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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-11-2012

Nuevo poemario: Los dioses y los hombres, de Jess Aller (KRK ediciones)

Jess Aller
Rebelin

Intervencin del autor en la presentacin de Los dioses y los hombres (Club Prensa Asturiana de Gijn, junio de 2012)


Buenas tardes. Quera comenzar por agradecer a las personas que me acompaan en esta mesa su amabilidad al tomar parte en este acto y sus palabras tan benvolas. Y a todos ustedes tambin su gentileza al venir con nosotros en esta hermosa tarde de verano recin estrenado.

Tal vez lo primero sera que yo respondiera a una pregunta que sin duda cualquiera de ustedes querra hacerme, una pregunta fundamental, que podra formularse algo as como: Por qu escribe usted poesa? o En estos tiempos que corren y con la que est cayendo, no se le ocurre a usted de verdad nada mejor que hacer que escribir versos? Cree usted que eso sirve para algo?

Para responder a esto, tengo que empezar por admitir que en esta sociedad nuestra la imagen del poeta ms difundida es simplemente la de un ser abstrado de la realidad que juega con el sonido de las palabras buscando efectos armnicos. No se espera en general que los poemas expresen algo ms all de unas reflexiones ms bien manidas sobre el amor y el desamor, o sobre la vida y la muerte. Eso es lo que se espera del poeta. Todo muy en la lnea de los valores sociales ms admitidos tradicionalmente. Sin embargo (y ahora me toca preguntar a m) es esto as necesariamente?

Para una definicin muy general de qu es poesa y qu no lo es, yo acudira a lo que Robert Graves dijo al respecto (porque nadie mejor que un gran poeta para definir la poesa). l en la primera parte de La diosa blanca, un libro suyo fundamental, hablaba de que un verdadero poema tiene que conseguir una serie de efectos. La razn por la cual el vello se eriza, la piel se estremece y un escalofro recorre nuestra espina dorsal cuando uno escribe o lee un autntico poema es que un verdadero poema es necesariamente una invocacin de la Diosa Blanca, tambin llamada Musa, la Madre de todo lo viviente, el poder antiguo del espanto y el placer, la araa hembra o abeja reina cuyo abrazo es la muerte. Hasta aqu Graves. Yo estoy muy de acuerdo con l en que lo que caracteriza la poesa es su capacidad de transmitir una emocin intensa, tan intensa que produce efectos fsicos sobre el organismo. Luego, los que escribimos versos conseguiremos o no lograr este objetivo, y habr poetas mejores y peores, pero ese ya es otro tema.

Y por qu ocurre esto? Yo creo que la poesa son simplemente palabras con poder, palabras capaces de tocar algo profundo en el hombre y conmoverlo. Slo hara falta leer un poema de Antonio Machado para ver esto muy claro, por ejemplo, uno de esos con grises alcores y crdenas roquedas. As quedara muy claro de qu les estoy hablando.

Es algo realmente sorprendente que haya palabras que tienen este poder. Y ningn pastor de hombres creo que haya renunciado nunca a usar un arma tan valiosa. Pienso por ejemplo ahora en el lenguaje vibrante del Corn. Ms hacia Oriente, estas palabras con poder son entregadas amorosamente por los maestros (los gurs) a sus discpulos, son los mantras que les guiarn en las dificultades de la vida. Yo creo que ms all de la visin anmica que planteaba antes, la poesa es en realidad algo muy importante para el hombre, algo que le afecta profundamente. Realmente tiene sentido intentar hacer poesa, aunque el reto sea difcil y arriesgado. Terriblemente difcil.

Robert Graves tiene tambin algunas pginas luminosas en que nos explica el proceso de la creacin de poesa. Segn l, no tiene sentido pensar que el poeta es alguien que se sienta ante un papel y dice: voy a escribir un poema. De eso nunca puede surgir un autntico poema. El dice textualmente: El poeta tiene que esperar hasta que las palabras del poema llegan a l ya organizadas. Esperar es la clave.

Bueno creo que va siendo el momento de que vaya acercndome al asunto que nos rene hoy aqu, a este pequeo libro que es tan pretencioso como para ostentar el trmino poemas en su portada. No estoy seguro de poder provocar muchos estremecimientos con mis versos, pero lo que puedo asegurarles es que en mi caso el proceso de escritura se adapta muy bien a lo que Graves deca. Pueden pasar muchos aos sin que esas voces misteriosas suenen. En este caso han sido casi cuatro aos. Otras veces han sido ms. Uno llega a pensar que nunca ms oir esas voces y un buen da se encuentra con que estn ah otra vez. Toma papel y lpiz, y anota al dictado.

De dnde vienen esas voces? Un fisilogo dir que de algn lugar del cerebro. Un psicoanalista dir que de algn lugar del inconsciente. Yo prefiero pensar que vienen de lugares remotos en el espacio-tiempo, de una lectura tal vez, de una conversacin, de un paisaje, de un gesto o una mirada. Todo ello ha madurado lentamente, en el sueo y en la vigilia, y en un momento dado las palabras suenan como lo que quiere ser la solucin de un enigma, porque sabemos que las palabras pueden tener poder y solucionar enigmas. Y el primer sorprendido de que esas palabras suenen es el que escucha estas voces. Ah estn sus obsesiones y sus ideas, sus reflexiones y sus sueos, pero ahora aparecen con una forma precisa, con la forma del poema.

En el caso de este libro mo, el proceso ha sido muy lento esta vez. Las primeras piezas que escrib, muy seleccionadas, estn en el comienzo del libro. Son poemas con versos muy cortos, heptaslabos sobre todo. Yo en ese momento no saba qu iba a salir de todo ello. No saba, pero la racha segua y en seguida comprend que los dioses de la antigedad clsica empezaban a ser el asunto de muchos de los fragmentos. Es un paganismo resucitado que esconde en realidad un pantesmo, porque los dioses no son ms que los procesos que vemos activos en el mundo. El agua se convierte en Indra, el fuego en Agni, el sueo en Asklepios o el poder generador del cosmos en Shiva. Tengo que decir que a m el pantesmo me parece una cosa muy seria.

En conversaciones recurrentes, un buen amigo mo que conoce mis debilidades suele tomarme el pelo dicindome que el pantesmo no es ni ms ni menos que la tontera de adorar a las piedras. La verdad es que yo como gelogo poda ser muy partidario de esto, pero es que adems, no s si adorar, pero en todo caso maravillarse profundamente ante las piedras no me parece que sea una tontera.

Y aqu me van a dejar que les recuerde la historia que cuenta Allan Watts en uno de sus libros: Imaginmonos unos extraterrestres que orbitan la tierra hace mil millones de aos. Veran ocanos y continentes sin vida ninguna y uno dira al otro: Bah, en este planeta no hay ms que piedras. Pero imaginemos que los descendientes de estos extraterrestres regresan despus de mucho tiempo. Encontraran el mar y la tierra poblados de criaturas y al repasar las notas de sus antepasados no les quedara ms remedio que decir: Oye t, cuidado con las piedras. Las piedras parecen una tontera pero hoy sabemos bien que juntndose con el agua y el aire y al calor del sol se transforman en cosas muy raras, cosas como animales, plantas u hombres. As que mucho cuidado con las piedras.

Los cientficos estudian todo eso muy bien y ello tiene un gran mrito, pero a m no me parece una extravagancia llamar dioses a las fuerzas misteriosas que tienen un poder creador tan extraordinario. Por otra parte, los nombres y atributos que la antigedad clsica otorg a estos dioses me parece que aportan una aproximacin muy vlida para entender todo esto.

La primera parte de Los dioses y los hombres intenta ser un recorrido por estas ideas. La habitan dioses vdicos, hindes, griegos y romanos, un gran nmero de dioses sin duda. Ahora pienso que lo que se esconde aqu es ms que nada una reflexin sobre el sentido del mundo y una bsqueda de explicacin. Habitamos cada hora una conciencia en la que a nada podemos aferrarnos, porque todo fluye y todo perece; es ese desfondamiento del hombre sobre el que reflexionaba Luis Cencillo. Yo creo que estos poemas estn habitados ms que nada por la esperanza de que la invocacin de esas fuerzas inmortales pueda aliviarnos en ese sobresalto y ese desfondamiento tan humanos.

Y en esa invocacin a los dioses es inevitable que uno encuentre entre ellos su favorito. Yo, como Paris el prncipe troyano, me he encomendado a Afrodita, y a ella estn dedicados una gran parte de estos poemas; Afrodita o Venus, es lo mismo. En realidad es la misma diosa blanca de la que nos hablaba Graves. He repasado muchas de sus advocaciones y eptetos, e imaginado otros, y se descubre al final que todas estas imgenes de la diosa caminan hacia un pensamiento de identidad esencial de todo lo que existe. Esta es la visin mstica que culmina esta primera parte del libro

Y hay que decir adems que en este desnudamiento del mundo como un juego de espejos, hay un lugar importante para las enseanzas del Buddha, que de una forma tan lcida nos hacen ver la propia desnudez de nuestra alma, comprenderla y aceptarla porque tras ella se esconde una existencia sin miedo.

Culmina as esta primera parte con una enseanza tan vieja como las de aquel prncipe indio llamado Siddharta Gautama, al que sus discpulos llamaron Buddha, el que ha despertado. Es un camino con dos etapas esenciales: anlisis y diseccin del dolor para ver su semilla en el deseo y en la trampa del yo. Y liberacin de todo ello en un camino que es capaz de detener la rueda ms poderosa, la de la apariencia y el dolor, la que no cesa de girar inventando existencias sobre el mundo.

Estamos por lo tanto ante una visin mstica, de races erticas, paganas y budistas si se quiere. Bien podra el libro terminar aqu. Sin embargo no lo hace. Hay una segunda parte.

Muchos de ustedes ya lo saben, pero para los que no lo sepan, quiero decirles que desde hace bastantes aos suelo colaborar en algunas webs de informacin alternativa. Mando reseas de libros y algunos artculos de opinin, porque me hace feliz contribuir, aunque sea de una forma muy pequea a este proyecto que me parece admirable. Adems, estos artculos me sirven de disculpa para enfrascarme en mis lecturas favoritas, en libros sobre historia, contempornea sobre todo. Tengo que decir que la historia del mundo, de la Revolucin Francesa para ac es algo que me obsesiona.

Don Quijote se volvi loco leyendo novelas de caballeras. El que lee libros de historia de forma apasionada y reflexionando sobre ellos, va a sufrir sin duda tambin una transformacin en su mente. No es la locura, pero es una visin desolada que es muy difcil de soportar. La historia va a definir nuestra propia identidad, porque qu somos si no Historia Universal encarnada en un cuerpo. Pero el caso es que esa identidad es terrible.

Michel Parenti public hace aos un libro, La historia como misterio, en el que expresa muy bien esto que digo. La Historia a la que llamamos tal, es sobre todo el discurso de los vencedores. Cuando escarbamos en l y razonamos, la visin que nos espera es espantosa. Slo la ignorancia nos permite seguir adelante sin inmutarnos en un mundo como ste.

No me resisto a ponerles un ejemplo muy claro de esto que digo, lo que me servir a la vez para recomendarles a un autor cuyos textos me parecen en este momento imprescindibles para entender el mundo en el que vivimos. Es el socilogo californiano Mike Davis, y el libro que quiero comentarles es Los holocaustos de la era Victoriana tarda, que existe en castellano en una edicin de Publicacions de la Universitat de Valencia. En este libro, Davis, apartndose de sus escenarios habituales, centrados sobre todo en la degradacin actual de la vida urbana como consecuencia de las polticas neoliberales, realiza una incursin en el pasado para reunir argumentos que muestran las circunstancias histricas que determinaron la formacin de lo que ahora denominamos Tercer Mundo. Es un estudio riguroso y demoledor que analiza las devastaciones del colonialismo durante las dcadas finales del siglo XIX y el papel determinante que ste tuvo en la pauperizacin de la mayor parte de la poblacin mundial.

La primera sorpresa que nos reserva este libro es la magnitud de la tragedia que se va a estudiar. Estamos hablando de hambrunas que en tres episodios entre 1876 y 1902, y sumando slo tres de sus escenarios: India, China y Brasil, arrebataron la vida a un nmero de seres humanos comprendido entre 30 y 60 millones, segn diversas estimaciones. La segunda sorpresa, ms mortificante an si cabe que la primera, es descubrir que estas muchedumbres hambrientas tras desaparecer del mundo han desaparecido tambin de la historiografa. Como apunta Davis: Casi sin excepcin, los historiadores contemporneos que escriben sobre la historia mundial del siglo XIX han ignorado las megasequas y hambrunas que arrasaron lo que ahora llamamos Tercer Mundo. Al parecer, se trata de holocaustos que no slo no han conseguido ser el Holocausto (as con maysculas), sino que ni tan siquiera existen. Son los vencedores los que escriben la historia. No es ste un olvido inocente, pues se trata de muertes que contradicen la narrativa oficial sobre la historia econmica del siglo XIX. Los ferrocarriles que se extienden en la India, por ejemplo, no son vehculos de progreso, sino herramientas de despojo y de muerte. En China, por su parte, los regmenes sociales establecidos por la dinasta Qing y que evitaron desastres mayores en el siglo XVIII, fueron desmantelados en el siglo XIX debido a la extorsin ejercida por las potencias coloniales. Recordemos las guerras del Opio.

La primera y la segunda partes del libro presentan en detalle los datos del desastre. Aunque se trata en muchos casos de episodios climticos con escasez de agua y prdidas de cosechas que fueron las peores en muchos siglos, se pone en evidencia tambin que siempre haba excedentes de alimentos en alguna regin prxima que podan haber aliviado la situacin, mostrando claramente que son tambin el mercado y sus leyes inexorables los que asesinan. En la India britnica bajo los virreyes Lytton, Elgin y Curzon, el dogma de la doctrina de Adam Smith y el inters imperial permitieron que se realizaran exportaciones a la metrpoli mientras algunas reas de la India eran arrasadas. As, entre 1875 y 1900, un perodo que registra las mayores hambrunas de la historia de la India, las exportaciones anuales de grano crecieron de 3 a 10 millones de Tm, equivalentes a la nutricin anual de 25 millones de personas. Hay que considerar adems que, en esa poca, la India era obligada a dedicar una parte sustancial de su presupuesto (ms del 25%) a costear las aventuras militares expansionistas del Imperio Britnico. De esta forma, las masas de la India financiaban generosas la misma maquinaria que las mataba de hambre.

El resultado de los procesos que se estudian en el libro es que partiendo de una situacin a finales del siglo XVIII en que las diferencias entre sociedades no eran significativas comparadas con las diferencias existentes dentro de las distintas sociedades, y en la que un campesino indio o un campesino francs, por poner un ejemplo, tenan un estndar de vida similar, con un nivel muy por debajo de sus clases explotadoras respectivas, se alcanza al final de la poca victoriana una situacin bien distinta. En el nuevo mundo que surge de unos desastres naturales exacerbados por la exprimidora colonial, las desigualdades entre naciones eran tan profundas como las diferencias de clase. Esta es la triste historia de la fabricacin del Tercer Mundo.

Y la historia que acabo de contarles no es ajena a nosotros, porque as como el tercer mundo fue creado en un momento histrico concreto, vivimos ahora otro en el que el proceso econmico dominante (lean ustedes al premio Nbel Paul Krugman, por ejemplo) es la transformacin en tercer mundo de amplias zonas del planeta. Las conmociones de este tiempo nuestro se explican exactamente en estos trminos.

Este es slo un ejemplo de las monstruosidades que nos muestra la historia a cada paso. Y hay que decir que a medida que vamos venciendo esa ignorancia en la que vivimos inmersos como el pez en el agua, hay un sentimiento que nos domina, un sentimiento poderoso y que encauzado puede ser la herramienta ms til para construir un futuro mejor. Han adivinado ya que me refiero a la indignacin. La santa indignacin que se extiende en estos das por las plazas del mundo y que es sin duda el sntoma ms halageo de la gran enfermedad social que padecemos.

Estas son cuestiones que pululan por mi cabeza en los ltimos tiempos, y de esta forma fue inevitable que cuando escrib los poemas de la primera parte de Los dioses y los hombres, de los que les hablaba antes, junto a ellos fueran surgiendo otros, hermanos suyos sin duda, pero bastante distintos, poemas en los que expreso mi visin de eventos histricos esenciales, guerras y genocidios recientes, poemas por ejemplo sobre el octubre asturiano del 34, la conquista de Amrica o la guerra de Vietnam, y tambin reflexiones sobre todo ello.

Por ltimo, hay que decir tambin que hay poemas en esta parte en los que se juega a dibujar otro mundo posible, un mundo utpico donde las patrias que nos dividen son olvidadas y donde los hombres son capaces de organizarse en estructuras horizontales y fraternas.

En un momento dado, me di cuenta de que haba escrito dos libros a la vez, en los mismos meses, dos libros muy diferentes. En principio, no me pareca que reunidos en un mismo volumen encajaran muy bien. Ciertamente, no parece que ensoaciones erticas y genocidios vayan bien de la mano en las pginas de un mismo volumen. Lo pens bastante tiempo, y al final decid que este encaje era posible si pensamos que todo ello define al hombre tal como lo conocemos hoy. Me pareci, adems, que de alguna forma ambas partes se complementan y explican mutuamente.

Yo siempre he despreciado las msticas que no miran al sufrimiento humano como el objetivo fundamental a combatir. Y al mismo tiempo, siempre me ha parecido que sin una profunda transformacin humana cualquier revolucin est siempre condenada al fracaso ms estrepitoso. Porque como bien sealaba Emma Goldman: Las vctimas de hoy siempre estn dispuestas a convertirse en los tiranos de maana. Con esta perspectiva no es difcil pensar que todos los poemas escritos en aquellos meses podan encajar juntos, e incluso explicarse mutuamente, o dicho de otra forma, que una mirada hacia dentro que trata de desnudar nuestra identidad y liberar nuestras pulsiones ms positivas bien puede ser el fundamento de una perspectiva sobre la historia que muestre posibilidades de una vida ms satisfactoria para todos. Y as es como llegu a pensar que los dioses y los hombres podan caber juntos en un mismo volumen.

Esta es la historia del libro. Y tras la escritura viene la bsqueda de un editor, trabajo en el que he tenido la suerte de dar con Benito Garca Noriega y el equipo de la editorial KRK. Ellos han hecho que esa etapa que podamos llamar de la materializacin del libro haya sido enormemente rpida y cmoda. Realmente todo han sido facilidades y as da gusto trabajar. Y todos ustedes estarn de acuerdo de que en su aspecto material el libro ha quedado estupendo.

Y as es como tras muchas ensoaciones y mucho trabajo solitario, al final ve uno esos pensamientos tan suyos encarnados en un pequeo objeto que es capaz de transportarlos y llevarlos hasta otras personas. Es realmente algo mgico lo que significa un libro. Lo ms agradable de todas formas es que tras tanto trabajo, ahora ya est todo dicho y hecho, y es a los posibles lectores a los que les toca trabajar. A m ahora me toca simplemente escuchar.

Y nada ms. Muchas gracias a todos por su atencin.

El libro puede descargarse aqu.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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