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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-11-2012

Apuntes para una crtica de la economa poltica generalizada
La colonialidad como malla del sistema-mundo capitalista

Ral Prada Alcoreza
Rebelin


Definicin de la economa poltica generalizada

La economa poltica devela la valorizacin inscrita en las relaciones econmicas de la sociedad moderna. Valorizacin que desde la perspectiva de una de las corrientes se debe al trabajo. La crtica de la economa poltica devela que es el desgaste de la fuerza de trabajo el que crea valor sobre la base de la cuantificacin del equivalente general de las mercancas, el dinero, que no es otra cosa que la medida de la cuantificacin de la valorizacin. El trabajo concreto, que crea valores de uso, es asumido en cuanto trabajo abstracto, creador de valores de cambio. La valorizacin entonces se produce sobre la base de esa diferenciacin binaria, valores de uso/valores de cambio, donde los valores de uso sirven de base, son la base material, de la cuantificacin, de la produccin de valores de cambio. La economa poltica y la crtica de la economa poltica basan su crtica en la circularidad del equivalente general, el cuantificador de la dinmica econmica capitalista. Si estos fueron los referentes de los siglos XVIII y XIX, durante el siglo XX son desplazados o, ms bien, aparecen en un espacio referencial de equivalentes generales, que no se remiten slo al dinero. Segn Jean Baudrillard se trata de la economa poltica del signo, cuando como equivalentes generales aparecen otros cdigos. Una multiplicacin de cdigos, que efectan operaciones parecidas a la del dinero, el equivalente general del intercambio econmico. El dinero pone en suspensin los valores de uso y los pondera en cuanto valores de cambio; el signo, el cdigo, ponderan la levedad, la circularidad, la mutabilidad de los significantes poniendo en suspensin los significados, los contenidos. Lo mismo pasa con los cdigos, se pone en suspensin los referentes ponderando la codificacin misma como equivalencia general. La economa poltica de los siglos XVIII y XIX, basadas en la mercantilizacin, en el equivalente general de las mercancas, sera un caso, un espacio, un mbito, del proceso de expansin de la economa poltica generalizado a todos los mbitos posibles.

Jean Baudrillard escribe:

La generalizacin de la economa poltica hace cada vez ms evidente que su acto de origen no est all donde se sita el anlisis marxista, en la explotacin del trabajo como fuerza productiva, sino en la imposicin de una forma, un cdigo general de abstraccin racional del que la racionalizacin capitalista de la produccin material es un caso particular. La domesticacin del lenguaje en el cdigo de la significacin, as como la domesticacin de toda relacin social y simblica en el esquema de la representacin, son no solamente contemporneas de la economa poltica sino tambin son su proceso mismo; all en esos dominios superestructurales presenta hoy su forma y se radicaliza [1] .

En otras palabras, la formacin de la equivalencia general, la cuantificacin del intercambio econmico, la suspensin de los valores de uso y del trabajo concreto, forma parte de la economa poltica generalizada, la que expande la conformacin de equivalentes generales en distintos mbitos, que implica la imposicin de un cdigo general de abstraccin racional. El proceso mismo de esta economa poltica generalizada es la domesticacin del lenguaje, as como la domesticacin de toda relacin social y simblica. Este proceso de abstraccin formara parte de la generalizacin del intercambio en todas las reas, no solo de intercambio de mercancas, sino de signos y de cdigos, de relaciones sociales y relaciones simblicas, reduciendo el smbolo a la condicin de mero signo equivalente. Lo que se pondera ya no es el valor econmico, el valor de cambio, sino valores abstractos de circularidad, de intercambiabilidad general, de sustitubilidad. Desde cierta perspectiva, la crtica de la economa poltica, se deca que el secreto de la valorizacin se efecta a partir de la valoracin del desgaste de la fuerza de trabajo, desgaste medido como tiempo de trabajo cristalizado; ahora, a partir de la crtica de la economa poltica generalizada tendramos que decir que el secreto de esta valorizacin abstracta generalizada no se encuentra en el trabajo sino en el gasto sin remuneracin, en el gasto simple de energa en el ejercicio de las relaciones sociales y simblicas.

Jean Baudrillard contina:

El sistema capitalista, ligado al lucro y la explotacin, no es ms que la modalidad inaugural, la fase infantil de la economa poltica. El esquema del valor (de cambio y de uso) y la equivalencia general, ya no se limita a la produccin: ha ocupado las esferas del lenguaje, la sexualidad, etc. Su forma no ha cambiado tambin puede hablarse de una economa poltica del signo, de una economa poltica del cuerpo, sin metfora pero el centro de gravedad se ha desplazado: el epicentro del sistema contemporneo ya no es el proceso de produccin material [2] .

Marx, usando la metfora de Shakespeare en La Tempestad, defina a la modernidad como la experiencia de cuando todo lo slido se desvanece en el aire. El secreto del capitalismo es la modernidad, no al revs, no es el capitalismo el que explica la modernidad, el capitalismo nace en la matriz de la modernidad, forma parte del estrato gravitante de los procesos desatados de desvanecimiento, evaporacin o licuefaccin, como comprende Zygmunt Bauman, de la fluidez inherente de la llamada modernidad, que fue un trmino inventado por los poetas malditos para referirse a la experiencia vertiginosa y apabullante de las metrpolis contemporneas. La abstraccin forma parte de este desvanecimiento? Qu es la abstraccin? Tiene que ver con la re-presentacin, con la doble presencia, es decir, con la repeticin de la presencia, con la presencia de la presencia, que es como su sombra. Tambin tiene que ver con la diferencia, es decir, con la distincin, separacin, diferimiento, que son procedimientos de la analtica. Podramos decir con la puesta en escena de la teora, mirada, figura, que corresponden a la racionalizacin, al pensamiento racional. La pregunta es entonces: Por qu la sociedad moderna recurre a la abstraccin, a la racionalizacin, en la conformacin de sus relaciones constitutivas e institutivas, basadas en el supuesto de universalizacin y su expansin generalizada? Otra pregunta ligada a esta sera: Por qu la sociedad moderna suspende la densidad de las relaciones simblicas en las que se basaban las sociedades antiguas?

En un mundo donde el intercambio de productos forma parte de la formacin de los mercados desde los inicios mismos de las sociedades antiguas, por lo menos en cuatro de los cinco continentes, el sentido del cambio, de la sustitucin, acompaa a estas prcticas de intercambio. Es sabido que distintas formas de dinero fueron usadas desde remotos tiempos como medio de pago y de compra. Sin embargo, este no es el nico ni el primero proceso de intercambio que coadyuva y sostiene a los procesos de abstraccin. Podramos decir que es en los lenguajes donde se encuentra la matriz de los procesos de abstraccin. En estos sistemas de cdigos sonoros, tambin cdigos escritos, sistemas de inscripciones, aunque as mismo, sistemas ancestralmente corporales, se encuentra el secreto de los procesos de abstraccin. Sin embargo, no hay que olvidar que se trata de lenguajes cargados de sentidos simblicos, vinculados a creencias, cosmovisiones, ceremonias, ritualidades y mitos. No se trata de la forma de los lenguajes tal como han llegado a transformarse hasta nuestros das.

Empero los lenguajes no se realizan sin la participacin corporal, no slo por la emisin de sonoridad, ni tampoco solo por la facultad auditiva, sino sobre todo por lo que llama Chomsky las estructuras mentales del leguaje. Diramos, aadiendo lo indispensable, el lenguaje es la condicin de posibilidad imaginativa, as como, dicho de una manera ms amplia, la condicin de posibilidad del pensamiento. La efectuacin lingstica, la realizacin del lenguaje, comprenden procesos de abstraccin inherentes a las matrices y estructuras de cohesin social iniciales a las sociedades humanas. Tal parece que estos procesos de abstraccin no se encuentran separados de otros procesos de interpretacin, adecuacin y adaptacin con los entornos, no se encuentran separados de la configuracin de los smbolos y de la alegora de los mitos. En la modernidad los procesos de abstraccin se encuentran como autonomizados, forman parte de espacios y prcticas especializadas, de aprendizajes y formaciones diferenciadas. La distancia y la distincin acadmica establecen espacios privilegiados donde se produce la abstraccin como ciencia, como teora y saber.

La capacidad de abstraccin, las facultades que tienen que ver con la abstraccin, en tanto condiciones de posibilidad, son inherentes a la estructura del ser humano, no como estructuras dadas, sino como estructuras formadas en el decurso de interacciones complejas bio-sociales. El problema no radica aqu, sino en la autonomizacin de los procesos de abstraccin. Hasta la modernidad estos procesos de abstraccin no se autonomizaron, es cuando con esta separacin se convierten en dominantes en el ejercicio de las relaciones sociales. El problema no radica en la abstraccin sino en la autonomizacin de la abstraccin, autonomizacin que terminan configurando y conformando un tipo de sociedad cuya reproduccin se efecta a travs de la realizacin de la valorizacin abstracta generalizada. La pregunta es entonces: De qu manera se da esta autonomizacin de los procesos de abstraccin?

 

Una hiptesis de interpretacin

Todas las sociedades contienen esta posibilidad, empero no en todas se crean las condiciones de posibilidad histrica para que esto ocurra, la autonomizacin de los procesos de abstraccin. Cules son estas condiciones de posibilidad histrica?

Partamos de lo siguiente: las sociedades no son tan distintas como para convertirse en sociedades radicalmente diferentes como para pertenecer a universos distintos. Esto no quiere decir que no haya diferencias, no slo constatadas en el tiempo, sino tambin en el espacio, en la geografa, en las maneras de manifestarse y de organizarse, as como en las maneras de expresarse y representarse. El materialismo histrico considera que todas las sociedades producen y consumen, se re-producen, distribuyen y hacen circular sus bienes. Las investigaciones histricas y las teoras del poder muestran relaciones de dominacin en las sociedades. Los estudios culturales describen proliferantes sistemas simblicos y de representacin. La antropologa ha distinguido las sociedades ancestrales de las sociedades antiguas, y estos dos conjuntos diversos los ha diferenciado de la sociedad moderna. De todas maneras, el conjunto de las llamadas ciencias sociales y ciencias humanas consideran que con el nacimiento de la sociedad moderna se ha producido como un corte o un salto histrico; se trata de una sociedad que se opone a las sociedades anteriores por la dimensin de homogeneizacin lograda, por la universalidad de sus valores e instituciones, expandidas por el mundo entero. Esta hegemona es notoriamente manifiesta, acompaada por una racionalizacin y abstraccin generalizadas en todos los niveles de su funcionamiento.

Estamos hablando de sociedades modernas que forman parte del sistema-mundo y la economa-mundo capitalista, estamos entonces hablando de un mundo integrado y globalizado, un mundo que requiere procedimientos de organizacin, de comunicacin, de decodificacin, de realizacin, rpidos y efectivos, altamente flexibles y manipulables. Estas exigencias han sido asumidas institucionalmente en la construccin de Estado moderno, campo burocrtico e institucional, aparato normativo con pretensiones de universalizacin, instrumento administrativo, cartgrafo y cuantificador de los recursos. El campo burocrtico est ntimamente ligado al campo social, forma parte del campo social; en el campo social se da lugar la reproduccin a travs del campo escolar, el campo cultural y el campo simblico. Es en el campo escolar donde no solamente se da lugar la distincin y la reproduccin de la diferenciacin social a travs de los ttulos nobiliarios, sino tambin se desenvuelven y despliegan los procesos de abstraccin, con las consecuentes autonomizaciones de los espacios correspondientes. El Estado moderno, ese mapa de instituciones, de normas, de administraciones y de gestiones, es la maquinaria abstracta que coadyuva a la generacin de las autonomizaciones mltiples. Empero, hay que tener en cuenta que esto concurre de una manera imaginaria, en el espacio de las representaciones, aunque tambin de una manera material, en el mapa de las instituciones; sin embargo, el funcionamiento efectivo de las estructuras, relaciones, actividades y prcticas sociales se dan integralmente, de una manera interconectada, entrelazada y no separada. La autonomizacin es imaginaria, si se quiere, es ideolgica, aunque tambin es una ficcin jurdica, adems un ordenamiento institucional. Desde este punto de vista, se puede comprender a la sociedad moderna como un gigantesco esfuerzo organizativo para ordenar el caos, la multiplicidad entrelazada, la complejidad de los circuitos, los flujos y los stocks.

Los procedimientos de ordenamiento son abstractos y especializados. Del conjunto de estos procedimientos sobresalen los instrumentos de medicin, de cuantificacin, la estadstica aplicada. Los referentes de estos procedimientos tienen que ver con los equivalentes generales de los distintos mbitos de autonomizacin, los cdigos arbitrarios, los signos despojados de cualquier densidad o espesor. La relacin con la complejidad integrada e interdependiente de los ciclos bio-sociales se da a travs de estos mecanismos ordenadores, de esta organizacin basada en la divisin, la distribucin, la clasificacin y la administracin de gestiones especializadas. El Estado, las instituciones, los ciudadanos, retienen la representacin ordenada y clasificada de esta intervencin organizada sobre los flujos del caosmosis [3] . Es esta representacin la que queda y es asumida como realidad.

Entonces hay como dos niveles de los acontecimientos bio-sociales; uno, el aceptado, que corresponde a lo que Cornelius Castoriadis llama la institucin imaginaria de la sociedad, ordenada, organizada, institucionalizada, normada y representada, identitaria y tcnica; dos, el substrato magmtico de las dinmicas moleculares bio-sociales [4] .

Ahora bien, no se lleg a la sociedad moderna de la noche a la maana, a partir de una ruptura dislocadora e irreversible, sino que fueron largos procesos de formacin la que la precedieron. Todas las sociedades contienen esta posibilidad, empero no emergi y se realiz antes pues no concurrieron las condiciones de posibilidad que la hicieron devenir. Hablamos una multiplicidad de condiciones concurrentes; la expansin mundial del mercado, la estatalizacin moderna presente en las sociedades, la articulacin mundial de los territorios, efectuada mediante expansin y conquista colonial, supeditacin, dominio y control de las extensas geografas continentales, hegemona de pautas de consumo, esquemas de comportamiento y de conductas modernos, constitucin de subjetividades individualizadas.

No es solamente la articulacin, integracin y expansin de los mercado, la relacin cada vez ms sistemtica del comercio, la industria, las finanzas con el Estado, lo que se convierte en un espaciamiento adecuado a la formacin de la sociedad moderna, sino tambin otros procesos que tienen que ver con autonomizaciones anticipadas. La autonomizacin de la religin forma parte de la aparicin de las condiciones de posibilidad histrica de la modernidad. Aunque parezca paradjico, pues se entiende por los estudios sociolgicos que la modernidad se inicia con la desacralizacin y la ruptura con las instituciones tradicionales, es esta hegemona de las grandes religiones monotestas y trascendentes, es esta delimitacin del espacio sagrado, la mediacin institucionalizada de la iglesia y de los sacerdotes, lo que anuncia el comienzo de las separaciones estratgicas en seno de las sociedades. Si bien la sociedad moderna se caracteriza por la sacralizacin y la separacin del Estado de la religin, lo que importa en este caso es esta separacin mayscula de funciones, de actividades, de tareas, de prcticas y mediaciones, que construyen un espacio distinto dedicado a la conversin y la salvacin. Estas religiones construyen la idea del Uno, de la unicidad, pero tambin de la intangibilidad, de la inmaterialidad. Hay como una historia teolgica y de recorrido a la tierra prometida, la revelacin del sentido de las cosas y de la experiencia terrenal, el sentido de la creacin y su gnesis. El sentido no es material, aunque ningn sentido lo es, tampoco terrenal, no es histrico, menos concreto, as como tampoco es inmanente; al contrario, es trascendente, pero sobre todo, no se encuentra en este mundo, sino en otro mundo. El sentido es suprasensible, es trascendente, sagrado, y tambin un misterio. Las teologas correspondientes a estas religiones trascendentes son el sumun de la abstraccin.

No es pues sorprendente hallar en estos modelos religiosos los espacios donde se efectan procedimientos de abstraccin, despus de aprenderlos, lugares de disciplinamiento donde se forma al sujeto y se da lugar a la hermenutica del sujeto, basadas en prcticas de individualizacin y sujecin al maestro [5] . Las mismas teologas, sus narrativas, van a dar lugar en la en la modernidad a movimientos milenaristas y mesinicos, ahora investidos con la promesa revolucionaria. Empero, lo que nos interesa es remarcar el carcter de separacin y el sentido abstracto construido, el valor trascendente que pondera los actos, las acciones y los comportamientos. Una especie de equivalente general sagrado del campo religioso.

La autonomizacin de lo poltico tambin forma parte de la conformacin de las condiciones de posibilidad de la modernidad. La separacin de un espacio de ejercicio administrativo, del establecimiento de normas, de realizacin de gestiones de gobierno, de prcticas y de formacin burocrtica; separacin que da lugar a los sentidos abstractos del poder, del control y de la dominacin. Aunque esta separacin, esta autonomizacin, nuca resolvi, por ms esfuerzos que ha hecho, el desborde irradiante y aglutinador de la emergencia poltica, efectuada por el pueblo, las multitudes, la plebe, el proletariado, los condenados de la tierra. La poltica que aparece contraria a la separacin y a la autonomizacin, poltica insurgente opuesta al Estado. De todas maneras la formalizacin de la poltica, la institucionalizacin de la poltica, da lugar a equivalentes generales del campo poltico. Un capital poltico cuyos cdigos como la convocatoria, el consenso, incluso la clientela, terminan siendo cuantificados en estadsticas y sintetizados en indicadores de aprobacin.

El campo escolar tambin implica la separacin del espacio y de las instituciones de enseanza y de formacin, de la conformacin de la distancia y la distincin acadmica. A la vez las reas acadmicas se especializan en las facultades y en las carreras universitarias. El proceso de autonomizacin contina y sigue. El capital escolar tambin tiene sus equivalentes generales, sus cdigos, sus valorizaciones, as mismo sus jerarquizaciones. Los exmenes, las exanimaciones, los concursos y las competencias tambin dan lugar a ponderaciones cuantitativas.

El campo comunicativo tambin implica una separacin. La autonomizacin del ejercicio y las prcticas de comunicacin ha llevado a la modernidad a niveles muy altos de abstraccin y virtualidad. El dominio y control de la informacin, de la publicidad, de la propaganda, de la distraccin y diversin, de la administracin visual de los placeres pequeos, del lenguaje de la imagen y audiovisual, ha transformado la vida cotidiana de los ciudadanos y las familias. Sobre todo las cadenas televisivas se han convertido en las herramientas indispensables en la produccin de necesidades y modas. Una transformacin equivalente a la comunicacional la est ocasionando la informtica y la ciberntica, el universo de los ordenadores; ya se ha dado lugar a una autonomizacin del espacio ciberntico, ocasionando la vitalizacin de las relaciones sociales, de sus prcticas y circulaciones. Algunos consideran que con estas experiencias habramos entrado a otros niveles de la modernidad, llamada a veces sobre-modernidad, otras veces posmodernidad. Lo que importa, en estos casos, es que estas autonomizaciones tambin construyen sus equivalentes generales y la dimensin abstracta de sus valorizaciones. Al respecto, tambin se dan ponderaciones cuantitativas en estos campos, el campo comunicacional y el campo ciberntico. Los rankings, los indicadores de audiencia, tambin la expansin de las redes. Aunque en este ltimo caso la configuracin catica de las redes aparece como inconmensurable e incontrolable.

Como se puede ver se dan lugar economas polticas en todos los niveles posibles. Se da lugar a producciones, distribuciones, circulaciones y consumos. Tambin a valorizaciones y acumulaciones. Todo esto medido y significado por equivalentes generales y cdigos abstractos arbitrarios. Cmo interpretar estos acontecimientos? Al respecto se han dado como dos tesis interpretativas; una de ellas tiene que ver con la mercantilizacin generalizada, es decir, la extensin del mercado a todos los espacios de la vida social. Esto significa la expansin de la economa poltica conocida. La otra tesis tiene que ver con la interpretacin de que ms bien la economa poltica conocida, de la produccin y del intercambio econmico, forma parte de un conjunto de transformaciones, de autonomizaciones, de separaciones, por lo tanto de economas polticas diversas, que en conjunto dieron lugar a la modernidad, coadyuvando a la propia economa poltica conocida. No nos vamos a inclinar por ninguna de estas tesis, es posible que ms bien se trate de dos procesos complementarios que se han dado, sin necesidad de excluirse, ms bien apoyndose mutuamente. En relacin a nuestra interpretacin dual y simultnea de los dos procesos, observamos que los distintos capitales de los diferentes campos, los distintos equivalentes generales, las diferentes economas polticas, son convertibles. Por ejemplo el capital poltico es convertible en capital econmico, el capital comunicacional tambin, lo mismo ocurre con el capital ciberntico, si podemos hablar todava as.

Por lo tanto, compartimos con Jean Baudrillard de que es indispensable la crtica de la economa poltica generalizada.

Sin embargo, antes de seguir, debemos hacer notar que la experiencia de la modernidad no solo comprende estos recorridos de las economas polticas, a travs de las autonomizaciones y separaciones correspondientes, con el efecto de valorizacin abstracta y acumulacin, sino tambin abarca la experiencia de los flujos liberados al desmoronarse las instituciones tradicionales, las lneas de fuga, el desborde de las fuerzas y la creacin de otros conglomerados. La modernidad tambin implica la decodificacin, as como la inconmensurabilidad, por lo tanto expresa lo indeterminado, la posibilidad abierta y la potencia desbordante. La modernidad est tambin vinculada a la experiencia democrtica, a la lucha y conquista de los derechos individuales, sociales, colectivos, ahora los derechos de la madre tierra. La modernidad como experiencia plstica se abre a la esttica rebelde y la creatividad utpica. Esta otra cara de la modernidad es ms bien integradora, se abre a travs de las mezcolanzas y mestizajes, de lo abigarrado y lo heterogneo. Es pues indispensable distinguir estas dos experiencias de la modernidad; una modernidad donde se impone la separacin, la autonomizacin, la especializacin, el control y el dominio. Otra modernidad que bulle, que se manifiesta como magma candente, como crisol creativo, que libera fuerzas, desata flujos y lneas de fuga, que mezcla y efecta conjunciones, una modernidad donde aparecen los proyectos autogestionarios y auto-determinantes. La crtica de la economa poltica generalizada se da como crtica a la modernidad formal, con pretensiones de universalidad, modernidad producente de la hegemona de la abstraccin, modernidad que institucionaliza las separaciones y autonomizaciones en una marcha indetenible a la diseminacin. La crtica rescata en cambio la potencia creativa de las fuerzas desencadenadas.

No se trata de ninguna manera de defender la modernidad a partir de una de sus caras, a partir de una de sus experiencias, sino, al contrario, de salir de la modernidad, precisamente apoyndonos en una de sus caras, en una de sus experiencias, la desencadenante, la liberadora de fuerzas, la decodificadora, la explosiva y desbordante, la aglutinadora, la heterognea y compositora de mezclas. Salir de la modernidad significa abolir las economas polticas que buscan dominar y controlar los cuerpos, disciplinarlos y domesticarlos, modularlos para convertirlos en productivos y dctiles en funcin de las economas polticas y la acumulacin. Salir de la modernidad implica integrar los ciclos de la vida, integrar los espacios separados, situar los procesos de abstraccin en los imaginarios radicales, situar los imaginarios en los procesos de reproduccin de la vida, as como en la emergencia creadora de las praxis. Salir de la modernidad es salir de la interpretacin evolucionista de la historia y la ilusin del desarrollo, mas bien es concebir campos de posibilidades en marcha, mltiples historias que se combinan y componen, haciendo emerger lo nuevo, la alteridad. Salir de la modernidad es comprender la co-pertenencia, la coexistencia, la co-habitabilidad, la interaccin y complementariedad con todos los seres y ciclos vitales de la tierra. Es mas bien tener una idea de la complejidad de las temporalidades de los ciclos vitales y sus devenires creativos.

 

Apuntes para una crtica de la economa poltica generalizada

La crtica de la economa poltica de Karl Marx caracteriza a la economa poltica como ideologa, dice que los economistas saben cmo se produce en la economa capitalista, empero no saben cmo se producen sus relaciones sociales, sus relaciones sociales de produccin. Pone en el centro del anlisis a la esfera de la produccin, desplazando el anlisis de la esfera de la circulacin, plantea que la valorizacin se produce en la produccin, en plena transformacin de la materia por intervencin de la fuerza de trabajo, de su desgaste en tanto trabajo. Que all, en la produccin, concurre la valorizacin, cuando el obrero despliega ms tiempo de trabajo que el correspondiente al salario, que es equivalente al valor de cambio de las mercancas necesarias para su subsistencia y de su familia. Entonces el tiempo restante corresponde al tiempo excedente no pagado. En esta etapa se genera el plus-producto, que corresponde a la plusvala, en trminos de la valorizacin abstracta. Cmo ocurre esta explotacin de la fuerza de trabajo? Debido a la diferenciacin entre valor de uso y valor de cambio. El capitalista paga el valor de cambio de la fuerza de trabajo, empero en la produccin emplea su valor de uso, el desgaste fsico, psquico e intelectual de su cuerpo. Dnde se encuentra la clave de esta diferencia aprovechable por el capitalista? En cuanto el capitalista es propietario de los medios de produccin, en tanto el proletario slo es propietario de su cuerpo; para sobrevivir tiene que vender su fuerza de trabajo como mercanca. La crtica entonces devela la dinmica de la explotacin capitalista a la fuerza de trabajo, devela el secreto del excedente y de la ganancia, as como de la acumulacin de capital. Denuncia la apropiacin privada de los productos que corresponden a un trabajo social, colectivo y efectuado de una manera cooperativa.

Cul es la salida ante la explotacin capitalista? La expropiacin de los expropiadores, la socializacin de los medios de produccin, la subversin de las fuerzas productivas, la abolicin de las relaciones de produccin capitalistas, su sustitucin por relaciones de produccin socialistas. Se trata de la apropiacin social del excedente, del plus-valor, de la plusvala, de su redistribucin para satisfacer las necesidades sociales y los objetivos de la planificacin de la asociacin de productores. Estn resueltos as el problema heredado de la explotacin de la fuerza de trabajo y el problema de la valorizacin abstracta en trminos del valor de cambio? Se trata de la apropiacin social de la plusvala, redistribuida para satisfacer las necesidades, que tambin son producidas por la sociedad de consumo. Yendo ms lejos, se trata de efectuar una planificacin en trminos de los valores de uso, descartando una planificacin o libre mercado en trminos de valores de cambio? Los valores de uso son la masa material donde se realiza el proceso de valorizacin, conmensurado en trminos de valores de cambio. No se puede separar valor de uso de valor de cambio, salvo por medio de una ficcin. Sin embargo, esta utopa socialista no se efectu en los pases del llamado socialismo real; nunca salieron de la teora del valor y de la ley del valor. Lo que ocurri es que siguieron en el mismo modo de produccin capitalista, aunque las relaciones sociales de produccin hayan cambiado; la desaparicin de los grandes propietarios y su sustitucin por el Estado no modificaron el modo de produccin capitalista. Los obreros no dejaron de ser obreros, aunque estuviesen en mejores condiciones y nominalmente en el poder; la burocracia, los funcionarios, administran la produccin, sustituyen a la burguesa en esta tarea, median en esta tarea a nombre de la sociedad y el Estado, empero establecen relaciones de produccin donde de un lado se encuentra el proletariado y del otro los administradores del Estado. La explotacin, es decir, la valorizacin, ahora se efecta a nombre de todos, la sociedad y el Estado, en beneficio social. Estas relaciones de produccin burocrticas no han dejado de entrar en conflicto con el proletariado, pero tambin con la sociedad entera. No es la contradiccin del desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de produccin la que llev a la implosin y desmoronamiento de los estados socialistas de la Europa oriental, sino, paradjicamente, la lucha de clases. La burocracia privilegiada y el partido entraron en contradiccin abierta y hasta antagnica con las clases subalternas, subalternizadas por el Estado burocrtico, por las demandas mltiples de estas clases, que dentro de estas demandas pedan democracia.

El problema entonces no se resuelve con sustituir a la burguesa con la burocracia, no se resuelve con la socializacin de los medios de produccin, con la apropiacin social del excedente, tampoco por desplazarse de la centralidad del valor de cambio al valor de uso, invirtiendo la dualidad indisociable. De lo que se trata es de salir del proceso de valorizacin abstracta, lo que significa tambin abolir el modo de produccin capitalista, y esto implica la conformacin de una matriz organizativa diferente de la sociedad. No es el paradigma de la produccin el que debe regir la organizacin de la sociedad, el modelo que debe modular los compartimientos, las conductas y las relaciones. Este paradigma es la matriz de la sociedad capitalista, es el referente y la estructura fundamental de su funcionamiento y desarrollo. Que haya funcionado del todo as, que mas bien haya ms referentes y otros modelos implcitos, es parte de de lo que deben dar cuenta las investigaciones a la luz de la experiencia de los siglos de capitalismo vividos y de sus transformaciones cclicas. La etapa monoplica del capitalismo, que estuvo implcita desde un principio, pues el capitalismo se explica como la formacin del monopolio contra el mercado (Fernand Braudel), empero cuando se extiende y domina el mundo, cuando compromete al Estado en la gestin monoplico y otorga al capital financiero la conduccin de la economa, trasforma la estructura organizacional de la sociedad capitalista. En este caso no es slo el modo de produccin el paradigma, sino hay otros que cobran importancia en la organizacin y funcionamiento de la sociedad capitalista. El diagrama de poder de control adquiere peso preponderante en la reorganizacin capitalista; el control de las reservas de recursos naturales, el control de los mercados, el control de la tecnologa, el control financiero, as como el control de las conductas y los comportamientos sociales, el control de la comunicacin, de la informacin, compartiendo con el control de los gobiernos, forma parte de las lgicas de acumulacin y dominio. Otro diagrama es el de la guerra; se trata de una maquinaria tecnolgica, comunicacional, militar orientada a la guerra como estrategia mltiple, de control, de disuasin, de ocupacin, incluso de reactivacin productiva y econmica.

ltimamente asistimos a la autonomizacin del sistema financiero, que se ha convertido en la forma de capitalismo dominante, incluso a impuesto una lgica dominante, la financiera. El dominio del capital financiero ha trastrocado las lgicas productivas al modificar las lgicas de inversin, renunciando en gran parte a la inversin a largo plazo, buscando la rentabilidad en el corto plazo y en la especulacin. Estas lgicas han desencadenado la actual crisis financiera en el sistema-mundo y la economa-mundo capitalista.

El anlisis de estos modos capitalistas, que no se remiten slo a la produccin, nos lleva a considerar otras economas polticas en el contexto de la generalizacin, esto para comprender la incidencia de estas modulaciones mltiples en los cuerpos. Qu ocasionaron estas mltiples modulaciones? Las distintas economas polticas que pueden resumirse en el cuadro de cdigos concomitantes de la economa poltica generalizada: valor de uso/valor de cambio, significante/significado, poder/potencia. El cuadro nos muestra en cada uno de los cdigos la dicotoma entre contenido y forma, entre materia y abstraccin, entre energa y relacin. Los distintos procesos de abstraccin, en los deferentes campos, definen equivalentes generales que facilitan la intercambiabilidad, la mutabilidad, la conversin, la acumulacin, por lo tanto la apropiacin, el control y la dominacin. Todas estas economas polticas suponen una economa poltica del cuerpo; se trata de modular el cuerpo para hacerlo dctil al trabajo, a la comunicacin masiva, a la gubernamentalidad. El cuerpo tiene que ser disciplinado, controlado, aunque tambin soltado a su libre albedro, una vez despojado de sus densidades y resistencias. Ahora se avanza en la ingeniera gentica que llega a los cuerpos en su dimensin molecular, la dimensin de la informacin gentica. Una intervencin en este sentido, una autonomizacin de este nuevo campo, transformara completamente la economa poltica del cuerpo, levndonos a una microeconoma poltica gentica. La economa poltica generalizada abrira un campo de dominio de innumerables posibilidades.

Estas transformaciones, estos procesos de abstraccin, que suponen tambin procesos concretos de manipulacin material, no pueden reducirse al espacio de la economa poltica conocida como de la valorizacin dineraria y la produccin. Todos estos procesos de modulacin corporal no pueden reducirse al modo de produccin capitalista; la sociedad capitalista se ha conformado a partir de largos procesos de abstraccin y modulaciones del cuerpo. Todos estos procesos han dado lugar no solo a la explotacin de la fuerza de trabajo, sino tambin a la dominacin de la naturaleza, a la manipulacin comunicativa, al disciplinamiento de los cuerpos, a sus modulaciones mltiples efectivas, dependiendo si se trata del campo escolar, del servicio militar, de la funcin burocrtica, de los distintos campos que cobran autonomizacin, incluyendo el campo artstico. En definitiva, se trata de una sociedad donde se evapora lo simblico, se reduce su carcter articulador y connotativo, se descarta su desmesura trgica, su densidad configurativa en el mito, en las alegoras, ritos y ceremonias. La suspensin de la densidad simblica permite el flujo arbitrario del sistema de signos, la corriente de los flujos de signos y cdigos abstractos, que valorizan el significante, forma mutante y abierta a la variabilidad asombrosa de los significados. Lo que importa es la forma, la sugerencia inaudita de la forma, la promesa flotante de todo y de nada. En definitiva, lo que importa es la acumulacin adormecente de ilusin.

Viendo desde una perspectiva muy larga, hablando de las estructuras de larga duracin, mejor dicho, viendo desde la perspectiva de la complejidad, vemos que desde la explosin inicial, la formacin de los tomos, de las estrellas y las galaxias, del universo mismo, estas formaciones fsicas tienen que ver con la retencin, conservacin y generacin de energa. Los bucles, los torbellinos creadores, las turbulencias son remolinos auto-organizadores del cosmos, se comportan como mega-mquinas inmensas generadoras de las mltiples formas de la materia. Cuando aparece la vida a partir de la composicin de las macromolculas, la clula se comporta como un sistema vital auto-referente y hetero-referente de retencin y administracin de la energa, con su subsecuente transformacin. La vida es eso, la retencin, conservacin, administracin de la energa, efectuadas en organismos simples y complejos, que pueden ser comprendidos como sistemas auto-poieticos. Los multicelulares, los microorganismos, los organismos complejos, la complejidad entrelazada e interdependiente de la biodiversidad nos muestra la variabilidad diferencial de formas que reproducen la vida, que transforman la vida dando lugar a ciclos vitales concomitantes, conformacin de nichos y continentes ecolgicos, de ecosistemas en constante dinmica y transformacin. Las sociedades humanas aparecen en esta bullente creacin y recreacin de la biodiversidad, cuando lo hacen forman parte de los ciclos vitales, de esta retencin, conservacin, administracin y transformacin de la energa, formando sistemas sociales complejos auto-poieticos que conviven y coexisten en la biodiversidad, luchando por sobrevivir, incorporando en este despliegue la invencin del lenguaje y de la tcnica.

La gran pregunta es si con el largo proceso de hominizacin, la formacin de las sociedades humanas, la adquisicin-invencin del lenguaje, el desenvolvimiento de la cultura, la adquisicin e invencin de la tcnica, con el desenvolvimiento de la produccin, con la interrelacin entre lenguaje y tcnica que dan lugar al desenvolvimiento de los saberes, los conocimientos, las ciencias, las artes, se da lugar a un tercer acontecimiento creativo, despus de la formacin del universo (primeros bucles y pluribucles), despus de la aparicin de la vida (bucles y pluribucles en segunda potencia), que implica transformaciones infinitesimales en las macromolculas produciendo sistemas de vida vasados en la informacin gentica. Este tercer acontecimiento creativo equivaldra a bucles y pluribucles en tercera potencia, que implican sistemas sociales complejos, activados por la cultura, por lo tanto, el lenguaje y la tcnica. Hablamos de una informacin simblica y codificada en signos, en mitos y narrativas, conservadas y reproducidas en memorias evocativas y gramaticales, transmitidas culturalmente y en forma de enseanzas. Al respecto hay dos tesis interpretativas opuestas. Una, que plantea que los humanos y las sociedades humanas forman parte de la biodiversidad de la vida; entre el ser humano y la ameba no hay diferencia desde la perspectiva biolgica; sus comportamientos responde a adecuaciones y adaptaciones al medio, generando estrategias de sobrevivencia. Otra, que plantea casi lo contrario, que del desarrollo del cerebro en el ser humano, con el consecuente desarrollo del lenguaje y la tcnica, conformando la cultura y formas complejas de sociedad y civilizacin, se desprende una marcada diferencia de los humanos respecto a los dems seres de la biodiversidad. Acerca de la interpretacin de esta diferencia, se han propuestos distintas explicaciones en la historia de la filosofa, desde la caracterizacin de ser con lenguaje, ser racional, hasta del ser productivo, capaz de crear una segunda naturaleza, artificial, pasando por el ser poltico, que supone el ser social, llegando a inferir que se trata de un ser destinado a la muerte, en otras palabras, que tiene consciencia de la muerte.

Es difcil tomar partido por una u otra tesis; lo conveniente es aceptar ambas. El ser humano forma parte tanto ntimamente de los ciclos vitales, as como define su diferencia, como lo hace todo ser vivo en los complejos procesos ecolgicos, empero tambin distinguindose respecto a todos los otros seres vivos. Queremos mantener esta ambivalencia nuestra sobre todo por lo que dijimos a un principio, esta caracterstica inherente de desprender procesos de abstraccin. Tal parece que esta es una caracterstica de las sociedades humanas, sobre todo por su facultad imaginaria, por su capacidad imaginativa, de construir representaciones, explicaciones, narrativas. Dijimos que estas cualidades las comparten todas las sociedades humanas en el orbe y en la historia; que lo que caracteriza a la sociedad moderna es haber autonomizado estos procesos de abstraccin del resto de los mbitos de actividad y prcticas entrelazadas de la sociedad. La sociedad moderna encontr en la autonomizacin de estos procesos de abstraccin el gran apoyo en la conformacin de una sociedad organizada en instituciones burocrticas, administrativas, productivas, de consumo, de comunicacin, de enseanza, de especializaciones mltiples. Los equivalentes generales, los cdigos abstractos, las normas, los valores y conceptos universales, facilitan el intercambio, la convertibilidad, la administracin y la valorizacin. Empero, esto concurre a un costo grande, la prdida de la dimensin simblica, la vinculacin efectiva con el cuerpo y las vivencias concretas, el despojamiento de las diferencias culturales y su relacin dinmica con sus entornos. Esta sociedad, la moderna, al formar parte de la historia de las sociedades, no se desprende de la herencia que tienen en tanto son parte de la biodiversidad, de retener, conservar y transformar la energa. Sin embargo, la sociedad moderna parece afectar esta relacin con la energa, pues su desarrollo atropella las fuentes de energa, compromete las reservas de los recursos naturales, amenazando con agotarlos, sin plantear ninguna perspectiva reproductiva. Desde este enfoque, se trata de una sociedad mas bien destructiva y despilfarradora de la energa, de sus fuentes y de sus ciclos.

Ahora bien, como dijimos antes, la modernidad tiene dos caras, la del disciplinamiento, la homogeneizacin, el control y el dominio, por un lado, la de la plasticidad, la de la heterogeneidad, la del descontrol y la emancipacin, por otro lado; de la misma manera la sociedad moderna no se circunscribe a la descripcin de la expansin y el dominio de las autonomizaciones de los procesos de abstraccin, que institucionalizan mbitos ms o menos compartimentados y especializados, que se codifican por equivalentes generales y acumulan sobre la base de la valorizacin abstracta; as tambin la sociedad moderna es el escenario de la proliferacin de las resistencias, de procesos complejos de articulacin de distintos niveles y planos, procesos concretos de produccin material y simblica, procesos que rompen y quiebran las fronteras de autonomizacin, que interconectan y mezclan espacios de prcticas y relaciones sociales diversas. Procesos sobre la base de los cuales el imaginario y la imaginacin radicales promueven la alterabilidad mltiple, la creacin de la sociedad alternativa. Estamos muy lejos de aceptar que la sociedad capitalista, la sociedad del control, del dominio y de la acumulacin, sobre la base de la institucionalizacin de las autonomizaciones abstractas, tenga el predominio total, que haya logrado domesticar y modular el conjunto polimorfo de las prcticas y realizaciones sociales. Al contrario, una dinmica abierta de lneas de fuga, de resistencias, de luchas, de restauraciones simblicas, de creaciones estticas, de gastos heroicos, sin valorizacin, de desbordes sociales y polticos, de invenciones alterativas, bulle como substrato, como magma candente, como lava fundida en contante flujo y volatilidad. Este substrato dinmico conforma estratos alterativos y alternativos, territorializando la diferencia, las densidades concretas, el imaginario y las imaginaciones radicales, el simbolismo articulador y vivencial. El proyecto del panoptismo absoluto, del control y la homogenizacin total, de la acumulacin abstracta infinita, no se realiz, no puede realizarse, es imposible. En el caso hipottico que lo hara se fijara la dinmica social y habramos instalado una maquinaria inslita, movida por la inercia mecnica, acompaada por la limpieza del silencio y el vaco, por el adormecimiento generalizado, que se parece a la muerte en vida de los zombis.

Las crisis son la muestra y manifestacin de los lmites de estas autonomizaciones abstractas institucionalizadas; el capitalismo ha podido atravesar estos lmites renovndose, transformndose, modificando sus estructuras de composicin, vale decir, abrindose a la dinmica social bullente, entrelazada e interconectada. Aunque lo haga para volver a domesticar y modular la vida de una manera abstracta, esto muestra la acumulacin capitalista no puede realizarse sin el contante despojamiento y desposesin de las materialidades concretas, de la potencia social desbordante. Cuntos lmites ms puede cruzar el capitalismo? Ya cruz el lmite del tiempo de trabajo incorporando la maquinaria y la tecnologa, el trabajo muerto, que se traga el trabajo vivo; ya cruz el lmite del tiempo de no-trabajo mercantilizando todas las actividades humanas que pudo, ya cruz el limite existencial de los cuerpos virtualizando sus sensaciones, sus deseos, sus gustos, sus esperanzas; ahora, en plena crisis estructural del capitalismo y crisis ecolgica busca cruzar los lmites de la vida, por medio de la ingeniera gentica. El proyecto hipottico, que es de ciencia ficcin, es virtualizar la vida, convertida en programa ciberntico, as como el pensamiento virtualizado, que viajaran por el cosmos convertidos en software.

Definir a la sociedad moderna, ms bien sociedades modernas, heterogneas y abigarradas, como sociedad capitalista, mucho menos caracterizarlas como modo de produccin capitalista, no abarca la complejidad y la heterogeneidad de esta sociedad, solo logra caracterizar la tendencia dominante, empero no puede comprender ni configurar la complejidad dinmica de las praxis sociales efectivas. Es una ilusin compartida por funcionarios y cientistas sociales el creer que con estas definiciones esquemticas conocen la profusa dinmica social desbordante. Slo logran fotografiar el mundo oficial, el mundo formalizado, el mundo institucionalizado, difundido por los medios, descifrado en las estadsticas e informes, decodificado por la acadmica. Estn lejos, separados, son ajenos a las mundanidades efectivas creadas y recreadas por las actividades, prcticas, realizaciones, experiencias y vivencias de la gente. Se trata de mundos no conmensurables, no decodificables, no interpretables desde la lgica identitaria heredada, desde los sistemas tericos y sistemas de cdigos abstractos y autonomizados. Las pasiones y deseos de la gente, sus amores y romances, sus gastos heroicos, sus decisiones, que podran considerarse de irracionales, pues no entran en el clculo abstracto de costo y beneficio, su entrega al placer, todava motivan gran parte de las dinmicas micro-sociales. Las resistencias, las rebeliones, las luchas, develan la pervivencia y persistencia de un substrato trgico de la diferencia, de la singularidad y de la repeticin insondable. Estos mundos impenetrables para los gobernantes y cientistas sociales, para los funcionarios y comunicadores, develan la vulnerabilidad del sistema impuesto. No es ms que una ilusin sostenida por el esfuerzo administrativo e institucional, por la violencia fsica y simblica del campo burocrtico y del campo escolar. Ilusin no quiere decir que no exista, sino que es una abstraccin, una separacin, un espejismo, en definitiva una representacin, construida a partir de los rasgos sobresalientes. En este caso la representacin de la sociedad sustituye a la sociedad efectiva, a la dinmica social efectiva. Tampoco se puede decir que esta ilusin es intil, es un aditamento sin consecuencias, al contrario, es como un programa que dirige la gubernabilidad, la insercin del Estado en la sociedad, el despliegue de las modulaciones, los disciplinamientos, los controles y orientaciones dirigidos. Hay como dos cuerpos sociales, la sociedad universal representada y la sociedad heterognea efectiva. Los humanos, los ciudadanos, los jaques (alguien, en aymara), las gentes viven como en dos mundos, en los dos cuerpos sociales, el representado y el efectivo, el universal y el heterogneo. Esta dualidad es esquizofrnica; dnde se est?, en cul de los cuerpos sociales? Se opta por la creencia de estar en uno o en otro, dirigiendo sus conductas en un sentido u en otro. Pero tambin se puede creer que est en uno y comportarse de una manera como si estuviera en el otro. Son tambin los dilemas de las personas y los individuos, en momentos de crisis pueden optar por desplazarse de un cuerpo social al otro. Por otra parte, a pesar de que la sociedad institucionalizada pretenda funcionar de la manera instituida y normada, autonomizada y compartimentada, regulada y establecida, las instituciones son atravesadas por prcticas y circuitos no institucionalizados, no normados, correspondientes a otras lgicas devenidas del substrato social.

La comprensin de las sociedades heterogneas requiere de la perspectiva de la complejidad de sus dinmicas, de sus dicotomas y contradicciones, de sus resistencias y luchas, de sus ilusiones, representaciones e imaginarios, de sus prcticas y relaciones, de sus estructuras y producciones, en sentido generalizado. Hay sociedades modernas, afectadas y atravesadas por la modernidad, empero en clave heterognea; estas sociedades no se reducen a la caracterizacin de sociedad capitalista, aunque este orden y estructura sea predominante, tampoco se reducen a la caracterizacin de modo de produccin capitalista, aunque este modo explique la acumulacin de capital y la valorizacin dineraria. No slo porque el modo de produccin capitalista comparte con otros modos de produccin y ocasiona una sobre-determinacin econmica, sino porque la praxis social no se reduce a la produccin, ni este es el sumun social. El modo de produccin capitalista forma parte de un conjunto de modalidades que hemos llamado procesos de abstraccin; es este conjunto de modos de generacin de conductas, de economas polticas corporales, de economas polticas del signo, de gubernamentalidades, el que opera a gran escala y va transformando las sociedades de acuerdo a los esquemas abstractos, a los equivalentes generales y a los programas polticos, econmicos, morales, educativos, inscritos institucionalmente. A todo esto hay que aadirle que frente a estos proyectos y procesos de estatalizacin, las resistencias, las luchas sociales, los proyectos emancipatorios y rebeliones, terminan transformando tambin la sociedad, incluso su mapa institucional.

Estamos ante la sociedad moderna, en clave heterognea, configurada por sus mltiples contradicciones, una sociedad que para caracterizarla ms ampliamente se debe incorporar para su comprensin la turbulencia social, las resistencias, las rebeliones, las luchas, como emergencias transformadoras. La transformacin es diferente a la acumulacin, otra lgica. La transformacin tiene que ver con la creacin social, con la invencin, el imaginario y la imaginacin radicales; por lo tanto, estos acontecimientos inducen a caracterizarla como sociedad de la alteridad, productora de sociedades alternativas. Una sociedad tambin configurada por la geopoltica del sistema-mundo capitalista, que divide al mundo entre centros y periferias. Empero la frontera entre centros y periferias no es esttica, sino mvil y flexible; los centros y periferias se pueden desplazar. Pases que fueron perifricos pueden convertirse en centro y pases del centro puede convertirse en perifricos. Es ms, en los llamados centros se han formado periferias colindantes, as como en las periferias hay enclaves centrales, que forman parte de la centralidad del sistema-mundo capitalista. Como se podr ver, la heterogeneidad social se hace mayscula en esta geografa extensa y esfrica, aunque tambin la tendencia a la homogeneizacin se da a escala mundial. La sociedad moderna se ha mundializado, empero se ha mundializado en sus dos formas, como sociedad universal, pero tambin como sociedades heterogneas y singulares, como sociedades normadas y abstractas, pero tambin como sociedades desbordantes y concretas, alterativas y alternativas.

Alguien puede decir que lo que vale es la dominacin, la estructura de poder que se impone, la acumulacin vigente, la abstraccin y autonomizacin logradas, institucionalizadas. S, pero la dominacin no es absoluta, el poder no logra controlar la potencia social, la acumulacin no es el nico eje direccional de las actividades y prcticas sociales, aunque sea predominante, la abstraccin y la autonomizacin se sostienen por regulaciones institucionales sobre un magma candente de de dinmicas moleculares concretas, de conexiones interconectadas, entrelazadas y mezcladas. En contraste, podramos decir tambin que lo que vale son las resistencias a las dominaciones, las dinmicas sociales proliferantes y efectivas, lo que vale es este substrato social magmtico del que se amamantan los procesos de abstraccin, de valorizacin del capital, de acumulacin y de estatalizacin.

El problema radica en el pensamiento heredado, como define la crtica de Cornelius Castoriadis, un pensamiento determinista, que reconoce la existencia del ser determinado, que descarta la indeterminacin y la alteridad. En todo caso los asume como no-ser y caos. El pensamiento heredado slo puede concebir a la sociedad como realidad acabada, determinada; los economistas clsicos, como sociedad determinada por el mercado, los marxistas, como sociedad determinada por el modo de produccin, los filsofos polticos y cientistas polticos, como Estado. Estn muy lejos de comprender la sociedad desde la perspectiva de su indeterminacin y alteridad, en tanto sociedad en constante invencin. Aunque el marxismo ha introducido en su anlisis la tesis de la lucha de clases, que forma parte de las dinmicas sociales, ha limitado su alcance y la ha supeditado a la teora del modo de produccin capitalista, diseminando su carcter explosivo a la interpretacin determinista y lineal del materialismo histrico. Por eso los marxistas han terminado construyendo, cuando tuvieron la oportunidad, una sociedad institucionalizada parecida a la sociedad capitalista, basada en el espejo de la produccin. No salieron del modo de produccin capitalista promovido por el capitalismo de Estado.

 

Critica al fetichismo del valor de uso, la ilusin socialista

Los socialistas han conformado toda una ideologa sobre la base de su supuesto bsico terico, que aparece como metfora en Marx, empero se convierte en la arquitectura explicativa en el marxismo; hablamos del esquema primordial determinista estructura/superestructura. Esquema terico que establece que la estructura sostiene la superestructura, que la base econmica (infra-estructura, estructura) determina lo jurdico, poltico e ideolgico (superestructura); en otras palabras, podramos decir el Estado. Inclusive cuando se habla de determinacin en ltima instancia y se propone la autonoma relativa del Estado, se mantiene este esquema arquitectnico determinista. El esquema es insostenible tanto tericamente como empricamente. La produccin misma ya es una relacin, como dice la misma teora marxista, se trata de fuerzas productivas y relaciones de produccin. Aunque deberamos decir que las llamadas fuerzas productivas tambin son relaciones, implican relaciones; el mismo Karl Marx concibi la tecnologa como cristalizacin de las relaciones de produccin. Las relaciones de produccin ya suponen relaciones jurdicas, polticas, estatales, sobre todo ideolgicas, que comprenden el sistema comunicacional y los sistemas de signos. La economa poltica efectiva, la economa poltica generalizada, funciona integralmente, por lo tanto simultneamente a la vez; el producto es mercanca, es producido como mercanca, porque la produccin es a la vez material y abstracta, se produce a la vez valores de uso y valores de cambio. Esto ocurre porque el trabajo es a la vez trabajo concreto y trabajo abstracto. La valorizacin en general, tanto del valor de uso y del valor abstracto, es ya una abstraccin de diferencias. Se producen valores de uso en el sistema de necesidades, es decir, se producen necesidades, que orientan el consumo, en tanto se producen ideolgicamente valores de uso como finalidades de las necesidades. El valor de uso es la materialidad donde se realiza el valor de cambio, son inseparables; no se realiza por un lado valor de cambio, por otro lado valor de uso. Esta es una ficcin; se realiza valor de cambio porque se produce valor de uso. Entonces el valor de uso forma parte de la economa poltica generalizada; hay una economa poltica del valor de uso, de las necesidades y del consumo. Una ideologa del valor de uso y de sus finalidades, las necesidades.

Ahora bien, todo esto concurre simultneamente y de una manera integrada con el despliegue de la economa poltica del signo [6] . No podra funcionar el modo de produccin capitalista sin la circulacin y el consumo de signos, que no puede darse tampoco sin la produccin y emisin de signos, sin su inscripcin en las cosas; es decir, sin la circulacin del lenguaje. Las mercancas son lo que son porque son tambin signos. As como el valor de cambio est atravesado por la lgica del cambio, el valor de uso por la lgica de la utilidad cuyas finalidades son las necesidades, el signo est atravesado por la lgica de la diferenciacin del cdigo. El signo es un cdigo dual, binario, diferencia significante y significado, forma de contenido, imagen acstica o visual de concepto. La relacin del significante y significado es arbitraria, como dice Ferdinand de Saussure, empero la circulacin del signo, su decodificacin, su funcin comunicativa, se hace posible precisamente por esa relacin. En otras palabras, en el proceso de abstraccin, en la construccin del equivalente general comunicacional, en la produccin de signos, el significante, la imagen acstica y la imagen visual, hacen posible la significacin; en otras palabras, la decodificacin significante. Los significados, los sentidos, se desprenden de sus matrices culturales, matrices conformadas por sistemas simblicos; empero, en la autonomizacin semiolgica, son arrancados de sus territorialidades simblicas, son convertidos en significados des-territorializados, de-simbolizados, adquiriendo una fluidez intercambiable y traducible. El significado ya es una reduccin semiolgica de la densidad simblica. La arbitrariedad de la relacin es posible en estas condiciones.

En esta fluidez de los significados de-simbolizados se da lugar a lo que los marxistas llaman ideologa, no entendida como consciencia falsa, que es una acepcin hegeliana vulgarizada, sino como transmisin, irradiacin, influencia cultural, la modernizacin; por esta corriente semiolgica se irradia el pensamiento moderno. Cuando los sentidos estn desprendidos de sus cdigos culturales, de sus sistemas simblicos territorializados, es posible la homogeneizacin de los significados, la equivalencia general de los mismos, y obviamente su traduccin.

La produccin de necesidades equivalentes se hace posible en este campo ideolgico. El sistema de necesidades de la modernidad, tambin mutable y cambiante, se expande con la modernidad misma, orientando las formas de consumo, por lo tanto el consumo til, el consumo de valores de uso. El sistema capitalista se reproduce debido a la produccin de este sistema de consumo, que se plasma en el mercado. El sistema capitalista funciona no como modo de produccin determinante, sino como un sistema estructurado y compuesto por subsistemas ensamblados; se trata de subsistemas que se complementan e interrelacionan simultneamente. Ninguno es determinante respecto de los otros, todos se co-determinan. Entonces el valor de uso no puede desentenderse de la economa poltica, tal como crea Marx. Al respecto, compartimos las observaciones de Jean Baudrillard:

Marx defini la forma de valor de cambio y de la mercanca por el hecho de que todos los productos pueden equivalerse sobre la base del trabajo social abstracto. Y plante a la inversa la incompatibilidad de los valores de uso. Ahora bien, hay que ver:

1. Para que exista intercambio econmico y valor de cambio, es preciso ya tambin que el principio de utilidad se haya convertido en principio de realidad del objeto o del producto. Para ser intercambiables de manera abstracta y general, es preciso tambin que los productos sean pensados y racionalizados en trminos de utilidad. Si lo son (en el intercambio simblico primitivo), no tienen tampoco valor de cambio. La reduccin al status de utilidad es la base de la intercambiabilidad (econmica).

 

2. Si el principio de intercambio y el principio de utilidad tienen afinidad (y no hacen sino coexistir en la mercanca), es porque, opuestamente a lo que dice Marx de la incompatibilidad de los valores de uso, la lgica de la equivalencia est ya toda entera en la utilidad. Si bien el valor de uso no es cuantitativo en el sentido aritmtico, es ya equivalente. Como valores tiles, todos los bienes ya son comparables entre s, por estar asignados al mismo denominador comn funcional/racional, a la misma determinacin abstracta. nicamente los objetos y categoras de bienes investidos en el intercambio simblico, singular y personal (el don, el regalo) son estrictamente incomparables. La relacin personal (el intercambio no econmico) los hace absolutamente singulares. En cambio, como valor til, el objeto alcanza la universalidad abstracta, la objetividad (por reduccin de toda funcin simblica).

 

3. Se trata, pues, de una forma/objeto, cuyo equivalente general es la utilidad. Ya no es una analoga con las frmulas del valor de cambio: es la misma forma lgica. Todo objeto es traducible en el cdigo abstracto de la utilidad, que es su razn, su ley objetiva, su sentido y esto independientemente de que se utilice y de aquello en que se utilice. Es la funcionalidad la que se impone como cdigo, y este cdigo, que se funda nicamente sobre la adecuacin de un objeto a su fin (til), se somete todos los objetos reales o virtuales, sin acepcin de persona. Aqu toma origen lo econmico, el clculo econmico, del cual forma/mercanca no es otra cosa que la forma desarrollada, y que vuelve continuamente.

 

4. Ahora bien, este valor de uso (utilidad), opuestamente a la ilusin antropolgica que quiere hacer de l la simple relacin de una necesidad del hombre con una propiedad til del objeto, es tambin una relacin social. As como en el valor de cambio el hombre/productor no aparece como creador, sino como fuerza de trabajo social abstracto, as en el sistema de valor de uso, el hombre/consumidor no aparece jams como deseo y goce, sino como fuerza de necesidad social abstracta [7] .

 

Ahora bien, la economa poltica generalizada produce el individuo, el sujeto separado, escindido de la colectividad y de la comunidad. Un sujeto abstracto, concebido por la psicologa general como composicin de conductas racionalizables, en tanto concebido por el psicoanlisis como sujeto de castracin, formando parte del triangulo familiar padre/madre/hijo, la sagrada familia. Sujeto representado por la sociologa y la antropologa como sujeto de necesidades, tambin se puede decir como un sujeto necesitado. Antes era la religin y la iglesia cristiana la encargada de realizar el proceso de individualizacin, ahora lo es todo el campo escolar y el conjunto de instituciones de la modernidad instituida. Este hombre como estructura de necesidades es un invento antropolgico moderno, pero tambin es una produccin de la modernidad, de la economa poltica generalizada. Entonces estamos hablando de un sistema capitalista completo, integrado, que funciona auto-reproducindose, si se quiere, de una manera auto-generativa, como creando sus propias operaciones de clausura, creando su propia subjetividad y sujeto, el hombre de las necesidades. Ahora, el sistema ha llegado ms lejos, es capaz de reproducir en probeta al hombre, con la tecnologa gentica desarrollada, con todas las posibilidades de manipulacin gentica. No estamos lejos de un humano programado.

Se entiende entonces la concomitancia entre el sistema de valores de cambio, el sistema de valores de uso, el sistema de necesidades, el sistema de signos, la ideologa, el sistema de consumo, el sistema de produccin, el individuo, como sntesis de todo esto. El principio de utilidad es el principio que rige el consumo de valores de uso, el til es el equivalente general cualitativo de este sistema de consumo. El paraso socialista es parte del sistema capitalista, corresponde a esta regin del sistema, espacio de realizacin y consumo de valores de uso, espacio de satisfaccin de necesidades, por medio de los cuales se genera la valorizacin, la acumulacin, las autonomizaciones institucionalizadas, en definitiva la reproduccin ampliada del sistema, no solo del capital, sino del sistema abstracto como tal.

Resumiendo, la equivalencia general cualitativa del valor de uso instituye la utilidad como finalidad del sistema de necesidades, sistema que encuentra en la constitucin del individuo al sujeto de necesidades, al sujeto necesitado, al sujeto demandante. Al trastrocarse todos los mbitos territoriales de las reproducciones sociales concretas, asumidas e imaginadas en la densidad de la ambivalencia simblica, al ser reducidos estos mbitos territoriales y fragmentados, al encontrarse colonizados, esta destruccin ha dado lugar a la universalizacin del sistema capitalista, a la expansin en todo el orbe de su ensamblaje sistmico, no solo del modo de produccin, sino del modo de consumo, del sistema de necesidades, del sistema de signos, de la ideologa, de la constitucin subjetiva individualizada, del Estado, de las instituciones modernas. Asistimos entonces a la produccin, realizacin, reproduccin del sistema-mundo capitalista. Nada ni nadie escapa a esta ocupacin, nada ni nadie deja de experimentar el despojamiento y desposesin que implica la produccin-reproduccin del sistema-mundo. Lo que ocurre es que esta ocupacin no es absoluta, un substrato vital resiste en todo el orbe, un substrato vinculado a los ciclos de la vida, al imaginario y a la imaginacin radicales, a la potencia social, a la produccin de alteridad, a la recuperacin de las densidades ambivalentes simblicas. Este magma bullente, esta turbulencia de resistencias y luchas, altera el funcionamiento del sistema-mundo capitalista, lo deforma, le muestra sus lmites, lo atraviesa y le anuncia su muerte.

 

Crtica de la economa poltica del signo [8]

Jean Baudrillard se propone hacer la crtica de la economa poltica del signo y expone su investigacin y anlisis en un libro que lleva precisamente ese ttulo. El autor dice que as como Marx hizo una crtica a la economa poltica develando el misterio de la forma/mercanca, l se propone desentraar el misterio de la forma/signo. Del mismo modo que el anlisis de la mercanca se bas en la distincin entre valor de cambio y valor de uso, que hacen a la mercanca, as tambin es indispensable en el anlisis crtico del signo partir de la distincin entre significante y significado, que hacen al signo. La crtica de la economa poltica del signo obliga a revisar y desplazar las tesis marxistas basadas en la distincin entre infra/superestructura. Este desplazamiento tambin obliga a revisar la tesis marxista sobre la ideologa; la ideologa no forma parte de la superestructura, sino que atraviesa todo el proceso de produccin de mercancas, participa entonces en esa diferenciacin combinada de valor de uso y valor de cambio. As como tambin la idolologa interviene en la produccin de signos; es ideolgica la diferenciacin entre significante y significado, otorgando la funcin predominante al significante. Para Jean Baudrillard la ideologa es reduccin de lo simblico; dice que es el proceso de reduccin y abstraccin del material simblico en una forma. Esta abstraccin reductora se dara como contenido trascendente, tambin como representacin de la consciencia, es decir como significado [9] . Entonces el significante requiere para funcionar y circular del contenido del significado; esta abstraccin se sostiene en la trascendencia del significado. De la misma manera que el pensamiento burgus concibe a la cultura como trascendencia de los contenidos, lo hace tambin el marxismo. Esta herencia le impide verse tambin como ideologa.

Es importante poner en mesa los problemas falsos que ocupan al pensamiento contemporneo. La disyuncin sujeto/objeto, la disyuncin infra/superestructura, la distincin explotacin/alienacin. Para Baudrillard estas disyunciones desaparecen cuando comprendemos que tanto un lado como el otro de la disyuncin son producidos por la ideologa que atraviesa toda la economa poltica generalizada, es decir, todas las economas polticas des sistema capitalista. La ideologa es la inclusin de toda produccin, material y simblica, en un mismo proceso de abstraccin, de reduccin, de equivalencia general y de explotacin [10] . Ambas dimensiones, ambos procesos, se encuentran ntimamente imbricados, la de la mercanca y la del signo. La lgica de la mercanca y de la economa poltica se halla en el corazn mismo del signo, y la estructura del signo se halla en el corazn mismo de la forma mercanca [11] . Es por esto que la combinatoria significante y significado, que es el signo, puede funcionar como valor de cambio, en el discurso de la comunicacin, y como valor de uso, en el descifrado racional y el uso social distintivo. Es tambin por esto que la mercanca adquiere inmediatamente el carcter de significado. Como forma/signo la mercanca es un cdigo que ordena el intercambio de valores [12] . Es en el consumo donde aparece claramente que la mercanca es producida inmediatamente como signo, como valor signo, y los sistemas de signos, es decir, la cultura, como mercanca [13] .

La composicin del captulo Hacia una crtica de la economa poltica del signo es sugerente; su composicin trata de El pensamiento mgico de la ideologa, La metafsica del signo, el espejismo del referente, Denotacin y connotacin, y Ms all del signo: lo simblico. Queda claro que la crtica de la economa poltica es tambin una crtica a la ideologa, entendida no como superestructura sino como un campo transversal inherente a todo el sistema capitalista, que atraviesa todas las economas polticas, todos los procesos de abstraccin, la produccin, la distribucin, la circulacin, el consumo, el sistema de necesidades, los sistemas de signos, los sistemas de normas, los sistemas administrativos, los sistemas disciplinarios, los sistemas de control. En La metafsica del signo, se hace la crtica a la semiologa, se cuestiona el supuesto de la arbitrariedad sobre la que se basa toda la teora estructuralista y se devela el carcter reductor y represivo del signo respeto a la ambivalencia simblica. En El espejismo del referente, se analiza crticamente la correccin que hace Emile Benveniste a Ferdinand Saussure, en relacin a dnde se encuentra la arbitrariedad del signo. Benveniste dice que la arbitrariedad no est en la relacin significante/significado, sino entre el signo y el referente, es decir, la realidad. Baudrillard critica esta salida, que quiere salvar la unidad del signo, estableciendo que lo que hace Benveniste es extender el horizonte del significado incorporando al referente. Que el referente no es la realidad sino que sta est tomada como percepcin, recorte de realidad que es asumida como motivacin; de esta manera el referente cae en la esfera psicolgica y en la esfera filosfica. Esta extensin del significado al referente naturaliza, por as decirlo, la funcin dominante del significado, de la misma manera que el valor de uso lo haca cuando define sus finalidades en el sistema de necesidades. En este ltimo caso, se naturaliza en sentido antropolgico la funcin dominante del valor de cambio. Es la misma lgica de la economa poltica del signo, que ahora efecta su produccin abstracta, la dominancia del significante, ya no en relacin al significado sino en relacin al referente. La reduccin de la ambivalencia simblica comienza antes; empero esto no quiere decir que el referente se encuentre fuera del signo, sino que el signo abarca ms, tiene una composicin ms compleja: de un lado el significante, del otro lado la relacin significado-referente. La aparicin del referente en la teora semiolgica tambin implica la reduccin de la realidad, no solo como recorte, sino como pretensin de objetividad. Este tema es trabajado en Denotacin y connotacin. En este apartado se evala la pretensin de objetividad dada en la funcin denotativa de la comunicacin; se asume la denotacin como descripcin y la connotacin como interpretacin abierta, como significacin polivalente. El autor plantea, siguiendo a Barthes, que la pretensin de objetividad es ideolgica, que la denotacin no es otra cosa que la ms bella y la ms sutil de las connotaciones [14] . En Ms all del signo: lo simblico, se hace la crtica de las perspectivas crticas de rebasamiento del signo, rebasamiento buscado a nombre de uno de los trminos que componen el signo, significante o significado, incluso este ltimo ampliado e incluyendo el referente. La ms usual de estas perspectivas es la que busca el rebasamiento por el lado del significado o del referente, al que hay que liberar del dominio del cdigo, des significante. Esta posicin supone una filosofa natural de la significacin, que implica un idealismo del referente. Su fantasma es la de una resurreccin total de lo real, en una intuicin inmediata y transparente [15] . De lo que se trata es hacer surgir los significados de esta economa poltica del signo, los sujetos, la historia, la naturaleza, las contradicciones, en su verdad movediza, dialctica y autntica [16] . Para Baudrillard se trata de la letana moralista sobre la alienacin por el sistema, que deviene en discurso universal, precisamente por la extensin del mismo sistema. No es por aqu que se destruye el sistema o se sale de l, pues este modelo de significacin no es otra cosa que un gigantesco modelo de simulacin de sentido; no es pues lo real, lo referente, tampoco alguna sustancia arrojada a las tinieblas del exterior de del signo, la alternativa; lo alterativo es lo simblico [17] . Esta es la apuesta del autor.

Pero, qu es lo simblico? Baudrillard no nos dice mucho en este libro; escribe:

Pero lo simblico, en su virtualidad de sentido subversivo del signo, no puede ser nombrado ms que por alusin, por fractura, ya que la significacin, que lo nombra todo a partir de s misma, no puede decir sino el valor, y lo simblico no es valor. Es prdida, resolucin del valor y la positividad del signo [18] .

En otras palabras, de lo que esta fuera del signo no podemos decir nada, salvo su ambivalencia. Sobre esta ambivalencia se funda y se efecta un intercambio simblico, radicalmente diferente al intercambio de valores, valores de cambio, valores/signo. Hablamos de la imposibilidad de distinguir trminos respectivos, separados, para positivizarlos [19] . En los mbitos de la densidad simblica no se distinguen trminos, no se los separa, menos se los positiviza. El intercambio simblico es una experiencia irreductible. Tampoco se entienda que se trata de una negatividad; de ninguna manera. Lo simblico est ms all de lo positivo y negativo; en esto radica la ambivalencia, la simultaneidad, la complejidad del sentido y la vivencia simblica.

Hay que hacer dos anotaciones sobre esta teora crtica de la economa poltica del signo; una es respeto a lo simblico; la otra es en lo que respecta a que la crtica de la economa poltica del signo, no se puede olvidar que la economa poltica del signo no se mueve en una relacin de signos, sino en relaciones sociales, relaciones entre humanos, si se quiere relaciones entre sujetos sociales. Se podra decir que este es el punto de partida de la crtica de la economa poltica de Marx, la crtica del fetichismo de la mercanca. Una crtica del fetichismo del signo no puede menos que recordar esto.

 

Crtica de la economa poltica del poder

Hay una economa poltica del poder? Lo que escribi Michel Foucault es una crtica del poder, comprendido como relacin de fuerzas, como diagrama, cartografa, agenciamientos de poder. Esta es ya es una crtica de la economa poltica del poder? Cul entonces la economa poltica del poder? La interpretada por los cientistas polticos? No son ms bien estas teoras del Estado? La economa poltica del poder es el Estado? Estas son preguntas que deben ser respondidas con anticipacin, antes de proponer una crtica de la economa poltica del poder. Vamos a tratar de responderlas.

Podramos comenzar respondiendo afirmativamente, que la economa poltica del poder produce el Estado como razn de Estado, como monopolio poltico de la violencia fsica y de la violencia simblica, tambin como sntesis territorial, como soberana, como campo administrativo e institucional, como formas de gubernamentalidad; es decir, como abstraccin poltica. El Estado es la universalidad misma, se conforma como campo burocrtico separado, garante, administrador, legislador, de normas y leyes universales. El Estado moderno se desconecta del patrimonialismo y la herencia de sangre, construye e instaura un diagrama de poder que se legitima sobre la base de los derechos. Es un Estado de derecho, por lo tanto la ley misma es el Estado. El Estado es la idea de la unidad de la nacin, en tanto nacin es tambin la comunidad imaginada. El Estado aparece como valorizacin del poder, entonces como acumulacin de poder. Ahora bien, si el poder es relacin de fuerzas, como dice Foucault, relacin entre una fuerza que afecta y otra fuerza que hace de materia y objeto de poder, una fuerza activa y otra fuerza reactiva, una fuerza que induce y otra fuerza que resiste, cmo es que se puede valorizar el poder? Se lo hace de una manera abstracta; en primer lugar, el poder legitimo es el del Estado, es decir, la fuerza legitima activa desencadenada es la del Estado, con lo que se convierte al resto en fuerza resistente, en materia y objeto manipulable del poder legitimo. A diferencia de lo que crea Friedrich Nietzsche no es la fuerza de resistencia, la fuerza reactiva, segn l, la que termina afectando a la fuerza activa, noble, segn el filsofo, sino, al contrario, es la fuerza activa, la fuerza legtima, la que termina afectando a las fuerzas resistentes. Las termina transformando, las modula, de acuerdo al modelo de sus estrategias y programas institucionales. Usando la figura de la economa poltica, podramos decir que, la materia y objeto de poder, que son los cuerpos y los territorios, que es la vida misma, es como las materias primas de la produccin del poder. Una produccin que constituye individuos, ciudadanos, reparte los gneros, asignando sexos; en este camino, produce obreros, soldados, tcnicos, oficiales, profesionales liberales, abogados, mdicos, ingenieros, y toda la gama de perfiles de especializacin. El Estado, en tanto mapa institucional, campo burocrtico, articulacin abstracta de las maquinas abstractas del poder, produce cuerpos dctiles, adecuados a la produccin, a las distintas actividades y funciones de los campos autonomizados de la sociedad moderna.

Foucault dice que el poder no se resume ni circunscribe al Estado; esto es cierto, pues la sociedad est atravesada por una malla de microfsicas del poder. El poder se ejerce en toda relacin, en la familia, en la pareja, en los grupos, en los lugares y localidades, en las instituciones culturales, que no estaran adscritas al campo burocrtico. Empero, cuando el mismo Foucault analiza el diagrama disciplinario, el diagrama escolar, el diagrama del panoptismo, las instituciones involucradas, la crcel, la escuela, la fbrica, el cuartel, pueden considerarse como el mapa institucional del Estado. Por otra parte, el Estado en sentido amplio se reproduce en el campo social, en el campo poltico, en el campo escolar, en el campo cultural y en el campo simblico. Por lo tanto, depende de lo que llamemos Estado.

Tambin tiene razn cuando dice que el Estado no existe, lo que hay, lo que se da, son formas de gubernamentalidad. Que no se puede hacer la pregunta de lo que es el Estado, preguntar por su esencia, como si fuera una sustancia. La razn de Estado es una teora de legitimacin del Estado, lo mismo pasa con las teoras de soberana, as como las teoras del Estado-nacin. Hay que preguntarse entonces sobre las formas de gubernamentalidad, sobre las prcticas, las normas, las leyes, las administraciones, el manejo territorial, la forma de ejercer la soberana, las formas de afectar a la poblacin, los esquemas de seguridad. Con todo esto estamos de acuerdo, empero, el Estado no deja de ser una idea producida por la maquinaria abstracta de poder y por los agenciamientos concretos de poder. Es esta idea la que forma parte de los procesos de abstraccin, de los procesos de autonomizacin, procesos que dan lugar y circularidad a los equivalentes generales. En el caso del ejercicio del poder cul es el equivalente general?

Antes de responder esta pregunta, vamos a retomar una diferenciacin que consideramos importante, diferenciacin planteada por Michael Hardt y Antonio Negri. Los autores mencionados diferencian en Commonwealth biopoder de biopoltica, dicen que el biopoder se refiere al ejercicio del poder, en tanto que la biopoltica es relativa a la potencia social [20] . Esta diferenciacin es sumamente importante pues nos permite distinguir poder de potencia. Este es nuestro punto de partida; la energa incandescente, la fuerza inmanente y desbordante es la potencia social; el poder es una apropiacin de esta potencia, su limitacin, control, y administracin. Desde esta perspectiva el poder puede funcionar como una economa poltica, de la misma manera que las otras economas polticas. Entonces se tratara de un cdigo que distingue potencia de poder, estableciendo el poder como equivalente general de este campo autonomizado, que puede ser en sentido amplio el campo poltico y en sentido restringido el campo burocrtico. Lo que se valora no es la potencia social sino el poder como disponibilidad de fuerzas. Ahora bien, lo que se introduce al cdigo abstracto no es la potencia social efectiva, sino una potencia reducida a su representacin, la voluntad general, el pueblo, que dan lugar a la delegacin, a la aquiescencia, a la legitimidad. Entonces la potencia social que es lo innombrable, lo no reducible, se convierte en un referente, el poder popular, el poder del pueblo, entendida como unidad o como mayora. Este referente, que no deja de ser abstracto, permite los cdigos abstractos de poder: voluntad/poder, pueblo/Estado. Estos cdigos abstractos, cualquiera de ellos, forman parte de la semiologa del poder, de los procesos abstractos de poder, que producen la valorizacin del poder, la acumulacin abstracta del poder en el Estado. Constituyen Estado, as como la produccin abstracta constituye Capital.

Ahora bien, por qu esta economa poltica no ha sido teorizada? Las teoras clsicas del Estado han tomado al Estado como realidad, tambin como una necesidad ante una situacin calamitosa, la guerra de todos contra todos. Estas teoras concibe el origen del Estado en la delegacin, en el acuerdo, en el contrato, en el pacto. De alguna manera, de modo implcito, se entrev el cdigo abstracto del poder. Sin embargo, la teora econmica-poltica del poder se encuentra diseminada desde la teologa poltica de Spinoza hasta las teoras marxistas histrico-polticas. En Estas teoras se comprende la diferencia de pueblo y multitud, pueblo como una abstraccin y multitud como una manifestacin efectiva de la diferencia y diversidad social. Los marxistas al concebir la lucha de clases comprenden la diferenciacin en el seno del pueblo, tambin entienden que pueblo es una representacin que legitima la democracia burguesa. Paolo Virno recoge estas distinciones en la Gramtica de la multitud, Michael Hardt y Antonio Negri replantean estas diferencias en Imperio, Multitud y Commonwealth. Entonces la economa poltica del poder se encuentra diseminada. Esta situacin, este estado del arte no nos impide proponer una crtica de la economa poltica del poder.

Entonces el equivalente general es el poder, pensado como cdigo abstracto, voluntad/poder, pueblo/Estado. El poder es intercambiable, conmutable, valorizable y acumulable. ltimamente se ha escrito mucho sobre esta propiedad del poder; el conocimiento como poder, la informacin como poder, sobre las distintas formas del poder. El poder es disponibilidad de fuerzas, cuanto ms fuerzas se dispone ms poder se tiene. Efectivamente el poder se ha ejercido y ha funcionado de esa manera, de una manera abstracta. El poder ciertamente se ejerce sobre cuerpos concretos, sobre territorios concretos, sobre ciclos vitales, empero se lo hace a nombre de la voluntad general, a nombre del pueblo, a nombre de la nacin, que es otra abstraccin. La descarga efectiva del poder se la hace sobre cuerpos concretos, empero la produccin abstracta del poder se da lugar a travs de estas desconexiones, de estas separaciones abstractas, de estas autonomizaciones imaginadas e institucionalizadas, con ayuda de estos cdigos abstractos.

Ahora bien, desde la perspectiva de la crtica de la economa poltica generalizada, concretamente desde la crtica de la economa poltica del poder, lo primero que hay que establecer es que, adems de que la economa poltica del poder es una ideologa, la produccin de la ideologa del poder y del Estado, se trata del despojamiento y desposesin de la potencia social, de su reduccin, de su limitacin, de su administracin y de su canalizacin. Tambin su apropiacin privada, as como burocrtica.  

 

Crtica de la economa poltica de la colonialidad

Se entiende por colonialidad a la herencia colonial, resultado de la colonizacin, a la formacin de sociedades coloniales, estructuradas a partir de cdigos coloniales, sociedades que continan su decurso incluso despus de la independencia, en las llamadas sociedades postcoloniales. La colonialidad es una condicin histrica, aunque tambin es una problemtica, sin embargo, y a esto apuntamos, tambin podemos comprenderla como una economa poltica. La economa poltica de la colonialidad funciona a partir de equivalentes generales y cdigos binarios, construidos por la diferenciacin: blanco/negro, blanco/indio, blanco/mestizo, blanco/mulato. Cdigos que tambin pueden traducirse en otros ms abstractos, que esconden la discriminacin: individuo/no-individuo, ciudadano/no-ciudadanos, cosmopolita/provinciano. Qu es lo que unifica estas diferencias binarias? Qu es lo que circula? El hombre moderno, el hombre de mundo, el cosmopolita, el individuo. La colonialidad se caracteriza por la racializacin de las relaciones sociales. Qu es lo que se valoriza? Lo blanco, el significado cultural de ser blanco, la civilizacin dominante, la occidental y moderna. Los rasgos del conquistador se convierten en rasgos culturales y de civilizacin. La diferenciacin racial permite una valorizacin tnica. Una suerte de prestigio por la apariencia, en la que se incluye tambin la vestimenta, los comportamientos, las conductas, los modales. La colonialidad implica muchas veces una clasificacin extensa y detallada, minuciosa. A un principio, en las sociedades coloniales, se construye en el imaginario colonial como una nobleza de sangre, que despus, en las etapas posteriores de las sociedades postcoloniales, se transforma en prestigio econmico. Una especie de aristocracia conquistadora va a ser sustituida por la clase de los ricos, la burguesa.

Se da pues una suerte de acumulacin de prestigio tnico, de valorizacin tnica, debido a la apariencia distintiva, epidrmica, cultural, civilizatoria. Cundo estas valoraciones raciales se transforman en valoraciones de clase, no pierden su sedimentacin racial, incluso cuando el burgus es notoriamente no-blanco. La riqueza le otorga una apariencia, un prestigio tnico, mientras que las clases subalternas conservan el desprestigio del color, aunque sean blancos que hayan cado en desgracia. No es la raza el equivalente general, no es la raza lo que circula, sino una apariencia, ser-blanco, que contiene todo un significado histrico y cultural. En las sociedades coloniales y postcoloniales el ser-blanco est ligado a toda una memoria; fueron primero los encomenderos, despus los hacendados, los propietarios de tierras, de latifundios; tambin los propietarios de minas, aunque muchos de ellos ya eran mestizos; posteriormente son los empresarios; en sentido liberal los doctores, los profesionales, y en regiones donde se implementan los proyectos de desarrollo, los ingenieros. El ser-blanco tambin est asociado a ser el gobernante, el diputado, la autoridad administrativa, el oficial. Aunque estos perfiles se hayan mestizado, en el imaginario de la colonialidad se conservan los recuerdos primordiales. En todo caso, lo que importa es el mapa de diferenciaciones y clasificaciones conservadas, incluso cuando la nominacin de stas haya desaparecido. El prestigio tnico se encuentra en las sedimentaciones de las formaciones sociales postcoloniales. Por eso, cuando se experimentaron reformas democrticas y populares, que ocasionaron movilidad social, los jvenes mestizos e indgenas o, en su caso, afro-descendientes, buscan en la profesionalizacin universitaria una forma de acceder a esta valorizacin tnica.

Cul es el tema? Se observa en las sociedades postcoloniales contemporneas que, a pesar de experimentar procesos de democratizacin, de transformaciones populares, incluso recientemente de revalorizacin de lo indgena o, en su caso, de los afro, estas valorizaciones tnicas, este prestigio tnico, ligado al ser-blanco, no han desaparecido. Se encuentran en las sedimentaciones profundas de las sociedades coloniales o postcoloniales, y siguen significando el valor de los puestos, de los ttulos, de la riqueza y del poder. Estos temas plantean problemas fuertes a los proyectos de-coloniales. El problema de la herencia colonial no se resuelve con democratizaciones, con el acceso abierto, la disponibilidad, el desarrollo, incluso la revalorizacin de lo indgena, de lo afro, pues la raz del problema parece encontrarse en una economa poltica colonial, en una estructura de valorizacin racial inicial, que se reproduce en las estructuras de las sociedades postcoloniales, incluso en aquellas que experimentaron procesos amplios de democratizacin, as como de revolucin social, incluso, recientemente, por proyectos aparentemente de descolonizacin.

El problema radica en la economa poltica colonial o de la colonialidad, en el sistema de valorizacin racial, basada en los cdigos binarios, que pueden resumirse al cdigo blanco/no-blanco. Ocurre lo mismo que con la ficcin socialista, que cree escapar de la valorizacin abstracta recuperando el valor de uso, incluso cuando se incluye el referente de las necesidades. Esta naturalizacin es una ilusin, que no deja de reproducir la acumulacin ampliada de capital, ni escapar del modo de produccin capitalista, ms bien refuerza ideolgicamente la produccin de valores de cambio, de capital. La revalorizacin de lo propio, de lo indgena, de lo afro, que forma parte del cdigo colonial, termina reforzando el cdigo cultural colonial, la estructura binaria de diferenciacin tnica sobre el que se basa. De lo que se trata, para salir de la economa poltica colonial, es de salir de esta estructura binaria, de la circulacin del cdigo colonial. De lo que se trata es estar ms all de de la estructura binaria, blanco/no-blanco, blanco/indio, blanco/negro. Estas diferenciaciones los ha impuesto el colonialismo y los ha mantenido la colonialidad. Ni indio ni blanco, sino otro, otredad, devenires simblicos. Ninguna valorizacin abstracta cultural, racial, tnica. Otra relacin inconmensurable, no-valorizable, tampoco binaria. El gasto heroico, el derroche, el erotismo.

Silvia Rivera Cusicanqui plante agudamente que esta estructura colonial se asienta y se refuerza en la diferenciacin binaria hombre/mujer, haciendo recaer el peso de la dominacin colonial en las mujeres indgenas, tambin mestizas, las cholas, las birlochas, las chotas, toda la clasificacin minuciosa [21] . La ocupacin del lugar del ser-blanco le corresponde al hombre, al macho dominante. Esta economa poltica del cuerpo y del sexo tambin valora, sobre la base de la masculinidad. Se valora la figura dominante del macho, del patriarca. El hombre es el que circula, cuando lo hace la mujer, transgrede. En este caso, tambin tienen un problema las feministas, incluso las feministas radicales. No se escapa a la economa poltica del cuerpo y del sexo recuperando un lado del cdigo, el ocupado por la figura de la mujer. Aqu tambin se crea una ilusin y una ideologa, que termina reforzando la economa poltica del sexo, la valorizacin sexual. De lo que se trata es ir ms all de la economa poltica del cuerpo, de la economa poltica del sexo, de la estructura binaria hombre/mujer. Estos constructos culturales. Ni hombre, ni mujer, sino un devenir distinto. Subjetividades simblicas y simbolismo subjetivos densos, territorializados, corporeizados, mbitos de potencias creativas, ldicas, estticas, erticas.

Frantz Fann plante brillantemente este problema colonial, cuando devela la relacin con el hombre blanco a travs de otra relacin colonial en el hombre negro: mascara blanca en un rostro negro [22] . Esta identidad dolorosa, esta experiencia dramtica de la identidad, este conocimiento a travs de la piel, descubre que la nica manera de relacionarse con el blanco es siendo negro, que es la nica relacin que entiende el blanco. Entonces se es negro, de acuerdo a los cdigos blancos, mejor si se lo hace violentamente, alimentando los miedos y fantasmas del blanco. Ser ese otro que teme el blanco, ese otro para la mirada del blanco. Los cdigos de la relacin cambian, se pasa de blanco temido/negro temeroso, blanco dominante/negro esclavizado, a la relacin blanco temeroso/negro rebelde, blanco a la defensiva/negro sublevado. Por ms atrayentes que sean estos nuevos cdigos, siguen siendo eso, cdigos coloniales, cdigos de la economa poltica colonial. Lo que circula es el fantasma del negro rebelde y sublevado en un mundo dominado por las economas polticas blancas, incluyendo a las propias universidades y academias. Cmo ir ms all de esta estructura binaria despus de la rebelin, la sublevacin, la revolucin? Cmo salir de esta economa poltica colonial? Frantz Fann es tambin muy claro al respecto cuando hace el balance de lo que ocurre despus de la liberacin nacional. Internamente se ocupa el lugar del blanco, se restablece la relacin con la metrpoli, ahora en trminos econmicos, comerciales, financieros, diplomticos, sin salir de la dependencia. Al ocupar el lugar del blanco se hace lo mismo que l con los dems coterrneos, se usufructa del poder y de la riqueza, se generan circuitos de clientelismo, influencia y corrupcin. Se ha ocupado el lugar del blanco sin abolir su fantasma en un mundo negro.

El problema es entonces salir de la economa poltica colonial; la nica manera de hacerlo es aboliendo sus estructuras binarias, sus valorizaciones culturales, tnicas y raciales. La nica manera de hacerlo es saliendo de toda economa, que implica produccin, distribucin, circulacin, consumo, de valores, de valores de cambio, de uso, de signos, de poder, raciales y culturales. De lo que se trata es de vivir de otra manera, no en las esferas autonomizadas de la economa poltica generalizada.

La economa poltica colonial y de la colonialidad dibuja un mapa de lugares, de puestos, de espacios diferenciales, de marcas, de delimitaciones, de jerarquizaciones, de posesiones y propiedades. Toda esta cartografa colonial est atravesada por un sistema de valores diferenciales raciales, cdigos culturales, valorizaciones tnicas. Ahora bien, se trata de la idea de ser blanco, de la significacin colonial en el sistema de valores; se trata del lugar que se ocupa en el mapa. Este lugar no necesariamente la tiene que ocupar un blanco, puede no serlo. Cuando se ocupa el lugar del blanco, se adquiere toda la significacin colonial subyacente. Un burgus afro o indio, mestizo o mulato, adquiere la valorizacin colonial; se vuelve blanco, por as decirlo. Lo mismo pasa con los altos funcionarios, con las autoridades. Aunque estos hechos conmuevan a mentalidades racistas, apegadas a la sustancializacin de sus prejuicios, que creen que el color de la piel conlleva su propia condena, la economa poltica colonial funciona produciendo y consumiendo la valorizacin diferenciadora, reproduciendo el mapa de lugares, de disposiciones y jerarquizaciones, independientemente de quin lo ocupe. Por eso el sistema capitalista funciona mundialmente, forma burguesas nativas, burocracias nativas, oficiales nativos, profesionales liberales nativos. La lgica del sistema es reproducirse, reproducir su acumulacin y valorizaciones abstractas. La economa poltica colonial requiere de la reproduccin de este sistema diferencial racial, aunque sus significaciones se encuentren subyacentes en los nuevos cdigos y valores modernos, democrticos, aparentemente des-racializados. La estructura de la colonialidad se mantiene porque se conserva el sistema de valorizacin diferencial y jerrquico, las significaciones heredadas de los lugares y puestos. Por lo tanto, no se trata de ocupar el lugar de, sino de hacer desaparecer los lugares, los puestos, las disposiciones, es decir, el mismo mapa colonial y su sistema de valorizacin.

Podemos explicarnos ahora la preocupacin de Frantz Fann; la guerra de liberacin, la victoria independentista, la revolucin social, pueden ser tragadas, una vez concluidas, por el sistema que se reproduce por otros medios, en otro contexto y con otra gente, paradjicamente la gente que ha luchado contra el sistema. De lo que se trata no es de ocupar los lugares, puestos, disposiciones, espacios diferenciales del sistema, sino de abolir el sistema mismo; que no se hace nominalmente o con cambios de ocupantes, sino arrasando con su propia geografa social, econmica, poltica y cultural, con sus lugares, puestos y disposiciones; arrasando tambin con sus valorizaciones tnicas. Se trata de la configuracin de otra geografa social, econmica, poltica y cultural, de otra forma de construir los espaciamientos; por supuesto que no se trata de reproducir las valorizaciones diferenciales binarias, sino de vivencias estticas y simblicas de las relaciones, prctica y la creatividad social, del abierto flujo de sus expresiones, en perpetuo juego y combinatoria; algo parecido a lo que Boaventura de Sousa Santos llama ecologa de los saberes [23] , que supone una ecologa de las expresiones, as como debera estar inserta en una ecologa de las sensaciones y los sentidos.

La economa poltica colonial y de la colonialidad tiene una particularidad respecto a las otras economas polticas, a los otros sistemas de equivalentes generales, de produccin, circulacin y consumo abstractos; esta particularidad tiene que ver con varias caractersticas de avanzada, de articulacin, de expansin y promocin de las otras economas polticas y sistemas abstractos autonomizados, a travs de dos mecanismos tpicos coloniales, los relativos al despojamiento y desposesin. En principio la economa poltica colonial funciona como una avanzada, punta de lanza, cabeza de playa, enclaves; despus se expande y despliega articulando sus enclaves, comprometiendo a sus aliados nativos, avanzando con ellos en la toma de los territorios del interior. Este curso parece repetir el avance, la penetracin al interior de Mxico y la toma de Tenochtitln por Hernn Cortes. La economa poltica colonial entra inmediatamente en contradiccin y en antagonismo con las formaciones comunitarias, las armaduras culturales, los sistemas simblicos, las densas formas de expresin, los contenidos imaginarios y materiales de las formaciones sociales y culturales nativas, comprendiendo sus actividades de produccin, reproduccin y consumo, interpretados como parte de los ciclos de la vida en las cosmovisiones propias. La economa poltica colonial despoja y desaposesiona a las sociedades y comunidades nativas no solamente de sus territorios y vinculaciones estructurales con los seres de la madre tierra, los ciclos vitales, lo que los economistas capitalistas han reducido al trmino de recursos naturales, sino tambin que desarman las armaduras simblicas, los sistemas simblicos, las estructuras imaginarias de las ceremonias, ritos y danzas, que son formas de comunicacin con los seres de la madre tierra. As mismo destruyen las materialidades prcticas y de relaciones sociales comunitarias en base a las que se expresan y se dan sentidos las sociedades y comunidades nativas. En otras palabras, asolan esta geografa y espesor de territorialidades complejas, complementarias y recprocas, integradora de ciclos de vida. La violencia colonial ha resuelto lo que considera obstculos y resistencia a su paso conformando un desierto, tierra asolada, donde se encuentran diseminados los fragmentos de las culturas, civilizaciones y sociedades nativas. El terreno est preparado entonces para la penetracin, asentamiento, desarrollo, de las otras economas polticas, de los otros sistemas de valorizacin y acumulacin abstractos.

La economa poltica colonial se comporta como un espacio articulador de las distintas economas polticas y sistemas abstractos autonomizados, incluso utiliza el funcionamiento de estos otros sistemas para continuar por otros medios los procesos de colonizacin, asentamientos y consolidacin coloniales, ahora dados en forma de sociedad estructurada, la colonialidad. En esta etapa la economa poltica colonial articula adecuadamente y adaptativamente las economas polticas del cuerpo, la economa poltica de la produccin, circulacin y consumo de mercancas, la economa poltica del signo, la economa poltica del poder. La modulacin de los cuerpos es quizs la ms importante de las inscripciones del poder en la superficie y en el espesor de los cuerpos. Estas modulaciones son indispensables para la produccin, la circulacin y el consumo capitalista; el disciplinamiento, la domesticacin y el control de los cuerpos son las estrategias desplegadas en programas y proyectos institucionales modernos. La conformacin del Estado, que se efecta por la configuracin del campo burocrtico y administrativo, por el despliegue del mapa institucional moderno, es tambin indispensable, no solo como organizacin estratgica, sino tambin como maquinaria instrumental, heurstica, para la transformacin y configuracin del campo social a imagen y semejanza del Estado moderno. Esta transformacin del campo social se da lugar por medio del ejercicio pedaggico, educativo y formativo del campo escolar. La sociedad moderna conformada est lista para la produccin, circulacin y consumo de los signos y significados modernos. Lo que fueron las sociedades nativas, que pasaron por procesos de mestizaje, y ahora, en gran parte se encuentran modernizadas, afectadas por la modernidad, ya forman parte del conglomerado complejo del sistema-mundo capitalista.

La colonialidad entonces pasa de y combina los mecanismos de despojamiento y desposesin con el funcionamiento de las economas polticas de procesos de abstraccin autonomizadas. La colonialidad es necesaria incluso en etapas avanzadas de los ciclos del capitalismo, en el actual ciclo largo del capitalismo bajo el dominio norteamericano, pues las resistencias, las alterabilidades sociales, las alternativas de sociedad, las rebeliones y proyectos emancipatorios, se recrean constantemente. La actualizacin de las memorias ancestrales concurre en concomitancia con las luchas sociales. La economa poltica de la colonialidad es un recurso estratgico indispensable, as como lo es la polica, el ejrcito y el Estado, pues por los procedimientos de descalificacin de los saberes culturales, los saberes de la gente, los saberes concretos, aunados con los procedimientos de despojamiento y desposesin, contiene, controla, busca desarticular las resistencias, manteniendo el espacio des-territorializado para la realizacin del desierto capitalista.

Podemos decir que la economa poltica de la colonialidad es propia del sistema-mundo capitalista, pues le permite articular su propia complejidad, la diversidad de sociedades, de culturas, de lenguas, de formas de Estado y formas de gobierno, de caractersticas particulares de las economas nacionales, coadyuvando al proceso de acumulacin de capital a escala mundial. La economa poltica de la colonialidad funciona a la vez como una heurstica y una hermenutica de la interculturalidad reducida instrumentalmente, propia del sistema mundo capitalista. Hablamos de una interculturalidad cosmopolita y liberal, un multiculturalismo liberal y una interculturalidad adecuada a la traduccin con fines de circularidad de los equivalentes generales. Por eso sospechamos que lo que llamamos economa poltica de la colonialidad no funcione de la misma manera que las otras economas polticas autonomizadas, tampoco aparece como una autonomizacin, aunque una pretendida expresin de-colonial aparezca como una autonomizacin acadmica, los estudios postcoloniales. La economa poltica de la colonialidad funciona como un mapa de conexiones, de puentes, de confluencias y realizaciones de las distintas economas polticas. No deja de ser una economa pues no deja de producir valorizaciones diferenciales, jerrquicas, delimitadoras, y al mismo tiempo vincula las otras producciones, circulaciones y consumo de valorizaciones abstractas.

Lo que dijimos es ilustrativo; nos muestra fehacientemente que no solo el colonialismo es primordial en la formacin del capitalismo, en tanto acumulacin originaria del capital, por medio del despojamiento y desposesin, sino que la colonialidad es intrnseca a la reproduccin del sistema-mundo capitalista, requiere de esta interculturalidad reductora, de esta traduccin instrumental, para efectos del funcionamiento de la economa poltica generalizada. La economa poltica de la colonialidad es como el marco separador y de irrupcin general en el que se mueven los distintos sistemas de procesos de abstraccin autonomizados.

Vamos a hacer un apunte ms, ste tiene que ver con una contradiccin inherente al sistema-mundo capitalista. La pretensin de verdad de las economas polticas generalizadas es funcionar de manera autonomizada y abstracta, separadas, compartimentadas y sin interferencias del caos de las dinmicas sociales entrelazadas. Sin embargo esto no ocurre, no puede ocurrir, tan slo puede ejercerse esta autonomizacin de manera institucionalizada. Es el espacio estriado, ordenado, delimitado, de los campos institucionales, el que resguarda la apariencia de este funcionamiento de los procesos de abstraccin. Las dinmicas efectivas sociales no han desaparecido, no pueden desaparecer, son la matriz histrica-social-cultural efectiva que en definitiva sostiene los proyectos y funcionamientos de la economa poltica generalizada. Sin esta potencia proliferante y bullente, sin esta energa social, no podra conformarse ni funcionar el sistema-mundo capitalista ni las distintas economas polticas que lo conforman. Toda la economa poltica generalizada funciona como ideologa, como ilusin, como ficcin, sostenida por el ejercicio de la materialidad institucional, jurdica y poltica de la efectuacin descomunal del poder. Empero, la sociedad efectiva no puede comprenderse por estas determinaciones, tampoco por la sobre-determinacin de los sistemas de produccin, circulacin y consumos de valores abstractos, sino, indispensablemente, por la indeterminacin de las dinmicas sociales, por su capacidad auto-creativa, por sus lneas de fuga y flujos emancipadores. Hablamos de una sociedad alterativa, que funciona como caosmosis organizador, como complejidad azarosa ordenadora y reguladora en trminos de combinatoria y juegos alternativos.

Entonces la presencia de la economa poltica de la colonialidad, que articula los distintos sistemas abstractos, que recurre al despojamiento y desposesin, que hace de contencin y control de las resistencias, que conecta y articula las distintas economas polticas, muestra claramente una contradiccin inherente del sistema-mundo. La existencia de un espacio conector, de efectuacin de la violencia colonial, de produccin, circulacin y consumo de cdigos diferenciadores raciales, de jerarquizacin, marca y delimitacin, muestra que se requiere de esta maquinaria solidifica para sostener los sistemas de procesos de abstraccin y autonomizados de la economa poltica generalizada. Obviamente la colonialidad no es democrtica, pues conserva las significaciones discriminadoras, empero es como el substrato diferenciador que sostiene las formalidades democrticas, igualitarias, interculturales, de los Estado-nacin y las sociedades modernas. Entonces ocurre que con la recurrencia a la economa poltica de la colonialidad la economa poltica generalizada devela su propia oscuridad espesa, como si demostrara no slo su propia contradiccin inherente, sino su propia imposibilidad. Las autonomizaciones son una ilusin, los procesos de abstraccin son ideolgicos, la acumulacin es abstracta, el desarrollo un imaginario, que slo se sostienen por el despojamiento y desposesin de las dinmicas sociales efectivas. Entonces, para decir algo, aunque los trminos no sean suficientemente adecuados, la realidad efectiva, que es indeterminada, lo real, que es imposible, lo que escapa a la ideologa, es la constante guerra desencadenada del orden mundial, imperial o imperialista, de los Estado-nacin, de los mapas institucionales modernos, contra las resistencias persistentes de las dinmicas sociales efectivas. Para decirlo de algn modo, lo nico real del sistema es su violencia descomunal y constante de despojamiento y desposesin.

 

 



[1] Jean Baudrillard: El espejo de la produccin. Gedisa 1996; Barcelona. Pg. 139.

[2] Ibdem: Pg. 139.

[3] Termino usado por Flix Guattari, combina caos y cosmos, en sentido activo.

[4] Revisar de Cornelius Castoriadis La Institucin imaginaria de la sociedad. Dos tomos. Tusquets 2003. Buenos Aires.

[5] Revisar de Michel Foucault La hermenutica del sujeto. Fondo de Cultura Econmica 2002; Buenos Aires. Tambin del mismo autor El gobierno de s mismo y de los otros. Fondo de Cultura Econmica 2009; Buenos Aires.

[6] Revisar de Jean Baudrillard Crtica de la economa poltica del signo. Siglo XXI 2009; Mxico.

[7] Jean Baudrillard; Ob. Cit.; pgs. 150-151.

[8] Ttulo del libro de Jean Baudrillard citado.

[9] En Crtica de la economa poltica del signo de Jean Baudrillard. Ob. Cit. Pg. 168.

[10] Ibdem: Pg. 170.

[11] Ibdem: Pgs.170-171.

[12] Ibdem: Pg. 171.

[13] Ibdem: Pg. 172.

[14] Ibdem: Pg. 186.

[15] Ibdem: Pg. 189.

[16] Ibdem: Pg. 189.

[17] Ibdem: Pg.190.

[18] Ibdem: Pg.190.

[19] Ibdem: Pg. 190.

[20] Revisar de Michael Hardt y Antonio Negri Commonwealth. El proyecto de una revolucin comn; Akal 2009; Madrid.

[21] Revisar de Silvia Rivera Cusicanqui Bircholas. Trabajo de mujeres, explotacin capitalista y opresin colonial entre las migrantes aymaras de La Paz y El Alto. Mama Huaco 2001; La Paz.

[22] Leer de Frantz Fann Los condenados de la tierra. Fondo de cultura econmica. Mxico. Tambin revisar del mismo autor Dialctica de la liberacin. Ediciones Pirata. Buenos Aires; as como Piel negra, mscaras blancas. Akal. Madrid.

 

[23] Revisar de Boaventura de Sousa Santos: 1991: Estado, Derecho y Luchas Sociales. Bogot: ILSA. 1998: La globalizacin del derecho: los nuevos caminos de la regulacin y la emancipacin. Bogot: ILSA, Ediciones Universidad Nacional de Colombia. 1998: De la mano de Alicia. Lo Social y lo poltico en la postmodernidad. Bogot: Siglo del Hombre Editores y Universidad de los Andes. 2000: Crtica de la Razn Indolente. Contra el desperdicio de la experiencia. Bilbao: Editora Descle de Brouwer. 2004: Democracia y participacin: El ejemplo del presupuesto participativo de Porto Alegre. Mxico: Quito: Abya-Yala. 2004: Democratizar la democracia: Los caminos de la democracia participativa. Mxico: F.C.E. 2005: Foro Social Mundial. Manual de Uso. Barcelona: Icaria. 2005: El milenio hurfano: ensayo para una nueva cultura poltica. Madrid: Trotta. 2005: La universidad en el siglo XXI. Para una reforma democrtica y emancipadora de la universidad, trabajo compartido con Noamar de Almeida Filho. Mio y Dvila Editores. 2006: The Heterogeneous State and Legal Pluralism in Mozambique, Law & Society Review, 40, 1: 39-75. 2007: La Reinvencin del Estado y el Estado Plurinacional. Cochabamba: Alianza Internacional CENDA-CEJIS-CEDIB, Bolivia. 2007: El derecho y la globalizacin desde abajo. Hacia una legalidad cosmopolita. Con Rodrguez Garavito, Csar A. (Eds.), Barcelona: Univ. Autnoma Metropolitan de Mxico / Anthropos. 2008: Conocer desde el Sur: Para una cultura poltica emancipatoria. La Paz: Plural Editores. 2008: Reiventar la democracia, reinventar el estado. Espaa: Sequitur. 2009: Sociologa Jurdica crtica: Para un nuevo sentido comn del derecho. Madrid: Trotta. 2009: Pensar el estado y la sociedad: Desafos actuales. Argentina: Hydra Books. 2009: Una epistemologa del SUR. Con Mara Paula (Eds.) Mxico: Siglo XXI Editores. 2010: Refundacin del estado en Amrica Latina: Perspectivas desde una epistemologa del sur. Mxico: Siglo XXI Editores.



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