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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-11-2012

Despus del paro
Dimensin poltica del 20N

Eduardo Lucita
Rebelin


El impacto poltico del paro del martes pasado supera ampliamente su efectividad concreta. Fortaleci a los convocantes, descoloc a las centrales oficialistas, mostr cierta implantacin de la izquierda y termin preocupando no slo al gobierno sino tambin a los sectores derechistas que lo difundieron y fogonearon.

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El paro tuvo un alcance mayor al que los propios convocantes pensaban lograr. No obstante no alcanz el 90% que divulgan fue evidente en la conferencia de prensa la negativa a dar ningn dato concreto- pero tampoco es producto solo de los bloqueos, menos an del supuesto miedo. Es cierto que no hubo demasiadas asambleas que discutieran el paro y sus contenidos se sigui con la tradicin burocrtica- pero tambin es cierto que la medida se venia divulgando y preparando desde tiempo atrs.

Afect fundamentalmente al sector de servicios menos al sector de produccin. Sin embargo distintas informaciones dan cuenta que en algunos casos los trabajadores lograron romper el cerco de los aparatos sindicales en fbricas y talleres.

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Los piquetes y bloqueos jugaron un rol fundamental, pero tambin es cierto que fue importante, al menos para el flujo de trnsito entre el conurbano y la capital, la adhesin al paro del gremio de Sealeros, un sindicato cuyas direcciones fueron casi siempre correa de transmisin de los intereses de la UF. Pero lo decisivo ha sido que el pliego de reivindicaciones levantado expresa claramente intereses inmediatos, tambin que el paro contuvo demandas concretas que vienen de sectores ms amplios de las bases trabajadoras y populares que superan el pliego original. Esta es probablemente la razn de porqu tuvo tal amplitud.

Incluso es conocido el caso de sectores que an adhiriendo a las reivindicaciones y planteos no se sumaran por desconfianza con las direcciones convocantes o por la falta de delimitacin de estas con las tendencias derechistas, con los caceroleros, o con determinadas ambiciones electoralistas.

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No puede escapar a nuestro anlisis que esta jornada se dio en el marco de mltiples tensiones y contradicciones entre el gobierno nacional, sectores del capital mercado internista y del progresismo poltico que pugnan frente a fracciones exportadoras, corporaciones transnacionales, conglomerados mediticos y formadores de opinin. Estas tensiones abarcan tambin tanto a la oposicin derechista -su crisis de representatividad- y a sectores de centro, como a la disputa al interior del PJ, que ponen en juego espacios de poder y pugnan sin suerte por ahora- por alternativas polticas a futuro.

Tampoco debe escapar a nuestra comprensin que no es la primera vez en nuestra historia cercana que los trabajadores desenvuelven fuertes conflictividades a la par que apoyan a los gobiernos bajo los cuales se desenvuelven esas conflictividades. Estas dos pulsiones estn tambin presentes en esta coyuntura, por dems compleja, y hay que estar atentos a como se desenvuelven de aqu en ms.

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La combinacin de la emergencia de los lmites del neo-desarrollismo, del impacto del 8N y de la ofensiva imperialista de los fondos buitres y la justicia americana- ha colocado al gobierno a la defensiva, en un estado de debilidad relativa. No tiene reflejos y solo atin a descalificar los reclamos y a la remanida libertad de trabajo. En tanto que los capitalistas no se sienten mayormente afectados -las reivindicaciones van todas contra el gobierno ninguna contra las patronales- mientras que la oposicin derechista busca capitalizar el desgaste poltico, forzando equivalencias entre el 8N y el 20N.

Sin embargo tanto empresarios como opositores de derecha no dejan de estar preocupados. Son concientes que las diferencias en la composicin de clase y las demandas de una y otra jornada son muy evidentes y que el resultado ms general de este paro es que la clase como tal, an parcialmente, se hizo presente y ocup el centro de la escena poltica. Lo que los preocupa no es la actualidad sino la tendencia, por eso hacen hincapi, igual que el gobierno, en que el xito de la medida fue por los piquetes. Esto es por un lado la tratan de aprovechar y por el otro la descalifican.

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Tal vez estemos en los prolegmenos de una nueva situacin poltica. Lo que est realmente en disputa va ms all de las demandas legtimas de los trabajadores, est en juego el curso futuro de la situacin poltica y del propio gobierno. Su debilidad veremos si momentnea o no- no beneficia automticamente a los trabajadores, por el contrario es posible que, salvo hechos o circunstancias excepcionales no predecibles, vayamos a una encerrona donde en su debilidad busque recomponer alianzas sobre la base de regresividades muy caras a la derecha (la Ley Antiterrorista y la llamada Ley Corta para las ART son indicios muy claros en este sentido).

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La deriva poltica de la situacin no augura un campo sereno. Si finalmente resulta bloqueada la re-reeleccin aunque nunca se sabe- y el cristinismo no logra un candidato capaz de imponerse electoralmente, la orientacin probable puede ser una alianza con Scioli-Massa con las implicancias de suponer. Mientras que la derecha tal vez busque el camino venezolano, seleccionar un Capriles local al que se pueda vender con ropaje social-demcrata o social-cristiano.

El gobierno puede pagar muy caro el adherir a las tesis de Laclau del sujeto multiforme que reemplaza a los trabajadores organizados. En funcin de esas tesis es que ha tomado distancia del movimiento obrero. Esto crea un vaco que es necesario llenar con propuestas amplias, superadoras del neo-desarrollismo, democrticas, antiimperialistas, de transicin con estatizaciones y protagonismo social.

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Los trabajadores, los sectores populares no pueden limitarse a ser observadores en esta disputa. Por el contrario deben intervenir con decisin y sin prejuicios. N o se trata de subsumirse detrs de alguna de las fracciones en pugna, como insinan ms de uno de los convocantes a la jornada de lucha, sino de intervenir con voz propia, superando las limitaciones resultantes de la naturaleza de clase del gobierno al mismo tiempo que se enfrenta a la derecha. Evitar que esta imponga soluciones que en nada favorecern al conjunto de las clases subalternas (la agenda conservadora del 8N tambin es un indicio) es decisivo.

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En este sentido la Conferencia de Prensa brindada por las tres Centrales Sindicales requiere un anlisis ms detallado que escapa a estas lneas. Se reunieron all dirigentes cuyas tradiciones y polticas son demasiado contrapuestas, la unidad de accin lograda parece a priori mas producto de la pretensin poltica del gobierno de desconocer a los sindicatos que de una propuesta de mayor envergadura. Mas de dos horas de preguntas y respuestas dejaron flotando un peligroso vaco de propuestas. No es que las mismas no se hayan enunciado en otras oportunidades, pero dada la expectativa provocada por el paro y el balance que del mismo pudieran hacer los dirigentes y protagonistas directos, ese era el momento poltico.

Las demandas por el mnimo no imponible, las asignaciones familiares o los fondos de las obras sociales son legtimas pero si no se acompaan con propuestas de financiamiento, en momentos en que la situacin fiscal se deteriora, le dejan el campo a la derecha, y al propio gobierno, para proponer un ajuste superior al que esta en curso. Denunciar la suba de precios es legtimo y necesario pero inconsistente si no se sealan las altas tasas de ganancia de los capitalistas, la responsabilidad de los formadores de precios y la falta de inversin reproductiva como principales fuentes de la inflacin, caso contrario la salida que queda es enfriar la economa y bajar el gasto pblico.

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La Ley de Medios no puede ser vista apenas como una disputa entre el gobierno y un grupo empresario, despus del 7D nada sustantivo cambiar como vende el gobierno, pero no es lo mismo como se resuelva.

No se trata solo de una pelea entre el gobierno y un monopolio, en la que los trabajadores nada tenemos que decir, como enunci Micheli, mientras que Moyano explic su concepcin acerca de que La diferencia entre un monopolio privado y otro estatal, es que el privado consigue de alguna manera sus recursos mientras que el Estado lo hace con los nuestros. Es difcil reconocer en que programa obrero abrevan estas concepciones. Afortunadamente segundas lneas le enmendaron la plana a sus respectivos referentes.

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Lo hemos dicho en otras notas, la nica salida realista a la encrucijada que se vislumbra es ir por ms. En la proteccin de los salarios, del empleo, de las libertades pblicas, de los derechos sindicales, del ambiente y los bienes comunes, de los pobladores originarios, en la recuperacin de los sectores estratgicos para el desarrollo no dejar en manos de la derecha la lucha contra la inflacin, contra la corrupcin, por una nueva poltica tributaria (nica fuente de una efectiva distribucin de la riqueza). Sumando las voluntades de quienes quieran sinceramente transformar de raz nuestra sociedad.

Se trata entonces de ofrecer otro camino para romper la encerrona. De proponer un programa popular de reformas y transformaciones que en su desenvolvimiento expresen sin ambigedades una orientacin y objetivos antiimperialistas y anticapitalistas.

Eduardo Lucita. integrante de EDI-Economistas de Izquierda

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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