio e invertir los resultados de 2008. En este panorama rutinario brill por su ausencia el debate de ideas y la confrontacin de proyectos. Destacaron excepciones en las comunas de Providencia, uoa y Santiago, donde tres mujeres -Josefa Errzuriz, Maya Fernndez Allende y Carolina Toh, respectivamente- desplazaron a alcaldes de extrema derecha. Providencia alcanz relieve especial porque la candidatura de Errzuriz se gest en las organizaciones vecinales y derrot en primarias a los candidatos de la Concertacin y de un sector liberal. Al cierre de esta edicin an era incierta la victoria de Maya Fernndez, nieta del presidente Salvador Allende, en uoa.

Los motivos de la abstencin son diversos y nadie los conoce a ciencia cierta. Hace falta un estudio muy profundo para sacar conclusiones que tengan validez de prueba. No obstante, al menos se puede afirmar que refleja la desafeccin del pueblo con el sistema que lo gobierna. Parte importante de la abstencin -imposible de cuantificar ahora- corresponde al rechazo consciente al sistema de un sector que busca abrir camino a una alternativa. Proviene sobre todo de jvenes como los que representa la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios (ACES), que llam a no votar. Es el reclamo de un cambio profundo en lo institucional, poltico y econmico-social. Justamente los grandes temas que no se abordaron en la campaa electoral.

El entusiasmo de los jvenes por participar en elecciones y ayudar a profundizar la democracia y promover la justicia social fue decayendo a medida que la Concertacin se hunda en el pantano de sus inconsecuencias. La eleccin de Ricardo Lagos (1999) inaugur las dos vueltas en las elecciones presidenciales. Tanto Lagos como Michelle Bachelet llegaron a La Moneda gracias al 6% del PC. Pero ni siquiera ese salvavidas dio resultados en el segundo intento de Frei Ruiz-Tagle, en 2009. Probablemente tampoco alcanzar para reelegir a Bachelet el 2013. Ser necesario mucho ms, y a eso se debe el empeo de la Democracia Cristiana y el Partido Socialista por ampliar la Concertacin hacia el centro e incorporar al PC y partidos francotiradores como el PRI -que se lo disputa a la otra derecha-, el PRO y el MAS(*).
La tctica que sigue la Concertacin conducida por la DC y el PS ya consigui derrotar a la tendencia izquierdizante (PPD y PRSD) y tiene muchas posibilidades de recuperar el gobierno. Su lnea centrista sali fortalecida de las municipales. La lista PPD, PRSD y PC slo obtuvo 13,70%, mientras DC y PS alcanzaron 29,40%. Por otra parte, la derecha econmica est dando seales de su intencin de trasladar su apuesta (y apoyo financiero) a la Concertacin. En su lacrimoso editorial del 29 de octubre,
El Mercurio revela que el empresariado quit el piso econmico a la Coalicin derechista. Dice: Olvidadas por el sector privado las amargas experiencias de los aos 70, esa fuente de financiamiento de la poltica es hoy virtualmente inexistente.

La derecha poltica se ha mostrado incapaz de gobernar en los trminos que exige el empresariado de este pas. Se trata de una clase empresarial que se form en dictadura, en el molde neoliberal y cuyos intereses -que han alcanzado fabulosas ganancias- fueron priorizados durante los gobiernos de la Concertacin. El gobierno de Piera -por cierto nada diferente a los de la Concertacin-, sin embargo ha colocado al pas al borde de la ingobernabilidad, haciendo peligrar los intereses de la clase dominante. La protesta social ha alcanzado a ratos grados de peligrosidad para el orden que requieren los buenos negocios. Ha quedado demostrado -desde esa perspectiva- que la derecha tradicional lo hace mucho mejor como oposicin que en el gobierno. En cambio, una Concertacin ampliada hacia el centro y con el PC a bordo, garantizara la paz social que es la demanda bsica de los empresarios.

Aunque la abstencin fue un duro castigo para la clase poltica, sta todava goza de buena salud debido a la ausencia de una alternativa que necesariamente debe ser de Izquierda, ya que la centroizquierda concertacionista representa lo mismo que la centroderecha aliancista. Las dos derechas, entonces, seguirn gobernando porque no ha nacido todava la alternativa popular, democrtica y patritica capaz de alcanzar el poder. Se trata de un difcil proceso que tomar su tiempo. Las frmulas artificiales para acelerarlo se han demostrado intiles, cuando no contraproducentes. Sin embargo, se debe poner manos a la obra ahora mismo. Esto significa apoyar la protesta social para organizar, hacer conciencia, resistir y coordinar. Es el camino de construccin de una mayora anticapitalista independiente. Ocho millones de ciudadanos han dicho que quieren un pas distinto. Tambin lo creen muchos que votaron por candidatos que encarnaron una propuesta diferente.

Una mayora impresionante est por el cambio. En ese terreno hay que plantar la semilla de la alternativa popular.



(*) Partido Regionalista de los Independientes (PRI), una escisin de la DC. Alcanz el 7,64% de los votos en las municipales. Est en conversaciones para un pacto con la Alianza. Partido Progresista (PRO), plataforma electoral de Marco Enrquez-Ominami, obtuvo 4,51%. Movimiento Amplio Social (MAS), plataforma electoral del senador Alejandro Navarro. Obtuvo 1,19%.

Editorial de Punto Final, edicin N 770, 9 de noviembre, 2012
<http://www.puntofinal.cl>


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