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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-11-2012

Cuaderno de depresin: 14

Albert Recio Andreu
Mientrastanto.es


Narciso y la crisis

La economa se presenta como una disciplina econmica respetable. Es la nica de las ciencias sociales que tiene un Premio Nobel. La sofisticacin matemtica de los modelo s econmicos, su elegancia formal, la dotan de un aura de seriedad innegable. El crecimiento econmico experimentado en los dos ltimos siglos le confieren legitimidad social, ya que en gran medida la historia del capitalismo industrial coincide en el tiempo con el desarrollo de la disciplina. Las instituciones econmicas supranacionales son presentadas como centros de aplicacin de los avances cientficos a escala planetaria. Las recetas econmicas se consideran parecidas a las recetas mdicas, pensadas para curar a las sociedades enfermas y vigorizar al resto.

Una mirada en profundidad percibe que bajo esta fastuosa representacin existen muchos puntos de fractura. El anlisis econmico dominante (lo que en la profesin llamamos economa neoclsica) es objeto de numerosas y acertadas crticas por las diversas corrientes heterodoxas (marxistas, sraffianos, institucionalistas, poskeynesianos, feministas, ecologistas polticos...) y por cientficos de otras disciplinas (como los psiclogos cognitivos, los eclogos, etc.). El crecimiento econmico no ha garantizado el bienestar material bsico al conjunto de la humanidad, y resulta cada vez ms evidente que se ha sustentado en una depredacin a corto plazo de un conjunto de bienes naturales irreemplazables. Las instituciones econmicas como el FMI o la OCDE no solo han fallado repetidamente en sus previsiones, sino que a menudo han propiciado la aplicacin de polticas que han generado mayores males que los que pretendan paliar. Pero todas estas crticas y fracasos no parecen haber afectado ni al pensamiento econmico dominante, ni a las polticas que se practican ni al discurso de las lites. Los economistas, sus instituciones y los polticos que los apoyan son como Narciso, tan admiradores de sus propias ideas y modelos que parecen incapaces de llevar a cabo una revisin crtica de las mismas. Narciso acab ahogado por su incapacidad para mirar otra cosa que no fuera su imagen reflejada en el agua. Por desgracia, el comportamiento de estos narcisos recae en millones de personas que no tienen la culpa de su egolatra, su incompetencia y su falta de sentido colectivo.

Los ltimos sucesos son relevantes. El Fondo Monetario Internacional anuncia un importante cambio en sus previsiones econmicas para el prximo ao. Donde antes haba estancamiento ahora se anuncia recesin. Se reconoce que las polticas de ajuste, que ellos mismos recomiendan, son las causantes de este cambio de previsiones, pero nadie asume ni el error anterior ni plantea en serio la revisin de sus polticas. Lo mismo ocurre en la Unin Europea, donde la troika sigue proponiendo ajuste, ajuste, ajuste sin importarle los costes sociales que provocan ni tomar nota de los efectos que dichas polticas estn provocando en la dinmica econmica. Siguen defendiendo el mantra de aligerar el Estado como va para recuperar la economa, cuando la evidencia emprica existente muestra que los pases con mayor peso de lo pblico estn capeando mejor la crisis que aquellos donde este es ms dbil. Recientemente el ETUI (el Instituto de los Sindicatos Europeos, con sede en Bruselas) ha publicado un estudio sobe Letonia, el primer pas al que se aplic una poltica de ajuste diseada por el FMI y la troika [1]. Un plan de ajuste basado en un fuerte recorte del gasto pblico y de los salarios privados, justificado para que mejorara la competitividad externa del pas y las exportaciones tiraran de la economa; ms o menos lo que ha constituido el modelo de ajuste que la ortodoxia econmica lleva aos propugnando. A pesar de que la economa letona est especialmente conectada con alguna de las economas que menos han padecido la crisis (los pases escandinavos y Polonia), no hay evidencia alguna de que haya obtenido una mejora sustancial de la competitividad ni de que haya conseguido aumentar sustancialmente su cuota de mercado exterior. Lo nico que parece haber mejorado la economa ha sido la emigracin del 10% de su fuerza de trabajo y su traduccin en remesas monetarias. Algo que tambin ha ocurrido en pases como El Salvador o Ecuador. Ni el modelo ha cumplido sus previsiones ni parece posible que la economa europea fuera a ser capaz de absorber la emigracin del 10% de la fuerza de trabajo de los pases del Sur de Europa. El caso letn, aunque limitado, es significativo porque constituye un ejemplo de libro de un pas que hizo los deberes sin calcular el coste social. Es lo mismo que constatamos da a da en Grecia, Portugal, Espaa.

No comparto la visin de los que piensan que la crisis ha sido una mera conspiracin para derribar al Estado del bienestar. Las crisis son consustanciales a la historia del capitalismo. Cuarenta aos de neoliberalismo haban generado tal cantidad de problemas irresueltos y de estructuras inadecuadas que hacan bastante probable que la crisis tuviera lugar. Lo que resulta evidente es que, una vez iniciada, la combinacin de intereses de las lites dominantes y de doctrinarismo intelectual est conduciendo a una regresin social sin precedentes. Las lites estn cegadas por la bondad de su modelo y por las ganancias a corto plazo que el ajuste les proporciona. Pero el final de la historia no est escrito. Como Narciso, corren el peligro de ahogarse en su propio sueo. Aunque el principio de precaucin nos obliga a no esperar sentados, a activar el proceso mediante acciones diversas culturales, reivindicativas, polticas, propositivas para acelerar el cambio. Y empezar por mostrar la evidencia de la distancia que media entre sus propuestas y su plasmacin real constituye un elemento bsico para construir la crtica.

Poltica del saqueo: postal de Catalunya

Es un hecho conocido que las polticas de ajuste contienen casi siempre una poltica de privatizaciones que beneficia a grupos privados. En teora, la venta de bienes pblicos se justifi ca no solo por la necesidad de equilibrar las cuentas pblicas, sino tambin porque se supone que la gestin privada mejorar la eficiencia del sistema. Es otro de los mantras de la ideologa neocapitalista que en muchos casos est lejos de probar su veracidad. En la prctica, ms bien parece que estas desamortizaciones a lo que s han contribuido es a enriquecer a unos pocos. Casi siempre, los gobiernos en dificultades malvenden sus activos y entregan monopolios naturales (empresas que desempean actividades econmicas donde es difcil que pueda funcionar un mercado competitivo) que garantizan rentas abundantes y seguras. Los planes de privatizacin y ajuste iniciados en la dcada de los ochenta y la liquidacin de la economa burocrtica de Europa del Este son prolijos en experiencias nefastas.

En Espaa tambin sabemos bastante de esta historia. Las privatizaciones del sector elctrico, de Telefnica o de la banca pblica, lejos de propiciar una mejora sustancial de la calidad de vida de la gente han sido fuente de grandes negocios para unos pocos. La crisis actual propicia un escenario novedoso favorable a una nueva oleada de privatizaciones que suponen otro saqueo de bienes pblicos en favor de unos pocos.

Catalunya, con un gobierno que es ms papista que el papa en materia de neoliberalismo, presenta una nueva coleccin de ejemplos de lo que significa la privatizacin. Algo que no debera sorprender de un Govern cuyo conseller de Economia i Universitats es el principal promotor de una escuela privada de economa la Barcelona Graduate School of Economics que desarrolla sus cursos en centros pblicos y que ha obtenido una generosa financiacin estatal. La poltica de privatizaciones sigue, adems, una lnea de promocin de los intereses privados a partir de instituciones pblicas construido por los gobiernos de CiU, especialmente en la sanidad pblica.

La gestin del agua [2]

Hasta ahora, donde la situacin est ms avanzada es en la gestin del agua. El agua en Catalunya ha sido un negocio desde hac e aos. No es casualidad que el mayor grupo privado de gestin del agua en Espaa, Agbar, tenga su origen en la Sociedad General de Aguas de Barcelona, que gestiona el servicio en la capital catalana desde 1889. Ahora asistimos a una vuelta de tuerca en dos frentes. En primer lugar, la privatizacin de Aiges Ter Llobregat (ATLL), la empresa pblica encargada del suministro del agua en alta, desde los pantanos donde se toma el agua hasta las zonas metropolitanas. La justificacin es la deuda que mantiene ATLL, una deuda provocada fundamentalmente porque la compaa se vio forzada a realizar importantes inversiones a cuenta de la Generalitat y esta no aport los fondos a los que estaba obligada. Ahora la deuda es la coartada para la privatizacin. Para hacerla atractiva, la Generalitat ha ido rebajando el precio de licitacin, asumiendo la deuda, facilitando los plazos de pago y garantizando un importante aumento de tarifas que garanticen el beneficio. Segn los clculos de la propia Generalitat, el ganador pagar unos 300 millones de euros y tiene garantizado un beneficio de 1.800 millones. Si todo ello ya era de por s escandaloso, esta semana se ha sabido que la empresa que resultaba mejor puntuada para quedarse con ATLL era el grupo Acciona (de la familia Entrecanales), pero un sector del propio Govern trata de alterar el resultado y dar por ganador al grupo Agbar.

Pero si esto ya es de por s escandaloso, es peccata minuta frente a la segunda operacin, la creacin de una empresa metropolitana en el rea de Barcelona para la gestin de agua en baja (suministro a hogares y negocios) y del saneamiento.

La historia de este segundo caso es enrevesada. Hace aos, El Pas public una informacin segn la cual Agbar gestionaba el agua de Barcelona sin tener contrato. En 2010, en un pleito privado el juez sentenci que la empresa no tena derecho a su demanda porque operaba en una situacin de irregularidad legal. Potencialmente esto abra una situacin peligrosa para Agbar, pues corra el peligro de perder el contrato sin indemnizacin alguna (por ejemplo, abra la posibilidad a una remunicipalizacin). La respuesta de la empresa se dio en una doble va: por una parte sobre el propio Consejo General del Poder Judicial, con el que acord promover una fundacin para tratar los problemas jurdicos de la gestin del agua, y, por otra, activando su densa red de conexiones con los polticos locales para llegar a una solucin que le garantizara seguridad jurdica. Esta poltica en la sombra ha resultado a la postre rentable. Finalmente, la Corporacin Metropolitana de Barcelona ha acordado crear una empresa conjunta con Agbar (de la que esta controlar el 80%) para la gestin en toda el rea. Nada ms y nada menos que un regalo a Agbar que de un plumazo le resuelve todos sus problemas legales, realizado con total discrecin, sin ni siquiera convocar un concurso al que se pudieran presentar potenciales competidores. El apagn informativo ha sido total. Se lleg a silenciar una rueda de prensa de ICV-EUiA donde se denunciaba la operacin. Cuando, desde la junta de la Federaci dAssociacions de Venes i Vens de Barcelona preguntamos a altos dirigentes socialistas por el tema, nos dijeron no saber nada (faltaba una semana para la aprobacin inicial). La opacidad informativa ha sido bsica para tapar lo que en cualquier lugar es un escndalo.

Ambas operaciones presagian un fuerte incremento del precio del agua que pagarn los particulares y la prdida total de control pblico en la gestin de un elemento tan esencial como el agua.

Aunque ninguna de las dos operaciones est cerrada y existe una cierta respuesta no solo de activistas sino tambin de alcaldes que las ven como un ataque a sus intereses (algunos ayuntamientos cuentan con empresas pblicas de gestin del agua, algunas mucho ms eficientes que las gestionadas por Agbar, y la mayora han aportado patrimonio que ahora pasar a manos de las empresas beneficiarias), es bastante probable que ambas operaciones acaben por fructificar. Y, segn cmo acabe el concurso de ATLL, puede que toda la gestin del agua quede en manos de un monopolio privado, bajo control del grupo francs Suez Environment (y una participacin minoritaria del privatizado CaixaBank).

La sanidad en venta

La sanidad siempre ha sido un negocio privado o, como es t ahora de moda decir, un partenariado pblico-privado. La obsesin convergente por la sanidad privada ya supuso en el pasado una aportacin millonaria de las arcas pblicas a procesos fallidos o fraudulentos, como el del Hospital General de Catalunya o la Aliana.

Solo recientemente se ha podido sacar a la luz el saqueo a que ha sido sometida parte de la sanidad pblica catalana por parte de sus gestores y las empresas concesionarias de servicios o constructoras de nuevos centros. La mayora de estas irregularidades fueron descubiertas por la Sindicatura de Comptes hace unos aos, pero, como se trata de un rgano colegiado, los pactos entre CiU y PSC impidieron que salieran a la luz. Ahora sabemos que se ha producido un sistemtico drenaje de fondos, y estn imputados varios de los principales directivos de la sanidad pblico-privada.

Lo que ahora se prepara es un paso ms en esta estrategia de saqueo. Esta vez la informacin proviene de fuentes de segunda lnea, y lo que dicen estas fuentes es que se est preparando una operacin de privatizacin directa del Hospital Clnic de Barcelona, el antiguo hospital universitario de la ciudad. El Clnic lleva largo tiempo con problemas econmicos y ha acumulado una deuda importante [3]. Tambin ha sido pionero de una privatizacin a la carta, pues cuenta con un rea de atencin especial para enfermos de pago. All, por ejemplo, fueron atendidos el rey Juan Carlos y la multimillonaria Alicia Koplowitz; por lo que se ve, las listas de espera flexibles forman parte de esta atencin especial. Ahora lo que se est preparando es una operacin de privatizacin pura y dura en que la Generalitat asumira la deuda y cedera a bajo precio el hospital. Entre las personas que parecen impulsar el proceso se encuentran el propio director del hospital y empresarios locales ligados al sector de la asistencia geritrica (Ravents Negra, parte de la familia propietaria de Codorniu). Se habla incluso de capital catar, en los ltimos tiempos muy activo en la ciudad. De hecho, hace tiempo que entre los grandes proyectos estratgicos de las lites locales figura el de convertir la ciudad en un centro sanitario para los ricos del mundo, y el Clnic constituira un centro de prestigio para vertebrar esta poltica. El dficit y la necesidad de apuntalar la sanidad pblica con ingresos adicionales pueden ser la coartada para justificar esta poltica de regalo de patrimonio pblico al sector privado. Se trata de una accin impopular que de momento parece haber retrasado la operacin hasta pasadas las elecciones (tambin en esto la derecha local se parece a la de Madrid), pero el peligro, para el Clnic y para otros centros, est ah desde que la aprobacin el ao pasado de la llamada ley mnibus autoriza al Gobierno cataln a vender o alquilar parte de los centros sanitarios pblicos a operadores privados. Aparte de un negocio redondo, esto permitira a las empresas privadas ofrecer unos servicios de calidad que hasta ahora todo el mundo saba que estaban en la sanidad pblica.

A la crisis llega mos con polticas corruptas en materia urbanstica y de gestin de servicios pblicos. La crisis es ahora la coartada para transferir a precio de saldo el poco patrimonio pblico que quedaba. Hace aos Marx teoriz el concepto de acumulacin primitiva de capital para mostrar que el despegue del capitalismo se haba producido por un proceso de concentracin de riqueza por medios polticos (en las colonias y en las metrpolis), por un cambio en las reglas del juego que, por ejemplo, haba permitido pasar a manos privadas los terrenos comunales. Ciento cincuenta aos despus, resulta evidente que este tipo de procesos no son solo la prehistoria del capitalismo, sino que forman parte sustancial del modelo de acumulacin de la era neoliberal. En este sentido, las polticas de amiguitos del Govern de Mas son rabiosamente modernas.

Notas

[1] R. Janssen, Does austerity work after all?, ETUI Policy Brief 9/2012.

[2] Toda la informacin correspondiente a este proceso puede consultarse en la pgina web de la Plataf orma Aigua s Vida. La plataforma agrupa a una serie de organizaciones cvicas y ecologistas de Catalunya opuestas al actual proceso de privatizacin.

[3] La informacin solo la ha publicado el peridico digital eldiari.cat y firma la informacin el periodista Alfons Quint.

Fuente: http://www.mientrastanto.org/boletin-107/notas/cuaderno-de-depresion-14



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