Portada :: Cultura :: Francisco Fernndez Buey: memoria de un imprescindible filsofo gramsciano
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-06-2005

En el centenario de su nacimiento
Recuerdo de Sartre (II)

Francisco Fernndez Buey
Rebelin


Seguramente ningn otro filsofo ha representado mejor que Jean-Paul Sartre los anhelos y esperanzas del intelectual europeo del siglo XX comprometido con la causa de la libertad. l no fue un poltico profesional ni un politlogo. Tampoco fue, hablando con propiedad, un analista de la poltica en el sentido en que eso se entiende hoy, aunque en los diez tomos de Situations hay mucho material interesantsimo para el anlisis de las ideas polticas en el siglo XX. Ms all de sus equivocaciones en tal o cual situacin, de su fracaso poltico o de sus excesos en tal o cual polmica particular con otros grandes de la poca, su pasin por la libertad no fue una pasin intil. Sartre fue un escritor y filsofo que pas la mayor parte de su vida dividido entre la tica de las convicciones fuertes (a las que no quera llamar verdades) y la tica de la responsabilidad en la cosa pblica, responsabilidad que no consideraba exclusiva de los polticos. Carg con esa cruz, reflexion sobre ella, rechaz cireneos (aunque estos, a veces, eran amigos), hizo a los dems mirarse en el espejo en que l se miraba y oblig a algunos de los polticos contemporneos a cargar con otra cruz: la de los lmites morales de la poltica que se atiene exclusivamente a lo que cree posible aqu y ahora con olvido de los fines.

Apenas ha habido en el mundo acontecimiento poltico-social importante, entre 1945 y 1980, en el que J.P. Sartre no hiciera or su voz. Hay filsofos y literatos que slo intervienen en la cosa pblica en las pocas ocasiones en que el gusano de la conciencia les dice que no es posible callar. No fue el caso de Sartre. l quiso ser el gusano de la conciencia. Compiti con otros en eso. Y rompi con casi todos con los que compiti y con los que haba compartido anhelos. La historia misma de Les temps modernes desde 1946 a 1980 es una historia de rupturas: con Aron, con Camus, con Merleau-Ponty, con Lefort; al final, si hemos de creer a Annie Cohen-Solal, incluso con Simone de Beauvoir. No es extrao, pues, que en 1980 Sartre tuviera un entierro multitudinario y que inmediatamente despus empezaran a llover las ms gruesas piedras sobre su cadver. Algunas de ellas para negar incluso la evidencia: su pasin por la libertad y su generosidad con la causa de los condenados de la tierra, con los revolucionarios, con los rebeldes, con los disidentes, con los desobedientes y con los perseguidos.

Antes de la segunda guerra mundial el filsofo y escritor no haba manifestado un inters particular por la poltica. Es verdad que intervino frente al antisemitismo rampante, antes y despus del Holocausto, pero lo hizo ms bien desde el desprecio de la poltica. La segunda guerra mundial le cambi en esto. Y fue en los aos que siguieron, durante la primera guerra fra, cuando, tras el fracaso en la construccin de una tica, Sartre dara concrecin a su moral de la ambigedad. Lo hizo a travs de un largo dilogo con el marxismo y con el movimiento comunista. Al hilo de ese dilogo fue perfilando su posicin poltica. Mientras tanto, haba perdido en el camino la motivacin para escribir una tica. Con los aos, lo justificara as: La actitud moral aparece cuando las condiciones tcnicas y sociales hacen imposibles las conductas positivas. La moral es son un conjunto de trucos idealistas para ayudarnos a soportar lo que la penuria de recursos y la carencia de tcnicas nos imponen.

En 1945-1946 Sartre haba fundado con Merleau-Ponty la revista Les Temps Modernes. No era una revista slo poltica, pero en ella iniciara el filsofo y escritor sus batallas polticas. Al principio el poltico de la revista, por decirlo as, era Merleau-Monty. l era quien firmaba los editoriales y algunas notas de la redaccin a las que Sartre aadi su firma. La primera, y seguramente la ms persistente, batalla poltica que dio Sartre fue en favor de los colonizados y contra los colonizadores, con motivo de la intervencin francesa en Indochina. Sartre fue entonces uno de los primeros europeos en exigir la independencia inmediata, y sin contrapartidas, de los pueblos colonizados. Esto se tiene que valorar teniendo en cuenta los titubeos de la izquierda francesa y europea del momento acerca de la cuestin colonial, sobre todo cuando entraban en juego los propios intereses nacionales. Les Temps Modernes fue una revista precursora en este punto.

La segunda batalla de Sartre, ya desde 1946 pero sobre todo con el cambio de dcada, tuvo repercusiones incluso en la redaccin de la revista. Al comenzar la guerra fra afirmaba, tambin de acuerdo en eso con Merleau Ponty, que, en caso de conflicto, habra que alinearse con la Unin Sovitica frente a los Estados Unidos de Amrica. Esto dej fuera de la redaccin a otro de los fundadores de Les Temps Modernes: Raymond Aron. Para Sartre se trataba de una apuesta hecha con la muerte en el alma, pues l estaba por la paz y contra la guerra, pero pensaba, sobre todo a partir de la guerra de Corea, que el principal peligro blico proceda entonces de los Estados Unidos. Haba viajado all y, ya de vuelta en Francia, se haba ido convenciendo de las limitaciones de aquella democracia demediada por el macartismo. Para Sartre lo que exista realmente en EE.UU. era un rgimen pre-fascista veteado de racismo.

En 1948 hizo un intento de intervencin directa en la vida poltica francesa: dio vida, con David Rousset, Jean Rous, Grard Rosenthal y algunos ms, a un partido nuevo, el Rassemblement Dmocratique Rvolutionnaire, que comparta con los marxistas la inspiracin revolucionaria pero se alejaba de la orientacin clasista del partido comunista y pretenda, adems, recuperar las tradiciones del socialismo democrtico. En ese contexto, y en polmica tambin con algunos de los dirigentes del RDR, Sartre se manifest contra el Pacto Atlntico y a favor de la neutralidad de Europa. El RDR, criticado a la vez por gaullistas, socialistas y comunistas e internamente dividido, naufrag. Fue el primer fracaso poltico de Jean-Paul Sartre. Present la dimisin del RDR durante el otoo de 1949. Por entonces tirios y troyanos denunciaban alternativamente su amoralismo y su individualismo decadente pequeo-burgus. Sartre asumi el fracaso, sac conclusiones pesimistas sobre la esperanza, call durante algunos meses pero no se amilan. Aquella experiencia y esta reflexin pesimista impregnaran su dilogo con el partido comunista en la dcada de los cincuenta.

Sartre habra querido transplantar el humanismo existencialista al cuerpo proletario del partido comunista, que consideraba invlido. Entre 1950 y 1968 lo intent varias veces, sin xito, en un dilogo que oscilara entre la lealtad a su concepto de proletariado, el tormento que le produca el que su idea de la autoconciencia no coincidiera con la realidad y la nusea que le provocaba el burocratismo disfrazado de teora.

Empez declarando que los valores que l defenda eran los mismos que los del comunismo, pero no dej de poner su firma al lado de la de Merleau-Ponty al denunciar, en 1950, los campos de deportacin soviticos. Al hacer esto, denunciaba al mismo tiempo las dictaduras franquista, salazarista y griega, el macartismo y el imperialismo norteamericano; se negaba a poner en el mismo plano el terror fascista y el comunista. Desde 1952 colabor abiertamente con el partido comunista francs y se uni a los delegados comunistas en el Congreso Mundial de la Paz que se celebr en Viena. Pareca haber llegado a la conclusin de que poda aceptar la disciplina colectiva sin renunciar a la libertad. Al menos eso es lo que dice Simone de Beauvoir. Es la poca de su enfrentamiento con Albert Camus. Y tambin de sus artculos, en Les Temps modernes, sobre Los comunistas y la paz. Sartre argumentaba aquella opcin suya aduciendo escndalos contemporneos como el asunto Henri Martin, el asesinato legal de los Rosenberg, el papel de los Estados Unidos en la guerra de Corea y el trato que la derecha estaba dando a los comunistas en Francia.

Hasta 1956 Sartre defendi desde Les temps modernes la poltica del PCF contra los ataques de otros intelectuales (Camus, Lefort, Herv, el mismo Merleau-Ponty, etc.). En 1954 dio un paso ms: acept la vicepresidencia de la Asociacin Francia-URSS. De todas formas, mientras vivi Stalin, Sartre declar su aprecio por el comunismo disidente de Tito. Muerto Stalin, viaj a la URSS, dijo haber encontrado all al hombre nuevo y aplaudi el deshielo, o sea, la desestalinizacin relativa. Declar entonces que la libertad de crtica era all total y hasta se permiti una profeca. Dijo a la prensa que, en seis o diez aos, el nivel medio de vida en la URSS sera un 30 o un 40% superior al de Francia. Veinte aos despus se arrepentira de eso. Escribi (en Situations X): Despus de mi primera visita a la URSS en 1954 he mentido. He dicho cosas amables sobre la URSS que no pensaba.

En su dilogo con las direcciones de los partidos comunistas de la poca, Sartre, siendo como era uno de los mximos exponentes del pensamiento francs del momento, estuvo siempre mucho ms cerca del PCI que del PCF. Cuestin de talante o de carcter. Pues esta aproximacin al PCI no se debe a lo que se llamaba en la poca, pensando en l, el decadentismo burgus atormentado, sino al aprecio del filsofo por la apertura de miras de Togliatti, que en su anlisis de lo que haba sido el estalinismo fue mucho ms all del lugar al que haban ido los dems dirigentes de los partidos comunistas. Sartre, que trat a menudo a Togliatti durante sus frecuentes estancias en Italia desde 1946, apreciaba adems la actitud del PCI respecto de los intelectuales, su poltica cultural. A Togliatti dedicara, en 1964, uno de sus clebres elogios fnebres.

El dilogo atormentado de Sartre con el comunismo prosigui en los aos siguientes. Viaj a Pekn y se vio con Mao en 1955. Pero inmediatamente despus, en 1956-1957, se manifest contra la represin sovitica en Budapest. Esto fue el final del trato cordial con el PCF. Hay que subrayar que, ms all de sus polmicas en el mundo poltico-intelectual francs, al empezar la dcada de los sesenta Sartre era apreciado en el mundo sobre todo por su tercermundismo, por sus tomas de posicin a favor de la descolonizacin y de los movimientos de liberacin. Y se comprende que esto haya sido as. Pues no todos saban, en esos aos, de las controversias domsticas del filsofo; fuera de Francia, en cambio, casi todos vean en l una especie de contra-embajador universal que combinaba las declaraciones a favor del marxismo y del socialismo con el apoyo a la causa de la liberacin. As en Cuba, adonde viaj en 1960 para apoyar la revolucin. De esa visita ha quedado una fotografa clebre, de Korda, en la que se le ve con Guevara. En Brasil, donde estuvo durante tres meses, aquel mismo ao, de la mano de Jorge Amado; o en Yugoslavia, donde fue recibido por Tito y alab la autogestin.

Para muchos de los jvenes (y no tan jvenes) rebeldes y revolucionarios de aquellos aos Jean-Paul Sartre fue el iniciador de un marxismo renovado, de un marxismo existencial que prestaba atencin a la antropologa y al papel de la subjetividad en la historia; y fue visto al mismo tiempo como uno de los exponentes principales de lo que pudo haber sido (y entonces pareca que poda llegar a ser) otra poltica internacional, atenta a la liberacin y autodeterminacin de los pueblos que se estaban librando del yugo colonial; una poltica internacional neutralista y de paz, independiente de los intereses de las dos grandes superpotencias del momento. Esta percepcin de la actividad de Sartre que los ms tenan pareca confirmada por el primer volumen de Critique de la raison dialectique (1960) y por el apoyo que l estaba prestando al Frente Nacional de Liberacin en Argelia.

Efectivamente: en la Critique de la raison dialectique, y sobre todo en la parte dedicada a la cuestin de mtodo que la preceda, Sartre haba escrito varios ditirambos del marxismo que podan sorprender a los lectores de El ser y la nada e incluso a los lectores de El existencialismo es un humanismo. Deca all, varias veces, que el marxismo era el horizonte insuperable del saber o de la filosofa la poca y que el existencialismo, como ideologa, tendra que acabar diluyndose en un marxismo renovado. Pero tambin, y para que esa fusin se produjera, rechazaba de la forma ms explcita varias de las tesis del marxismo que la mayora de los marxistas de entonces (y sobre todo de los marxistas franceses) consideraban intocables: el determinismo econmico, la dialctica de la naturaleza, la falta de atencin a las totalidades y a las situaciones concretas.

Casi al mismo tiempo en que lean esto, y en que tendan a verlo como el esbozo de otro marxismo, el rebelde o el revolucionario de entonces escuchaban la noticia de la batalla de Sartre a favor del FLN argelino, del Manifiesto de los 121, de su llamada a favor de la insumisin en nombre de la descolonizacin, del derecho a la resistencia y del derecho a la autodeterminacin de los pueblos: Dclaration sur le droit linsoumission dans la guerre dAlgrie. O conocan, en septiembre de 1961, su apoyo inequvoco y generoso a Frantz Fanon. Al prologar Los condenados de la tierra, de Fanon, Sartre denunciaba la recurrente prctica a la tortura, la humillacin de los colonizados, la bestialidad de los colonizadores que rebajaban a subhombres a los colonizados. El filsofo hablaba ah alto y en un lenguaje claro e inequvoco para soltar ese tipo de verdades que el pueblo compara con los puos, verdades de las que duelen a los poderosos y remueven la conciencia de los tibios. Por eso el rebelde o el revolucionario de comienzos de la dcada de los sesenta pudo escuchar tambin, en las calles de Pars, frases que slo excepcionalmente la reaccin dedica a los filsofos comprometidos: Fusilad a Sartre, Encarcelad a Sartre.

Vale la pena subrayar ahora este aspecto de la actividad de Jean-Paul Sartre, lo que influy su lucha contra el colonialismo en los jvenes europeos, latinoamericanos y africanos de entonces y los odios que provocaba en quienes pretendan cambiar formas para que todo siguiera igual, porque con el tiempo, en el largo proceso de la llamada desmitificacin de Sartre, que se inici ya poco despus de su muerte, y que tiene mucho que ver con el neoliberalismo y con el neocolonialismo, esto que digo aqu es algo que suele quedar en muy en segundo plano para poner los acentos sobre todo en sus silencios, en lo que no dijo sobre el socialismo que se llamaba a s mismo real, o en las clamorosas polmicas filosfico-polticas con otros intelectuales de la poca.

Cierto: Sartre vinculaba entonces la autodeterminacin de los pueblos que haban estado sometidos al yugo colonial con el movimiento hacia el socialismo. Socialismo era entonces una palabra en boca de muchos. As que tambin en esto hay que precisar. El socialismo era, para l, ante todo, el movimiento de los hombres hacia su liberacin, afirmacin individual y colectiva de la libertad del hombre frente a un mundo de explotacin y alineacin. A pesar de sus elogios anteriores a la Unin Sovitica y a Yugoslavia, en la dcada de los sesenta Sartre no crea que, hablando con propiedad, el socialismo existiera en parte alguna. Ms bien crea que, en ese camino, haba pases ms adelantados que otros, en la medida en que haban socializado sus medios de produccin. Segn Sartre, el socialismo slo puede existir en condiciones de abundancia. Pensaba que igualdad y libertad son, en el fondo, la misma cosa. Pero no crea, en cambio, que el socialismo fuera a ser el fin de la historia de la humanidad, ni un Edn, ni que hubiera de conllevar la felicidad para el hombre. Vea el socialismo como un proceso indefinido, como la condicin de posibilidad para que el ser humano pudiera llegar a plantearse, sin disfraces ideolgicos, no slo los verdaderos problemas econmicos y sociales sino tambin los autnticos problemas filosficos y metafsicos.

Todo eso, pero tambin la pasin polmica con que lo expona, y el individualismo irreductible de su estar ah, entre los abajo firmantes de manifiestos a favor de tantas y tantas causas distintas, hicieron imposible, a pesar de los cuatro aos de colaboracin, su entrada en el PCF. Sartre qued a la puerta, llamando, invitando a un dilogo para el que nunca hall el tono apropiado ni los interlocutores propicios, al menos en Francia. Mientras en Francia se peleaba con Kanapa, con Garaudy o (ms aducadamente) con Althusser, los comunistas italianos del Instituto Gramsci de Roma le invitaban a hablar en un congreso sobre moral y sociedad. Tal vez porque algunas de las cosas que Sartre haba escrito en el primer volumen de la Critique de la raison dialectique estaban ms cerca de Gramsci (por su visin de la historia y por su reivindicacin del papel de la subjetividad en ella) que de las orientaciones entonces dominantes en el PCF.

Pero tampoco se dej querer por la otra parte, ni siquiera despus de que la declaracin solemne de De Gaulle No se encarcela Voltaire! le elevara a las alturas del Parnaso. En 1965 rechaz el premio Nobel de literatura para afirmar as la absoluta independencia de su compromiso. Por entonces, en una conversacin que mantuvo con Jorge Semprn, en Cuadernos del Ruedo Ibrico, se explay acerca de las razones que l llamaba subjetivas y objetivas de este rechazo. Manifest, por una parte, que el premio Nobel de literatura era una especie de ministerio de la cultura occidental, ignorante o despreciador de las otras culturas; y, por otra, que con aquella concesin, en las circunstancias de entonces y an salvando la buena intencin de quienes le propusieron, se pretenda instrumentalizar polticamente su compromiso. En la conversacin con Semprn todava aada que si el premio le hubiera sido concedido en los das de la lucha por la independencia de Argelia, cuando la derecha poltica exiga su cabeza o pretenda mandarle a la crcel, lo habra aceptado.

Sartre fue luego uno de los principales promotores del Tribunal Russell contra los crmenes de guerra en Vietnam. Coincidi ah con otro de los grandes librepensadores europeos. Quiso, adems, hacer de mediador en el conflicto palestino-israel y viaj a El Cairo, Gaza y Tel-Aviv en 1967. l, que haba escrito sobre la cuestin juda y que haba criticado con acritud la persistencia del antisemitismo, tuvo que hacer frente a preguntas delicadas durante el viaje. Probablemente, al contestar a esas preguntas delicadas sobre el conflicto palestino-israel, es la nica vez en que Jean-Paul Sartre se ha mostrado diplomtico. En cambio, en la denuncia de los crmenes de guerra norteamericanos en Vietnam fue muy taxativo. Con el Tribunal Russell contribuy decisivamente a que la opinin pblica mundial conociera lo que de verdad estaba pasando en Vietnam. Para muchos eso ha sido el principal antecedente de lo que querran que fuera un tribunal penal internacional contra los crmenes de guerra.

Aunque en 1968 Sartre estaba casi enteramente dedicado al estudio de Flaubert y aunque los acontecimientos de mayo le cogieron por sorpresa, como a tantos otros intelectuales, colabor con los estudiantes rebeldes y sali a la calle con ellos durante las manifestaciones de aquellas semanas. A pesar de eso y de los dardos envenenados que segua lanzndole la derecha poltica francesa, el cambio generacional y de talante era ya evidente y Sartre, con sesenta y tres aos, y considerado por muchos como una institucin ms, fue criticado por la mayora de las tendencias que componan entonces el movimiento estudiantil, desde los situacionistas hasta los maostas pasando por los enrages. Luego dira: No entend lo que estaba pasando en mayo. Slo empec a entender despus, cuando establec relaciones estrechas con algunos de los estudiantes. Con la misma pasin denunci la invasin de Checoslovaquia por las tropas del Pacto de Varsovia aquel mismo verano.

Se puede decir que 1968 signific para Sartre la ruptura definitiva con el partido comunista francs. Despus de la derrota, se aline con la extrema izquierda maosta, en un momento en que sta estaba siendo criminalizada. Para apoyar a los perseguidos, entre ellos Geismar, uno de los dirigentes estudiantiles del 68, asumi la direccin de La Cause du peuple, peridico maosta vinculado a la Gauche proletarienne. En 1970, aparc su trabajo sobre Flaubert para apoyar La cause. En aquellos meses se pudo ver al viejo filsofo voceando el peridico maosta por las calles de Pars. En cierto modo ah hace su aparicin otro Sartre, un Sartre que se empea en comprender a los ms jvenes y que empieza a alejarse de los viejos amigos. Comentando esa situacin escribi: La direccin de La Cause du peuple me ha radicalizado. Ahora me considero disponible para todas las tareas polticamente justas que se me pidan. No he aceptado la direccin de La Cause du peuple como un liberal que quiere curarse en salud defendiendo la libertad de prensa, sino como un acto que me compromete con personas a las que quiero mucho aunque no comparta todas sus ideas.

Ciertamente en esos aos Sartre no se consideraba maosta ni aprobaba todas las actuaciones de la Gauche proletarienne, a pesar de lo cual se ofreci como escudo: declar solemnemente que se solidarizaba con todos los artculos publicados en La Cause du peuple. No es una ancdota en la vida del hombre. A esta causa, y mientras publicaba los primeros volmenes de Lidiot de la famille (1971-1972), dedic dos aos y pico. Quienes le conocan de cerca, extraados, tendan a pensar que el filsofo y escritor haba reencontrado la panda de la adolescencia. Sartre no tuvo hijos: solo una hija de adopcin. En esos aos luch contra el juicio a Geismar, alent a los obreros de Renault-Billancourt, se manifest contra la situacin existente en las crceles, apoy huelgas salvajes y contribuy a crear la agencia de prensa Liberation, que pronto dara origen al peridico del mismo nombre.

En una de las ltimas imgenes que han quedado de sus intervenciones pblicas se ve a Sartre envejecido, plantado, protestando, dando testimonio, a unos metros de los muros de la prisin de Stammheim, cerca de Stuttgart, donde entonces estaba encarcelado Andreas Baader, miembro de la Fraccin del Ejercito Rojo, acusado de terrorismo. Era el 4 de diciembre de 1974. El filsofo, ciego ya, fue all para protestar contra la forma que estaba tomando la represin estatal en Alemania y contra el silencio de los ms. En la crcel de Stammheim, Sartre tuvo una entrevista de casi media hora con Baader, al parecer dursima. En el transcurso de la misma, Baader le reproch el que hubiera criticado pblicamente los mtodos violentos de la Fraccin del Ejercito Rojo. Pero Sartre an hizo gestiones con Bll para un llamamiento contra el trato a los detenidos en las crceles. Para algunos aquella foto de Stammheim es la imagen pattica de un mundo que se acaba. Para otros, como Manuel Sacristn aqu, el ejemplo definitivo de la nobleza moral de Jean-Paul Sartre, ya en su vejez y en su soledad.

Muy disminuido ya, ciego y envejecido, Jean-Paul Sartre todava sigui trabajando y dando testimonio en los ltimos cuatro aos de su vida, casi siempre acompaado por el que fue su ltimo secretario, Pierre Victor, pseudnimo de Benny Lvi, al que haba conocido, a travs de Geismar, en La Cause du peuple. En 1974 viaj a Atenas para apoyar con su voz y su persona a la democracia que estaba saliendo de la dictadura militar; y en abril de 1975 fue a Portugal, para saludar la revolucin de los claveles. An tuvo tiempo para protestar, en 1979, por el caso Sajarov en la Unin Sovitica y para estar, ese mismo ao, en una tentativa de dilogo, en Pars, entre intelectuales palestinos e israeles. Ya no era la leyenda que fue: en sus memorias, Edward Said ha dejado un testimonio sombro y decepcionado sobre la participacin de Sartre en aquella reunin de marzo de 1979, en casa de Michel Foucault.

Sartre se despidi del mundo dejando un testamento intelectual cuya autora hizo correr ros de tinta: por el momento en que apareci (mientras el filsofo se mora), por el disgusto que el texto le produjo a Simone de Beauvoir y por las varias tentativas de la redaccin de Les temps modernes para que no se publicase. Annie Cohen-Solal ha mostrado, en su excelente biografa de Sartre, que ste intervino personalmente para que la conversacin con Lvy viera la luz, sabiendo el disgusto de Simone de Beauvoir y conociendo la oposicin de la redaccin de su revista. Se trata, en suma, de una larga conversacin con Benny Lvi que apareci en tres nmeros seguidos de Le Nouvel Observateur, en marzo de 1980 (Sartre muri en abril) con el ttulo de Lespoir maintenant.

En esta conversacin Sartre revista a lo que fue su vida como filsofo y como hombre. Para entonces, en 1980, el mundo haba cambiado tanto, de la mano de Thatcher y de Reagan, que entre los intelectuales el compromiso a favor de la liberacin de los de abajo haba empezado a ser sustituido por la defensa integral de la libertad de mercado. En esas circunstancias vuelve Sartre a los lugares del fracaso para dejar un mensaje final de esperanza: esperanza de los desesperanzados. Parece escuchase ah el eco de Hlderlin, de Bloch y de Benjamin, tal propiciado por el judasmo de Benny Levi. Desde aquel final, Sartre reconstruye y reinterpreta lo que fue sido su vida. El filsofo de la angustia, de la nusea y del absurdo acaba diciendo, paradjicamente, que desde 1945 l siempre haba tenido esperanza: Jams he estado desesperado; nunca he visto la desesperacin como una cualidad que tuviera que ver conmigo. Sartre vuelve ah a la paradoja: La desesperacin no es lo contrario de la esperanza. Peter Weis, que haba llevado al teatro a Hlderlin, donde agudamente le hizo dialogar con el joven Marx, aplaudi el oxmoron.

Y seguramente tena razn: lo que Sartre dice en 1980 no se deduce de su filosofa, pero se sigue de su prctica, de lo que fue su manera de estar en el mundo. Hay un personaje al que Shakespeare hace decir en escena: Empiezo ahora una larga lucha contra m mismo. En cierto modo Jean-Paul Sartre es la representacin viviente de ese personaje (y de otros que l mismo cre literariamente). Lo confirma lo que haba escrito ya en Les Mots: He llegado a pensar sistemticamente contra m mismo hasta el punto de medir la evidencia de una idea por el displacer que me causaba. De gentes as, tan de otra poca pero tan de la nuestra, se puede decir, incluso ahora: por sus contradicciones los reconoceris.

Primera parte del artculo:
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=15936


NOTA BIBLIOGRFICA

BEAUVOIR, S. d, La ceremonia del adis, Edhasa, Barcelona, 1982

BURNIER, M-A., Les existentialistes et la politique, Gallimard, Pars, 1966.

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LVY, B., Le Nom de lhomme, dialogue avec Sartre, Verdier, Pars, 1984.

RIUS, M., De vuelta a Sartre, Crtica, Barcelona, 2005.

RODRGUEZ, J.L., Jean-Paul Sartre: la pasin por la libertad, Bellaterra, Barcelona, 2004.

SACRISTN, M., Existencialismos (textos recogidos por Salvador Lpez Arnal), en La insignia, marzo-abril de 2005.

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SAID, E.W.,Ma reencontre avec Jean-Paul Sartre, en Le Monde Diplomatique, septiembre 2000

SEMPRN, J., Conversacin con J.P. Sartre, en Cuadernos del Ruedo Ibrico, n 3, Pars, octubre-diciembre de 1965.

ZURRO, R., Sartre: pensar contra s mismo? Universidad de Valladolid, 2002.



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