Portada :: Cultura :: Francisco Fernndez Buey: memoria de un imprescindible filsofo gramsciano
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-06-2005

En el centenario de su nacimiento
Recuerdo de Sartre (I)

Francisco Fernndez Buey
Rebelin


En 1946, casi al mismo tiempo en que Horkheimer y Adorno daban a la luz la Dialctica de la ilustracin, Jean-Paul Sartre (1905-1980) publicaba una obrita polmica que iba a ser considerada como el manifiesto de otra de las principales corrientes de la filosofa moral del siglo XX. Su ttulo es ya una afirmacin: Lexistencialisme est un humanisme. Para entonces Sartre haba cumplido los 40 aos y era uno de los escritores ms conocidos de Francia. Haba publicado ya varias de sus obras ms ledas y traducidas: literarias (La nusea, 1938; El muro, 1939; Las moscas, 1943; A puerta cerrada, 1944, la primera parte de Los caminos de la libertad, 1945) y filosficas (El ser y la nada. Ensayo de ontologa fenomenolgica, 1943); y adems acababa de fundar, con Merleau-Ponty y Simone de Beauvoir entre otros, una revista que, con el tiempo, todo el mundo acabara identificando con su nombre: Les temps modernes. Lexistencialisme est un humanismo fue un acontecimiento cultural en Francia. Pronto lo sera en toda Europa.

Seis aos antes, en La nusea, J.P. Sartre haba afirmado que los humanistas se equivocaban y hasta se mofaba de un cierto tipo de humanismo tradicional. Pero ahora, en El existencialismo es un humanismo, distingua. Hay un humanismo vena a decir que teoriza sobre el hombre como fin y como valor superior; este es un humanismo cerrado sobre s mismo, un humanismo que, ya en el siglo XX, ha acabado haciendo el caldo gordo al fascismo. Pero tambin hay otra manera de entender el humanismo, segn la cual el hombre est constantemente fuera de s mismo y eso es lo que hace existir al ser humano. Es el humanismo existencialista, que viene a postular el vnculo de la transcendencia, como algo constitutivo del hombre, con la subjetividad humana. Este humanismo proclama la paradoja: una transcendencia sin transcendente

 

Sartre haba compartido con otros filsofos contemporneos de los que, sin duda, haba aprendido (Husserl y, sobre todo, Heidegger), varias cosas importantes. Una de esas cosas es la primaca concedida al desvelamiento fenomenolgico de las formas de la conciencia individual en el anlisis de la subjetividad humana. Otra es el intento de restaurar la filosofa en su sentido ms amplio despus de la llamada crisis de la metafsica. Se puede decir, para abreviar, que esto representaba la recuperacin de la filosofa no slo como filosofa moral de la accin humana, sino tambin como ontologa, o sea, como reflexin acerca del ser, que, a diferencia de la filosofa cientfica o de intencin cientfica, muy vinculada entonces al positivismo, no desprecia la especulacin.

 

En sus obras anteriores a 1946 Sartre haba radicalizado las consecuencias del anlisis fenomenolgico de la conciencia al afirmar que slo el hombre existe verdaderamente: mientras que la materia resiste, el objeto consiste y el animal subsiste, el hombre, y slo el hombre, existe propiamente. El hombre existe porque tiene conciencia de ser, es un ser para s (y no un ser en s). Segn Sartre, negarse a tomar conciencia de s mismo y, en particular, de lo que representa la libertad humana, viene a ser sinnimo de mala fe. Se puede decir que existencia y libertad son conceptos equivalentes: para el hombre existir es ser libre; ser libre es afirmar conscientemente la libertad de elegir. El hombre nace libre y est siempre ante la responsabilidad de elegir. Sin conciencia de esta libertad el hombre se cosifica, se convierte en cosa.

 

Pero, por otra parte, el hombre vive en sociedad. Y esto le obliga a algo as como a una segunda superacin: del ser para s ha de pasar al ser para otro.Yo no puedo definirme si no es en relacin con otro, deca Sartre. Es la existencia del otro lo que me permite definirme a m mismo en una relacin, que, por lo dems, ser siempre conflictiva. Tan conflictiva que el propio Sartre haba llegado a decir que el infierno son los otros. De ah que la autenticidad y veracidad del hombre es el estar obligadamente solo. Soledad, dereliccin, angustia, desesperacin y nusea son estados obligados y habituales de la conciencia del hombre que quiere ser para s, que quiere ser autoconsciente. El hombre era para el existencialismo sartriano una pasin intil.

Esta filosofa, puesta en boca de sus personajes de ficcin y explicitada en El ser y la nada, aunque seguramente recoga un estado de nimo bastante extendido en los ambientes intelectuales europeos de los aos de la segunda guerra mundial, haba suscitado mltiples reproches. Los catlicos le acusaban de inmoralismo o de amoralismo; los marxistas de individualismo extremo, cuando no de solipsismo; y los positivistas, de jugar con las palabras para hacer pasar por argumentos simples tautologas. El existencialismo es un humanismo pretende ser una rplica a todo eso. Inicialmente fue una conferencia organizada por el Club Maintenant, seguida con mucha expectacin y que, segn los testigos, Sartre dio de pie, con las manos en los bolsillos y tono convincente. Con aquella conferencia estaba naciendo otra leyenda.

En El existencialismo es un humanismo Jean-Paul Sartre precisaba en defensa de su propia filosofa. La tesis principal compartida por los diversos existencialismos del siglo XX es esta: la existencia precede a la esencia. Tal es la forma que haba de tomar la idea de que hay que partir de la subjetividad. Luego el filsofo distingue entre un existencialismo cristiano y un existencialismo ateo, que es el suyo. Este existencialismo ateo arranca de la experiencia nihilista: Dios ha muerto. A pesar de lo cual, aunque Dios no existe, hay al menos un ser en el que la existencia precede a la esencia, un ser que existe antes de poder ser definido por ningn concepto. Ese ser el hombre, la realidad humana. Para Sartre no hay naturaleza humana en abstracto, precisamente porque no hay Dios para concebirla. Slo hay condicin humana.

El hombre es, existe. Y slo es lo que l se hace. El hombre es un proyecto hacia el futuro; es conciencia de proyeccin hacia el futuro. El hombre ser lo que haya proyectado ser (no lo que quiera ser, porque su proyecto no depende slo de la voluntad individual); de l depende la responsabilidad total de su existencia. El hombre se elige y, al elegirse, elige todos los hombres. La vida en sociedad es, sobre todo, compromiso. Nuestra responsabilidad en cada caso es tan grande que nuestra eleccin afecta a toda la humanidad. De ah brotan la angustia y la desesperacin. No es que el hombre se angustie en tal o cual circunstancia, el hombre es angustia. Pues si huye de la responsabilidad ante su eleccin, encogindose de hombros, cae en la mala fe. Todo ocurre como si para el hombre, individualmente considerado, toda la humanidad tuviera los ojos fijos en lo que l hace y se rigiera por lo que l hace.

Pero la angustia existencial no es algo que tenga que conducir a la inaccin, al quietismo, a la resignacin o a la consolacin. La angustia es parte de la accin, es fundamento de la accin comprometida. La dereliccin (el estar yecto) y la desesperacin del hombre son consecuencias del hecho de que Dios no existe. Tambin para el existencialismo sartriano Dios es una hiptesis intil. Slo que, a diferencia de la moral laica ilustrada, que querra suprimir a Dios con el menor coste posible (es decir, como si nada de lo dems, en las normas morales, cambiara si Dios no existe) el existencialismo afirma, en cambio, que, sin Dios, desaparece toda posibilidad de encontrar valores en un cielo inteligible. No hay, pues, valores eternos, absolutos o universales. El reconocimiento de que Dios no existe tiene un precio. Y ese precio se tiene que pagar: no hay consolacin posible.

El punto de partida del existencialismo en esto es Dostoievski: Si Dios no existe todo est permitido. Ya no hay excusas, no hay determinismo; el hombre es libre, el hombre es libertad. Estamos solos y sin excusas. El hombre est condenado a ser libre, es responsable de todo lo que hace. El hombre es responsable, entre otras cosas, de su pasin. El hombre est condenado a inventar al hombre. El hombre es el porvenir del hombre. No hay, por tanto, moral que valga en general; ninguna moral general puede indicarnos en cada caso concreto, en cada situacin, lo que hay que hacer. Hay, pues, que actuar sin esperanza. Lo que no equivale abandonarse al quietismo, puesto que, para el hombre, slo hay realidad en la accin, en la praxis. El hombre es slo su proyecto y slo existe en la medida en que l se realiza. Pero, a pesar de todo dice Sartre el existencialismo ateo no se considera pesimista; quiere defender un optimismo duro. Y en ese sentido es una moral de la accin y del compromiso; es una filosofa moral de la dignidad del hombre.

El existencialismo es tambin un materialismo. Pero es un materialismo otro, distinto. Desde el momento mismo en que no considera al hombre como un objeto material, el reino de lo humano aparece como un conjunto de valores distintos del reino material. Es tambin otra afirmacin de la subjetividad: el hombre descubre en el cogito a los otros; y los descubre como la condicin de su existencia. El ser humano se da cuenta de que no puede ser nada, salvo cuando los otros le reconocen como tal. El descubrimiento de mi intimidad me descubre al mismo tiempo al otro como una libertad puesta frente a m.

La ltima parte de El existencialismo es un humanismo se presenta precisamente como una respuesta a la objecin de que tal filosofa no tiene ni puede tener una moral y que, por tanto, es inmoralista (o amoralista). Jean-Paul Sartre niega tal cosa. Ya al final de El ser y la nada haba anunciado una tica. Y en los aos que siguieron a El existencialismo es un humanismo, 1947 y 1948, redact, efectivamente, un par de cuadernos en los que se propona tratar de la moral en forma sistemtica. Las notas entonces redactadas quedaron sin concluir. Slo fueron publicadas (en 1983, por Gallimard) despus de su muerte, con el ttulo de Cahiers pour une morale. Lo que hay en estos Cuadernos de 1947-1948 es una tentativa de superar la contradiccin que parece existir entre la negativa a aceptar una moral universal y la pretensin del carcter universal de la accin individual del hombre que est obligado a la libertad. Cmo enlazar el individualismo radical y aquella afirmacin explcita de que, a priori, la vida humana no tiene valor, con la idea de responsabilidad y compromiso existenciales del hombre que es un para s y para otros?

La argumentacin de J.P. Sartre, en los Cuadernos, es bastante repetitiva. Tal vez por eso no los public l mismo. Se puede resumir as: a travs del infierno de la relacin con el otro descubrimos la intersubjetividad y, con ella, la universalidad de la condicin humana. Pero la universalidad del hombre no est dada. No hay naturaleza humana compartida. Y es en ese sentido en el que puede decirse que tampoco hay humanidad. Slo hay condicin humana. La condicin es algo que se hace, que se crea, que se inventa en cada caso, que es perpetuamente construida. La condicin humana es proyecto; y el proyecto individual es tambin comprensin del proyecto de cualquier otro hombre. Siempre estamos obligados a elegir; eso implica compromiso, afirmacin de determinados valores. Pero elegimos sin referencia a valores preestablecidos. Cmo entonces? Caprichosamente?

J.P. Sartre contesta a esa pregunta por la va negativa. Luego compara la eleccin moral individual con la construccin o produccin de una obra de arte. Entre la moral y el arte hay, para l, algo en comn: ambos son creacin e invencin. Despus de la muerte de Dios no hay ley moral dada. Estamos obligados a inventar en cada caso nuestra propia ley. El hombre se hace escogiendo la propia moral. Sin embargo, esta aproximacin de la moral no tiene que interpretarse como una retirada al esteticismo, ni implica que no podamos juzgar las acciones de otro en absoluto, que todo vale, que vale cualquier cosa. Podemos decir que todo hombre se refugia tras la excusa de sus pasiones, que todo hombre se inventa un determinismo justificatorio o consolador de sus acciones. Pero ah est precisamente la mala fe. La nica cosa que cuenta, en definitiva, es saber si la invencin (moral) se hace en nombre de la libertad.

El existencialismo, segn esto, no quiere ser mero nihilismo en el sentido de que est proponiendo quedarse en la transmutacin de todos los valores que han sido caractersticos de la cultura occidental. El existencialismo, al menos en la versin de Sartre, quiere ser nihilismo positivo, en el sentido de que nosotros, con nuestra accin individual, inventamos los valores. De modo que, aunque el contenido de la moral sea variable, una cierta forma de esta moral puede ser considerada universal. Esta idea sartriana se puede traducir as: tambin el existencialismo tiene un presupuesto absoluto y universal, en el sentido de ser intersubjetivamente compartido. Ese presupuesto es la libertad. El existencialismo es negacin de toda moral establecida, pero al mismo tiempo afirmacin de otra filosofa moral: la moral de la ambigedad.

Que sta era una preocupacin central de los existencialistas ateos lo prueba el hecho de que tambin Simone de Beauvoir escribi un texto, en 1947, que lleva por ttulo Pour une morale de lambiguit, en el que trata de solventar la paradoja que supone la proclamacin de un imperativo moral de la conciencia que, sin embargo, no puede obligar a todos. Simone de Beauvoir empieza rechazando las doctrinas morales clsicas, de base religiosa o laica, que, en todos los casos, buscan la consolacin del hombre. La condicin humana es la ambigedad. Y esto es particularmente patente despus de Stalingrado, despus de Buchenwald y despus de la bomba atmica. El existencialismo es precisamente la filosofa de la ambigedad del hombre. La historia del hombre es, ciertamente, un fracaso. Pero tambin ese fracaso es ambiguo, en el sentido de ambivalente.

Una parte importante del captulo segundo de este ensayo de Simone de Beauvoir est dedicada a explicar los puntos de contacto y las diferencias entre nihilismo y existencialismo en la acepcin sartriana. La actitud nihilista manifiesta una cierta verdad: la ambigedad de la condicin humana se hace patente. Pero el error del nihilismo es que define al hombre, no como existencia positiva de una falta o de una ausencia, sino como una falta o una ausencia en el corazn mismo de la existencia, cuando en realidad la existencia no es ausencia como tal. El nihilista lleva razn cuando afirma que el mundo no tiene justificacin alguna y que l mismo no es nada, pero olvida que le corresponde a l justificar el mundo y hacerse existencia vlidamente. La falta fundamental del nihilista es que, al rechazar todos los valores existentes no encuentra, ms all de su ruina, la importancia de aquel fin universal, absoluto, que es la libertad misma.

La parte final del ensayo de Simone de Beauvoir distingue entre ambigedad y absurdo; y, en cierto modo, adelanta uno de los nudos que la separarn (a ella y a Sartre) de Albert Camus: Declarar que la existencia es absurda es negar que pueda drsela un sentido; en cambio, decir que es ambigua es plantear que su sentido nunca est fijado, que se ha de conquistar incesantemente. La afirmacin del absurdo rechaza toda moral; pero el hombre intenta salvar su existencia, a travs del fracaso y del escndalo, precisamente porque su condicin es ambigua. Fracaso y xito son dos aspectos de la realidad que, en principio, no se distinguen. Se puede aceptar que la moral de la ambigedad es una moral individualista siempre que se entienda por individualismo aquel punto de vista que otorga al individuo un valor absoluto y que slo reconoce al individuo el poder de fundamentar la propia existencia. Pero eso no quiere decir que se trate de una moral solipsista.

La filosofa moral que Sartre comparte entonces con Simone de Beauvoir hace suya la contradiccin, la ambivalencia, la ambigedad. Es una filosofa moral de la paradoja y paradjica ella misma; brota de la conviccin de que la paradoja es precisamente la condicin humana. Pero no parece ir ms all de eso. Es un nihilismo que quiere volverse positivo en la accin individual e individualizada, como diciendo el nudo que no se puede desatar, se corta. Quizs por ello lo que Sartre no logra terminar en su reflexin filosfica sobre la moral lo explicitara en su vida de compromiso civil durante los treinta y tantos aos que siguieron.

Con su propio activismo permanente Jean-Paul Sartre dio cuerpo a lo que fue una reflexin tica frustrada. De ah su compromiso con la libertad como escritor, como filsofo, como ciudadano. Siempre a la contra de lo establecido, siempre a favor de las causas sociales nuevas o que crea nuevas. Y siempre dividido, paradjicamente en discusin con los ms prximos, entre la justificacin del ensuciarse las manos en el compromiso socio-poltico y la afirmacin de la propia libertad de pensamiento. Un anuncio, y de los mejores, de lo que iba a ser su tica en acto lo encontramos ya en las Reflexiones sobre la cuestin juda, publicadas en noviembre de 1946, justo cuando andaba forcejeando en lo que poda ser una tica a la altura de las circunstancias.

El texto sartriano sobre la cuestin juda es un alegato directo contra el antisemitismo, escrito en un momento en que empezaban a divulgarse en Europa los horrores del Holocausto, pero en el que apenas hay referencias concretas a los hechos. Es un ensayo breve, directo, especulativo, con alusiones a la filosofa de la existencia, al estar en situacin, sin apenas apoyo historiogrfico, pero que no tiene nada de ambiguo. Al contrario: ese texto parece chocar, precisamente, con lo que connota la expresin moral de la ambigedad. Sartre manifiesta ah su simpata por los judos; y la manifiesta con un lenguaje simple y claro, inequvoco, al servicio del tema, como buscando el puetazo en el ojo del lector francs que se mece en el olvido: Ningn francs ser libre hasta que los judos gocen de la plenitud de derechos. Ningn francs estar seguro mientras en Francia, y en el mundo entero, haya un judo que siga temiendo por su vida.



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