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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-11-2012

14N, algo ms que una huelga

John Brown
Iohannes Maurus


La huelga del 14 de noviembre supone en la historia social reciente del Estado espaol y de Europa una novedad fundamental. En primer lugar, se trata de una huelga social y poltica, mucho ms que laboral y econmica, pero se trata tambin de una huelga, tal vez la primera en las ltimas dcadas, que empieza a cobrar una dimensin europea. La naturaleza de la movilizacin, pero tambin su extensin geogrfica, desplazan radicalmente el marco clsico de la huelga, tradicionalmente dirigida contra las empresas capitalistas y contenidas en el territorio de los Estados, de modo que puede uno preguntarse si no estamos ya ante otro tipo de fenmeno, que slo por no disponser de otro trmino, seguimos llamando "huelga".

En la ltima entrada de su excelente blog La revuelta de las neuronas, Jorge Moruno insiste en el carcter poltico de esta huelga. Se apoya en una reflexin del Roto, que integraba en una de sus ltimas vietas este dilogo: "-Vuestra huelga es poltica. -S, pero vuestra poltica es negocio." La huelga es poltica porque la poltica representativa de gobiernos y parlamentos de los capitalismos democrticos ha devenido en puro y simple negocio. Esto no es anecdtico, pues supone que la separacin liberal fundamental entre poltica y economa, o poltica y sociedad civil propia de la dominacin liberal se ha desvanecido, haciendo verdad el dictamen de Gramsci segn el cual "la verdad efectiva del Estado reside en la sociedad civil". El liberalismo, hoy como en tiempos de Antonio Gramsci, es una poltica de Estado, una poltica de hegemona de clase que instituye una divisoria entre el mbito poltico de la decisin soberana y el mbito "natural" de la economa. Pues bien, esa divisoria, simplemente ha caido. La poltica es economa y la economa es poltica. Esto hace que los viejos aparatos soberanos y representativos cambien radicalmente de funcin. Los aparatos disciplinarios de Estado que antes producan mediante la crcel, la escuela, el ejrcito, la fbrica y otros dispositivos de encierro, sujetos normalizados, aptos para entrar en el espacio "natural" del mercado han perdido hoy su lugar central. Hoy, en esta sociedad donde el gesto que fabrica las condiciones del mercado, las mantiene y las reproduce no es un gesto del Estado sino el efecto de un mecanismo de la propia economa que asimila y a la vez genera nuestras formas de vida, el Estado ha perdido su autonoma. El Estado es una entidad privada y su derecho pblico es puro derecho privado. Este Estado endeudado, gestor de los intereses de sus acredores y de la deuda pblica y privada del capital financiero del que es representante y agente, no puede ya ni siquiera darse la apariencia de una entidad pblica que gobierna mediante la ley y con vistas al inters general. El Estado en la Europa actual es mero agente del capital financiero, cruel "cobrador de alcabala". De ah que todo enfrentmiento contra el capital implique directamente al Estado y que slo haya ya huelgas polticas.

El propio espacio de la empresa como lugar de la organizacin de la produccin y gobierno del trabajo est profundamente trastocado por el hecho de que la produccin no tenga hoy tiempos ni lugares precisos. Hoy la fbrica, el taller o la oficina son cada vez menos los centros principales de produccin de valor. Incluso la relacin jurdica salarial slo cubre una parte ya minoritaria y menguante de las relaciones de produccin efectivas. Gran parte del trabajo es hoy trabajo precario y difuso, trabajo temporal e intermitente, trabajo cognitivo y afectivo, trabajo que ya no relaciona a un trabajador con un patrn sino a toda singularidad humana con una multitud indefinida de otras singularidades que, de mltiples maneras, colaboran con l en la produccin social, no slo de las mercancas, sino de la propia sociedad. El trabajo, como tanto han recordado Antonio Negri y Michael Hardt en los ltimos aos, rodeados del sarcasmo de los nostlgicos de la vieja clase obrera, ocupa hoy todo el espacio de la vida, es produccin biopoltica. Produccin de la vida como orden poltico. El trabajo produce formas de vida en las que se integran producciones materiales y simblicas o, mejor dicho producciones materiales que son siempre simblicas y producciones simblicas que siempre son materiales.

La "huelga" del 14N se ha producido esencialmente en ese plano biopoltico donde la distincin entre poltica y economa ha dejado de ser pertinente. De ah que, para medir su xito, sea insuficiente recurrir al consumo de energa. Este slo mide la actividad en la industria, pero no nos dice gran cosa sobre la produccin de los 6 millones de parados, de las amas y amos de casa, de los ancianos, de los trabajadores intermitentes, de los trabajadores cognitivos, de los estudiants y dems jvenes sin futuro etc. Para muchos de ellos, la actividad no disminuye, sino que aumenta, en un da de "huelga", pues muchos de ellos se informan, discuten, viven ms, construyen socialmente la huelga como acontecimiento mediante multitud de gestos en multitud de espacios. La huelga industrial del 14N fue importante, pero si el 14N fue un xito no fue solo porque pararan las fbricas o los polgonos industriales, sino porque una ingente multitud orient su actividad a luchar contra la reproduccin del orden existente y a construir la resistencia y la respuesta a la agresin del capital. De ah, el enorme xito de las manifestaciones que han tenido lugar hasta en rincones del pas poco acostumbrados a grandes movilizaciones como Ponferrada o Don Benito y un sinnmero de otras localidades que el ciudadano medio de las grandes ciudades apenas sabe situar en el mapa, pero que forman parte -una parte esencial- del tejido metropolitano, de las redes de cooperacin biopolticas que hoy hegemonizan lo que queda de las otras formas de produccin. La lucha -y la produccin- de los mineros asturianos o la de los campesinos del SAT es hoy plenamente metropolitana gestionada y se organiza a travs de redes flexibles y abiertas.

Otro elemento que trastoca el marco habitual de la huelga es que esta adquiera una dimensin europea. El 14N fue un acontecimiento centrado en la Europa del Sur, la ms afectada por el pillaje de la deuda, pero ese Sur est desbordando hacia el norte. En Blgica, donde vivo, se paralizaron los trenes y los autobuses de Valonia, hubo manifestaciones importantes en Bruselas y otras ciudades y se multiplicaron los gestos y actos de solidaridad hacia la lucha de los pueblos del Sur del continente. No se puede negar ya que, igual que la produccin metropolitana desborda las actuales metrpolis implicando los espacios de lo que denomina Jnatham Moriche la "ruralidad", tambin supera las fronteras de los Estados, pues los mercados y la cooperacin ignoran las fronteras y los trabajadores de todos los tipos colaboran en el espacio europeo ignorando sus divisiones territoriales. Por ello mismo luchan juntos contra una misma dominacin de clase y unas polticas de explotacin que no se limitan a ningn Estado concreto.

La lucha contra la austeridad slo tiene sentido si es una lucha contra la deuda ilegtima, la deuda contraida por nuestros gobiernos para defender no ya el inters comn sino intereses privados como los de la banca y el capital financiero. En varias ciudades los piquetes de huelga, compuestos por sindicalistas, pero en muchos casos tambin por jvenes y estudiantes y otras personas integradas en el movimiento 15M, se reconvirtieron en piquetes antidesahucios y piquetes de propaganda contra los bancos y el poder de la finanza. De este modo, la huelga supera con mucho una mera suspensin de la actividad laboral y se convierte en pacfica insurreccin ciudadana contra el capital financiero y sus agentes polticos. (Cuando esto no ocurre y la huelga permanece en un mbito econmico que ya no existe como tal est condenada al fracaso. Como dijo Sarkozy a los sindicatos franceses: "a m no me importa que hagis huelgas, porque nadie las nota".) La huelga es huelga poltica porque es inseparablemente huelga econmica, porque se sita, ms all de las ilusiones de la legitimidad y la representacin, en el plano real de la dominacin y de la lucha de clases. La multitud hace as de la clase obrera y de todos los dems trabajadores un proletariado en lucha contra los expropiadores y reivindica el libre acceso a los comunes que ella misma produce: salud, enseanza, vivienda, alimentacin, cultura, ocio, etc. La multitud y no la clase obrera es el sujeto proletario inasimilable por el sistema, aqul cuya hegemona determina el xito de las movilizaciones.

La respuesta del Estado ante la huelga ha sido la habitual. Primero intentar ignorarla en las declaraciones pblicas, luego intentar machacarla mediante la intervencin paramilitar de una mal llamada "fuerza pblica". La polica actu con la habitual arbitrariedad y brutalidad deteniendo e hiriendo a centenares de personas. No sirvi de nada las ltimas veces, tampoco el 14N les sirvi de nada. A pesar de las intimidaciones, la huelga fue un xito de grandes dimensiones. La violencia del poder en este caso es la violencia desesperada de un Estado que intenta mostrar que es soberano, que quiere hacernos creer que an puede imponer el orden amenanzando incluso de muerte a los sbditos a travs de ese "grupo de hombres armados" en que, segn Lenin, se resume el ncleo duro del Estado a la hora de la verdad. Sin embargo, estos son meros aspavientos, mera escenificacin melanclica de un poder que no existe y que, en realidad, tal vez no haya existido nunca. La violencia policial se ha vuelto ridcula y objeto ms de desprecio que de miedo para la gente. Las cargas son hoy como el tnel de la bruja de las ferias, igual de patticas. La diferencia es que la bruja del tnel es particularmente bestia y se toma demasiado en serio su papel. Hasta que se harte de ese trabajo de mierda o alguien le quite la puetera escoba.

Fuente: http://iohannesmaurus.blogspot.com.es/2012/11/14n-algo-mas-que-una-huelga.html



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