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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-11-2012

Razones no independentistas para votar CUP

Raimundo Viejo Vias
On the Wobbly's Road


A continuacin presentamos los principales argumentos que el prximo #25N me animan a votar crticamente CUP-Alternativa d'Esquerres. Adelanto que son argumentos personales y, por tanto, no escritos para un pblico amplio, sino para aquellxs con quien gusto de mantener esa conversacin que soy. A lo largo de la campaa otrxs amigxs ("y sin embargo compaerxs") han desarrollado de manera mucho ms didctica y combativa cosas que en parte al menos se reflejan aqu y de lo que soy deudor. En las redes sociales hemos tenido ocasin de debatir, a la manera en que all se hace. Este formato va, pues, destinado a quien aspira a no limitar la reflexin a esos no-lugares. Si lo escrito aqu es, adems, de provecho para alguien interesado por la teora de movimiento, mejor que mejor. Esa es tambin, al fin y al cabo, la intencin de este publicar estas reflexiones.

Se advierte, en cualquier caso, que se trata de una argumentacin relativamente extensa y compleja que requiere para su lectura empata, apertura de miras y capacidad (auto)crtica. Se trata de la visin particular de alguien que aborda la decisin de votar (y de votar CUP) desde fuera de una identidad independentista y sin la intencin de entrar en ella. Lo que sigue se enuncia, pues, desde una visin que no entiende siquiera, a la luz de lo estudiado durante aos, que sea viable el proyecto independentista tal y como se plantea en la actualidad (y no, ciertamente, en los trminos de lo que debera ser una poltica intrnsecamente emancipatoria ligada a la poltica de movimiento).

Un punto de partida para ir ms all de los alineamientos del presente

El punto de partida de este argumento, enunciado de manera esquemtica, podra ser el siguiente: la independencia ms an tal y como se habla en Catalunya de un tiempo a esta parte es un imposible metafsico, un ideologema con el mismo valor emancipador que un unicornio; algo que si se piensa ms all del relato estrictamente ideolgico del indepedentismo, en los trminos efectivos de una poltica de la emancipacin, carece por completo de sentido en el marco liberal europeo actual y ms an en el marco de una gramtica poltica til a las luchas sociales emancipatorias de la postmodernidad. Por esto mismo entre otras razones quienes en el contexto actual aspiramos a la emancipacin de toda forma de opresin por la condicin de nacimiento (de toda dominacin que se nos imponga por nuestra nacin) no podemos identificarnos con el independentismo realmente existente; aunque, claro est, no sea lo mismo el independentismo nacido del rgimen que el que ha nacido contra l.

Con todo, el interrogante que nos plantea la opcin de los sectores ms afines presentes en las CUP (no todo es afinidad en las CUP y a veces incluso, nicamente disenso) es que, aunque en el terreno de la praxis tal vez seamos coincidentes (al menos en parte), sus agenciamientos discursivos fallan gravemente y necesitan una actualizacin a fondo para poder acertar con la efectuacin de una estrategia emancipadora. Las CUP no entrarn en el Parlament con el interfaz acabado, pero s lo harn con lastres histricos nada desdeables en el terreno discursivo. As de enorme es el desafo a lxs futurxs parlamentarias. Este problema ni es nuevo ni exclusivo del independentismo cataln, toda vez que los nacionalismos sin Estado han sido siempre muy pobres en lo que hace a la Teora Poltica, sin haber de hecho aportado a la tradicin emancipatoria nombres como los que han aportado el socialismo, la ecologa poltica, el feminismo y otros vectores de movimiento.

Pero si el problema de la debilidad de tradicin ha sido por lo general suplido con importaciones desplegadas en otros vectores antagonistas, el problema actual es de otro orden y se ve afectado por la aceleracin de cambios en la fenomenologa poltica que afectan al centro de su propio discurso; tanto, que incluso hay quien habla directamente de mundo postnacional, cosmopolitismo, etc., en un abierto horizonte de desbordamiento y superacin. Desde un punto de vista antagonista al independentismo le urge, pues, una suspensin heurstica de su propio lenguaje que avance hiptesis realmente tiles a la poltica del movimiento.

Las presentes reflexiones se piensan, en fin, como un estmulo a esa reflexin que el independentismo debera abordar como autocrtica; una crtica a la par constructiva, federalizante y simbitica, aunque sin tregua ni cuartel a los apegos identitarios, las soluciones de marxismo escolstico y los tpicos ideolgicos de los movimientos de liberacin nacional de la ola de los sesenta. Nada nos gustara ms que ver aparecer en el discurso poltico del independentismo esa heurstica postindependentista que tanto necesita la poltica de movimiento. Cuanto antes se apliquen a ello sus mejores cabezas, mejor para todxs.

No faltan, empero, quienes en nuestra propia rea poltica, nos insisten en la prdida de tiempo que supone intentar dialogar con una matriz, condenada al pasado por su condicin moderna, por sus repliegues identitarios. Desde los sectores muy variados se nos acusa de caer en una deriva etnonacionalista encarnada en los obsoletos emblemas de las CUP (Independencia, Socialismo, Pasos Catalans). Nunca conseguiris que cambien lo que son, su esencia, se nso dice. Y se nos insiste en que esas seas de identidad son para ellos innegociables y el fundamento inamovible de su proyecto.

Pero, acaso es ese que se critica el propio marco de interpretacin desde el que queremos interactuar? No se tratar ms bien, como apuntaba de forma brillante Hibai Arbide recurriendo a Lakoff, de no pensar en este elefante independentista? No ser que quienes ms recurren a significantes como multitud, singularidad cualquiera u otros, resulta que al final no admiten ms que el viejo monismo ideolgico republicano, tan rousseauniano, madrileo e impostado, como opuesto al pluralismo ontolgico de Spinoza? No ser que se sienten, en rigor, mucho ms cmodos instaladxs en las instituciones de la cultura contempornea y lejos de la contaminacin de los prejuicios etnicistas, de las discursividades conservadoras, de los planteamientos por veces incluso reaccionarios, que en la corporeidad monstruosa, compleja y abigarrada de quien por haber nacido se resiste a la disciplina biopoltica (incluso aunque lo haga desde la mmesis gramatical con el poder constituido)?

A pesar de todas las limitaciones evidentes y ocultas, entendemos que es desde la interaccin simblica entre las singularidades irreductibles presentes en el movimiento ("al carrer" como suelen decir las CUP) y no desde las distintas hermenuticas presentes en el movimiento (presentes y pasadas) desde donde resulta posible la produccin de agenciamientos y, por ende, la poltica del movimiento. Al fin y al cabo, slo en la propia limitacin que comporta reconocerse en el otro sin querer serlo, slo en el propio enriquecimiento que ese mismo otro nos aporta en tanto que nosotrxs, que nosotrxs/otrxs, slo en ese locus, es posible abrir una simbiosis que sea a la par antagonista con el mando y agonstica con otras singularidades del movimiento.

Un uso lingstico obsoleto, pero punto de partida necesario

Antes de seguir, acaso convenga precisar qu se entiende por independentismo cuando se habla de tal, al menos en el lenguaje poltico corriente, en las prefiguraciones desde las que interactuamos en los espacios pblicos, en general, y del movimiento, ms en particular. Seguramente no haya una definicin fcil ni plenamente satisfactoria para definir qu es independentismo (prueba de la discordancia entre los tiempos actuales y los lenguajes que se han hecho histricos pero persisten como remanentes). Muy probablemente tampoco faltar quien quiera entrar en significaciones sin duda existentes, pero condenadas a la apora y el oxmoron por las mismas razones que el independentismo se ha hecho obsoleto (a la manera, por ejemplo, del discurso que se identifica con el significante anarcoindependentista intentando con l sintetizar sincrticamente dos matrices histricas por igual).

Sea como sea, pocxs podrn discrepar sobre lo siguiente: en el lenguaje comn con el que operamos a diario, por ms obsoletas que queden sus significaciones, tan deudor como pueda ser de tiempos pasados, se considera independentismo a la expresin poltica que persigue secesionar el territorio de un Estado a fin de convertirlo en un nuevo Estado. Ni ms ni menos. A partir de este mnimo pueden proliferar, en efecto, matices no poco relevantes que declinan en uno u otro sentido el significante independencia. Esta puede ser ms o menos conservadora, ms o menos tnica, ms o menos democrtica. Pero bsicamente es esto lo que la gente entiende cuando dice independentismo. Y lo que es ms relevante para la poltica de movimiento: esto es, en virtud del principio de I.W. Thomas (todo aquello que es considerado como real, es real en sus consecuencias), lo nico que puede ser real de manera efectiva, a da de hoy, en sus consecuencias. Por esto tambin se nos hace imposible a muchos decirnos independentistas y por eso aguardamos ese postindependentismo con el que poder realmente avanzar ms all del actual estado de cosas

Y es que, a fin de cuentas, una poltica emancipadora debe tener arraigo no slo en el mundo efectuado (el mundo de los Estados nacionales), sino en su propia potencia de cambio (una sociedad libre en la que el nacimiento la nacin no sea motivo de discriminacin). Pretender que la consecucin del Estado sea un instrumento de emancipacin til a la nacin sin Estado es como pretender que un alemn o un francs ya es un ser libre: sencillamente absurdo. La libertad no se mide por la obediencia a un mando biopoltico culturalmente coincidente (si es que tal cosa es posible) con el propio marco cultural de referencia. La libertad se mide por la pugna por la propia emancipacin de los condicionamientos biopolticos que encuentran en el Estado su principal herramienta en la modernidad.

An es ms: tener una nacin sin Estado, de hecho, no es una maldicin, sino todo lo contrario. Haber nacido sin Estado es una condicin universalmente necesaria para ser libres, toda vez que no es el Estado quien nos asegura la libertad, sino nuestra lucha por la emancipacin de toda condicin discriminatoria de nacimiento (sea esta gnero, clase, etc.). Nada hay ms absurdo, pues, que quien envidia al espaol, al francs o al alemn siendo de nacin vasca, catalana o gallega, ya que ellos son quienes tienen un mayor y ms complejo problema de identidad nacional pendiente de resolucin (pinsese si no en la apremiante necesidad de quienes saltan agarrados a una bandera gritando con patolgica desesperacin: yo soy espaol, espaol, espaol).

Quien esto escribe, en suma, no podra decirse independentista y no podra considerarse partidario del axioma independentista que ve en la creacin de un Estado nacional independiente la solucin a la cuestin nacional. Antes bien, el Estado no slo resolver nunca la cuestin nacional y no, en todo caso, de manera emancipadora. Quien esto quiera afirmar debera probar la existencia de algn Estado-nacin en la Historia que haya conseguido resolver, por la sola consecucin de un Estado, la abolicin de las formas de opresin y dominacin fundadas en la condicin de nacimiento.

Guste que no, el Estado no ha sido jams, ni podr llegar a ser en su moderna condicin, una agencia que asegure emancipacin alguna. Muy al contrario, el Estado es, por su propia naturaleza y efectos, una herramienta de la dominacin de unos sobre otros (incluida la dominacin que se funda en las opresiones culturales, lingsticas y aun otras que son propias a las distintas causas independentistas que hay en el mundo). Tanto es esto as, que, aunque hoy se olvide por las propias incongruencias del personaje (que no eran pocas) y, sobre todo, por la ignorancia de quien tan fcil encuentra en su figura un icono que idolatrar, nada menos que el propio Lenin fue quien sentenci, con la contundencia habitual de sus apotegmas: mientras haya Estado, no habr libertad; cuando haya libertad, ya no habr Estado (El Estado y la Revolucin, 1917). No poda ser de otro modo, por ms que pese a quienes se quieren vstagos del socialista trtaro, tratndose su caso, de un punto de ruptura entre las corrientes emancipadoras del movimiento obrero y sus derivas autocrticas.

De hecho, independentistas de estos de los partidarios de resolver la cuestin nacional por medio de un Estado independiente, no federado con otras entidades equivalentes ya no quedan apenas entre nosotrxs. Acaso la cosa variase si se hablara de ese otro ideologema tan al uso: un Estado nacional integrado en la Unin Europea, pero entonces aparecera la palabra que todo independentista debe conjurar para sentirse a gusto con su identidad poltica: federalismo. Quien esto escribe, de hecho, es federalista; aunque tambin al respecto sean precisas no pocas precauciones.

Vaya tambin por delante, pues, que uno no es partidario del federalismo de la Unin Europea realmente existente y su rgimen de gobernanza multinivel, neoliberal y desdemocratizador. Tampoco se acredita en el uso del significante "federalismo" a la manera del PSOE e IU, que nicamente entienden por tal un Estado unitario descentralizado con un mesonivel de gobierno. El federalismo en un Estado unitario, les guste que no, requiere la secesin y libertad de los constituyentes (a no confundir tampoco con la independencia). Son estos usos lingsticos, en definitiva, los que vienen a poner de manifiesto que un proyecto emancipatorio a la altura de los tiempos no puede pasar por los lugares ideolgicos comunes de lo que otrora se conocieron como las izquierdas (federalistas, independentistas, etc.). Se trata, por el contrario, de ir ms all de los alineamientos polticos y tericos habituales, partiendo de una praxis cognitiva otra que nos conduzca a la produccin de los agenciamientos sin los que no ser posible la emancipacin.

Contexto antagonista

Es un lugar comn de todas las posiciones analizar las prximas elecciones como los comicios post-Diada 2012. A muchxs nos gustara que la perspectiva no fuese tal, pues altera y complica de manera paralizante proyecciones sobre las que hubisemos preferido organizar la poltica de movimiento. Va de suyo que en el 15M se encuentran elementos de innovacin repertorial mucho ms avanzados que los de las CUP realmente existentes. Pero esto tampoco significa que el 15M haya sido la panacea. Ni que, de hecho, las CUP no signifiquen ("representen" en el uso lingstico del cataln) una hiptesis de intervencin, como veremos, alternativa a la carencia de algunas deliberaciones del 15M (por ejemplo, a la voluntad inocente de reformar el rgimen alterando, prioritariamente, la ley electoral en lugar de organizando desde el municipalismo formas de rendimiento de cuentas arraigadas en la radicalidad democrtica).

Sea como sea, la poltica de movimiento no es lineal, no se desarrolla a travs de un nico vector y sus expresiones son demasiado complejas, demasiado intrincadas como para poder identificarse en un modelo organizativo, en un nico programa o en una nica lnea estratgica (empezando por las propias CUP). La poltica del movimiento es la poltica de la multitud y, como tal, ni es representable, ni reducible a un solo proyecto poltico. Este es precisamente el peligro tan habitual de pensar las CUP como la CUP, de querer practicar la reductio ad unum all donde progresa la diferencia que difiere y no donde se reifica la diferencia diferida. La direccin poltica ha muerto, el enjambre es la matriz vectorial del movimiento.

As las cosas, abordarla definicin del contexto antagonista es abordar la exigencia de hacer frente a los interrogantes que nos genera la Diada del 2012. Un despertar del "pueblo" a la independencia?, el desplazamiento tctico y oportunista de CiU a posiciones independentistas?, una operacin vil de la burguesa catalana para ocultar bajo las banderas los recortes?, una nueva hegemona etnonacionalista? ...la lista sigue y siempre es vctima de la gramtica poltica moderna y de los agenciamientos con que se sigue operando la lectura del presente. De poco o nada sirve discutir estas cuestione, indistintamente del grado de verdad que comporten.

Cmo leer pues, en trminos antagonistas, el contexto posterior a la Diada? La respuesta es a la par sencilla y compleja: sencilla, en tanto que se puede resumir en la crisis del rgimen poltico nacido de la Transicin; compleja, en tanto que la propia crisis del rgimen abre escenarios inditos, mltiples, cambiantes, fluidos; escenarios en los que las instituciones, los diseos institucionales, los fundamentos del rgimen se vienen abajo. La reclamacin de independencia expresada en la Diada ha de ser leda, por encima de cualquier otra interpretacin posible, a partir de ah: a partir de la crisis de un rgimen que siempre fue una democracia inacabada (como no poda ser de otro modo al ser una democracia liberal).

En efecto, si algn horizonte poltico nos puede facilitar una lectura antagonista de la Diada ese es el del futuro anterior, el de la democracia preterida, el de la democratizacin incompleta. La realizacin del proyecto independentista en los trminos en que es definido de manera hegemnica en la actualidad es tan slo una contingencia ms, la oferta de fragmentacin del mando neoliberal que los actores del rgimen ofrecen al Imperio como salida a su particular crisis territorial. Si las CUP interesan no es por esto, sino por ser el cuestionamiento inacabado, imperfecto y a la postre, la alternativa imposible a una "independencia" (a un Estado independiente) que no vendr (y de ah, por cierto, el formidable sentido antagonista implcito en la irona maquiaveliana de Hibai Arbide al sealar que porque precisamente "la CUP no nos representa", "algunos no 'indepes' vamos a votarla").

Y es que la tensin antagonista que se canaliza en el proyecto de las CUP contra el independentismo del rgimen (contra la amenaza de implosin secesionista del mando liberal como nica alternativa de salida a la crisis: fragmentacin de la deuda, darwinismo normativo del mando multinivel, etc.) es la de la fisura misma en el independentismo que hace posible pensar la heurstica de la cuestin nacional ms all de las condiciones de la gramtica poltica moderna; vale decir, ms all de la soberana bodiniana, del orden internacional westfaliano, de los dispositivos biopolticos, de la etnicidad supremacista, etc., etc. Porque eso es lo que las CUP han detectado (de manera consciente o no poco importa). Es aqu donde deben ser comprendidas las palabras de David Fernndez al apuntar a esa fraccin de segundo en que el uno estar de acuerdo en votar la independencia en un referendum (en ser pueblo slo para devenir multitud). Tal es el big bang de la emancipacin de la propia condicin de nacimiento.

No se trata pues de que, en las circunstancias actuales, las CUP sean una autntica independencia, la verdadera, sino que precisamente abren el proyecto independentista a su propio fin, yendo ms all de la independencia imposible, haciendo implosionar por la propia va de la radicalizacin democrtica, las limitaciones histricas del proyecto independentista nacidas de los procesos de liberacin nacional y reactualizando el horizonte de una democracia absoluta. Quienes por sus actos ilocucionarios quieren a las CUP en el repliegue identitario actuando bajo los impulsos del peor narcisismo intelectual de la postmodernidad, no alcanzarn jams a sentir la corporeidad monstruosa del movimiento, se vern privados de la compaa mefistoflica que instancia la libertad de la Autonoma y volvern a caer una y otra vez desde los altares del mandarinato intelectual.

Pero la poltica no es eso. La poltica, su discurso, es paradoja, contradiccin, realizacin del apotegma gramsciano para el que lo viejo que no acaba de morir no puede ser sin lo nuevo que no acaba de nacer. O como la propia Ulrike Meinhof sentenci del SPD: es parte del problema, pero tambin de la solucin. Slo del ms atvico temor a mirar a los ojos al Leviatn puede nacer hoy una lectura antagonista que excluya la paradoja independentista de las CUP de una hiptesis constituyente. Afirmar su insuficiencia como proyecto ms all del incuestionable valor crtico, en la necesidad de concretar la propia crtica en hiptesis de intervencin, es en s mismo caer en el perfeccionismo moral que Maquiavelo desterr en su da, para siempre, de la poltica. En el meme de la multitud: "no se hacen tortillas sin romper huevos".

Significa esto que las CUP encierran la clave del interfaz representativo del movimiento que hace posible la autonoma sin la que no sera posible la instauracin del rgimen poltico del comn? Quiere decir que las CUP son la solucin institucional de salida a la fase expresiva del movimiento que nos asegura un rgimen de contrapoderes alternativo al existente, por medio de la radicalizacin democrtica? Quiere decir que basta con votar a las CUP para poder abrir la grieta en el mando por la que prorrumpa el poder constituyente? La respuesta es s y no: s a la posibilidad de enunciado de estas mismas preguntas, no a su respuesta en el marco de las CUP realmente existentes.

Las CUP como un campo de tensin agonstica


Las CUP no resolvern gran cosa y al tiempo resolvern mucho. No resolvern una alternativa revolucionaria en tanto se aferren a la vieja gramtica poltica de la modernidad. No resolvern la cuestin nacional creando un Estado independiente. No resolvern la construccin de una maquinaria antagonista suficiente para acabar con el proyecto neoliberal. Pero resolvern mucho al interrogarnos en la multitud. Resolvern mucho al plantearnos las limitaciones de las viejas herramientas, propias y ajenas. Resolvern mucho, en fin, al bascular entre la praxis a que abocar la propia poltica de movimiento y los viejos esquematismos de la fraccin de cuerpo social sobre la que se sustentan hoy ideologemas inoperantes. Y es que las CUP no son una solucin acabada sino un campo de tensin agonstica.

A esto es a lo que nos solemos referir cuando hablamos de las CUP a pesar de las CUP. Aquello que es interesante en las CUP no se define de manera propositiva, sino por el valor de sus paradojas. Las CUP hablan de radicalizacin democrtica, pero el modelo institucional que proponen es ridculo si uno se toma en serio las exigencias de una democratizacin a la altura de las circunstancias. Pensar que en sus 10 puntos de accin poltica se pueden encontrar institucionalizadas las garantas de una poltica otra, a la manera de lo reivindicado el 15M, es, sencillamente, un insulto a la inteligencia de una ciudadana madura. No es aqu, en el enunciado, sino en la importancia que el problema tiene y en la manera en que la presencia de las CUP en el Parlament podra plantearlo, lo que tiene un inmenso valor.

Y es que, como hemos apuntado, desde el punto de vista del "hardware" a las CUP les urge empezar a pensar en serio lo que significa una gramtica poltica apta para la postmodernidad. Desde el punto de vista del "software", las CUP no tienen ni el valor de una versin 0.0 del interfaz representativo. Quien quiera aprender sobre esto mejor hara en mirar al Partido Pirata o a los verdes de los primeros aos ochenta. Al fin al cabo ah y no en las CUP se encuentra el programario con el que abordar la cuestin de la actividad parlamentaria.

Pero a diferencia de lo que en su da plantearon candidaturas de la extrema izquierda como la de Izquierda Anticapitalista u otras; a diferencia de la inoportuna presentacin del propio Partido Pirata a unas elecciones en las que no slo no tiene opciones, sino que por medio de la ley de d'Hondt convertir sus votos en fracciones de voto a CiU, las CUP ofrecen hoy un artefacto explosivo en los circuitos de la representacin poltica. Si como ha prometido David Fernndez, sern las luchas sociales las que representarn a las CUP y no las CUP las que representarn a las luchas sociales.

Si, en efecto, el voto de las CUP es el que dice ser y, por suerte para quien esto escribe, las cabeceras de lista de las CUP son la garanta de que esto ser as, lo que puede iniciar el domingo es la apertura de una lnea de tensin de la que hasta ahora se ha visto privado el movimiento. Las CUP no son la solucin institucional de salida a la fase expresiva del movimiento, pero son la garanta de produccin de escenarios mucho ms complejos y ricos en posibilidades antagonistas que el agotador horizonte de una serie de manifestaciones que griten mudas a los odos sordos de las izquierdas parlamentarias actuales.

A da de hoy las CUP son la mejor garanta de que no volver a haber en la poltica catalana el consensualismo miserable que ha marcado las unanimidades a favor del Plan Bolonia, a favor de destruir la desobediencia civil que bloque en su da el Parlament, etc., etc. Las CUP no sern, ciertamente, un producto acabado, pero son al menos un agujero por el que respirar. Tan vitales para sobrevivir como para ofrecer un principio deliberativo. Este mismo desde el que estamos escribiendo, sin ir ms lejos.

Las CUP ms all del #25N. A modo de conclusin Con motivo de estas elecciones algunas personas hemos firmado y promovido la firma de un manifiesto que emplaza a nuestros conciudadanos simbiticos a plantearse la urgencia de repensar los alineamientos polticos de la izquierda. Si las CUP entran en el Parlament las izquierdas (parlamentarias, s, pero tambin sindicales, societarias, etc.) que desde la Transicin se haban instalado tan cmodamente en el pacto constitucional, se vern obligadas a desplazarse fuera de este, al terreno donde la simbiosis se hace inevitable. El valor poltico de esta alternativa es inmenso, demasiado como para que el domingo nos quedemos en casa y no vayamos a votar CUP.

Lo que est en juego este domingo es ms que hacer que las CUP entren en el Parlament: lo que nos jugamos es tambin poder provocar con su presencia la dislocacin de las posiciones de ICV y Esquerra. Quienes defendimos en su da la alternativa de Syriza en Grecia tenemos hoy la posibilidad de sentar las bases para provocar, antes de lo que se piensan, un nuevo cataclismo en la Europa mediterrnea. Los mimbres (nuevos y viejos) ya existen y la probable mayora conservadora contraria a la sociedad tendr que enfrentar con las CUP en el Parlament una ruptura destituyente que ya se ha dado en la calle. Sin las CUP, las izquierdas subalternas creern que todava no es preciso proceder al desplazamiento de posiciones que, por el contrario, ya ha adelantado las fuerzas del mando neoliberal.

Quienes tenemos prisa, este domingo tenemos la opcin de poder adelantarnos, de no tener que seguir esperando al Godot de la izquierda parlamentaria. Pero la alternativa por construir tampoco ser ciertamente, como proponen algunos intelectuales orgnicos de la izquierda independentista, construir un nuevo anillo alrededor de la izquierda independentista bajo la marca del frente de masas de la Unitat Popular. Mal van las CUP si lo mejor que se les ocurre es optar por las viejas formas organizativas. Si este es el camino ya podemos dar por seguro el agotamiento de los diputados.

Lo que este domingo est en juego es desbordar/nos en los mrgenes de los alineamientos polticos en que hemos vivido todas estas dcadas (incluidos los de una izquierda independentista cmoda en sus mrgenes identitarios); est en juego pensar/nos ms all de nosotrxs mismxs, en la simbiosis de las singularidades irreductibles como una alternativa. Persistir en los alineamientos electorales de siempre no es que no conduzca a ningn lado, es que nos lleva directos al mismo bloqueo, agotamiento y parlisis en que nos encontramos. Con la calle en marcha, con el movimiento vivo, resulta absolutamente necesario plantar cara al mando en su terreno y con CUP esta ventana se puede abrir. Defenestremos a la cleptocracia!

Fuente: http://raimundoviejovinhas.blogspot.com.es/2012/11/es-razones-no-independentistas-para.html



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