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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-11-2012

Qu hacer?
La Izquierda y el vaco poltico

Manuel Cabieses Donoso
Punto Final


La masiva abstencin en las elecciones municipales del 28 de octubre (60,8%: 8 millones de ciudadanos), constituye un rechazo contundente a la clase poltica y sus manejos, que han sumido en el desprestigio una actividad que ha perdido sus valores ticos fundamentales. No importa que dirigentes de partidos y parlamentarios se hagan los distrados fingiendo que el 28 de octubre jams existi. El lapidario veredicto ciudadano contina all, firme como un pen en medio de la frivolidad del debate sobre primarias presidenciales, cupos parlamentarios y esbozos de programas que ni siquiera rasguan los sagrados intereses de las clases dominantes. Pero si la clase poltica est dndose un festn con las sobras de una democracia liberal que pudo haber sido pero no fue, la abstencin -que empieza a ser la sombra negra de las primarias- no slo puso al descubierto la indigencia del sistema poltico chileno, tambin dej en evidencia un vaco poltico que es urgente llenar con una alternativa popular. En poltica el vaco permanente no existe. Si el espacio no lo ocupan unos, lo harn otros. Si el pueblo trabajador no levanta su alternativa y asume un liderazgo capaz de movilizar millones, sern los explotadores de siempre quienes lo harn con disfraces y subterfugios.

El eje neoliberal que manipula la sociedad chilena est viendo cmo comienzan a ralear sus filas. Gobierno y Concertacin -las dos derechas- sufrieron un duro revs en las municipales con votaciones que acentuaron la curva descendente de los ltimos aos. Sin duda que echarn mano a nuevas argucias para mantener el control de la situacin: sobran los aventureros y mercenarios dispuestos a desempear el rol que les asignen sus amos. Por eso, demorar la tarea de llenar de contenido popular el vaco poltico constituye un grave delito contra los intereses vitales del pueblo. Los responsables por accin u omisin tendrn que pagar muy cara su desidia si eluden asumir su deber y postergan la construccin de una alternativa liberadora. El vaco poltico se hace evidente en la medida que se desmenuzan las cifras de la abstencin. El Instituto de Sociologa de la Universidad Catlica -por encargo de la Cmara de Diputados- hizo un estudio que seala que el 22% de quienes se abstuvieron quisieron manifestar un rechazo a la poltica y al sistema poltico*. Por otra parte, el 23% se abstuvo porque no le interesan las elecciones municipales y el 21% lo hizo porque no se senta representado por ningn candidato.

Aunque las encuestas salieron muy mal paradas el 28 de octubre -y sta no es muy diferente en sus procedimientos-, podra tomarse como hiptesis. Es posible que una cuarta parte de los que se abstuvieron lo hicieron como un acto consciente de rechazo al sistema poltico. Podra sumarse ese 21% que no se sinti representado por ningn candidato (y/o partido). En ambas situaciones, la abstencin fue una decisin madurada. De modo que el 43% de la abstencin habra tenido un claro sentido poltico. Tres millones y medio de ciudadanos y ciudadanas mayores de 18 aos en definitiva no votaron para manifestar su repudio a un sistema que no los representa, y que les es ajeno. Este es el sector ciudadano al que debera dirigirse una propuesta reactivadora de la pasin democrtica, capaz de producir una amplia unidad poltica y social. Qu hacer para ocupar el vaco poltico con una alternativa popular? Nadie tiene respuesta a un problema que es colectivo y que requiere un debate en que participen millones.

Los partidos que reducen la actividad poltica al quehacer electoral parecen creer que el mecanismo para superar la crisis poltica son las primarias presidenciales (las primarias parlamentarias parecen haber sido desechadas por la necesidad de negociar cupos, cuadrar los cuoteos con los pactos por omisin, etc.). Sin embargo, a quienes vuelven a entregarse en cuerpo y alma al Supremo Hacedor electoral les espera otra decepcin. Si damos crdito al estudio antes mencionado, entre el 54 y el 58% de quienes se identifican con ambas coaliciones (Concertacin y Alianza), no irn a votar en las primarias. Es una cifra que ronda el fatdico 60% de abstencin de las municipales. En sntesis, la oposicin -hegemonizada por las corrientes socialdemcrata y democratacristiana, enemigas juradas del proceso de liberacin que se desarrolla en Amrica Latina- no es un aliado a considerar en un proyecto emancipador, orientado a terminar con la desigualdad y los privilegios.

La tarea de levantar una alternativa popular, sin duda, se ha hecho ms compleja a partir de la decisin del Partido Comunista de caminar junto con la Concertacin en un proyecto de gobierno de nuevo tipo, que ya fue propuesto -y aceptado de inmediato- por la candidatura presidencial de Eduardo Frei-Ruiz Tagle, derrotado por Piera en 2010. En esta oportunidad, la Concertacin sin duda aceptar firmar cualquier compromiso a cambio de los votos del PC (6%). Pero una candidatura de oposicin no resolver el problema del vaco poltico que, justamente, se produce por rechazo al conjunto de los partidos y, sobre todo, a los de la Concertacin + PC. Las fuerzas polticas reales en la Izquierda han quedado ms reducidas por la ausencia del PC. Sin embargo -paradojas de la poltica- se est produciendo un fenmeno de fortalecimiento de los pequeos partidos, grupos y colectivos que conforman el mosaico de la Izquierda chilena. Esto ocurre sobre todo entre los estudiantes universitarios y secundarios, como lo muestran las elecciones en la FECH. El elemento fundante de este proceso, sin duda, es la percepcin por esa vasta gama de colectivos del vaco poltico existente y de la necesidad de llenar ese espacio. A pesar de su fragmentacin, la Izquierda extraparlamentaria posee capacidad de trabajo y de movilizacin, que puede contribuir al proceso de formacin de la alternativa popular. Para eso se requieren pasos concretos que conduzcan a la unidad. Ese camino impone el realismo poltico: esto es poner a disposicin de los movimientos sociales, en particular estudiantiles, todas las capacidades disponibles para la construccin de la alternativa popular.

Est claro que se trata de un proceso, pero ha llegado el tiempo de iniciativas ms enrgicas. Las organizaciones sociales tienen una responsabilidad en la generacin de los cambios que experimenta la poltica chilena. Eso les obliga a superar sus limitaciones y convocar a la unidad en la accin comn. Si algo no falta, son motivos para luchar, y las organizaciones sociales deben marcar el rumbo. Un ejemplo es la lucha contra el lucro en la educacin, que en los prximos meses puede reactivarse y alcanzar los niveles que tuvo en 2011. Las demandas de educacin y salud son compartidas por millones de chilenos.

La mercantilizacin de servicios que son un derecho de los ciudadanos alcanza niveles que avergenzan a los propios mercaderes del sistema, como ha sucedido con las Isapres -el odioso sistema de seguros de salud creado por la dictadura-. Han confesado 140 millones de dlares de utilidades en los primeros nueve meses de este ao. Sesenta y siete mil millones de pesos robados a los trabajadores. Lo mismo -y an a mayor escala- ocurre con las AFP. Este sistema, tambin creado por la dictadura, permite que grupos financieros nacionales y extranjeros administren los fondos de retiro de los trabajadores, utilizndolos como capital propio en inversiones en todo el mundo. Miles de personas de edad avanzada han sido vctimas de este sistema, que convierte sus pensiones en sal y agua. Las exigencias de una AFP estatal y la presencia dominante del Estado en el sector salud, constituyen una demanda ciudadana que genera amplio consenso.

Por supuesto es en el cobre -y en la minera en general- donde la alternativa popular debera buscar una incidencia relevante. El concepto de renacionalizacin corresponde a lo que es necesario impulsar para revertir el proceso de reduccin de Codelco en beneficio de un puado de empresas nacionales y extranjeras. En estas pginas hemos analizado el desmesurado aumento de las ganancias remesadas al exterior por las empresas extranjeras. Bajo el gobierno de Ricardo Lagos aumentaron de 4.438 millones de dlares a ms de 13 mil millones, y bajo el de Michelle Bachelet crecieron a ms de 25 mil millones de dlares. Una reforma tributaria que establezca el pago de regalas e impuestos a las utilidades debera iniciar un proceso de recuperacin de las riquezas naturales para financiar las necesidades del pas. Otros sectores con enormes ganancias, como el bancario, deberan contribuir en forma decisiva a un programa de desarrollo nacional que garantice educacin, salud y trabajo.

No obstante, no nos engaemos. Nada de esto ser posible sin una Constitucin que permita abrir los cerrojos que impiden tocar los centros neurlgicos del poder. De modo que el eje poltico de una alternativa popular y democrtica es la convocatoria a una Asamblea Constituyente -una tradicin revolucionaria habitual desde 1789, como dira el sarcstico Eric Hobsbawm-**. Hace unos meses, cuando las movilizaciones estudiantiles hicieron evidente que se entraba en una crisis institucional, hasta el ex presidente Lagos y el senador Ignacio Walker, presidente de la DC, jugaron con la idea de una Asamblea Constituyente. Pero bast un bufido de El Mercurio para que ambos echaran pie atrs y licuaran sus palabras. En declaraciones a ese peridico, Lagos plante que si la Concertacin y la Coalicin por el Cambio se ponan de acuerdo para eliminar el sistema electoral binominal se acab la discusin de la Asamblea Constituyente!***. Pareci acertar, porque el tema del binominal, -que tampoco se modificar en lo previsible- desplaz a la necesidad de nueva Constitucin en el debate poltico.

Pero Lagos -que reivindica como democrtica la actual Constitucin gracias a los parches que le puso su gobierno en 2005- se equivoca. Por cierto es necesario eliminar el binominal, pero eso no bastara para democratizar el pas. Tambin es necesario aprobar en plebiscito una nueva Constitucin elaborada en una Asamblea Constituyente para levantar la nueva institucionalidad democrtica. No es una meta inalcanzable, si la alternativa popular acumula la fuerza suficiente para obligar a las dos derechas a convocar a la Asamblea de los diputados del pueblo.

La certeza de que es tiempo de iniciar este camino de lucha social y poltica la seala el vaco poltico que puso al descubierto la abstencin. Depende de nosotros -del pueblo en general, pero sobre todo de los jvenes-, impedir que ese vaco lo ocupen los de siempre.

 

* El Mercurio, 18/11/ 2012, cuerpo D.
** Historia del siglo XX, pg. 75, Grijalbo, Barcelona.
*** El Mercurio, 28/8/2012.

Editorial de Punto Final, edicin N 771, 23 de noviembre, 2012

www.puntofinal.cl


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