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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-05-2005

La vida en prisin (notas)
Qu es la crcel?

Blas Lpez-Angulo
Rebelin


"Si me preguntaran qu es la crcel os respondera sin dudar que es el basurero de un proyecto socio-econmico determinado, al cual arrojan todas aquellas personas que molestan dentro de la sociedad: por eso la crcel alberga principalmente pobres..." (Xos Tarro)

Jos estuvo ingresado desde el 28 de junio hasta el pasado domingo 4 de julio, todava debera seguir ingresado ya que los mdicos necesitan hacerle ms pruebas pero se ha visto obligado a pedir el alta voluntaria por culpa de un polica que le custodiaba que era un autntico canalla, se pas todo el da provocndole y sobretodo cuando estaba su madre para obligarle a saltar y poniendo la situacin mucho ms difcil de lo que ya era.

En este momento lo ms importante es convencer a Jos para que vuelva a pedir que le saquen al hospital ya que si le da una crisis en la crcel nadie le puede atender. Si Jos pide que le saquen y la crcel se niega a volver a sacarle tendremos que centrar en este punto la protesta.

Tambin se va a pedir la excarcelacin por el art.60 ( enfermedad incurable) pero no va a ser fcil porque los jueces son poco proclives a concederla. El abogado no puede presentar el escrito hasta que tenga el informe mdico para lo que hace falta realizar ms pruebas y eso estando en la crcel es imposible.

Otro punto importante es el de protestar por el denigrante trato que ha padecido desde que ingres en la crcel por primera vez hace 19 aos y muy especialmente por el trato que recibieron Jos y su madre por parte de los policas que le custodiaban en el hospital , el primer da ni siquiera dejaron que la madre visitase a Jos despus de pasar ms de 14 horas en el hospital. Por cierto, es posible que la parlisis se deba a un golpe que le dio un carcelero hace 10 aos en la crcel del Dueso.

El pasado lunes 28 de junio Jos fue ingresado en el hospital Juan Canalejo de Corua porque tena el brazo izquierdo casi sin fuerza y le costaba mucho moverlo, las pruebas mdicas detectaron una parlisis cerebral debido a una embolia o una trombosis ( los mdicos necesitan hacer ms pruebas para saber ms exactamente que es lo que le pasa). La enfermedad no le ha afectado nada a la cabeza, pero adems del brazo tiene la pierna izquierda debilitada ( anda bien pero le cuesta levantarse y sentarse ya que ha perdido fuerza), la cara la tiene un poco torcida y ha perdido tacto en el lado izquierdo pero no se nota demasiado. Los mdicos no han dicho nada sobre la evolucin de la enfermedad pero parece que est estabilizada y que con los ejercicios de rehabilitacin podr recuperar algo de la movilidad perdida.

Gracias por el apoyo que siempre habis mostrado a nuestro compaero. Ya sabis que ahora se encuentra en la crcel as que le podis escribir: Jos Tarro Gonzlez C.P. de Teixeiro Ctra. de Paradela s/n 15310 Teixeiro ( Corua)

Por desgracia, ya no. Falleci a primeros de ao. Fue llevado desde su celda a un hospital penitenciario apenas unos das antes de su muerte. La poblacin reclusa en el Estado espaol se acerca, sino es que ya sobrepasa, los 60000. Son muchos ms de los que se piensa los que enferman e incluso pagan con su vida como es el caso de Xos Tarro. (En realidad se piensa poco y se paga ms all del fallo condenatorio, suspendiendo garantas y derechos que, legalmente, no les fueron limitados. Pero bogamos contracorriente).

Tarro pag su rebelda, su oposicin a esas otras penas que se padecen muros adentro, que no estn escritas y, por tanto, extramuros no existen. Escribi unas memorias (Huye, hombre, huye, publicadas en Virus), de verdad, como pocas! Y la verdad tambin se paga.

Ogni promessa debito: lo prometido es deuda. Hoy no toca hablar de cine Garfia, una vida en prisin llevada al cine (Rebelin, 27-9-04),sino de lo debido desde entonces. Hace unos aos me pidieron unas notas sobre el proyecto Bara (sobre las mujeres gitanas en prisin, en cal bara es crcel de mujeres). Las que siguen son algunas reflexiones en torno al universo penitenciario. El autor de las mismas deseara que perdiesen su vigencia con el mismo vrtigo que se suceden los cambios en los mercados de la tecnologa y el consumo. Y que no fuese a peor, claro: con ya ms de 60.000 presos en las crceles del Estado.

COLPIRNE UNO PER EDUCARNE CENTO

1) La nica literatura (sobre Sociologa de la crcel) existente en los pasados decenios ha sido la Revista de Estudios Penitenciarios del Ministerio de Justicia, discurso del llamado "penitenciarismo oficial", que no transciende del estricto mbito jurdico-normativo, al tratarse de anlisis penitenciarios apegados a las normas jurdico-positivas de diversas pocas. Afortunadamente, en los ltimos aos, aun careciendo de aportaciones provenientes de las ciencias jurdicas, s que han aparecido estudios, en gran parte tesis doctorales, desde otras ramas sociales que evidencian la necesidad de una investigacin pluridisciplinaria: La crcel, los movimientos sociales y una cultura de la resistencia, (I. Rivera, Barcelona, 1993) es un ejemplo y estudio pormenorizado sobre la devaluacin de los derechos de las personas presas. As como desde la psicologa social, Garca Bors- Esp, 1993 ha cuestionado la finalidad reeducadora de las instituciones penitenciarias; desde los desa rrollos propios de la sociologa, Manzanos (1987 y1991) ha analizado el proceso a travs del cual las familias y entornos de los reclusos son objeto de un proceso de criminalizacin paralelo; a partir de las contribuciones de la antropologa Zino ,1996, ha elaborado una de las primeras etnografas penitenciarias en Espaa. Difcilmente pueden cambiar las cosas, mientras tanto, si no se va edificando una cultura de resistencia que ayude a denunciar la desolacin de las vctimas de nuestro sistema carcelario.

2) Teoras sociales del etiquetaje (labeling approach)

Las denominadas "labeling theories", cuyo origen data de los aos sesenta han dado un giro importante a la orientacin cientfica dominante de la investigacin -el paradigma etiolgico: estudio de las causas y el origen de los comportamientos desviados-. No obstante el ultraliberalismo imperante trata de volver a la responsabilidad individual de las conductas delictivas, desoyendo todo lo anterior y a Marx, que ya nos haba hablado de la sobredeterminacin econmica de las conductas individuales.

Efectivamente, delito y delincuente son categoras construidas por el poder. Ni siquiera el homicidio es un delito comn para todas las culturas, en cuanto que hay guerras santas, humanitarias, etc. Muchos ejemplos pueden probar como una actividad ocasional -romper unos cristales tras una primera borrachera juvenil -segn quien la ejecuta merece un reproche tibio o sancionado penalmente (V. Sociologa de Giddens, gamberradas de nios bien o iniciacin desviatoria de menores marginados). La discrecionalidad del poder es tal que difcilmente se le escape a nadie, basta con observar la objetividad de las decisiones del jefe de cada cual en el trabajo para hacer ociosas todas aquellas elucubraciones filosficas acerca de que conocer no es descubrir la realidad sino construirla, en cuanto la realidad est hecha con ideas, como dice Manuel Garca Calvo, "si me empeo en saber a Fulano, en saber, por ejemplo, que es idiota, mi idea de l de hecho se le ir imponiendo, y acabar comp ortndose como espero que se comporte y siendo tan idiota como yo s que es" (etiquetaje secundario, esto es, la vctima se cree su papel). Conclusin: Las relaciones humanas, sociales son relaciones de poder, como dira Foucault, quien se imponga pondr el derecho y dir quien es quien y que le est permitido hacer o ms bien que le est vedado.

As antes para el rico un pobre no poda ser honrado y de hecho la miseria envilece, aunque Franco, verbigratia, educara a las depauperadas clases populares en la mxima de "pobres, pero decentes". Ahora el extranjero, aqu el "moro o sudaca es un delincuente", aunque no olvidemos que el gitano ha sido siempre prototipo de "vago y maleante".

Otro dato muy ilustrativo sobre las clases sociales y el operar selectivo de la polica (que sirve al poder): A pesar del elevado coste de la delincuencia de cuello alto, las autoridades la tratan con ms indulgencia. En USA, existen estudios que demuestran como la cantidad de dinero que manejan los delitos de cuello blanco es cuarenta veces mayor que la que se maneja en los delitos ordinarios contra la propiedad. Aunque, todo su alcance es difcil de calibrar, dado que muchas de sus manifestaciones ni siquiera aparecen en las estadsticas oficiales, cabe la sospecha de que algunas malversaciones o adulteraciones de alimentos afectan a muchas ms personas que la delincuencia de clase baja.

3) Prcticas judiciales y policiales
en apariencia ms neutras y rutinarias pero que tienen en cuenta la etnia y clase social.

Por mi humilde experiencia en los juzgados van para 15 aos- he visto la sensibilidad exquisita que muestran muchos jueces para con gente con signos visibles de elitismo social o profesional (cuyos detalles y otras enseanzas de esta envidiable privacidad aprecian en gran medida conocer gracias a un concienzudo seguimiento de los autos). Por contra, la instruccin de otras tantas causas en que aparecen por asuntos de droga o delitos contra la propiedad toda esa carne de prisin, que son el lumpen social, les enoja ostensiblemente, la declaracin de los implicados son torpes o tortuosas, sin ninguna credibilidad: una gran prdida de tiempo. Sin embargo, la de aquellos aunque represente una trama inextricable, merece toda su atencin, incluso su reproche ntimo de no apuntarse durante la carrera o despus a cursos de Contabilidad, haber hecho tambin Econmicas o Medicina. En fin que les desborda y as con qu autoridad condenar al querellado: nada archivo y que por lo civil se empolle esos tochos el que le toque.

En cuanto a las funciones represoras, el polica desarrolla un sentido de la impunidad, sabe dnde, a quin, cmo, cunto puede delinquir, porque paradojas fuera, quienes tienen la obligacin de perseguir el delito, no slo lo persiguen sino que consiguen llegar a l; y no slo persiguen al delincuente sino que consiguen sobrepasarle, aunque por eso que decamos del etiquetaje no se les reconozca como es debido . No obstante, eruditos de fuste como Ferlosio, s (La cuestin policial):

Delincuencia polciaca. Si hiciesemos una estadstica de los delitos comunes (...) los cuerpos y fuerzas de orden pblico superan tal vez muy ampliamente los porcentajes que arroja la poblacin civil cuyos delitos tales fuerzas tienen por misin prevenir, reprimir y denunciar. Resultara entonces que la existencia de cuerpos y fuerzas de orden pblico, destinados a disminuir la delincuencia comn, no hace sino incrementar el porcentaje total de delincuencia (...) El Estado ha hecho un pan como unas hostias, ha creado un remedio peor que la enfermedad. Pero la cosa no para ni con mucho aqu, pues resulta que tanto la actuacin de la polica como, en igual o mayor grado, la sancin penal de la prisin son factores especficamente crimingenos, particularmente especializados en convertir al delincuente ocasional en profesional.

4) Alternativas a la crcel.


De lo que se trata es de reparar el mal ocasionado, no de causar otro mayor sobre el condenado. Las comunidades con mayores lazos sociales as lo hacen. Ciertamente, las penas privativas de libertad son propias de los siglos XIX y XX. En la actualidad es patente su inadecuacin en cuanto no rehabilitan: con esta razn rehabilitadora se fueron imponiendo. Prueba de ello es que el nuevo cdigo penal ha tratado de abrir otras alternativas, pero a todas luces insuficientes. La realidad es que existen megaprisiones, hacinamiento a pesar de proliferar nuevas crceles. Se ha pasado de 8.000 reclusos en 1975 a casi 60.000 hoy.

Como seala Giddens, "las prisiones modernas tienen ms que ver con los asilos para pobres, en los que era obligatorio el trabajo, que con las crceles y calabozos del pasado"

Y como alguna vez desde su columna ha escrito Haro Tecglen los delitos comunes son polticos por cuanto es la organizacin social la que obliga a ellos, los predetermina.

La amnista general a los presos polticos de la "transicin" debi extenderse a los presos sociales. Un proyecto de indulto general presentado en el Senado por Bandrs y Xirinacs fue rechazado por la inmensa mayora de los grupos parlamentarios. Con esto convalidaban el orden franquista y su represin. No est de ms recordar (en estos tiempos sin memoria, ergo desalmados) que ese rechazo de la clase poltica a esa reivindicacin que parti de la Coordinadora de Grupos Marginados de Madrid provoc un notable incremento de la conflictividad en las prisiones. La violencia alcanz su grado ms alto con el asesinato del recluso anarquista Agustn Rueda (el 14 de marzo de 1978) y, una semana despus, con la del entonces director general de Instituciones Penitenciarias, Jess Haddad.

Esta razones y no otras llevaron a una reforma urgente del sistema penitenciario. La Ley Orgnica General Penitenciaria vena as prontamente -26 de septiembre de1979- a cumplir un madato constitucional. La ley de fuerzas de seguridad, en cambio, esper hasta 1986.

Entre las virtudes de la vigente ley de 1979, parece claro que influy decisivamnete en la desarticulacn de aquel importante movimiento asambleario de reclusos. La consagracin de una lgica punitivo-premial, de un sistema de penas "progresivo" (para los no conflictivos, para los otros un fichero F.I.E.S. de ms que dudosa constitucionalidad) han fomentado, sin duda, la individualidad entre los reclusos, en detrimento de las anteriores actitudes solidarias. El humillado no debe perder la dignidad, debe resistir. Y todos juntos, en reunin de etnias, culturas, regiones. Y obligar a la Administracin al respeto de todos y cada uno de ellos, de su particularidad. Ese es el camino para evitar la autodestruccin, quitando ladrillos del muro.

5) Sobre el sistema penal, que no es tal sistema.


En la praxis que nos ocupa no hay un control de la funcin represora:

El Parlamento decide que conductas se debe perseguir y castigar, pero ya hemos visto que la polica no vigila todas las conductas porque no puede y porque lo hace discrecionalmente (al fin es parte de la Administracin, poder ejecutivo). Los frutos de su vigilia debe ponerlos a disposicin del juez (tercer poder en discordia) que har justicia castigando o no. El castigo se cumplir en las crceles y el juez que dicta justicia termina ah, justo cuando tiene que empezar a ponerse en prctica (aunque preventivamente han podido pasar cuatro aos -justicia provisional-, ya se sabe que todas las cautelas son pocas). Hay otro juez que se encarga de la vigilancia penitenciaria. La mayora o vigilan poco o si no es que a los presos les gusta quejarse en vez de cumplir como est mandado y escrupulosamente les hacen cumplir los funcionarios de estos centros de instituciones penitenciarias. Ahora bien, el gobierno en todo momento puede concederles la gracia del indulto. Por si lo ant erior fuera poco, vemos como el sistema penal es ms bien una red, ya que a estos tres poderes tradicionales se suma un llamado cuarto poder, denominacin a toda luces obsoleta, el poder meditico que ms que mediar se entromete durante todo el proceso descrito. El resultado es que el vigilado y castigado se ve enredado en una maraa de actuaciones que tejen su destino y que tambin deben vigilarse y, en su caso, castigarse, pero que rara vez esto ltimo ocurre.

Termino con unas consideraciones muy oportunas en este punto del socilogo Csar Manzanos:

Claro que se transgreden los derechos, pero es que esta transgresin es necesaria y consustancial a la propia gobernabilidad de la crcel y a la necesidad de esa corporacin de someter a los reos para garantizar el orden y buen funcionamiento del establecimiento, que en realidad es el objetivo primordial de la crcel como estructura encargada de materializar la ejecucin penal fundamentada en la privacin de libertad. Dicho de otro modo, el sistema carcelario no tiene como objetivo la resocializacin de las personas presas, sino como todo sistema, su objetivo es autorreproducirse, perpetuarse, y para ello se alimenta de sus propias paradojas y autojustificaciones.

A GOLPE DE CIRCULARES. La crcel funciona a golpe de circulares administrativas, de circulares internas de carcter annimo para sus destinatarios, privadas e invisibles hacia fuera de ella, y ocultadas para favorecer el funcionamiento de una institucin pblica al margen de la ley. La Ley Orgnica General Penitenciaria es una de las leyes ms violadas e incumplidas de todo el ordenamiento jurdico del Estado, hasta el punto de que todas las reformas legislativas operadas desde que se sancion han sido claramente involucionistas con respecto a las proclamaciones programticas de las ideologas jurdicas que buscaban la humanizacin y democratizacin del sistema punitivo en el caso espaol. Hoy, hacer que se cumplan escrupulosamente los artculos contenidos en dicha ley posiblemente supondra la inmediata abolicin de la gran mayora de estructuras carcelarias existentes. Despus de ms de veinte aos de la llamada Reforma Penitenciaria, la realidad de la crcel no ha sido modificada o construida conforme a las pautas que establece la ley, no ha habido evolucin, sino involucin (la legislacin se ha adaptado a una realidad que se impone) e incluso se ha reformado para la institucionalizacin de situaciones de restauracin de las penas corporales, como por ejemplo el caso de los FIES (Ficheros de Internos de Especial Seguimiento), que restaura el rgimen de reclusin en condiciones de mximo aislamiento, cuando antes de la ltima reforma del Reglamento Penitenciario, en el ao 1995, estas situaciones eran irregulares. Csar Manzanos, Funciones y objetivos de las prisiones. La crcel contra el Estado de Derecho (Hika, n 133, mayo de 2002)



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