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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-11-2012

Y mi voz quemadura, de Alberto de Casso

Miguel Len
Rebelin


Este fin de semana hemos tenido ocasin de ser nuevamente testigos del despliegue de la potencia creativa del teatro-guerrilla de la compaa de teatro Serendipia; un excelente trabajo artstico-poltio del que ya dimos cuenta hace algo ms de un ao al comentar la anterior obra puesta en escena por esta misma compaa, Maquis de Rubn Buren [1] . Entonces y ahora, el carcter telrico del actor-partisano, cuya fuerza radica en su conocimiento del terreno, y su capacidad para hacer del arte dramtico un estado y no una profesin, emergen como rasgos distintivos de la compaa y de su saber hacer, como factores cruciales del proyecto y el fundamento ltimo de su xito.

En esta ocasin la compaa se ha puesto a s misma un reto de enorme magnitud. Donde Maquis desplegaba el terreno conocido de la posguerra espaola, Y mi voz quemadura nos transporta a un marco histrico mucho ms ambiguo: podra ser la Argentina de Videla, o el Chile de Pinochet, pero tambin podra ser, ese es el gran drama del tiempo que vivimos, un anuncio del futuro que puede aguardarnos de no ser capaces de cambiar el rumbo. Donde Maquis presentaba, eso planteamos entonces, personajes que respondan casi a los arquetipos que articularon la Espaa de posguerra, Y mi voz quemadura nos presenta un mundo hasta cierto punto atemporal e infinitamente ms oscuro, ms difcil de presentar y de aprehender, en el que se funden el inquietante retrato del terrorismo de Estado en Sudamrica y la fabulacin de una distopa. Si el recuerdo de la Guerra Civil, del alzamiento fascista y reaccionario contra la Espaa democrtica, nos sirve para derribar definitivamente el mito de la Transicin y de la Espaa modlica que hoy se ha vuelto insostenible, la memoria de los desaparecidos no slo nos habla de nuestro pasado, sino que evita que demos por sentado que tales horrores no pueden repetirse en el futuro.

Y mi voz quemadura , una obra escrita por Alberto de Casso y que recibi el premio Lope de Vega en 2008, es un texto profundamente complejo no slo por la situacin de la que da cuenta, la tormentosa historia de una militante de izquierdas que se convierte en pareja sentimental y colaboradora del oficial militar que se encarg de su interrogatorio, sino por la manera en que lo hace. Al no asumir una exposicin lineal de los acontecimientos, al comenzar, diramos, in media res , y a partir de ah saltar adelante y atrs en la trama, la primera sensacin que transmite al espectador es la de ruptura. Discontinuidad y fragmentacin, rasgos definitorios de la memoria, adquieren una importancia crucial cuando se deben no slo a la fragilidad de sta sino adems a la brutalidad indescriptible de lo acontecido: cmo enfrentarse al recuerdo truncado de los desaparecidos?, cmo hacer frente al esfuerzo metdico del aparato estatal por borrar todo rastro de su paso devastador cuando se cuenta slo con el relato incompleto, confuso, inacabado, de quienes sobrevivieron? Pero frente a esa discontinuidad de tiempos y de espacios, y surgiendo paradjicamente de ella, se alza el gran principio de continuidad: el terror. Lo que enlaza pasado y presente de los personajes, la mesa del restaurante, la casa familiar y la sala de interrogatorios, es la amenaza que permanece oculta y que estalla de forma descarnada en los puntos ms duros y difciles de la obra, es el pnico absoluto de quienes estn indefensos frente a la amenaza metdica de quienes tienen todos los medios y actan con total impunidad. Lo paradjico es que este principio de continuidad, el autntico ncleo de la obra, slo puede emerger verdaderamente si se despedaza la trama, si se la desordena y recoloca, para reducir as la importancia de la historia individual, que es slo una de miles, y hacer aflorar su esencia.

La directora de la obra, Paloma Prez Montoro, contribuye con una calculada puesta en escena a reforzar esa continuidad fundamental que articula el texto fragmentado. En primer lugar el espacio escnico se presenta a la vez como nico y triple, es casa, prisin y restaurante, es presente, pasado y futuro, y bajo la divisin escnica persiste la continuidad y unidad ltima del espacio escnico como soporte fsico de la esencia de la obra. En segundo lugar, es el espacio de la prisin el que ocupa la zona central del escenario; durante todo el primer acto la silla permanece vaca, el foco apagado, y as la inquietante presencia de un centro vaco engarza con el silencio angustiante del personaje de Gabriela, la protagonista. Ser despus cuando el espacio central del escenario se presente abiertamente ante el espectador, gracias a una puesta en escena y un trabajo interpretacin brillantes que consiguen hacer de la tortura algo explcito pero esttico, algo brutal pero no obsceno, como el lugar de la violencia ms descarnada. Y entonces la presencia inquietante de la silla y el silencio de Gabriela ya no son un enigma para el espectador, sino una denuncia. Ya no son una excepcin incomprensible, sino la aterradora realidad que queda oculta bajo la falsa cordialidad de una paz social construida sobre el terror, la tortura y el asesinato indiscriminado. As quedar explcitamente mostrado cuando, en esos dos espacios de paz, el hogar y el restaurante, el horror gestado en la penumbra del centro del escenario se haga manifiesto a travs de sus consecuencias.

La trama se hace aicos, por tanto, y queda luego reconstituida a partir del terrible principio unificador que la dota de sentido; como si la obra misma, y usamos la bella metfora que cierra el monlogo desgarrador de la protagonista, estuviera compuesta de cristales que se combinan y adquieren sentido, sin que uno sepa muy bien cmo, al girar un caleidoscopio. Y al mismo tiempo que el espectador enfrenta esa terrible paradoja, se ve obligado a formularse una pregunta: hasta donde llega el compromiso?, es preferible morir de pie a vivir de rodillas cuando desaparece toda esperanza de victoria y la nica certeza parece ser la tortura, la muerte y el olvido? La respuesta la da la propia obra, al mostrar y defender que, en ltimo trmino, la memoria siempre puede articularse como conciencia, convertirse en el fundamento de una fuerza recobrada, ser la clave que nos impulse a alzar la voz y hacer frente a la opresin.

Cuando se es consciente de que el terrorismo de Estado en Latinoamrica es slo la expresin explcita del fascismo social que acompaa al neoliberalismo all donde triunfa, uno toma conciencia de la delgada lnea que separa que un hombre se suicide cuando va a ser desahuciado y que otro sepa que su vida ha terminado cuando ve un Ford Falcon aparcar frente a su puerta. Dar cuenta de ese hecho es, probablemente, lo que hace de esta obra no slo un excelente trabajo artstico sino tambin un ejercicio de reflexin imprescindible en estos das.

Detalles:

Del 1 al 25 de Noviembre.

Sala Mirador, C/ Doctor Fourquet 31, Madrid.

Jueves, Viernes y Sbados a las 19:30. Domingos a las 19:00.

Nota:

[1] http://rebelion.org/noticia.php?id=135874

Blog del autor: http://fairandfoul.wordpress.com/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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